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El tarot resume los tortuosos pasos de un ancestral rito en el cual se tenían que cubrir grandes distancias y transitar de un estadio a otro del desarrollo del espíritu

Imagen: Wikipedia

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Dedicado a Rodolfo, mi amado hermano, gran tarotista, cantante y violinista, quien voló de este mundo prontamente. 

 

No es necesario que los libros se guarden ocultos. Pueden ser accesibles a todos y sin embargo permanecer ocultos para quienes no saben leerlos. Y libros como estos existen en todos los países y en todos los pueblos.

Piotr Ouspensky, Un nuevo modelo del universo

1.    Naturaleza hermética de los libros sagrados

El tarot es un libro sagrado, del mismo modo que la cábala, el eneagrama o los Evangelios. La particularidad de los libros sagrados es que son modelos a escala del universo: lo contienen en totalidad, como gota al océano. Por lo mismo es posible, con la guía y las indicaciones precisas, entablar diálogo con ellos y encontrar respuestas a cualquier cuestionamiento que se les realice.

Los libros sagrados no han sido creados por una sola mente ni por un solo hombre (como en el caso de una novela o un ensayo, que son los modelos bibliográficos más conocidos hoy en día) sino por una larga tradición, en muchos casos milenaria, que los ha ido enriqueciendo y custodiando a lo largo de siglos. Sobre todo, una escuela esotérica discreta, la cual resguarda las claves y los secretos para ingresar en sus profundidades, revelándoselos exclusivamente a aquellos que están listos o verdaderamente dispuestos a recibirlos.

Se dice que si un individuo estuviese prisionero, aislado o extraviado en el desierto pero contase con su tarot o con un eneagrama dibujado en la arena, sabiéndolos utilizar apropiadamente podría adquirir todos los conocimientos necesarios para convertirse en sabio por sí solo.

En el Medioevo se les llamaba “máquinas filosóficas”, las cuales servían para realizar planteamientos sin límite, obteniendo una retroalimentación profunda y las consiguientes respuestas clave, largamente buscadas por los iniciados. Como si estos denominados libros sagrados tuviesen la facultad de hacer entrar a sus lectores en contacto con información proveniente de un sistema organizativo más amplio que en el que usualmente nos movemos los humanos ordinarios. Acceder a una dimensión invisible: la cuarta.

El psicólogo Piotr Ouspensky atribuye a Raimundo Lulio, el jesuita y alquimista, la creación del primer modelo de máquina filosófica del cual derivó con posteridad el tarot.

Por otra parte Sally Nichols, discípula de Carl Jung, adjudica la autoría del tarot a una secta desviacionista y pagana del Medioevo cuyos seguidores, al verse perseguidos por la Inquisición, decidieron plasmar sus enseñanzas y sabiduría en un aparentemente inofensivo mazo de cartas, de tal manera que podían engañar a los obispos e inquisidores católicos comunicándose entre sí y transmitiendo perturbadores secretos a sus adeptos, aparentando que simplemente jugaban a las cartas frente a sus perseguidores. Según ésta psicóloga, el tarot poseería una antigüedad de poco más de 6 siglos.

Las cartas comunes y corrientes que se conocen hoy en Occidente son una derivación del tarot, sobre todo del de Marsella, cuyos orígenes son medievales.

 

2. El Libro de Thot o Hermes Trismegisto

Otras hipótesis relacionan al tarot con el Libro de Thot, un conjunto de tablillas que formó parte de la Biblioteca de Alejandría, la cual fue destruida en un devastador incendio ordenado hacia el siglo IV por el emperador romano Aureliano cuando invadió la ciudad con el apoyo de un grupo de egipcios cristianos, quienes deseaban destruir a toda costa los antiguos libros prohibidos que poblaban aquel recinto, por resultar contrarios a la ya institucionalizada Iglesia católica. Se dice que ciertos sabios y sus seguidores lograron sustraer algunos importantes materiales antes de que las llamas lo arrasaran todo.

Esta hipótesis no nos parece descabellada. Siguiendo las enseñanzas de Ouspensky, el tarot sería presumiblemente un libro aún mucho más antiguo que la Edad Media, proveniente de una civilización paleolítica.

Thot sería el nombre egipcio de Hermes Trismegisto: un semidios griego de la sabiduría, mitad hombre y mitad divinidad, quien también correspondería a la persona del profeta Abraham, e incluso a un sabio que vivió en Egipto durante un periodo anterior al Diluvio Universal. Thot o Hermes vendría siendo la reencarnación de todos ellos. Quizá se tratase de una escuela esotérica de iniciados que ostentaron y cuidaron las enseñanzas herméticas desde tiempos inmemoriales bajo el nombre de Hermes. Hoy en día poseemos muchos datos para considerar que por ejemplo el autor de La Ilíada y La Odisea no fue un solo hombre, sino toda una escuela que se conoció antiguamente como los Homéridas, dedicados a recitar y conservar sus versos. Evangelios como el de Marcos, atribuidos antiguamente a una sola persona, en realidad también fueron escritos por decenas de iniciados pertenecientes a una secta, la mayoría de ellos probablemente mujeres: las Marcas. De igual manera, existen muchas posibilidades de que el nombre Hermes Trismegisto no se refiera a un individuo aislado o a un personaje único, sino a toda una tradición de sabios y discípulos que salvaguardaron las enseñanzas herméticas durante milenios.

En las civilizaciones paleolíticas o prediluvianas la escritura no era alfabética como la conocemos mayoritariamente hoy en día sino ideográfica e icónica, es decir que transmitía sus enseñanzas sobre la base de imágenes y sobre todo de símbolos. La escritura alfabética occidental es la más difundida y conocida en nuestra cultura: se sustenta a partir de letras que representan sonidos, palabras y frases. Contrariamente el tarot, aunque tiene algunas cuantas palabras plasmadas en sus arcanos, es igualmente un libro, pero escrito en lenguaje icónico (de imágenes). La palabra “esoterismo” hace referencia a aquellas enseñanzas que son transmitidas a través de símbolos.

La Biblioteca de Alejandría estaba constituida no sólo por pergaminos y libros de cuero y papel semejantes a los nuestros sino por conjuntos de tablillas cuya totalidad también constituía libros, sólo que de carácter muchísimo más antiguo, como el Libro de Thot o el Corpus Hermeticum, ambos atribuidos a Hermes.

Es probable que en sus inicios más remotos el tarot, en lugar de ser un mazo de cartas, estuviera constituido por un grupo de tablas de arcilla labradas con las imágenes de los arcanos. Más aún, Ouspensky sugiere que cada uno de los arcanos representaba la estación de paso de una olvidada ruta compuesta por diversos sitios sagrados, correspondientes a las actuales cartas, donde alguna vez existieron esfinges, dólmenes y monumentos paleolíticos que hacían referencia a los arcanos de nuestro tarot. Según este psicólogo, los iniciados debían recorrer un camino sagrado a través de Oriente Medio o de la Europa de la Edad de Piedra y Bronce, transitando de un arcano y de un sitio geográfico sacro a otro, conforme ganaban en poder espiritual, madurez y conocimiento.

De ser una ruta espiritual señalizada con símbolos, con el paso de los siglos, las migraciones, los cambios culturales y los desastres naturales, el tarot se transformó paulatinamente en un conjunto de tablillas que marcaban los grados y las etapas de la evolución del espíritu: un mapa del crecimiento del alma, tal como se le conoció en Alejandría, para terminar en nuestros días convertido en un mazo de cartas.

 

3. El tarot como vestigio y síntesis de un ancestral rito de iniciación

Siendo de esta manera, cada una de las series de los arcanos del tarot constituiría una fase antigua de un ancestral rito por el cual tendrían que transitar los iniciados conforme recibían cierta preparación y adquirían determinados conocimientos cada vez más complejos y de profundidad creciente. Si lo seguimos desde los Ases, pasando por las Sotas, Valets o Mozos, las Reinas y los Reyes, hasta llegar a los Caballeros, abarcando la totalidad de los arcanos menores: Copas, Bastos, Espadas y Oros, nos encontraríamos con las primeras etapas del desarrollo espiritual del ser humano, plenas de apegos, espejismos, egoísmos, envidias, codependencias, etc. El equivalente a lo que los sabios de la India denominan Maya: la cárcel de la ilusión del mundo en la que vivimos atrapadas casi todas las personas.

Según el tarot, el primer tipo de hombre es como un niño, alguien muy joven o, en el peor de los casos, si no se ha desarrollado siquiera un poco, un esclavo mental como la Sota, el Valet o el As. Estos arcanos son el principio del viaje, el inicio de cualquier cosa. Se trata de alguien que aún no piensa por sí mismo, dedicado a obedecer, a complacer a los demás y a hurtar o tomar prestadas ideas de los otros para luego creer que son originales. La mayor parte de la humanidad no posee ideas propias. Grandes cantidades de hombres permanecen la mayoría de su vida e incluso mueren en la fase más primitiva, bajo el influjo hipnótico de Maya y el sueño lunar: totalmente dormidos y subyugados por las apariencias del mundo.

Un segundo tipo de hombres es representado por la Reina: mucho más capaces de tomar algunas decisiones, con algo de astucia y con un poco de libertad, la cual en ocasiones no han tenido que buscar conscientemente; a veces alguien se las ha obsequiado, quizá se las heredaron o la sustrajeron furtivamente a otros. En este estadio del desarrollo, la persona se encuentra aún sometida al influjo total de la figura materna, dominado por ella. Representa a alguien con ciertas concesiones y libertades, empero, dormido en sus laureles, incapaz de renunciar a sus comodidades y privilegios. Como la define Ouspensky: una personalidad que se quedó estancada en su desarrollo aunque en algún momento pudo crecer y liberarse, y cuyas posibilidades pueden perderse.

El tercer tipo de hombre corresponde  al Rey, quien ha tenido que luchar (y no pocas veces, a muerte) por defender o ganar su reino. Son un poco más dueños de sí mismos y de su espacio, en contraste con la Reina, el Valet o la Sota. Ha hecho un trabajo emocional nada exento de sufrimientos, los cuales los han fortalecido. Poseen bastante fuerza, aunque pueden seguir estando influidos por el peso de la figura masculina. Todo lo que han conseguido lo pueden perder todavía, sobre todo con las acciones de otro rey rival, con quien eventualmente les sería difícil negociar o dejar de rivalizar. De hecho, aún se encuentran en conflicto con la figura del padre y este es su principal punto débil, a pesar de todas las concesiones y facultades obtenidas.

De pronto, se llega por fin a una fase posterior del rito de iniciación. El Caballero del tarot representa a la persona que ya emprendió su camino espiritual, comenzó a pensar por sí misma, dejando de ser un esclavo mental, confrontó y venció a la Reina y al Rey, a quienes a pesar de todo respeta y ama, reconciliándose y trascendiendo su relación con la figura materna y paterna. El Caballero se encuentra listo para abandonar el nivel superficial de los arcanos mayores. No lo seducen ni el poder, ni el dinero, no lo domina el sexo, las religiones ni las filosofías, aunque conoce un poco de todos ellos, los cuales están representados por las Espadas, las Copas, los Bastos y los Oros. No odia ni se confronta con las figuras de autoridad, sean estos hombres o mujeres, pero tampoco sucumbe bajo su seducción y autoridad.

 

4. El viaje iniciático de los arcanos mayores

Un buen día, el Caballero se cansa de estar vinculado o unido a cualquier Rey o reino. Es el momento de dejar de dar cuentas a alguien y gobernarse solo. Todo aquel que ha abandonado la seguridad de un empleo estable, de una iglesia, de una institución o de una familia, arriesgándose para sobrevivir por su cuenta propia, se refleja en él. El peso de sus utensilios bélicos lo agobia, comprende que si desea crecer, deberá renunciar a todo. Se despoja de su armadura y de su equipo de guerra para iniciar el verdadero camino, que apenas comienza. Encontró a un perro por el camino y se hizo su amigo: en un futuro próximo el animalito lo ayudará para aprender a dejarse guiar por sus instintos. Hasta entonces ha trepado por una larga escalinata, creyendo que pronto se acercaría a su objetivo, empero, el trabajo real sobre el denominado Cuarto Camino, el Camino del Espíritu, apenas comienza. Este caballero se encuentra listo para convertirse en el Loco: el arcano número 0 del tarot.

Si ha llegado al nivel de los arcanos mayores, a partir de aquí todo es distinto.

La descripción de los arcanos mayores  que se realizará a continuación se encuentra basada en la psicología del tarot de Ouspensky, el principal vocero del Cuarto Camino, y fue tomada de su libro Un nuevo modelo del universo, donde ahonda ampliamente en el tema. No es muy sabido que el mago George Gurdjieff, su maestro, practicara cotidianamente la lectura del mismo, pero sí que conocía ampliamente de él. En sus diálogos con Ouspensky contenidos en el libro Fragmentos de una enseñanza desconocida lo menciona de pasada. También en el libro escrito por la propia mano de Gurdjieff, Relatos de Belcebú a su nieto, tomos 1 y 2.

 

5. Los arcanos mayores desde la perspectiva del Cuarto Camino

5.1 El Loco: en el Tarot de Marsella se le llama en francés Le Mat: el Loco. Ouspensky lo conoce como el Bufón. Su figura es en apariencia maltrecha, empero, bajo ella oculta su poder espiritual y su visión  del verdadero camino, que nadie como él posee aunque finge no tener rumbo. Ha abandonado todo lo material e incluso sus relaciones sociales para emprenderlo, acompañado únicamente por su perro y, en algunas cartas de antiguos mazos de tarot, por su violín.

5.2 El Mago: es el iniciado que sigue buscando, experimentando todo y de todo. Da un paso más allá que el Loco, pues se atreve a intentar cualquier cosa. Comienza a adquirir confianza y a irradiar una cierta luz. No necesita espectadores, comienza a ser independiente de los juicios de los demás.

5.3 La Papisa: también conocida por Ouspensky como la Gran Sacerdotisa. Es el primer misterio que se devela para el iniciado o para el buscador, el misterio femenino. Si logra asimilarlo y comprenderlo el buscador ganará gran poder pues al tenerla como aliada, conocerá y comprenderá a todas las mujeres del mundo. ¡Existen tantos hombres incapaces de asimilar y entender el poder femenino, y que a pesar de ello se sienten tan sabios!

5.4 La Emperatriz: es el aliento de la primavera, la máxima expresión de fortaleza y poder femenino, es el principio vital femenino que habita y alimenta a todos los seres, el hálito que cura y anima a los enfermos o que revive a los moribundos. Ella posee una gran fortaleza femenina que puede curar, reconciliar, perdonar, pero también subyugar con su poder. Tiene la facultad de sanar o, por otro lado, de castrar a los hombres.

5.5 El Emperador: al llegar a él se comprende por fin la Ley de Cuatro: el equilibrio del Todo. Alguien que puede poseerlo todo, o que de hecho ya lo posee. Él es la acción, la resistencia, la consumación y el resultado. Para él no hay misterios ni límites en la Tierra imposibles de resolver o superar.

5.6  El Papa: su nombre original era el Hierofante, que corresponde al sumo sacerdote de un culto secreto en el antiguo Egipto, lo que sugiere los orígenes milenarios, muchísimo más atrás de la Edad Media, del mazo del tarot, además de las conexiones del mismo con ancestrales ritos de iniciación y de crecimiento espiritual de las que se ha hablado con anterioridad. El Hierofante representa el punto de intersección entre el mundo ordinario y la visión profunda de la escuela esotérica, por completo distinta de la mundana. El Hierofante habla mediante alegorías, un lenguaje hecho para ser entendido sólo por aquellos que verdaderamente lo desean escuchar.

5.7 Los Enamorados: Ouspensky la nombra “la Tentación”. Jodorowsky la llama “los Enamorados”. En ella se presentan bastantes misterios espirituales: duendes, hadas, súcubos, íncubos. Se comprende el misterio del equilibrio universal, el porqué de la existencia de tantos seres tan diversos, incluyendo a los del bajo mundo; el contraste del bien y del mal. “Así como es arriba es abajo”, como decía Hermes Trismegisto. Esta comprensión nunca va exenta de un intenso sufrimiento, gracias al cual se gana en visión y se resucita espiritualmente, se empieza a entender la conexión de uno con todos aquellos seres distintos, pese a sus diferencias.

5.7 El Carro: representa al conquistador que no se ha conquistado a sí mismo todavía. Él alberga la voluntad de saber, de hacer y de ser, pero puede quedarse a pesar de todo en las puras buenas intenciones.

5.8 La Justicia: ella todo lo coloca en la balanza. En antiguos mazos de tarot se le llamaba la Verdad. El resultado de la balanza dará a cada cual lo que le corresponda, para bien o para mal, hacia adentro o hacia afuera. Ella también habla del desarrollo de la facultad de comprender profundos misterios y símbolos. No por nada la comprensión de una verdad sobreviene tras un duro proceso de sufrimiento y purificación.

5.9 El Ermitaño: representa al hombre que ha sido, como Cristo, capaz de ir al desierto, enfrentar a su sombra y a sus demonios y regresar triunfante. Él ayudará y saldrá al encuentro, en el momento preciso, de aquellos que también hayan iniciado el viaje y se encuentren cruzando por difíciles desiertos. Se trata de un personaje que ha abandonado toda búsqueda exterior, enfocando sus fuerzas hacia el descubrimiento de sus tesoros internos.

5.10 La Rueda de la Fortuna: encaja con el proceso universal: todo va, todo viene, todo vuelve, todo se aleja y después regresa. La vida es un ciclo, un río con diversas y similares aguas.

5.11 La Fuerza: representa una tranquilidad tras un largo proceso de cambios y sufrimientos, la bestia interior se ha dominado, como en esta carta, en donde una mujer pasea serena con un león, acariciándolo. A diferencia del Carro, la carta anterior, aquí se han subyugado y dominado los impulsos internos. A este nivel se ha asimilado el hecho de que no hay nada más poderoso que la fuerza del amor.

5.12 El Colgado: a pesar de que ha sufrido enormes tormentos, él es el hombre que ha visto la verdad. Cuando un hombre vislumbra el camino de la eternidad, también encuentra enormes sufrimientos. Es el dolor y el terrible malestar existencial de comenzar a ser un hombre despierto.

5.13 La Muerte: aquí la Rueda de la Fortuna, con sus cambios y sus sucesivas muertes, sigue girando. Se habla literalmente de aquella frase del Evangelio tan mal entendida: “hay que morir para vivir…”. Es el ocaso de un punto y el amanecer de otro: el inicio de un ciclo y el comienzo de otro nuevo.

5.14 La Templanza: quien ha sobrevivido y trascendido la muerte se ha templado como el mejor acero; a partir de ella se comprende uno de los mayores misterios con todo el ser: la relatividad del tiempo. Nada envejece, nada muere, nada nace. Se dice que los ángeles son seres que han tenido que pasar por todo el camino espiritual anteriormente descrito por los arcanos. La templanza haría referencia a un ser que se ha purificado al punto de casi convertirse en ángel o ya serlo.

5.15 El Diablo: la contracara del ángel de la Templanza es Belcebú o el Diablo. Representa una de las tentaciones más grandes con las que se debe enfrentar cualquiera que desee crecer espiritualmente. El lado oscuro que todos tenemos. El que es incapaz de enfrentarlo, conocerlo, asumirlo y escucharlo, en algún momento será devorado y arrastrado por Lucifer. El que se deja seducir también será destruido. Sólo aquel que pueda escucharlo, aprender de él y a la vez ver más allá sin perder la luz de su sendero, podrá derrotarlo o convertirlo en su aliado.

5.16 La Torre: por medio de ella se disuelven todos los engaños, todas las confusiones y mentiras se esclarecen. Es el surgimiento del verdadero Yo, aquel que tanto buscó el iniciado que surgiera dentro de sí mismo. Es la torre de Dios, el Dios interior, la divinidad personal. Cuando emerge, derrumba todas las mentiras y falsedades.

5.17 La Estrella: es la estrella que guió a los pastores, a los reyes magos y a cualquiera que sepa encontrarla o que sea ayudado a encontrarla. Ella es la imaginación de la naturaleza, los sueños de la naturaleza. Cualquiera que pueda vislumbrarla comprenderá que no es un ser único ni aislado, sino que es parte indisoluble de un ser o un sistema muchísimo más grande y consciente.

5.18 La Luna: ante el buscador, inevitablemente, se abren de pronto dos caminos: uno lo puede guiar hacia el siguiente punto, haciéndolo crecer y continuar con su desarrollo; otro lo podrá arrastrar de regreso, igual que el Diablo, o enloquecerlo si no sabe superarlo y seguir adelante.

5.19 El Sol: él es la mayor expresión de la palabra “fuego”, es capaz de calentar a quien sepa acercársele, brinda vida, enciende, cura, consuela. La imagen mayor del principio masculino.

5.20 El Juicio: del mismo modo, antiguamente se le nombraba la Resurrección de los Muertos; con ella se comienza a comprender el misterio de la muerte, el nacimiento, la resurrección, el bien, el mal y el tiempo. Es la culminación de cartas cíclicas y complejas anteriores como la Muerte, los Enamorados, la Rueda de la Fortuna, la Templanza, etcétera.

5.21 El Mundo: es un enorme círculo, un mandala gigantesco que abarca todo el universo. Es aquello que siempre se ve, que todo el tiempo está frente a nosotros, pero nunca comprendemos. Aquí se han caído las máscaras y velos que impedían mirar las cosas tal como son.

 

6. El tarot y el Cuarto Camino

Se dice por los seguidores del Cuarto Camino que para llegar a él previamente se tuvo que estar fuertemente desilusionado de la razón, la fe, la iglesia, la familia, de Dios, de la ciencia y de cualquier institución y forma de consuelo que encuentran la mayoría de los hombres para mantener y perpetuar su sueño.

En este punto, con la ayuda precisa, el tarot puede convertirse en un instrumento que colabore para el desarrollo de una poderosa intuición y de la capacidad de pensar en órdenes superiores y distintos. El tarot puede contribuir a desarrollar un pensamiento que trabaje en complejos mucho más amplios, a pensar en otra dimensión y percibir aquello que se encontraba oculto bajo el velo ilusorio de Maya.

Como se ha dicho, el tarot resume los tortuosos pasos de un ancestral rito, proveniente del paleolítico, en el cual se tenían que cubrir grandes distancias y transitar de un estadio a otro del desarrollo del espíritu. Cada uno de sus arcanos o cartas representa el punto de paso de antiguas estaciones donde solían detenerse los buscadores e iniciados cuando peregrinaban en busca del camino de sí mismos, simbolizando el grado de desarrollo que habían logrado antes de llegar hasta allí.

Existe una diferencia sustancial y radical entre las lecturas de tarot que se utilizan con fines adivinatorios y que no hacen más que contribuir a una mayor alienación y acrecentamiento del sueño de la conciencia, atemorizándola o hipnotizándola según las intenciones ocultas del tarotista, dándole a la gente nada más que lo que quiere escuchar. Empero, leído con la suficiente honestidad y con ciertas claves y fundamentos psicológicos adecuados y precisos, contrariamente, el tarot puede colaborar en el despertar y en avivar la mente, mostrándole luces y senderos que previamente no se era capaz de percibir.

 

Twitter del autor: @adandeabajo

En su famoso texto "Los tres principales aspectos del camino", el gran santo budista Tsongkhapa revela los pasos esenciales hacia el nirvana
[caption id="attachment_105822" align="aligncenter" width="640"]tripolar_1 FOTO: http://www.snibbe.com/projects/interactive/emptiness/[/caption]

Je Tsongkhapa fue un maestro budista que vivió en el siglo XIV, fundador de la importante escuela Gelug dentro del budismo tibetano, asociada al Buda Maitreya (el Buda por venir) y de la cual el jefe nominal hoy en día es el Dalai Lama. Se dice que la vida de este sabio,  "el hombre que vino del valle de la cebolla", fue anticipada por Buda Shakyamuni. Tsongkhapa es recordado especialmente por su gran razonzamiento lógico y sus precisiones en el entendimiento de la naturaleza de la realidad como vacío (sunyata). Dentro de la enseñanzas de Tsongkhapa se explica que son tres los aspectos principales que conducen al nirvana:

1. Desilusionarse con el samsara (existencia cíclica).

2. El cultivo de una intención altruista (bodhicitta).

3. La visión correcta del vacío.

He ahí una de las" recetas" más sublimes y sencillas para alcanzar la iluminación. Claro que es necesario entender qué quiere decir con samsara, altruismo y vacío. Y, por supuesto, es necesario practicar lo que se conoce para realmente entender, saber y vivir la doctrina.

Con samsara, Tsongkhapa se refiere a renunciar al mundo, esto es dejar de apegarse al placer y a las posesiones materiales (puesto que no tienen existencia inherente) y sólo perpetúan corrientes kármicas. "La libertad y el dote son difíciles de hallar, y no hay tiempo que perder. Al familiarizar tu mente con esto, sobrepónte a los apegos de esta vida; y al contemplar repetidamente las acciones y los efectos y los sufrimientos del samsara, sobrepónte a los apegos de vidas futuras".  Tsongkhapa nos dice que desde esta conciencia del samsara --de su rueda da causas y efectos que llevan inexorablemente al sufrimiento-- es fácil liberarse del deseo del placer. Si realmente asimilamos esto, actuar correctamente será tan fácil como evitar poner las manos en el fuego. En cierta forma este desilusionamiento es similar a una técnica de sueño lúcido: lo primero es notar que lo que estamos experimentando es un sueño, es ilusorio. 

"Bodhicitta" significa la mente o la conciencia de la iluminación, generalmente asociada con un deseo de obtener el estado de iluminación para el beneficio de todos los seres sintientes. Esta es la única intención que no genera karma, no tiene un motivo ulterior, se dice que nace espontáneamente por compasión. La intención altruista es la esencia del gran vehículo del boddhisattva, la intención de salvar a todos los seres sientientes del ciclo del sufrimiento. Es el resultado de la más alta conciencia que alguien, habiendo descubierto que su individualidad es ilusoria y por lo tanto habiendo perdido todo sentimiento de importancia personal, se pone al servicio de los seres que sufren. Se dice también que el corazón humano es el trono de Buda (la compasión, la única pasión admisible). Hay una bella historia en este sentido sobre el boddhisattva Guanyin (la versión china y femenina de Avalokitesvara, el boddhisattva de la compasión). Se dice que Guanyin (Kannon en Japón) luego de perfeccionarse durante cientos de vidas y habiendo eliminado su karma, se preparaba para cruzar la puerta hacia la eternidad cuando escuchó el gorjeo de un pequeño pájaro y en ese momento volteo y notó que su madre estaba muerta. Entonces fue que tomó el voto de que no aceptaría la liberación, postergando su propia paz eterna hasta que se pudiera llevar a todos los seres vivos con ella hacia el Infinito, hacia el estado bendito del nirvana, incluyendo por supuesto a ese pequeño pájaro indefenso. Guanyin significa: "aquel o aquella que escucha los sonidos o lamentos del mundo".

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Comprender lo que el budismo quiere decir con el vacío no es fácil, y por esto es uno de los principios que llevan a la iluminación, ya que es la corona de la sabiduría. Desafía toda conceptualización, toda dualidad; es necesario meditar mucho sobre esta idea (que al final de cuentas no es una idea). El vacío se presenta como la realidad debido a la originación dependiente de todas las cosas o, lo que es lo mismo, a la ausencia de una esencia inherente. Si indagamos sobre la esencia de cualquier fenómeno, objeto o ser necesariamente tendremos que remitirnos a otros fenómeno, objeto o ser. ¿Qué cosa existe por sí sola, quién es su propia fuente? El monje Thich Nhat Hanh lo explica así: "tú sólo estás hecho de elementos no-tú", esto es, plantas, tierra, agua, gases, metales, etc., que nacieron en estrellas y en el espacio. Esto aplica también a nuestros pensamientos, a fin de cuentas ninguno se originó de nosotros mismos, todos nacieron de pensamientos previos de personas que vivieron antes que nosotros, de un lenguaje y de una serie de conceptos y formas de percibir que aprendimos.

La visión de Tsongkhapa del vacío es una visión moderada que rechaza tanto el esencialismo como el nihilismo. Las cosas son "no realmente existentes a fin de cuentas y sin embargo no inexistentes convencionalmente". Algo similar se expresa en el Sutra del corazón: "la forma es vacuidad; la vacuidad forma". Tsongkhapa nos dice que lo que vemos como la causa y el efecto, es sólo una apariencia del samsara producida por la originación dependiente de todos los fenómenos (esta es la espectral concatenación que en la corriente budista Huanyan se expresa como un collar de perlas en el que cada perla refleja los reflejos de todas las otras perlas: el universo como una casa de espejos). A su vez la originación dependiente debe ser entendida como lo mismo que el vacío. "Esto implica que el samsara y el nirvana no son dominios separados", según comenta Graham Smetham en su libro Quantum Buddhism. Tsongkhapa, con gran sutileza, nos enseña a evitar el siempre difícil de evitar conflicto entre habitar en la realidad convencional de las causas y los efectos y saber que éstos en realidad son vacío. Así podemos rehuir el nihilismo y reconocer que las cosas sí existen pero solamente de manera provisional. En algunas corrientes del budismo, como en el linaje Nyingma, se habla del deleite que es experimentar los fenómenos como apariciones maravillosas e insustanciales, despliegues mágicos del Dharmakaya, olas brillantes que dibujan sus efímeras figuras sobre la superficie de un océano insondable. ¡Qué ligereza, qué bendición que el mundo sea sólo vacío!

 

Twitter del autor: @alepholo