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Un sencillo hack para tomar decisiones más sabias (tu vida te lo agradecerá)

Por: pijamasurf - 04/26/2016

Si aplicamos un poco de sabiduría a nuestras decisiones sin duda nuestra vida mejorará pero, ¿cómo hacerlo?

Sabiduría es un término complejo de definir y aún más complicado al momento de practicar. Tal vez esto se deba a que responde a un cúmulo de cualidades –por ejemplo prudencia, visión y coherencia– armonizadas entre sí, que terminan proveyendo una panorámica muy clara respecto a un asunto en particular. Y a partir de este nítido filtro, las cosas se revelan con mucho más claridad y sentido.

Por otro lado, sobra decir que la vida de una persona es en buena medida ese camino que resulta de la suma de decisiones de una persona, ya sea "libres" o en respuesta a las circunstancias a las cuales va siendo expuesta. Así que si fuéramos capaces de aplicar un poco de sabiduría a nuestra toma de decisiones, entonces todo apunta a que podríamos vivir una vida más grata.

Obviamente uno de los ingredientes más comunes en las aguas de la sabiduría es la experiencia. Sin embargo, en lo que llegan las canas, las arrugas y esa mirada penetrante que sólo los años pueden forjar, existe un simple hack, una especie de juego mental, que podría ayudarte mucho para tomar decisiones acertadas.

¿Alguna vez has notado que tu capacidad para desentrañar los problemas de otras personas es mucho más alta que cuando se trata de hallar las respuestas a tus propios retos? ¿Te ocurre con frecuencia que eres bueno para dar consejos a tus amistades sobre cómo enfrentar ciertas situaciones pero que al momento de descifrar tu propio escenario pareces mucho menos sabio?

Bueno, pues ahí está precisamente el hack que necesitas. Un estudio reciente de las universidades de Waterloo y Michigan, publicado en la revista Psychological Science, concluyó que las personas tendemos a tener mucho más claridad y a ser más "sabias" cuando despersonalizamos una situación. Los participantes debieron imaginar un escenario en el que su pareja les era infiel y luego en el que la pareja de un amigo cometía una infidelidad. Posteriormente se les solicitó llenar un cuestionario para medir qué tan sabias serían las reacciones en uno y otro caso.

Casi sin excepción los participantes calificaron mejor en el caso del escenario ajeno, por lo que la Association for Psychological Science Observations concluyó:

El estudio confirmó que las personas son más sabias cuando razonan el problema de alguien más que cuando razonan sobre sus propios retos [...] Tomar distancia con sus propios problemas, en términos psicológicos, los llevó a razonar más sabiamente –visualizarlo como si estuvieran dando un consejo a un amigo.  

Aunque pueda ser algo lógico o que ya hayamos notado antes, el hecho de que sea comprobado metódicamente reafirma esta premisa. Ahora sólo queda probarlo la próxima vez que tengamos que tomar una decisión importante o encarar un problema puntual en nuestras vidas. 

7 diferencias entre ser experto en algo y ser realmente creativo

Por: pijamasurf - 04/26/2016

"Inténtalo, falla, vuélvelo a intentar, vuelve a fallar, falla mejor", decía Samuel Beckett, y probablemente sea la única regla creativa que necesites

Ser creativo no es lo mismo que ser experto en algo. El lugar común que dice que para ser experto en algún dominio de la ciencia o el arte basta con practicar cotidianamente una técnica es en parte cierto, pero sólo funciona para adquirir dicha técnica; los artistas y científicos más innovadores suelen ser los que llevan más lejos esa técnica. Es decir, los que se vuelven expertos en cosas que no existían antes de ellos.

En un fascinante artículo de Scott Barry Kaufman, la creatividad se define como algo "original, significativo y sorprendente":

Original en el sentido de que el creador es recompensado por trascender la pericia, e ir más allá del repertorio estándar. Significativo en el sentido de que el creador debe satisfacer alguna función útil, u ofrecer una nueva interpretación. (...) Finalmente, los productos creativos deben ser sorprendentes en cuanto que el producto creativo original y significativo debe ser sorprendente no sólo para uno mismo, sino para todos. Así es exactamente como la Oficina de Patentes de Estados Unidos evalúa las nuevas solicitudes. Las ideas originales y significativas que pudieron ser creadas por cualquier experto en el campo se consideran "obvias", y por tanto no son patentables. Los productos creativos, como los descubrimientos de Galileo y Leeuwenhoek, son sorprendentes para todos, tanto novatos como expertos.

He aquí algunos puntos sobre por qué la creatividad y la pericia no son lo mismo, aunque pueden complementarse:

 

1) Hay que contar con la incertidumbre

No todas las actividades creativas son cuantificables --y muchas veces ni siquiera es posible saber a priori cómo se verá nuestra creación cuando esté terminada. Además, dependiendo de lo que se trate, rara vez podemos saber cómo será recibido nuestro trabajo antes de que salga al mercado o sea recibido por un público. Incluso es posible que una gran obra de arte pase ignorada si no se le hace suficiente publicidad, o al revés, que la publicidad engrandezca obras mediocres (o, digamos, "poco creativas").

 

2) La creación no es acumulativa

A una obra maravillosa puede seguir una de menor calidad, a pesar de que el artista siga aprendiendo del proceso. Pensemos en bandas de música con un primer disco espectacular: es un truísmo que rara vez logran mantener la calidad a lo largo de sus siguientes producciones (aunque en honor a la verdad también puede deberse a cambios en el mercado o los gustos del público). Un crítico conservador podría decir que el período cubista de Picasso es caótico con respecto a su período figurativo, pero los procesos subjetivos de la producción artística no siempre son contemporáneos a los de la crítica.

 

3) ¿Vale más el talento o la práctica?

Existen casos donde efectivamente la práctica hace al maestro; si nos esforzamos por cocinar un solo platillo a la perfección seguramente lo lograremos, pero si somos chefs que deben crear un plato nuevo cada semana (¡o cada día!) la exigencia aumentará mucho más, al igual que la presión. El talento, en ese sentido, no es más que aprender rápido y absorber nuevas experiencias a medida que surgen; es por eso que el talento, a menudo demeritado como valor romántico, puede entenderse como un acercamiento fresco a cada momento, no importa si se trata de ciencia, arte o gastronomía.

 

4) El contexto influye

Por fortuna o por desgracia vivimos en un mundo de 7 mil millones de personas, y aunque la tecnología nos pone más cerca del mundo que a nuestros coterráneos del siglo pasado, seguimos viviendo en un contexto local. Y desde un punto de vista más amplio, el contexto puede incluir la vida en un país en guerra, lo cual puede determinar la posterior trayectoria creativa de una persona: Charles Simic salió de Serbia cuando niño y escapó de los horrores de la guerra, pero Walter Benjamin no tuvo tanta suerte durante la Segunda Guerra Mundial. Existen contextos más dolorosos, como el hecho de ser mujer, que limitó el alcance de plumas como las de Jane Austen o Emily Dickinson, aunque su calidad artística se haya comprobado con los años.

 

5) Nunca perder la curiosidad

Cuando conocemos a alguien con muchos talentos e intereses decimos que es un "renacentista", por ejemplo, si escribe, pinta, tiene conocimientos de óptica y medicina, además de coleccionar juguetes antiguos. Pero no tiene nada que ver con el hecho de que hace 5 siglos la gente tuviera más tiempo libre, sino tal vez con la profundidad con la que mentes como la de Leonardo da Vinci o Galileo exploraron y dieron rienda suelta a su curiosidad. De este último se dice, por ejemplo, que fue su conocimiento del claroscuro lo que le permitió realizar novedosas interpretaciones al observar los cielos, pues su formación artística pudo ponerse al servicio de la ciencia. Todo, al final, está conectado.

 

6) La suerte de principiante es más que suerte

El problema de convertirse en un experto es que puedes caer en la tentación de creer que conoces todas las respuestas. Es posible que la así llamada "suerte de principiante" no sea producto del azar, sino de una atención potenciada por el hecho de hallarse en un contexto nuevo e impredecible o en un campo que no se conoce ni domina. Otro refrán dice que hasta al mejor cazador se le va la liebre, y es cierto si el cazador olvida que cada liebre y cada bala son distintas y a su modo, únicas. El cazador inexperto, aún con las manos temblorosas, puede poner un poco más de atención y no confiarse de sus trofeos previos.

 

7) La creatividad crea sus propias reglas

La creatividad es un tema de moda y seguramente leerás libros y acercamientos diversos que la tratan como un problema a resolver. Pero lo que aprendemos de la gente creativa, provenga del arte, la ciencia, o cualquier otro campo de actividad humana, es que fueron capaces de producir algo que no existía antes de ellos: puede tratarse de un invento, una conexión, una interpretación, una fórmula o una obra de arte, para lo cual probablemente tuvieron que romper los paradigmas considerados como "ley" hasta ese momento (creando e instaurando otros). Desconfiar de los caminos demasiado transitados, arriesgarse al error ahí donde muchos fallaron y efectivamente, fallar y fallar de nuevo: ese es el riesgo gozoso de entregarse ciegamente a la propia capacidad creadora, eso que llaman creatividad.