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Un recorrido por la laberintesca casa de Salvador Dalí (VIDEO)

Por: pijamasurf - 02/05/2016

5 minutos bastan para sumergirnos en la tan radical como cotidiana extravagancia de la residencia del pintor español

Salvador Dalí representa de manera contundente la extravagancia propia del surrealismo. Y por surrealismo no nos referimos sólo a la corriente artística sino a un estilo de vida determinado, que raya entre lo lúdico y lo desquiciado, y que con frecuencia accede a una estética por lo menos intrigante. 

Este afán por transgredir las normas de la "realidad", tan característico en la personalidad del artista español, quedó plasmado no sólo obviamente en su obra sino también en su hogar. Enclavada en Portlligat, en la Costa Brava del norte de España, yace la que fuera la choza de un pescador y que Dalí fue acondicionando a lo largo de 4 décadas. Abrazada por un exquisito horizonte marino, la peculiar residencia es una suerte de vitrina que exhibe la mitología personal de sus habitantes (Dalí y Gala), obsesivamente entretejida en base a objetos y estilos de radical extravagancia. 

La ubicación de este inusual hábitat dificulta su visita ya que cerca no hay ningún destino turístico, así que generalmente los que llegan hasta ahí son verdaderos apasionados de la figura dalisesca. Afortunadamente, este breve documental nos permite recorrer la casa y así adentrarnos en la obra más cotidiana de todas las que creó Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech.

Así se beneficia financieramente la DEA de la “guerra contra las drogas”

Por: pijamasurf - 02/05/2016

Como en una novela policíaca, el rastro de dinero es la mejor pista para conocer los verdaderos intereses de los involucrados en la trama

La Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) es una de las corporaciones de seguridad más poderosas del mundo: su misión durante las últimas décadas ha sido no solamente “reforzar las leyes de sustancias controladas y regulaciones de Estados Unidos” sino servir como una especie de caja de ahorros, alimentada regularmente por todo aquello que decomisa.

La guerra contra las drogas puede comprenderse mejor si la pensamos como un dispositivo de control ideológico y de los miedos de la gente: tanto en EE.UU. como en el resto del mundo pos-9/11, la palabra clave ha sido “seguridad”. Para brindarnos esa “seguridad” los gobiernos asignan grandes presupuestos a otras palabra claves, “defensa” y “seguridad nacional”, lo que permite que de facto vivamos, en México y en muchos países, en un estado de excepción policial en el cual las agencias del orden pueden repartirse propiedades y bienes de narcotraficantes mientras en la esfera pública se regodean en su “buen trabajo”.

Los lentos esfuerzos por legalizar el uso recreativo y medicinal de la cannabis en distintos estados de EE.UU. sólo dejan claro que la DEA no pretende llegar a la raíz del problema, simplemente porque no existe tal raíz: es un buen negocio criminalizar a los usuarios de cannabis, simplemente porque la mayoría del presupuesto que reciben se destina a combatir esta sustancia en particular. Una legalización total de la cannabis dejaría a la DEA en la incómoda situación de interrumpir la cadena de corrupción que distribuye cocaína, heroína y otras drogas ilegales en el territorio estadounidense (a pesar de que su jurisdicción es borrosa y sus alcances insospechados).

Pero el problema concreto con el funcionamiento actual de la DEA es su programa de decomisos (sobre todo de dinero en efectivo) si se sospecha que alguien está involucrado en actividades ilegales. Según un reporte de ATTN, un hombre que viajaba en tren por Nuevo Mexico perdió los ahorros de su vida cuando un agente de la DEA le confiscó un sobre con 16 mil dólares, los cuales usaría en Los Angeles para comenzar una compañía productora. Naturalmente, el agente no encontró evidencia alguna para incriminar al hombre de ningún crimen, pero la DEA se quedó con su dinero de manera perfectamente legal.

Al no conocer las leyes, la gente se vuelve vulnerable al abuso de poder de los supuestos agentes del orden. Sin embargo, también la ley parece funcionar en contra de todo sentido común cuando vemos que el tráfico de estupefacientes en ambos lados de la frontera sigue su curso como si nada y escuchamos de arrestos espectaculares y titulares de revistas del corazón con narcos involucrados sin ponernos a pensar que vivimos en una distopía donde el Estado, el crimen organizado y las condiciones actuales del capitalismo dejan al ciudadano común y corriente en situación de vulnerabilidad legal y financiera.

Por desgracia no se trata de una ficción sino de una época entera que recae bajo el título “guerra contra las drogas” y que podemos acotar, grosso modo, entre la década de los 90 del siglo XX y lo que va de este siglo XXI.