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¿Sin ideas para sextear? Recurre a la inspiración del divino Baudelaire

Libros

Por: pijamasurf - 12/26/2015

Los viejos maestros de las artes amatorias tienen mucho que enseñarnos en estos tiempos en que el amor viaja en mensajes de texto

baudelaire_nadarEs posible que el mayor beneficio que podemos obtener del erotismo sea sentir cómo la vida fluye por nosotros en toda su plenitud. Hablando de la relación entre Eros y depresión, el filósofo de origen coreano Byung-Chul Han escribe al respecto al inicio de La agonía del Eros:

Eros y depresión son opuestos entre sí. El Eros arranca al sujeto de sí mismo y lo conduce fuera, hacia el otro. En cambio, la depresión hace que se derrumbe en sí mismo. El actual sujeto narcisista del rendimiento está abocado, sobre todo, al éxito. Los éxitos llevan consigo una confirmación del uno por el otro. Ahora bien, el otro, despojado de su alteridad, queda degradado a la condición de espejo del uno, al que confirma en su ego. Esta lógica del reconocimiento atrapa en su ego, aún más profundamente, al sujeto narcisista del rendimiento. Con ello se desarrolla una depresión del éxito. El sujeto depresivo del rendimiento se hunde y ahoga en sí mismo. En cambio, el Eros hace posible una experiencia del otro en su alteridad, que saca al uno de su infierno narcisista. El Eros pone en marcha un voluntario desreconocimiento de sí mismo, un voluntario vaciamiento de sí mismo. Una especial debilidad se apodera del sujeto del amor, acompañada, a la vez, por un sentimiento de fortaleza que de todos modos no es la realización propia del uno, sino el don del otro.

Esa es la fuerza del erotismo: que por un momento nos saca de nuestro laberinto personal para llevarnos a la vida en el mundo y, especialmente, a la vida con el otro, a su reconocimiento como alguien distinto, con su propia historia, su propia subjetividad y existencia y, aun así, alguien a quien podemos dar lugar y que puede darnos un lugar.

De ahí la importancia de resaltar e incluso mejorar nuestras prácticas eróticas con el conocimiento acumulado durante siglos en la materia. Hoy algunos medios han cambiado, pero la esencia de erotismo permanece, su fogosa voluntad que une en un punto al amor con la sexualidad.

Si lo tuyo es el sexting (a estas alturas tal vez no sea necesario aclarar que se trata de un flirteo de alto contenido erótico vía mensajes de texto con el teléfono móvil) pero de pronto te ves sorprendido en un momento de poca imaginación voluptuosa, quizá no sea mala idea acudir a los viejos maestros de las artes amatorias.

En esta ocasión, por sugerencia del sitio artparasites.com, el guía del sendero es Charles Baudelaire, que desde las márgenes de la sociedad transitó del Romanticismo al Simbolismo y mostró al mundo que la condición del poeta puede ser también la de un iluminado.

A continuación compartimos algunos ejemplos de su poesía (particularmente de Las flores del mal) que pueden encajar en la moderna práctica del sexting. Modificamos ligeramente la traducción de E. M. S. Danero que se encuentra en Wikisource para adaptarla a estos tiempos poco románticos y menos aún simbolistas. También incluimos los originales en francés, que tomamos de este enlace, por si acaso deseas aumentar la potencia erótica.

 

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Andrea Vaccaro, "María Magdalena" (ca. 1598-1670) (detalle)

Paso mi mano por tu cabello para que escuches siempre mi deseo.

ma main dans ta crinière lourde
Sèmera le rubis, la perle et le saphir,
Afin qu'à mon désir tu ne sois jamais sourde!

De “La cabellera”

 

Mejor que el opio, yo prefiero el elíxir de tu boca, donde el amor se pavonea.

Je préfère au constance, à l'opium, au nuits,
L'élixir de ta bouche où l'amour se pavane;

De “Sed non satiata”

 

Si vienes del cielo o del infierno, ¿qué me importa? ¡Belleza! ¡Llévame de nuevo al infinito!

Que tu viennes du ciel ou de l'enfer, qu'importe,
Ô Beauté! monstre énorme, effrayant, ingénu!
Si ton oeil, ton souris, ton pied, m'ouvrent la porte
D'un Infini que j'aime et n'ai jamais connu?

De “Himno a la belleza”

 

¡Piensa en lo que haremos cuando vivamos juntos! ¡Amarnos tanto como queramos!

Songe à la douceur
D'aller là-bas vivre ensemble!
Aimer à loisir,
Aimer et mourir

De “Invitación al viaje”

 

Nuestros corazones son como antorchas que reflejan nuestros espíritus gemelos.

Nos deux coeurs seront deux vastes flambeaux,
Qui réfléchiront leurs doubles lumières
Dans nos deux esprits, ces miroirs jumeaux.

De “La muerte de los amantes”

 

Amo despertar y ver tu cuerpo, donde encalla mi deseo.

Que j'aime voir, chère indolente,
De ton corps si beau,
Comme une étoffe vacillante,
Miroiter la peau!

Sur ta chevelure profonde
Aux âcres parfums,
Mer odorante et vagabonde
Aux flots bleus et bruns,

Comme un navire qui s'éveille
Au vent du matin,
Mon âme rêveuse appareille
Pour un ciel lointain.

De “La serpiente que danza”

 

También en Pijama Surf: Consejos de E. E. Cummings y Pablo Neruda para mejorar tu “sexting”

El eco de la llama: dimensionando la obra de Umberto Eco

Libros

Por: Rafael Toriz - 12/26/2015

Una reflexión en torno a la obra del recientemente fallecido titán cultural, Umberto Eco

“Cada que muere un anciano, arde con él una biblioteca”, dice un hermoso proverbio africano y que en esta ocasión, cuando el occiso es Umberto Eco, se cumple por partida doble: ha muerto un hombre que contuvo multitudes.

La figura de Umberto Eco, que ya con vida había adquirido el tamaño de mitológica a partir de la década de los 60 con sus insólitos análisis sobre los medios de comunicación y la cultura de masas, encuadra una de las mayores y más nobles tradiciones europeas: la del humanista total; un renacentista riguroso para el que prácticamente nada de lo humano fue ajeno. Tales fueron las palabras de obituario de La Repubblica: adiós al hombre que lo supo todo.

Sin embargo, el hecho de ser un erudito –sobre quienes declaró que “suelen ser perdedores; vivimos en un mundo en que el físico que gana el premio Nobel no sabe nada de la historia de la literatura. Puede haber un corrector de libros que sea un sabio, pero ese conocimiento excelso no le sirve para nada en la vida” – no sería suficiente para encuadrar su nombre en la historia de la cultura del siglo XX, porque si bien Eco merece un lugar de privilegio entre nombres como los de Marcel Bataillon, E. R. Curtius, George Steiner, Walter Benjamin o Roland Barthes, la suya es una obra abierta que exploró con originalidad, inteligencia, dedicación y fortuna campos tan rigurosos y estimulantes como la filosofía, la semiótica, la lingüística, la historia de la cultura, la teoría de la comunicación y del arte, la sociología y hasta las relaciones conflictivas entre los diversos campos del saber humano, por lo que puede asegurarse que Eco ha sido uno de los mayores críticos culturales de occidente: el arte de integrar lo apocalíptico.

Narrador de éxito global, sus novelas visitan la novela histórica y filosófica mezcladas en ocasiones con la estructura del policial, lo que dota a su prosa de un magnetismo providencial.

Empero, es en el vasto campo del ensayo, tanto lírico como académico pero siempre documentado, donde se encuentra lo más proteico y poderoso de su obra –y no sólo en el que probablemente sea su libro más utilizado en el mundo, Cómo se hace una tesis– porque si algo tuvo Eco fue una voracidad desaforada que no sólo sugiere e ilumina caminos sino que invita a pensar en compañía: la de los libros y los hombres, oficio arcano para comprender el camino de las estrellas.

En una de sus últimas entrevistas sostuvo con alegría: “podría hacer una silla por día. Pero prefiero hacer sólo una por semana. Porque la parte más bella para mí es el período que paso escribiendo un libro”.

Editor y profesor, pero sobre todo cultor de una sabiduría artesanal, podemos estar seguros de que el fuego de la biblioteca que se consume con su nombre habrá de prodigarnos dentro de la vasta noche que habitamos un eco verdadero que no perecerá mientras haya ojos para escucharlo.