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O cómo captar la vibración primigenia y entrar en ritmo con la creatividad cósmica y llevar una vida sana y próspera

Sabemos que en principio la creación es un patrón de vibraciones, que todo se está moviendo a ciertos ritmos dentro de un gran y único ritmo que los incluye a todos, esto es verdad en los sistemas solares en el espacio y es también verdad en los jardines de niños en la Tierra. Es parte de la vida que todo crece paso a paso mediante una octava de vibraciones.

Manly P. Hall

 

Los antiguos concibieron al tiempo esencialmente como un ritmo, un compás echado a andar por la causa primera del cosmos. Estar en armonía con este ritmo primigenio era la forma suprema de asegurar la salud, la felicidad y la virtud. En todas partes observaron este ritmo: en el movimiento de los astros, en las estaciones en la Tierra, en las mareas, en el crecimiento de las plantas, en el movimiento de los animales, en su respiración, en su corazón. Filósofos como Pitágoras o los antiguos sabios de la India fueron más lejos incluso y creyeron comprender que todas las cosas no son más que la expresión material de un ritmo, de un patrón, de un número que constituye su esencia. De aquella primera emanación que en Grecia fue llamada el Logos y que en la India conocen como Om, de aquel primer disparo de luz o sonido en el espacio se desdoblan todos los objetos y fenómenos que no son más que reverberaciones, ecos y reflejos de una energía creativa que todo lo permea.  

Los planetas y las estrellas son esencialmente organismos regidos por un ritmo y desde la Tierra estos ritmos pueden sintonizarse, como es el caso evidente de la Luna, la cual tiene claros efectos de sincronización con la menstruación y que desde tiempos inmemoriales ha sido usada también en la agricultura.

El ciclo solar de 24 horas en la Tierra, con el cual hemos evolucionado como planeta por 4 mil millones de años, es responsable de los ritmos circadianos. A través de la luz que recibimos, de su frecuencia, células fotoreceptoras envían información a la glándula pineal, donde la luz se transforma en importantes hormonas como la melatonina, la cuales intervienen en la regulación del sueño y el sistema inmune. En la glándula pineal se produce también el DMT (el poderoso psicodélico llamado la "molécula del espíritu"). Asimismo, en el hipotálamo, el núcleo supraquiasmático coordina diferentes ritmos corporales, sincronizando oscilaciones de diferentes sistemas, como una especie de  conductor de una orquesta de fases y ciclos hormonales, y el cual tiene como "combustible" la luz solar.  

El ciclo sinódico de Venus, sus movimientos en consonancia con la Tierra, forman un precioso pentagrama, también descrito como la rosa de Venus. 

Sobre la relación entre el cielo y el cuerpo humano o entre el marcocosmos y el micrcosmos, el presidente del Instituto mexicano daoísta para la salud, maestro de qi gong y monje daoísta, Hervé Louchouarn, señala en un ensayo sobre la sabiduría Quanzhen:

La evolución de la conciencia del ser humano a través del tiempo, sigue un movimiento cíclico similar al de una espiral; de acuerdo al lugar que ocupa en el espacio, recibiendo energías que hacen que su entorno reaccione, cambiando sus referencias y debilitando su esencia vital. Por la misma razón, su estado de animo, su evolución psíquica y todo su ser reaccionan a estos cambios que perturban su conciencia. Desde hace miles de años, muchas culturas han estudiado las reacciones del hombre ante los cambios de su entorno. Las sociedades antiguas relacionan los eventos cósmicos con las variaciones que ocurrieron en la Tierra. Respetaban e incluso adoraban a las estrellas, que dictaban las leyes de la naturaleza. 

Una de las formas en la que se puede vigilar cómo se imprime la energía del cosmos en el ser humano es fundamentalmente a través de la observación de la respiración. Son innumerables las culturas las que relacionan el aire o aliento con el espíritu o el alma (la etimología nos dice mucho en este aspecto: espíritu tiene la misma raíz que respiración) y los filósofos antiguos creyeron ver un movimiento universal en el proceso respiratorio, lo que los alquimistas llamaron el solve et coagula y que en el hinduismo se ha equiparado con el proceso de manifestación del universo (el manvantara o Día Brahma) y la reabsorción (el pralaya o noche de Brahma), un eterno ciclo en el cual el universo es emanado cuando la divinidad exhala y es destruido y reintegrado en el seno (o en el sueño) divino cuando inhala. Nos dice Roberto Calasso que el equivalente a la expiración y la inspiración puede observarse en todo los procesos del cosmos y en los actos humanos “[están implícitos] en unos pocos actos comunes a todos: el despertar, la respiración, el sueño, el coito”..."la alternancia de dos gestos: dispersar y recolectar", gestos que están presentes "inevitable e inmediatamente concebidos como la respiración, sístole y diástole, el solve et coagula de la alquimia". 

Es fácil observar que cuando hemos perdido nuestro ritmo, cuando nos hemos desfasado o cuando perdemos el control de nuestra mente, la respiración se altera, generalmente se hace rápida y poco profunda. Por ellos los antiguos textos budistas se refieren a la respiración como la correa o el lazo del elefante (o del toro, a veces varía la metáfora), con lo que se refieren a la mente que puede ser como un destructivo animal salvaje si no se logra controlar pero que es domesticado por el ritmo y la atención.

En el hinduismo se dice que la sílaba Om es el sonido de la creación y representa una forma de sintonizar la creatividad cósmica que ocurre en un perpetuo presente. En esta vibración, que es en cierta forma el principio de todas las vibraciones y que persiste en cada una de ellas, se revela el origen como presencia. En términos de Jean Gebser "un origen siempre presente", que es "la esencia que está detrás y que subyace a la conciencia". Y de hecho es imposible entrar en ritmo si uno no está en el presente, el ritmo no es algo que pueda hacerse conciencia más que como presencia. Lo cual nos remite al shivaísmo tántrico, donde se dice que el espacio es el aliento de Shiva y que el corazón es el latido de su tambor (la vibración microcósmica). Shiva es la la divinidad que encarna el arquetipo de la vibración, el primer yogi, representado con las serpientes y el tambor y cuya característica principal, su tattva es cit śakti, la conciencia, una "quietud dinámica". Es de notarse que la conciencia ha sido entendida por esta corriente tántrica esencialmente como una vibración difundida por todo el espacio, es decir todo es conciencia, todo es vibración.

Quizás nadie, al menos no en Occidente, entendió de manera tan integral la noción de que todas las cosas se mueven a un cierto ritmo y que la realidad en su constitución básica es número y vibración como Pitágoras. En su libro sobre el sabio de Samos, José Vasconcelos nos dice que la escuela pitagórica recordaba a su maestro con este juramento: "Juro por quien reveló a los hombres la tetrarquía sagrada [el tetraktys], la causa y la raíz del fluir perpetuo de la naturaleza". Es decir, del patrón numérico se produce el movimiento y el orden del cosmos en correspondencia armónica. El principio creativo se imprime en la masa informe o en el espacio a través del número, el cual es garante y depósito inextinguible de su arquetipo. Vasconcelos añade que "el universo entero" es "la obra multiforme de la energía", una energía que por supuesto oscila conforme a un patrón matemático y que quizás la mejor forma de visualizarla es como una onda. Aprendemos de Pitágoras que:

El universo infinito está compuesto de partes que se mueven según ritmos uniformes. Cada cuerpo, al vibrar en el espacio, emite un sonido, más o menos agudo, según las velocidades que lleva; la ley del movimiento en el cosmos es la misma que la de los sonidos en la escala musical. En el cielo, los astros son como notas de la octava; al girar en sus órbitas, producen un agrandado concierto.

Esto a algunos les podría parecer una interpretación demasiado holgada de los principios de la física, pero recordemos que Kepler descubrió las órbitas elípticas de los planetas justamente basándose en el concepto de la armonía de las esferas de Pitágoras. Platón, el más ilustre de los pitagóricos, nos dice en el mito de Er al final de La República que el cosmos está sujeto por la ley de la Necesidad, la diosa Ananké, a quien incluso los dioses se someten y quien teje con su huso la espira de las ocho esferas (los siete planetas y las estrellas fijas), las cuales hacen del destino una armonía:

En el centro de la luz vieron los extremos de las cadenas, extendidos desde el cielo; pues la luz era el cinturón del cielo, algo así como las sogas de las trirremes, y de este modo sujetaba la bóveda en rotación. Desde los extremos se extendía el huso de la Necesidad, a través de la cual giraban las esferas, […]. Y había tres mujeres sentadas en círculo a intervalos iguales, cada una en su trono; eran las Parcas, hijas de la Necesidad, vestidas de blanco y con guirnaldas en la cabeza, a saber, Láquesis, Cloto y Atropo, y cantaban en armonía con las sirenas: Láquesis las cosas pasadas, Cloto las presentes y Atropo las futuras. 

Platón, en el Timeo, nos dice que el alma humana es una fórmula matemática que refleja el mismo patrón que los astros y que todas las cosas están hechas de formas geométricas. Podemos entender el alma como un ritmo y la salud en su aspecto psicoespiritual como una armonía, una concordia entre nuestros actos y pensamientos y las leyes de la naturaleza. Nos dice el filósofo Manly P. Hall, a partir de sus lecturas de la medicina de Paracelso, que la enfermedad no es más que una falta de ritmo o rima con el flujo de la naturaleza, una desobediencia de la ley eterna de la cual el cosmos no es más que la aplicación visible. Hall sugiere que podemos utilizar las artes para entrar en ritmo con el cosmos y establecer un estado de salud integral:

La pintura al expresar las realidades cósmicas en color, proporción y dinámica, lleva un ministerio de exactitud matemática a nuestra alma... la gran música nos eleva a los principios armónicos que gobiernan todas las cosas.

La terapia exacta de la poesía yace en la combinación de la métrica y del significado; hay un significado peculiar a la métrica y una métrica peculiar al significado. Cuando éstos se unen se produce un efecto terapéutico, un mensaje mental emocional y psíquico... el resultado total de esto es la experiencia inmediata del estímulo de los valores de la conciencia.

Esta medicina artística parece operar a través de un efecto de retroalimentación de los ritmos naturales del alma humana que encuentra en la experiencia estética un liberador espejo. Así tenemos que los pitagóricos desarrollaron una medicina basada en el ritmo. Nos dice Jámblico en su biografía de Pitágoras:

Concibiendo que la primera atención que debía ser brindada a los hombres, es aquella que ocurre a través de los sentidos; como cuando uno percibe figuras y formas bellas, o escucha melodías y ritmos bellos, [Pitágoras] estableció que el primer conocimiento es aquel que subsiste a través de la música, y también a través de ciertos ritmos y melodías, con los que los remedios de varias conductas y pasiones humanas se obtienen, en conjunto con aquellas armonías de las facultades del alma que ya poseían. 

El médico, sacerdote y astrólogo Marsilio Ficino, el gran traductor de Platón en el Renacimiento, continuó la terapia musical pitagórica y concluyó que la música era de hecho un nutrimento esencial para el alma, de la misma forma que la comida lo es para el cuerpo. Ficino, en su sistema de correspondencias, estableció que todos los sonidos, colores o tonos tienen una cierta ascendencia y pueden utilizarse para tratar males particulares: una música solar o jovial puede tratar la depresión, por ejemplo, pero también una imagen o un olor pueden hacerlo, por el mecanismo unitario de este ritmo o tono que produce un mismo efecto por diferentes medios y lleva al alma a una armonía. Así un girasol no es más que la vibración del Sol coagulado, en la forma, el color y en la esencia de una flor está el "espíritu" de la estrella.

 

Twitter del autor: @alepholo

¿Cómo se originó la alquimia? El alquimista practicante, astrólogo y maestro espagirista, Álvaro Remiro, nos revela los principios de la misteriosa ciencia de Hermes.

 

La historia de la alquimia, tal como su sustancia, se encuentra difuminada entre los velos mistéricos del máximo conocimiento, sólo asequible a los más nobles; tomemos en cuenta que en un inicio el conocimiento no se diferenciaba de la religión, y es a través del inicio de la astrología que el hombre, al voltear los ojos al cielo,  comienza a intuir que hay un influjo sutil que relaciona lo que está sucediendo arriba, con lo que está sucediendo abajo, es decir, en su entorno; de esta observación, surge en él un intento de controlar o comprender estos influjos, en busca de algo más grande, que le supera y a lo que está sometido, mediante dos vertientes: una que busca la conexión con lo trascendente, que es la espiritualidad; otra que busca cuantificar el conocimiento para prever acontecimientos relacionados con la vida cotidiana, como los cambios estacionales y por último, una tercera que es el intento de manejar los influjos sutiles a través de rituales, que más tarde, se convierten en religión, a la que nos atrevemos a calificar como una espiritualidad tóxica, pues al ser conocidos estos procesos sólo por una élite con poder se "esclaviza" el espíritu de los hombres.

La alquimia es un conocimiento elástico, que va trasladándose en el espacio y el tiempo, y al encontrar un lugar de cultivo propio para florecer lo hace, como aquel en el que no se imponen fundamentalismos y se propicia la libertad del espíritu; y en la medida que migra hacia lugares menos propicios, se retrotrae a su veta esotérica para volver a manifestarse cuando las condiciones cambien. En ambos espacios, el "aurea catena" del conocimiento alquímico sigue nutriéndose y nutriendo la sociedad en la que se encuentra.

Hay muchas teorías sobre el origen de la alquimia, incluso al iniciar la más breve pesquisa, encontramos diferentes alquimias: la china, la hindú, la persa o la egipcia, que para el caso que nos ocupa, es la línea que intentaremos trazar, pues se trata de la que fue trasmitida por los alquimistas musulmanes de Al-Andalus, quienes reconocen para su tradición un origen egipcio, a pesar de que las referencias principales sean griegas. Es una idea comúnmente aceptada que la trasmisión de la cultura grecolatina a Europa se realizó por medio de Al-Andalus, pero no de manera literal, sino a través de un proceso de crisol cultural multirreferencial, y su posterior regurgitamiento.

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Si queremos establecer la ubicación temporal del surgimiento del conocimiento en Egipto, tenemos que atender a lo que dice Demetrio Santos español todavía en activo que es un personaje muy poco conocido, profundo estudioso de textos clásicos de astrología e historia hermética, cuando establece que a la muerte de un paradigma, quedan vestigios dejando su conocimiento con muy pocas referencias escritas, retomadas por el paradigma que inicia, incluyendo el antiguo idioma como sagrado, lo que remite a la creación de mitos o personajes; aquello que en un paradigma que termina y era considerado científico o exotérico, para el nuevo se retoma como mitológico o mítico, asimismo, cambian los usos costumbres, pero el arquetipo permanece. Para Egipto esta figura mítica, descansa en Thot, posteriormente llamado Hermes por los griegos.

El mito de Hermes está referido en el Kitab Al-uluf (El libro de los Miles), escrito por Albumazar que establece que existió un primer Hermes anterior al Diluvio Universal quien previendo el cataclismo recopiló todo el conocimiento, y ordenó tallar en piedra toda técnica, herramienta, trabajo u oficio existente, para que subsistiera a la hecatombe; después del diluvio, el mito revive a través de dos interpretaciones arquetípicas: la babilónica y la egipcia. Como dato curioso, cabe señalar que Albumazar haciendo cálculos astrológicos, supone que el gran diluvio tuvo lugar aproximadamente 5,000 años antes de Cristo.

Ahora, definamos un paradigma, que es el conjunto de leyes, instrumentos, valores morales y conceptos que comparte una comunidad humana en una determinada época. Un paradigma sería en definitiva una concepción del mundo.

Podemos imaginar, y nos acercaríamos bastante a la realidad, que cuando un ser se gesta en el vientre materno viene provisto de un "saco" en el que porta información útil proveída por sus antepasados genéticos. Una vez nacido, el saco sigue llenándose con la configuración del mundo que se le va transmitiendo en la sociedad y época en que vive, es decir: se le proporciona un paradigma del mundo.

A partir del primer conocimiento hermético surgen dos paradigmas que se disputaban la hegemonía, el paradigma persa, también llamado medo y previamente recogido por los sumerios, acadios y babilonios, y el egipcio o kémico, que permanece en el mismo lugar por miles de años a pesar de las invasiones que sufrieron. Este es un tema de suma importancia en nuestro planteamiento, ya que a pesar de que ambos paradigmas parten del mismo objetivo que es sanar, se van desarrollando como sociedades de manera diametralmente opuesta: los primeros desarrollan una filosofía dualista por el continuo enfrentamiento en el que la vida se aprecia como una eterna lucha sin tiempo u oportunidad para interiorizar o profundizar; en cambio el paradigma egipcio fue floreciendo en un solo lugar contenido y acotado, que además absorbía culturalmente a los pueblos que le invadían, de manera que este factor de permanencia les permitió buscar una manera de sanar desde un lugar profundo y trascendente.

Los medos eran un pueblo conquistador y expansivo, siempre preocupado por ampliar sus territorios y mantener sus fronteras, elaboraron formas de curar a través de técnicas rápidas, sintomáticas, de poner parches para recuperar cuanto antes al guerrero; estas ciencias se denominaron ciencias médicas.

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Los egipcios eran una civilización muy antigua y como hemos comentado, cerrada en sí misma. No tenían gran interés en conquistar el mundo, sólo miraban su propio ombligo, ellos eran el mundo, los demás eran todos unos bárbaros, sus conquistas se daban en términos de intereses económicos diferenciando claramente lo que eran sus colonias. Con su ciencia hacían lo mismo, no tenían ningún interés en exportarla, la guardaban celosamente dándole un tinte esotérico, enseñándola sólo de forma iniciática, lo que hacía de los sacerdotes egipcios una casta exclusiva de gran prestigio.

Las diferencias entre los dos paradigmas se constataban también en otros ámbitos como las matemáticas, los medos las desarrollaron de forma puramente aritmética, en cambio, los egipcios se atrevían a jugar con los conceptos del 0 y el infinito, es decir, con conceptos fuera de lo concreto en el aspecto más hasta abstracto de las matemáticas (de ahí derivaría más tarde la escuela pitagórica).

En su método, el paradigma medo tiende al análisis y el egipcio a la síntesis, el analítico separa, disecciona y desmenuza para observar al mundo, el que sintetiza une, fusiona y relaciona para incluirse en el mundo. En la siguiente frase se refleja esto: "Cuando un hombre sufre, el Universo entero se distorsiona", en esta visión unicista, todo parte del Uno que va subdividiéndose en múltiples realidades a través de las diversas modulaciones o manifestaciones de una misma cosa (materia prima) para posteriormente regresar a su origen: la Unidad, de ahí deriva toda una serie de conceptos científicos, místicos y filosóficos que conforman lo que hoy en día conocemos como Corpus hermeticum. Dentro del concepto de Unidad, cada una de las partes, por pertenecer al sistema es afectada por fenómenos que a éste acontecen, y la inversa; y no se puede tratar a una persona en términos de restituirla a la salud, sin observar sus relaciones con el entorno (emociones) y con el cosmos (espiritualidad).

Hoy en día se considera al trabajo alquímico como la posibilidad de transformar el plomo en oro, pero antiguamente la alquimia era un conjunto de ideas filosóficas y científicas sobre cómo funciona el universo, y estas reglas se aplicaban en el ámbito reflexivo y en asuntos eminentemente prácticos como la agronomía, la medicina y la preparación de remedios. Importantes alquimistas fueron considerados también como grandes médicos por la historia y de sus trabajos de laboratorio, en busca de la piedra filosofal iban surgiendo resultados, como el caso de Al-Razi, que después utilizaba estos resultados como eficaces remedios para las enfermedades, cuyo uso se perpetuó durante siglos. La kemicina o medicina espagírica se fundamenta pues, en las estrictas leyes herméticas originadas en el paradigma egipcio y son estas leyes las que diferencian sus principios de los conceptos médicos y farmacológicos al uso.

Para seguir la línea de trasmisión de lo que denominamos kemicina, alquimia o conocimiento hermético, hemos de recordar que no hay una línea sucesoria lineal, continua y separada del entorno o de otras ciencias o paradigmas, sino que estas se mezclan, se funden y se confunden, dándose el caso de que autores como Avicena (o Ibn-Cina, considerado el padre de la medicina moderna) en unos aspectos sea platonista y en otros aristotélica, y en el aspecto práctico de la medicina, en unas ocasiones se decante por el oppositorum (curar con lo contrario) y en otros, como en el tratamiento de temperamentos, se defina claramente por la curación por lo similar. Para resumir de una forma simplista la principal diferencia entre Platón y Aristóteles, es que Platón es más metafísico que Aristóteles, cree que hay dos mundos, el sensible y el inteligible, de los cuales el mundo sensible (material) es consecuencia del de las ideas o inteligible Por otro lado, Aristóteles defiende que sólo hay una realidad la material aunque reconoce que es la esencia lo que define al ser, con lo que concluimos que Platón sigue una línea más espiritual, y Aristóteles una más material  o científica.

Si recordamos el ritmo que sigue la historia de la alquimia, su "aurea catena", las tendencias filosófico–neoplatónicas–pitagóricas-espiritualistas son las que prevalecen en las épocas de heterodoxia que favorecen su florecimiento, y los momentos de movimientos ortodoxos y el materialismo, de tintes aristotélicos promueven su repliegue, cuando no, su persecución.

escrito por Álvaro Remiro

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Álvaro Remiro estará impartiendo los siguientes cursos en México en junio del 2016: 

CURSO USO TERAPÉUTICO DE ESENCIAS PLANETARIAS Y ELIXIRES METÁLICOS

 Miércoles 1 de junio 

 

TALLER DE ASTROLOGÍA EVOLUTIVA: PROGRESIONES SECUNDARIAS

Viernes 3 de junio

 

CURSO TRANSFORMACIÓN PERSONAL A TRAVÉS DE LA SABIDURÍA HERMÉTICA 

Sábado 4 y domingo 5 de junio

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TALLER PRÁCTICO: RECOLECCIÓN Y TRATAMIENTO DE ROCÍO 

Miércoles 15 y jueves 16 de junio (Retiro)