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Por medio de un análisis exhaustivo de los 22 arcanos del tarot se intentará darle un sentido al ejercicio cinematográfico como regulador de la percepción de la vida

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Así se desemboza la muerte como la posibilidad más peculiar, irreferente e irrebasable.

Martin Heidegger

Un esqueleto en movimiento físico que hasta puede ser visto como laboral corta partes de cuerpos humanos entre las que se encuentran cabezas, usando una guadaña. Empecemos poniendo atención a su cráneo, que tiene forma de luna (media), esto quiere decir, la noche y la regresión. Otro detalle importante es la manera como corta de igual forma las hierbas del suelo como los miembros anatómicos, esto quiere decir que es una limpieza, una depuración para que salga lo bueno de lo malo.

 

Cambio sutil, como un capricho

La muerte en el tarot simboliza un cambio inesperado, una perdida pudiera ser también (¿para encontrar algo?), el final de una situación (para que inicie otra). Puede ser una renovación y en ese sentido, en el reino de la sutilidad, podemos ver la cabeza del rey y la del niño tiradas en el suelo, detalles donde reside el simbolismo del arcano. Pensemos en las fabulas morales de Éric Rohmer; recordemos a sus personajes femeninos que cambian de niña a mujer casi que durante la trama del guión, un instante eterno de eso que se llama percatarse de sí mismas, de lo que las rodea pero no las contiene.  

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La rodilla de Clara (1970), La coleccionista (1967), y Paulina en la playa (1983) como ejemplo. En estas cintas podemos apreciar una materialización con actrices y actores del cambio sutil, superficial y profundo también. Boyhood (Linklater, 2014) atrapa el fenómeno de manera muy evidente, como si fuera un time-lapse, cuando Rohmer lo fotografía como esos momentos eternos de fotógrafos clásicos como Cartier-Bresson o Capa. Por ejemplo Paulina (Amanda Langlet) es una adolescente que se vuelve un adulto mientras pasa unos días en la playa en compañía de su prima que es mayor. Curiosamente los adultos son más inmaduros que ella, entonces la madurez radica en otro lugar a donde Paulina va llegando, animando al arcano. En La coleccionista Haydee (Haydée Politoff) ya es adulta en apariencia, pero se comporta de manera mucho más infantil que la pequeña Paulina; así va muriendo la niña en ella pero la muerte realmente viene en el cambio de Adrien, un cambio de actitud que la refleja. Los hombres en estas cintas cambian profundamente con la ayuda de la inocencia femenina; para Rohmer las mujeres son como filosas guadañas que cortan lo que ya no sirve en el hombre y en ellas mismas por medio de su apariencia angelical. En La rodilla de Clara es ese caso en extremo, pero tras la perdida de la voluntad masculina que lo regresa a su infancia, se la intercambia a Clara tras la atracción por una parte de su cuerpo, la espléndida rodilla. ¿Qué atrae a la muerte sino la vida? ¿Qué es la muerte sino el intervalo, la válvula que separa un momento de la vida con otro?

 

El horror del renacimiento, la deformidad y la destrucción

Freaks/Fenómenos (Tod Browning, 1932) representa la muerte y renacimiento del cine, no hay efectos especiales aunque el director sea el mismo de Drácula (1931) para Universal Pictures, una joya gótica de proporciones teatrales. Pero aquí, gente deforme física y mentalmente se alterna con actores profesionales, en lo que es el nacimiento muerte del relato de horror literario en el cinematógrafo. Es la naturaleza documental del cine lo que salta finalmente en primer plano para que la pantomima teatral madure en un horror real de lo que es distinto pero no por ello feo, ese horror que es parecido a la carta en una primera experiencia.

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Lo horrible que termina siendo no tan horrible; quizás los fenómenos no son tan repugnantes como lo que puede habitar en el interior de alguien en apariencia atractivo. El espanto acaba proviniendo de adentro de los que se ven mejor en apariencia física, como Cleopatra (Olga Baclanova), la bella trapecista que con espantosas acciones echa a andar la trama para acabar siendo más fea físicamente que todos los demás fenómenos del circo. Esa es la carta de la muerte en su sentido invertido, el cambio como destrucción, que ha sido venerado en dioses que lo representan masivamente en culturas antiguas. De hecho, el culto a la Santa Muerte en el México actual (sólo en apariencia nuevo, pero en realidad antiguo) tiene que ver con deificar esta parte del arcano y usarla a conveniencia personal.              

El robo de la personalidad

En A pleno sol (René Clémént, 1960) es una afortunada adaptación de la novela escrita por Patricia Highsmith, El talento de Mr. Ripley. Cabe recalcar que el mismo argumento fue usado por Anthony Minghella en su versión que usa el título de la novela en 1999. Observamos el cambio forzado, a voluntad, el engaño que permite ser el otro en un juego de interés, de reinvención personal. Ripley (Delon) asesina a Greenleaf (Ronet) su amigo y heredero de una gran herencia, usurpando su personalidad.  

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El amigo americano (Wim Wenders, 1977) y El juego de Ripley (Liliana Cavani, 2002) son adaptaciones de novelas posteriores de la saga Ripley escritas por Highsmith, y exploran lo que es borrón y cuenta nueva en un asunto de identidad que funciona como anillo al dedo en el film noir --pensemos en un clásico como Retorno al pasado (Jacques Tourneur, 1947). La personalidad real, el pretérito, irrumpe el presente en apariencia pacífico con todos los problemas magnificados, añejos, la bola de nieve. Películas que pueden significar el arcano en su representación más tácita; vemos las partes del rostro en deformaciones y el objeto punzocortante amenazando o deformando más, deformando ahora de manera interna un pasado en el presente por no estar resuelto, deja de ser pasado para volverse futuro. La estructura ósea precede a la carne, pero el cerebro debe controlar la estructura ósea o recibir su filo ancestral. 

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El hombre lobo

La luna llena activa la licantropía, si bien En compañía de lobos (Neil Jordan, 1986) es una cinta que puede ser parte de este enfrentamiento simbólico entre la ingenuidad infantil femenina y sus deseos más inconscientes provenientes de sus instintos reproductivos, representados en una película de monstruos, se necesita una presencia masculina. Para que funcione el relato, existe un muchacho que sufre la transformación más grande: siendo apenas horas antes un dulce compañero de tarde, un amigo, se convierte luego en un amenazador lobo feroz. Es el cambio simbólico en su más salvaje esencia lo que terminamos viendo en pantalla. Aunque mucho más cercano con la naturaleza del naipe de la muerte sería la fantástica El hombre americano en Londres (John Landis, 1981), que no sólo incluye la gráfica, explícita y llena de detalle transformación de David (David Naughton) en lobo, que tardaron 6 días en filmar según cuenta la leyenda. Lo que nos conecta más con el arcano es la relación que existe entre David y su amigo muerto Jack (Griffin Dunne), que aparece varias veces para darle consejos, mutilado y cada vez más podrido; es el cambio de la muerte en el tarot, el contraste de David con su amigo muerto. Un contraste que se reduce cada que se convierte en lobo.

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¿Qué pasaría si esa guadaña no se usa para cortar la tierra cultivada porque no hay siembra? Se tornaría uno un esqueleto que se aleja de su humanidad para ser violento con esa guadaña; esa es naturaleza también de la carta, de lo que no está bien encausado. Recordemos que el hombre antes de ser sedentario, de aprender a sembrar, era cazador; también tiene esa primera naturaleza en su parte bestial, a la cual puede regresar en cualquier momento si no aprende a sembrar, encontrando la naturaleza superior de su guadaña. En el filme de Landis el viaje de campo por tierras celtas se convierte en pesadilla que revela la sombra más oscura que duerme en nuestro interior, el egoísmo que nos impide cambiar y que nos hace cambiar hacia los defectos de todas nuestras faltas.   

 

La cosecha cinematográfica

Los cosechadores y yo (Agnès Varda, 2000). Esta cinta logra capturar lo que sucede con el campesino y su campo en la cultura actual. No olvidemos que el elemento más grande de esta carta es la guadaña que sirve para cosechar; instantáneamente nos conecta con el concepto de la siembra y campo, el hombre en conexión con la tierra en la que vive para poder sobrevivir, la conciencia de ser creado y de que después dejaremos de existir. Todos los libros de Carlos Castaneda se basan en la conciencia de la muerte; el chamán Don Juan Matus le deja claro que el guerrero debe mirar a la muerte todo el tiempo sobre su hombro izquierdo y que esto es literal, no figurado, que así tendrá el valor suficiente para vivir con impecabilidad para transformarse en el águila. Una conciencia que Heidegger había encontrado antes, sobre la importancia de la muerte para existir, para encontrar una función: ser en el mundo es ser para la muerte.

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El árbol de los zuecos (Ermanno Olmi, 1977) nos plantea al campesinado en 1898 en la región de Bérgamo, Italia, hablada en dialecto y claramente con un énfasis socialista. No deja de ser un fiel retrato del principio de la vida campesina, por un autor que se dedica durante años a crear documentales sociales hasta crear esta obra maestra tan cercana de lo que es esta relación entre hombre y campo, el campesino, los ciclos y el cambio.  

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Fuentes

Bergman, K. Tarot.

Mayer, H. Cómo predecir el futuro con el tarot.

http://tarot.euroresidentes.es/carta/13-xiii-la-mort-la-muerte-o-el-arcano-xiii

http://www.mercaba.org/Filosofia/heidegger/HEIDEGER_08.htm

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

También en Pijama Surf: Las 22 puertas del castillo-espejo: XIII El Colgado/El ahorcado (la carta 12)

Uno de los más grandes misterios esotéricos se centra en la glándula pineal, "el asiento del alma" según Descartes, el tercer ojo de las tradiciones orientales, la glándula que secreta DMT y la cual parece exhibir una extraña conexión con los procesos de muerte y reencarnación

La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es único, todo tu cuerpo estará lleno de luz.

Mateo 6:22

 

We are led to believe a lie, when we see not through the Eye.

William Blake

 

Los fuegos siempre están jugando alrededor de la glándula pineal pero cuando el kundalini los ilumina, por un breve momento el universo entero se hace visible.

Madam Blavatsky

Desde la antigüedad la glándula pineal ha sido objeto de la más alta especulación metafísica. Considerada como un tercer ojo o un misterioso ojo espiritual, es uno de los centros anatómicos principales a los que se dirigen el yoga tántrico y otras disciplinas místicas en el afán de abrir o activar una percepción sutil y, al provocar un estado de expansión de conciencia, unir al practicante con la divinidad o los principios universales. "En el  esoterismo la glándula pineal es el vínculo entre los estados objetivos y subjetivos de conciencia o, en términos exotéricos, entre los mundos visbles e invisibles de la naturaleza", dice Manly P. Hall (Man: Grand Symbol of the Mysteries).

Esta especulación (que en las tradiciones ocultas seguramente es acompañada de una serie de experimentos de anatomía teúrgica) ha sido revivida en la actualidad con el descubrimiento de que la glándula pineal secreta DMT (un poderoso enteógeno endógeno) y una misteriosa coincidencia encontrada por el doctor Rick Strassman: esta glándula se forma a partir de la séptima semana dentro del feto (el mismo momento en el que se identifica el sexo); son también exactamente 7 semanas o 49 días los que se dice que tarda un ser humano en reencarnar según el Libro tibetano de los muertos (Bardo Thödol), la gran autoridad en escatología que tiene el budismo. En este artículo intentaremos conectar la concepción antigua de la glándula pineal como una puerta espiritual y un órgano de percepción metafísica con los hallazgos y algunas de las hipótesis más radicales de Strassman. Para hacer esto primero sentaremos un contexto científico, histórico y simbólico de la glándula pineal.

Empotrada en el centro del cerebro, con forma de cono de pino, este pequeño órgano del sistema endócrino es responsable de producir melatonina a partir de la serotonina y dimetiltriptamina (DMT), una sustancia psicodélica endógena que está presente en pequeñas cantidades en buena parte de las especies del planeta (que tiene un precursor, como la serotonina, en el aminoácido triptofano), entre otras hormonas que emulan neurotransmisores. Su estructura, conformada por células muy similares a las de la retina, es considerada vestigio de un tercer ojo primitivo y en algunos reptiles este "ojo parietal" sigue funcionando como fotorreceptor. Estudios muestran que la glándula pineal es especialmente sensible a los campos magnéticos y su secreción de diferentes hormonas es mediada por la luz o la oscuridad a la cual es expuesta --la serotonina se incrementa con la luz y la melatonina necesita de la oscuridad (Strassman teoriza que el DMT podría ser generado naturalmente si se pasa mucho tiempo sin exponerse a la luz).

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Alrededor de 1630, René Descartes escribió su famosa hipótesis sobre la glándula pineal como el "asiento del alma". El padre del racionalismo explica: "este peculiar lugar de la residencia del alma es el Conarium, o Glandula Pinealis, un cierto núcleo que semeja un cono de pino, ubicado entre los ventrículos del cerebro", y dice que la razón por la cual este es el asiento del alma es "porque esta parte del cerebro es singular y sólo una". Añade el filósofo francés que los más inteligentes no son los que tienen una glándula pineal más grande sino una más móvil, en esto coincidiendo con la versión ocultista que sugiere que la glándula pineal se activa por el movimiento --una especie zumbido-- de la energía que es representada por la serpiente kundalini. Pese a que para algunos la idea de Descartes parece tener una extraña claridad intuitiva, en su época y posteriormente esta conjetura le ha ganado el escarnio de sus colegas.

Manly P. Hall en Man: Grand Symbol of the Mysteries nos dice que la glándula pineal corresponde a la sefirá de Kether, la corona, la unidad divina que contiene a todas las cosas, y es El Ojo que Todo lo Ve de los masones, el Ojo de la Providencia, el Ojo Único de las escrituras [Mateo 6:22] y también el Ojo de Horus y el Ojo del Cíclope (los titanes griegos que evocan un estado primigenio o de una humanidad previa, que supuestamente tenía acceso a una percepción directa del cosmos como realidad interna). 

Según el egiptólogo E. A. Wallis Budge, en algunos papiros se muestra a la persona fallecida con un cono de pino adherido a la corona de su cabeza al entrar a la sala del juicio de Osiris. En los misterios griegos a veces se llevaba un bastón simbólico con un cono de pino adherido --el tirso o báculo de Dionisio. Esta misma investidura ritual se mantiene aún entre algunos líderes de la Iglesia católica (¿el que lleva el báculo con el cono de pino es el que tiene el ojo interno abierto y por lo tanto puede guiar?) y en la plaza de San Pedro podemos ver una enorme escultura de una glándula pineal flanqueda por dos pavos reales (las plumas de los pavos reales están adornadas por patrones similares a ojos, llamados ocelli y simbolizan también la omnividencia). Manly P. Hall señala que en la iconografía china se pueden observar plumas de pavo real adheridas a la cabeza de ciertos personajes de la nobleza en la zona que corresponde a la glándula pineal... todo lo cual puede ser una coincidencia, o uno de los misteriosos pathosformel que detectó el historiador Aby Warburg y que se repiten transculturalmente como si hubiera un origen común a toda la simbología.  

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Acercándonos más en el tiempo a lo que nos concierne en este caso tenemos el intrigante trabajo del doctor Rick Strassman, autor del libro The Spirit Molecule, en el que registra los resultados de sus experimentos administrando DMT a voluntarios en la facultad de medicina de la Universidad de Nuevo Mexico y sus posteriores hipótesis y especulaciones sobre la función del DMT en el organismo. Una de las cosas que más ha fascinado a los lectores de este texto es la increíble coincidencia notada por Strassman entre los 49 días que tarda un individuo en tomar una siguiente vida, según el Libro tibetano de los muertos, y el momento en el que la estructura pineal se manifiesta en el feto humano, 49 días después de la concepción. El mismo Strassman explica:

Sugiero que la fuerza vital del individuo entra al cuerpo a través de la pineal 49 días después de la concepción y se libera a través de la glándula pineal en la muerte. Este período prenatal de 49 días corresponde a las primeras señales del tejido pineal fetal, la diferenciación de las gónadas en masculino y femenino y el intervalo de tiempo entre la muerte de un individuo y la reencarnación de su alma según el budismo tibetano. Sugiero un modelo metafísico en el que los impulsos biológicos, psicológicos y espirituales existen en una tensión dinámica con esta glándula espiritual. 

Desde la publicación de su libro Strassman había teorizado que la glándula pineal era responsable de producir DMT, la molécula psicodélica que había sido detectada en el organismo humano. Años después de la publicación se confirmó que, al menos en el caso de los ratones, la glándula pineal en efecto produce DMT. Strassman además cree que el DMT podría estar correlacionado con el componente visual de los sueños y con las visiones reportadas en las experiencias cercanas a la muerte. Con esto Strassman empieza a trazar una especie de doble umbral entre la vida y la muerte localizado en la glándula pineal: lo que de un lado es una urna acaba siendo una cuna en otro lugar y viceversa. En su libro The Spirit Molecule intenta interpretar esta misteriosa coincidencia, la cual lo lleva de la ciencia hacia la especulación metafísica:

Hay algo que nos 'vivifica' cuando se une al cuerpo. Cuando presente en la materia, se muestra como movimiento y calor. En el cerebro provee el poder de recibir y transformar en conciencia nuestros pensamientos, sensaciones y percepciones...

Lo que propongo es una "doctrina del tiempo pasado". Si los textos budistas y la embriología humana revelan que diferentes desarrollos requieren 49 días, los eventos pueden estar relacionados. 

"Al morir", nos dice Strassman, "parece haber una alteración profunda en la conciencia que se desliga de su identificación con el cuerpo. El DMT pineal hace disponibles esos contenidos particulares no corporalizados de la conciencia... es probable que la pineal sea el órgano más activo al momento de la muerte". Strassman especula que en los 49 días después de la muerte "las experiencias acumuladas, memorias, hábitos, tendencias, sensaciones" son procesados, eliminados o integrados y lo que queda es luego asimilado a la siguiente vida "por resonancia, o vibración simpática de campos similares" (esto es lo que en el budismo se conoce como los skandhas o agregados). El cuerpo está listo para recibir ese material psíquico una vez que es capaz de sintetizar DMT, cuando "la glándula pineal puede actuar como una antena o un pararrayos del alma". 

En el caso del budismo tibetano son 49 días también los que se suele mantener el luto, el cual consiste, entre otras cosas, en rezarle a los muertos oraciones y mantras del Libro tibetano de los muertos, bajo la creencia de que el compuesto psíquico de la persona fallecida vaga por el mundo intermedio (el bardo) en búsqueda de la liberación que encuentra su vehículo en la Luz Clara (ösel), una luz que es la conciencia misma. Se cree que las oraciones pueden servirle como una guía para unirse con esta luz que es la realidad más allá de la ilusión del samsara o el ciclo de muerte y renacimiento. Hay que mencionar (y precisarle a Strassman) que para el budismo lo que "reencarna" no es un alma como la conocemos en la teología cristiana, por ejemplo, sino un componente psíquico o un agregado de la mente, que existe solamente hasta que sus acciones o karmas hayan cumplido con su cadena de causas y efectos. René Guénon incluso sugiere que la idea de la reencarnación es una invención moderna y que lo que predican las religiones orientales es solamente la transmigración, es decir una continuidad de la mente (o del alma en el caso del hinduismo) pero en otros mundos y planos de existencia.

El viaje por el bardo consta de siete niveles, los cuales duran cada uno 7 días y en los cuales el individuo se ve enfrentado a diferentes estratos de visiones, algunas más terroríficas que otras (suelen aparecer las iracundas deidades tántricas en una región similar a lo que en otras tradiciones se conoce como el astral o el mundo del deseo). Se dice que si el individuo es capaz de distinguir estas visiones como meras proyecciones de su mente o reflejos de sus actos y pensamientos pasados, entonces ocurre una purificación y puede alcanzar la liberación. Si esto no se logra, entonces, el Bardo Thödol narra una inquietante secuencia en la que la atención del individuo, que vaga en un caliginoso mundo de espectros y deseos, es atrapada por una imagen irresistible y abominable: una pareja que tiene sexo. El individuo se identifica con esta cópula interdimensional y se echa a andar el proceso de renacimiento en el rayo de la inseminación (¿de los dos lados, en la muerte y en la vida, una luz avanza en un túnel?).

Los tibetanos no son los únicos que tienen este conocimiento tradicional, en Occidente encontramos una extraña mención de esta creencia. En un pequeño texto de la época del Renacimiento, incluido en la edición de Angela Voss de las obras astrológicas de Marsilio Ficino, el gran platonista florentino señala que uno de los momentos definitivos de la concentración psíquica de los individuos es aquel en el que "por primera vez el feto es imbuido con la vida. Dicen que esto sucede en el segundo mes, cuando Júpiter actúa poderosamente. No queda claro si la vida entra la primera mitad de este mes o en el día 49 después de la concepción; la naturaleza usualmente emplea procesos septenarios en los asuntos humanos". Esto es una creencia numerológica ligada a los siete aspectos del alma, según se explica en la astrología hermética, equivalente a los siete planetas del sistema astrológico antiguo y los 7 días de la Creación, así como varios otros septenarios que parecen ser reflejos de los siete poderes creativos y de una especie de código creativo que permea el cosmos. 

Siguiendo con la lista de ominosas coincidencias, en el taoísmo se explica que la menopausia llega a los 49 años. Se tiene también en esta religión la creencia de que la esencia vital --cuyo origen se cree que es divino-- se pierde a través del sangrado excesivo, por lo cual la mujer debe controlar su menstruación, si bien nunca erradicarla del todo, ya que en ella, como en el semen en el caso del hombre, está la sustancia esencial (Jing) que puede transformarse en espíritu (Shen). 

Tenemos también el caso de la religión judía en la que el 49 tiene un significado especial. La fiesta de Shavuot, una de las más importantes del calendario religioso judío, se celebra 49 días después de la fiesta de Pésaj (la celebración de la liberación de Egipto). "Shavuot" significa "semanas", esto es las 7 semanas que se debe hacer "la cuenta del Omer" (Omer es una unidad de medida de cebada y también la ofrenda que se llevaba al templo de Jerusalén). En esta fecha (Pentecostés en griego; 50 días) se celebra la entrega de la Torá de Dios a Moisés en el monte Sinaí. Esto es el momento que culmina la liberación de la esclavitud y el cumplimiento del destino, ya que se dice que el pueblo judío fue elegido para recibir la Ley.  

Los 49 días, según enseña el aspecto místico de la religión judía, son contados cada uno como una puerta o un escalón hacia el conocimiento; en cada uno de ellos se debe meditar y purificar la mente para en el día 50 entrar en el conocimiento de la deidad. Es en alusión a esto que Roberto Calasso tituló uno de sus libros de ensayo Los 49 escalones (un guiño probablemente a los estudios cabalísticos de Walter Benjamin). Esos 49 escalones o 49 días son el intervalo que debe recorrerse para la unión con la divinidad. Algo que se vuelve a revelar por el hecho de que entre las diferentes vías para subir el árbol de las sefirot se puede tomar un camino de 49 escalones por la columna central de Malkhut, Yesod y Tiferet, y así acceder en el cincuentavo escalón de Daat a las tres sefirot superiores. Las siete sefirot inferiores son equivalentes a los 7 días de la Creación y los tres superiores al conocimiento de la divinidad más allá del mundo manifiesto.  

Para aquellos interesados en la numerología y en la gematría, los referimos a un fascinante análisis computacional que ha encontrado un código en algunos pasajes de los cinco primeros libros de la Biblia. A intervalos de 49 letras después de la aparición de la primera letra hebrea del nombre "Torá" se encuentran letras que deletrean sucesivamente la palabra "Torá", el libro de la Ley, en lo que podemos ver una especie de fractal lingüístico, un guiño de un libro dentro de un libro. 

Podemos especular que de alguna manera estos 49 escalones son una multiplicación (7x7) de la escalera del sueño de Jacob (que aparece en capítulo 28 del Génesis), la cual une al cielo con la tierra, y la cual a veces es representada con siete escalones. Es probable que tengamos aquí una fórmula cabalística con el 7 que requiere de una elucidación esotérica más profunda. Por otro lado, la teosofía, en su esquema de la evolución, considera que hay siete razas raíz o siete humanidades y cada una de ellas se divide en siete épocas. Cotejando todo con esto con la investigación de Strassman, pareciera que existe una analogía entre el proceso creativo macrocósmico y el proceso embrionario microcósmico. Un poder del 7 que se repite en el espacio cósmico como en el espacio celular. El gran misterio del universo, según el físico John Archibald Wheeler, es cómo de un aparente caos azaroso emergieron leyes físicas tan perfectas, las cuales podemos conocer a través de las matemáticas. Podría ser que el 7 es de alguna manera parte esencial del desenvolvimiento de este patrón inmenso que llamamos universo.

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Claro que siempre cabe la posibilidad del error humano y el exceso de proyección de la mente hacia la naturaleza y tal vez Strassman y nosotros aquí estemos conectando demasiados puntos en el cielo con el cerebro, creando una nueva constelación de un animal espiritual donde no hay más que astros inconexos, cielo vacío y procesos químicos ciegos. 

En la siguiente parte de este ensayo exploraremos los aspectos más esotéricos relacionados con la glándula pineal, las visiones de los profetas bíblicos y algunas técnicas ocultistas para activar este centro de percepción espiritual. Como anticipo mencionaremos aquí brevemente el trabajo del "rabino psicodélico" Joel Bakst (y aquí es donde las cosas realmente se ponen esotéricas y quizás un tanto desaforadas). Bakst leyó el libro de Strassman y conectó sus hallazgos con su conocimiento de la cábala, avanzando la tesis de que la visión de Jacob, en la que sostiene haber visto "cara a cara a Dios" y la cual ocurre en un lugar llamado "Peniel" (lugar donde se construiría luego el Templo de Jerusalén), es en realidad una alusión a la activación de la glándula pineal, la cual sería la mítica Ciudad de Luz que aparece en la Biblia. Asimismo, Bakst sugiere que el DMT es el vehículo material del arcángel Metatrón, quien es el "sistema nervioso de Dios", esto bajo la concepción de que el cosmos es la anatomía misma de la deidad y que el cuerpo humano es un pequeño universo o una imagen de Dios. Lo anterior sugiere que algunos de los episodios crípticos que encontramos en los textos sagrados tienen correspondencias puntuales con procesos de yoga o alquimia dentro del cuerpo humano. En la siguiente entrega exploraremos más a fondo estas hipótesis que podrían sonar un tanto descabelladas en principio, pero que ciertamente tienen un aire poético; y se entiende la licencia bajo el deseo de aproximarse a esta región numinosa, ya que este caso que congrega a la glándula pineal, la activación del kundalini, el DMT y las puertas espirituales en el cuerpo humano es uno de los grandes misterios esotéricos de todos los tiempos.

 

 

Twitter del autor: @alepholo