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Esta es la verdadera razón por la cual las niñas deberían aprender a escribir código

Por: Edmée García - 04/20/2016

Estas son algunas de las causas que mantienen a las mujeres y a las niñas al margen de realizar una contribución y aprovechar los 1.4 millones de empleos que habrá en la industria de la tecnología para 2020

El alba de la era de la información ha traído consigo una  preocupación creciente por el hecho de que las mujeres escasean en el campo de la tecnología. La cantidad de mujeres laborando en alguna rama de las ciencias computacionales ha ido declinando desde la década de los años 80. La cuestión es que la infrarrepresentación de las mujeres en estos equipos de trabajo no sólo es un problema social, también es un problema económico, ya que básicamente hay un número creciente de plazas laborales que necesitan ser llenadas y en ese sentido, dejar al margen a la mitad de la población es una pésima idea. Además, debido al crecimiento de esta industria se estima que para el año 2020 habrá 1.4 millones de trabajos disponibles. 

La realidad es que no sólo las mujeres están perdiendo oportunidades, pues la industria también sufre debido a esta disparidad. Investigadores de la Universidad de Castilla han publicado evidencia de cómo tener equipos diversos que incluyan mujeres genera mejores decisiones y mayor creatividad. Por otro lado, de acuerdo a la revista Forbes las compañías con mayor número de directoras en su consejo logran mejores desempeños. Sin embargo compañías como Twitter, Facebook, YouTube y Apple sólo tienen alrededor de un 30% de mujeres entre sus rangos.

Entonces, ¿qué es lo que está manteniendo a las mujeres al margen? El documental The Code aborda cómo los prejuicios culturales, los estereotipos de género, los sistemas educativos y el sexismo en general colaboran para que esto suceda. Hay ideas y actitudes muy arraigadas en la cultura actual que mantienen a las niñas alejadas de los campos tecnológicos, como la concepción de que ellas son seres más emocionales que racionales y por lo mismo menos aptas para desarrollar habilidades lógico-matemáticas, por lo cual reciben menor apoyo, impulso o atención de sus maestros. Al ser menor el número de mujeres que deciden profesionalizarse dentro de las ciencias computacionales, el grupo de potenciales trabajadores del que los reclutadores tienen que elegir se encuentra sesgado a priori. 

Además, una vez en el campo de trabajo ellas deben enfrentarse a una cultura que en lugar de integrarlas las relega. Algunas mujeres han puesto de manifiesto públicamente la soledad que experimentan en el trabajo, una de ellas es Ciara Byrne:  

Una vez me ofrecieron un trabajo en un equipo desarrollador de 50 personas en el que yo sería la única mujer. La mayoría del tiempo aún soy la única mujer, pero escojo equipos más pequeños y menos intimidantes. Siempre soy la única mujer en la junta, con frecuencia he sido la primera ingeniera de R&D, la primera jefa de proyecto, la primera jefa del equipo de software en las compañías para las que he trabajado. Lo que los blogs de dirección que dan lecciones de liderazgo no te dicen es que ser la primera es una carga. Tú cargas la responsabilidad de representarte no sólo a ti misma sino a la experiencia total de trabajar con una criatura semimítica: la techie femenina.

Estas condiciones aunadas a la falta de mentores que las respalden y les permitan un crecimiento laboral significativo son algunas de las razones por las cuales de acuerdo a una encuesta realizada por The Guardian, las mujeres tienen un 45% más de probabilidades de dejar el empleo en el lapso de 1 año que los hombres. 

La cuestión es que si dejamos los prejuicios de lado, las mujeres en realidad pueden ser muy buenas programadoras. Los resultados arrojados por una investigación de conducta realizada con desarrolladores de software de GitHub, una de las comunidades más grandes del mundo de código abierto, dejaron en evidencia cómo el código producido por programadoras tenía un mayor porcentaje de aprobación de parte de los clientes que el de los hombres; siempre y cuando éstos ignoraran que había sido producido por mujeres. 

Como respuesta a esta situación han surgido varias iniciativas, una de ellas es la ONG Girls Who Code, fundada por Reshma Saujani, que inicia a las niñas en el mundo de la tecnología. Su misión es lograr que 1 millón de mujeres se integren al campo de las ciencias computacionales. En sus palabras una de las cosas que con frecuencia coarta el desarrollo de las niñas y las mujeres es que ellas son criadas para ser perfectas, lo cual hace que no tomen los riesgos necesarios para su crecimiento. En sus palabras: 

La mayoría de las niñas son enseñadas a evitar el riesgo y el fracaso. Ellas son enseñadas a sonreír bonito, jugar seguro, conseguir las más altas calificaciones. Por otro lado, los niños son enseñados a jugar agresivamente, columpiarse alto, arrastrarse hasta la cima de los juegos y luego saltar. Y para cuando son adultos no importa si están pidiendo un aumento o pidiéndole a alguien una cita, están habituados a tomar riesgo tras riesgo y son recompensados por ello. 

En otras palabras, estamos criando a nuestras niñas para ser perfectas y estamos criando a nuestros niños para ser valientes. Nuestra economía y nuestra sociedad está perdiendo porque no estamos criando a nuestras niñas para ser valientes. 

Saujani considera que enseñarle a escribir código a las niñas también les enseña perseverancia, paciencia y a ir más allá del miedo a la imperfección y arriesgarse. Esto cobra aún más importancia si consideramos que al abrirle oportunidades a las niñas y a las mujeres de aprender a escribir código e integrarse a los campos tecnológicos estamos abriendo una puerta a mayores posibilidades de crecimiento colectivo. 

  

 Twitter de la autora: @diosaloca

El extraño hábito de las personas exitosas: pasar 10 horas a la semana sólo pensando

Por: pijamasurf - 04/20/2016

Fomentar el pensamiento ocioso podría ser, paradójicamente, un hábito notablemente productivo

Nuestra época privilegia la acción sobre el pensamiento, o al menos eso parece a la distancia. Se nos hace creer que sólo el acto importa, pues parece significar utilidad, provecho, valor, esto es, algún tipo de ganancia. El pensamiento, por el contrario, tiene el aura de lo ocioso, lo efímero, lo que no se concreta y sólo pasa y se consuma sin generar nada.

¿Qué tan cierto es esto? Bien pensado parece una dicotomía falsa pues, por otro lado, sabemos bien que en este mismo tiempo existe un gran aprecio por la creatividad y las obras que resultan de su ejercicio.

Hace poco, por ejemplo, el conocido magnate Warren Buffett declaró que ha dedicado 80% de su vida a nada más que leer y pensar, una práctica que, con variaciones, comparte con otras personalidades que la cultura mainstream no dudaría en calificar de exitosas, como los inventores contemporánes Elon Musk y Jeff Immelt, Jeff Weiner (CEO de LinkedIn) o Bill Gates. Pero más allá de nombres y fortunas, podría haber una constante sobre la cual cimentar una idea común de éxito: hacer en la vida lo que verdaderamente queremos.

Pensar sin rumbo, dejar que la mente se traslade libre por los territorios que quiera, ir y volver de uno a otro campo sin sujeción, puede ser más fructífero de lo que crees (o te han hecho creer).

A continuación, inspirados en un post del sitio Inc, compartimos una serie de jueve hábitos que, conjugados, pueden contribuir al fortalecimiento de esa práctica mayor de sólo pensar –y beneficiarse de ello.

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1. Reserva ese tiempo

Puedes pensar todo el tiempo, pero si dedicas un período específico a sólo pensar, tu acercamiento a esta práctica será muy distinto. En buena medida, será como darle una importancia especial a las ideas que resulten de ese momento.

 

2. No vayas a tu lugar de trabajo

Quizá no te has dado cuenta, pero tu mindset está íntimamente asociado con los espacios donde te encuentras. Los pensamientos habituales surgen en los lugares habituales. Para potenciar este ejercicio acude a un lugar extraordinario para tu propia rutina: un parque o un bosque, quizá una alberca, quizá tu casa pero en circunstancias poco usuales, una sala de lectura, etcétera.

 

3. Lleva contigo un cuaderno

Escribir ha sido, inmemorialmente, uno de los grandes puentes entre la creatividad y la realidad, la idea y su realización, la potencia y el acto. Considera la página en blanco como un espejo de tu mente, esto es, llénala con todo lo que pase por tu mente, sin limitarte ni contenerte. Escribe, dibuja, divaga: algo quedará de ello.

 

4. ¿Puedes reagendar o acortar tus actividades de la semana?

A veces dedicamos más de lo que deberíamos a ciertas actividades que bien podrían pasar a otro momento del día o durar menos. Si es posible, reconsidera ese tiempo empleado en reuniones, citas e incluso hábitos como revisar tus redes sociales o pasar tiempo ocioso en Internet.

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5. Adquiere el hábito de tener una lista semanal de pendientes

Más que para estresarte por todas las cosas que te faltan por hacer, esta lista hará que te des cuenta de todas las cosas que podrías no hacer, es decir, te ayudará a establecer tus prioridades.

 

6. Identifica tu top 3 del día

¿Para qué sirve esto? Básicamente para otro hallazgo significativo: de tu jornada habitual, ¿cuánto dedicas a lo que de verdad es importante y cuánto a asuntos prescindibles?

 

7. No dejes pasar muchos días sin hacerte preguntas trascendentes

¿Estoy en el lugar adecuado? ¿Hago lo que quiero con quienes quiero? ¿Qué es lo más importante para mí ahora? ¿Lo que hago me satisface? ¿En qué soy bueno? ¿En qué puedo mejorar? ¿Qué me gustaría hacer? ¿Qué me gustaría dejar de hacer?

Y si necesitas más inspiración, también puedes probar este inquietante cuestionario de Alejandro Jodorowsky.

 

8. Reserva un poco de tiempo para resolver grandes problemas

Los problemas del día a día conviven con otros problemas de mayor envergadura que resultan de la acumulación o que provienen de circunstancias que nos sobrepasan o que tienen otros orígenes más allá de lo que somos y lo que nos concierne. Con todo, nos afectan y, por ello mismo, es posible que exista un punto en el que podamos incidir, una pequeña zona en la que nuestra acción genere un cambio al respecto. Al sólo pensar, piensa también en cómo podrías solucionar esos “grandes” problemas.

 

9. Finalmente, reserva tiempo para pensar en cosas nuevas

Pocas cosas tan satisfactorias y estimulantes como dejar divagar la mente pero con cierto objetivo como guía: la creatividad. Dedica un poco de tu tiempo a pensar en cosas nuevas, sea para tu vida, tu trabajo, tus relaciones, tu casa, tu comunidad o cualquier otro aspecto de tu existencia que creas que puede ser mejor de lo que es ahora.

 

PS/ Terminamos con este video que, con silente elocuencia, muestra las obras y alcance del pensamiento en acción (del cual, además, hemos tomado las imágenes que ilustran esta nota).

 

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