*

X
Una conversación hacia los mundos invisibles de los seres elementales guiada por el alquimista Paracelso. Imágenes de una realidad nínfica paralela

En el séptimo episodio de Cadena Áurea de Filosofía nos internamos al mundo de los elementales de la mano del alquimista Paracelso, el gran recopilador de las tradiciones populares de magia natural. Nos dejamos seducir por la ninfa y su reino de agua y perseguimos su imagen que deja un remolino enigmático (y erótico) a lo largo de la historia. Nos preguntamos por la persistencia de esta imagen con Aby Warburg, Roberto Calasso y Giorgio Agamben: la ninfa es la fuente inasible de una locura divina, es guardián de un conocimiento secreto y es fantasma de deseo en el cuerpo. Invitamos a buscar lo "nínfico" en la realidad moderna y, como Narciso, nos dejamos caer en el abismo de una imagen que parece tener vida propia. 

Diálogos: Ernesto Priani y Alejandro Martínez Gallardo. Producción: Ignacio Bazán.

0-5:00: Intro/ Los mundos elementales/ Resabios de las sílfides, gnomos, ninfas, salamandras y otros seres invisibles/ Las travesuras de los seres invisibles/ Paracelso y la asignación de un ser a cada uno de los cuatro elementos/ ¿Quién fue Paracelso?/ Sus viajes en busca de la piedra filosofal y la recuperación del fólclor y la magia natural.

5:00-10:00: El mito de la personalidad de Paracelso/ Contribuciones a la medicina de Paracelso/ El origen de los elementales de una segunda creación, una segunda carne de Adán/ Cada elemento es un mundo invisible/ Elementales viven un mundo paralelo compuesto por un solo elemento/ ¿Elementales son parte de una sola conciencia o un espíritu colectivo?/ ¿Cómo obtienen alma los elementales?/ Intercambio carnal entre ninfas y humanos/ Elementales guardan los secretos de la naturaleza.

10:00-15:00: Conocer para Paracelso significa entrar a otras realidades y conversar con seres en otras dimensiones/ El hombre puede tener relaciones sexuales y los hijos obtendrían un alma/ Lumen natura, intuición y el conocimiento revelado por la voz de naturaleza/ Seres elementales son portadores de la luz de la naturaleza/ El verdadero médico es aquel que conoce lo invisible/ La riqueza de la imagen de la ninfa/ Una tradición de seducción/ La ninfomanía/ La posesión como forma de conocimiento.

15:00-20:00: La mutación de las ninfas, de las sirenas a Lolita/ Aby Warburg y la pathosformel de la ninfa/ ¿Salir a buscar una ninfa a la calle o al bosque?/ La imagen seminal de la ninfa, el remolino, la espuma, Venus, el ojo de agua, la serpiente, el dragón/ Calasso y La locura que viene de las ninfas/ La ninfa como la guardiana de la fuente esotérica que seduce y a la vez engaña/ El agua y el erotismo/ Resonancias mórficas de la ninfa: la ninfa en el cuerpo y en el lenguaje/ ¿Nosotros hemos creado a las ninfas o existen en mundos sutiles autónomos?/ Giorgo Agamben o cómo las imágenes se convierten en fantasmas y en memoria corporal.

20:00-25:00: ¿Cómo nos relacionamos con los elementos en la modernidad?/ ¿Los elementos han desaparecido? No, existen como imágenes/ El eros de la imagen y los elementos/ Las imágenes como tiempo cristalizado/ Las imágenes como fantasmas que nos poseen/ ¿Cómo le damos vida  las imágenes?/ El eterno retorno de la imagen de una mujer bañándose en el agua/ Sample.

25:00-29:46: Una imagen fascinante: la ninfa, el agua y el alma/ El hambre de la ninfa por el alma/ La relación entre el alma, el agua y la encarnación en la Tierra, siguiendo a Plutarco y a Manly P. Hall/ La seducción de la ninfa para hacer el alma encarnar/ El agua es la memoria y el olvido: el río de Mnemósine y el río Leteo/ Narciso y la caída a través del reflejo/ El agua, el espejo que nos seduce hacia el autoconocimiento/ Sample "A Midnight Summer's Dream": If we shadows have offended,/Think but this, and all is mended:/That you have but slumbered here,/While these visions did appear;/And this weak and idle theme,/No more yielding but a dream.../ Outro.

 

MATERIAL CONTEXTUAL

Tratado de las ninfas, salamandras, pigmeos y otros seres (Extracto, Paracelso)

La locura que viene de las ninfas (PDF, Roberto Calasso)

Ninfas (PDF, Giorgio Agamben)

 

paracelsus_portraitParacelso en el Paramirum:

Nosotros los hombres de la tierra, ¿que sabemos de los fenómenos sin la luz de la Naturaleza? Es la luz de la naturaleza la que hace que las cosas invisibles sean visibles. 

[Los tesoros] son guardados por los espíritus de la naturaleza, son ocultados y mantenidos en secreto para que no sean descubiertos hasta que llegue su tiempo.

Edmund Siderius en el artículo "Knowledge in Nature, Knowledge of Nature: Paracelsus and the Elementals".

Esta experiencia es la que llama la luz de la Naturaleza, la cual permite que todas las cosas en el mundo natural sean descubiertas. No es meramente un método de entendimiento del mundo visible, sino una vía para que los seres humanos entren en contacto con principios más profundos. Paracelso tenía la certidumbre de que el mundo visible era un fenómeno secundario. El mundo invisible es más importante y sólo puede descubrirse a partir de la luz de la Naturaleza, como afirma en el Paramirum.

Puesto que el hombre es un microcosmos de la naturaleza y "la Naturaleza es el mundo y todo lo que contiene", se deduce que esta inteligencia similar al hombre debe de encontrarse en otras partes del mundo natural. Estas inteligencias no tendrían un alma, lo cual va más allá de los fundamentos de los elementos, pero de cualquier manera deben de existir para que el conocimiento humano sea posible como fenómeno natural. Para que el hombre pueda aprender algo de la luz de la Naturaleza, deben de existir antes otras inteligencias en la naturaleza misma. Estos espíritus reflejan las facetas de la existencia humana en su forma pura y son componentes vitales del mundo microcósmico del hombre que hacen el conocimiento natural posible... tienen el deber de ser los guardianes del proceso de revelación de la naturaleza a la humanidad. 

Paracelso sobre el origen de los seres elementales:

Ha quedado claro que hay dos generaciones, la de Adán, y la que no es de Adán. La primera, formada por la tierra, es completamente tangible y material, pero la segunda, al no estar formada de tierra, es invisible, espiritual y sutil. La naturaleza de la generación de Adán es doble. El hombre, por ser de la generación de Adán, es totalmente incapaz de atravesar una pared si no hay en ella alguna abertura. Por el contrario, los seres que provienen de la otra generación no tienen ningún problema para lograrlo, pues su vaporosidad les permite pasar a través de las más gruesas barreras sin causar en ellas estropicio alguno. Hay que añadir aquí una tercera generación, a saber, una naturaleza mixta que participa de la primera y de la segunda. 

Como se adivinará, los hombres pertenecemos a la primera. Aquí se entiende al hombre de carne y hueso, al hombre que se multiplica, que necesita comer y beber, así como evacuar o hablar. La segunda naturaleza es la del espíritu, incapaz de realizar este tipo de acciones por serle completamente inútiles. No obstante, se conoce que hay otra naturaleza: aquella que es sutil como el espíritu, pero que sin embargo se genera como lo hace el hombre, con idéntica figura e idénticas necesidades. En definitiva, posee una naturaleza mixta entre la primera y la segunda generación a pesar de no ser ninguna de ellas, puesto que vuelan --cosa que no hacen los hombres y sí los espíritus-- pero también tienen las necesidades de los hombres, como comer, excretar y beber, y son de carne y hueso, como los hombres. 
 
Roberto Calasso en La locura que viene de las ninfas:
 
El primer ser sobre la tierra al que Apolo habló fue una Ninfa. Se llamaba Telfusa y de inmediato engañó al dios...
 
[...] Aquí Douglas se había hecho, con impertinencia infantil, la pregunta brutal que abre las puertas: "¿Qué es un dragón?". Y había respondido: "Un animal que mira u observa". De hecho, drákon deriva de dirkomai, que significa "tener vista muy aguda". ¿Pero cuál es el ojo del dragón? Douglas responde: la fuente. Más que unidos, dragón y fuente son partes de un mismo cuerpo. Dispares ejemplos recogidos por Douglas, a los cuales Fontenrose agrega "la palabra hebrea ayin, que significa 'ojo' y 'fuente''', concuerdan en un punto: el agua vítrea de la fuente no está solamente protegida por las espirales del dragón, sino que es su mirada mortífera, que escruta a todos los extraños.

[...] Si entendemos el verbo ser como señal de lo que los videntes védicos llamaban bandhu, las "conexiones" que solas dan un significado a lo que existe, se puede decir que la fuente es la serpiente, pero la fuente es también la Ninfa; por lo tanto, la Ninfa es la serpiente. Lo que en Melusina se reunirá en un solo cuerpo, en Delfos se repartió entre tres seres: Pitón, Telfusa y la fuente, porque apolíneo es ante todo lo que mide y separa: el metro. Pero la sustancia era única. Por eso las Ninfas pueden ser a la vez salvadoras y devastadoras.

[...] Para los griegos la posesión fue, ante todo, una forma primaria del conocimiento, nacida mucho antes que los filósofos que la nombran. Se puede incluso decir que la posesión empieza a ser nombrada cuando su soberanía está ya declinando.

[...] Si en el origen de la posesión encontramos a una Ninfa --Iynx--, si las Ninfas presiden a la posesión en su máxima generalidad, es así porque ellas mismas son el elemento de la posesión, son esas aguas perennemente revueltas y mutables donde de pronto un simulacro se impone soberano y subyuga a la mente. Y esto nos transporta al léxico griego: nymphe, que significa tanto "muchacha lista para las bodas" como "fuente".

thumb

"Atlas Mnemosyne", de Aby Warburg. La placa donde se muestra el gesto del pathos arquetípico de la ninfa

[...] Al contrario: Warburg advirtió la presencia de la antigüedad pagana en la intensificación repentina del gesto en una figura femenina --y sobre todo, como si el gesto en sí fuera algo muy brusco y necesitara fluir alrededor, en el repentino movimiento del ropaje y de los cabellos de esa figura, desordenados por un soplo. Warburg reconoció esto en Boticelli. Era el "gesto vivo" de la antigüedad que reaparecía.

[...] Pero eso basta para hacernos entender que la Ninfa revelada en BoticeIli continuaba a actuar en él como imagen-fuente de esa demoniaca exaltación del "gesto vivo" con la que los antiguos simulacros regresaban a manifestar su potencia. Así que no maravilla que en el proyecto más ambicioso de Warburg, Mnemosyne, este atlas de los simulacros que debían hablar casi por sí solos, como las citas acumuladas por Benjamin en esa otra inmensa obra incompleta que debía ser el libro sobre los pasajes parisienses, un panel entero fuera dedicado a la Ninfa

Aby Warburg:

Una bella mariposa inasible, es lo propio de la ninfa que no se deja poseer. 

21

Giorgio Agamben:

La memoria no es posible, en efecto, sin una imagen (phantasma), la cual es una afección, un pathos de la sensación o del pensamiento. En este sentido, la imagen mnémica está siempre cargada de una energía capaz de mover y turbar el cuerpo.

Filón de Alejandría:

Heráclito habló correctamente cuando dijo: "El agua es la muerte del alma y la tierra es la muerte del agua". Porque, pensando que el aliento era el alma, indica, con esta expresión enigmática y figurativa, que el final del aire es la producción de agua y de nuevo el final del agua es la producción de tierra; cuando habla de la muerte no quiere decir destrucción total, sino cambio a otro elemento.

Sinesio

Los oráculos, pues, están en consonancia con esto al asimilar a las representaciones oníricas el modo de vida del alma en el más allá, y la filosofía conviene en ser la primera preparación para esa segunda vida, porque el estado de las almas, a medida que es mejor, lo hace a aquel más ligero, mientras que el peor le imprime su mancha. Pues bien, o se eleva a las alturas a impulsos de su naturaleza gracias a su calor y sequedad --no otra cosas es lo de "las alas del alma" y, también aquello de Heráclito, "el alma seca es sabia", imaginamos que se refiere a esto mismo--o, volviéndose grueso y húmedo, se introduce en las guaridas de la tierra y por su propensión natural se agazapa y se precipita en las regiones subterráneas, pues éste es el lugar más apropiado para los espíritus húmedos. Allí es malhadada y penosa la vida, pero es posible emerger una vez que se purifica a fuerza de tiempo, de sufrimiento y de pasar por otras vidas.

 

Salustio:

Estas cosas no son, pero suceden siempre.

 

Twitter Cadena Áurea

Twitter de Ernesto Priani

Twitter de Alejandro Martínez Gallardo

Twitter de Ignacio Bazán

Cadena Áurea de Filosofía en Facebook

En Soundcloud 

Lecciones de la vida de Buda Sakiamuni o lo que aprendió de ver la vejez, la enfermedad y la muerte

 

vidaBuda-5_6

La vida de Buda Sakiamuni (también conocido como Gautama) está envuelta en leyendas, por lo que es prácticamente imposible trazar con claridad una "biografía" definitiva del maestro espiritual que vivió alrededor del siglo VI a. C., sin embargo, los diferentes textos y cánones que registran las enseñanzas y los eventos de su vida se ven unificados por una cierta nobleza y un cierto entendimiento de la naturaleza de la mente y de los fundamentos del problema existencial. Es por esto que las historias de Buda transmiten una sabiduría perenne, más allá de que sean o no precisas históricamente. En otras palabras, lo que importa es la filosofía detrás de los sucesos y el poder que tienen las historias para producir devoción e inspirar al discípulo a tomar la decisión de seguir el camino del maestro y renunciar a seguir alimentando la ilusión del mundo.

Edward Conze, en su obra Escrituras budistas, hace una formidable labor de contarnos la historia del despertar de Buda, siguiendo la reputada biografía que hizo de Buda Shakiamuni el poeta del siglo I, Ashvaghosha, titulada Budacarita.

El momento crucial en el proceso de despertar de Buda Sakiamuni en su última vida puede fijarse como el momento en el que conoció la existencia de la enfermedad, la vejez y la muerte. (Hay que precisar sin embargo que la determinación de la iluminación es un proceso de miles de vidas y eones de tiempo; en una vida, por ejemplo, Buda sacrificó su cuerpo para alimentar a una tigresa hambrienta). Estos tres aspectos sombríos de la existencia --la enfermedad, la vejez y la muerte-- en la trayectoria de Buda son poderosos impulsos y nos permiten repensar cómo concebimos lo que comúnmente se considera como las cosas malas de la vida --cosas que, sin embargo, pueden ser los más grandes motores para la transformación de la conciencia.

Buda Sakiamuni era un príncipe de la tribu de los Sakia y vivía en el máximo recogimiento palaciego; su padre lo había separado del mundo, evitándole todo contacto con la decadencia connatural a la existencia. En el palacio de su padre se le limitaba a los aposentos superiores, los cuales estaban aclimatados especialmente para cada estación; no cesaban ahí la música, los perfumes y las atenciones de ninfas celestiales que llenaban al bodhisattva de constantes besos, caricias y mimos. Esta vida áulica era, sin embargo, solamente samsara, si bien la más dulce de las ilusiones.

vidaBuda-7_8

El bodhisattva que sería Buda escuchó hablar a las mujeres del palacio que le atendían sobre la belleza de los bosques y las delicias del aire del campo de los alrededores. Entonces su padre le organizó una excursión por los jardines exteriores y las zonas aledañas a su palacio, pero procurando seguir una ruta en la que previamente se había preparado que no hubiera ninguna muestra de sufrimiento. Así el príncipe observó la belleza de la naturaleza y de los ciudadanos que lo aclamaban con júbilo; sin embargo, era el destino (o por la intercesión divina, según narra la historia) que se encontrara con un anciano decrépito. Buda Sakiamuni entonces pidió al auriga de su carro que le revelara el significado de lo que había visto y conoció así el estrago del tiempo: la vejez. Esto le perturbó de tal forma que se cuestionó cómo, pese a que "la edad destruye indiscriminadamente la belleza, la memoria y la fuerza" el mundo "sigue adelante sin inmutarse". ¿Cuál es la realidad del placer y el deleite si están condenados a evaporarse?

En un segundo paseo, el bodhisattva se encontró con un hombre enfermo en el camino. Esto le hizo decir: "El mundo observa la calamidad que es la enfermedad y no pierde su confianza", y regresó al palacio incapaz de continuar observando este siniestro espectáculo.

En la tercera excursión, Buda Sakiamuni fue enfrentado con el cadáver de un hombre. Al enterarse de la muerte dijo: "Este es el final que está fijado para todos, y, sin embargo, el mundo olvida sus miedos y no aprende de la advertencia. Los corazones de los hombres ciertamente están endurecidos por los miedos, puesto que no se inquietan al ir viajando por el camino hacia la siguiente vida". 

Estas tres realizaciones se concentrarían en la primera de las cuatro nobles verdades: que la existencia condicionada como la conocemos está hecha de sufrimiento, es fundamentalmente insatisfactoria. Muchos podríamos pensar que hay una cierta nobleza (o al menos un admirable tesón) en el hombre que sigue su vida impávidamente ante la vejez, la enfermedad y la muerte, haciendo sus cosas no obstante, sin buscar modificar este curso que parece inevitable. Para Buda Sakiamuni esto, si bien merece compasión, no es algo admirable en sí mismo, sino una percepción errónea de la realidad, una muestra de ignorancia. Como dice más adelante, al renunciar a los placeres carnales: "No es que desprecie los objetos sensoriales que sé conforman lo que se llama 'el mundo'. Pero cuando considero la impermanencia de todas las cosas del mundo, entonces no encuentro deleite en él. Si esta tríada de vejez, enfermedad y muerte no existiera, entonces todas estas delicias seguramente me complacerían". Y es que el mundo en el que vivimos es "como si estuviera incendiado por un fuego que todo lo consume".

La gran aportación de la filosofía budista no es tanto notar que la existencia es impermanente e insustancial, es, sobre esto, afirmar que el sufrimiento y el ciclo de nacimiento y muerte puede ser extinguido y que existe un estado más allá de la muerte --el Dharma, y la misma conciencia despierta (que es lo que significa el verbo budhi, del cual viene la palabra "Buda"). Una vez que se conoce esto: que la existencia es sufrimiento, pero que el sufrimiento puede cesar, se traza el camino para conseguirlo (evidentemente teniendo en cuenta que la muerte no es el final del sufrimiento puesto que se cree en la reencarnación y en la continuidad del contenido mental, si bien no en el alma como tal).

Poco después de conocer la existencia del sufrimiento, Buda Sakiamuni se encuentra con un mendigo religioso que ha renunciado al mundo para dedicarse a la búsqueda del estado que se conocerá como nirvana, la bendita extinción. Esta será la última epifanía necesaria --el atisbo del Dharma-- para inclinarlo hacia el camino del compromiso absoluto por alcanzar la realidad, su propia naturaleza, la iluminación. Así Buda Sakiamuni decide abandonar todas sus posesiones y partir hacia la consecución del "estado inmortal". Buda Sakiamuni recibirá después el epíteto de El Vencedor o El Conquistador, por haber derrotado a la muerte.

Así tenemos una lección de una meditación sobre la muerte como herramienta de transformación. Recordemos que para Sócrates el sentido esencial de la filosofía estaba en la reflexión sobre la muerte --no tan diferente es este impulso de Buda. Esta puede ser la lección que nos llevamos de esta historia, más allá de que estemos lejos de tener la convicción y la claridad de un bodhisattva; al menos en el caso del sufrimiento y la enfermedad, observarlos en nuestra vida, en nosotros y en los seres que nos rodean, puede ser la mejor motivación para lograr la fuerza para eliminarlos lo más que podamos --y al hacer esto seguramente iremos cultivando nuestras virtudes. Tal vez algún día incluso nos pueda parecer plausible, finalmente, también terminar con la muerte. Algunas escrituras budistas sugieren que para conseguir el estado de Buda son necesarias miles de vidas de estricto apego al Dharma. Sea esto preciso o no, y aunque el tamaño de la hazaña nos abrume, seguramente no nos hará mal empezar a allanar el camino.

 

Twitter del autor: @alepholo

Imágenes vía Ars Gravis