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La vida cotidiana de una chica beatnik narrada en fotografías de 1950

Por: Alejandro Albarrán - 11/06/2015

En 1950 el fotógrafo holandés Ed van der Elsken retrató el mundo "subterráneo" de la cultural parisina a través de magníficas fotografías tomadas de la vida cotidiana de una joven llamada Ann

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Pasarán 15 días vacíos; montones de trabajo, artículos periodísticos, visitas aquí y allá --un buen resumen de la vida de un crítico, ese hombre que sólo puede vivir de prestado, de las novedades y las decisiones ajenas. Hablando de lo cual una noche estaremos Tica, Baby Lennox y yo en el Café de Flore, tarareando muy contentos "Out of nowhere" y comentando un solo de piano de Billy Taylor que a los tres nos parece bueno, y sobre todo a Baby Lennox que además se ha vestido a la moda de Saint Germain-des-Prés y hay que ver cómo le queda. Baby verá aparecer a Johnny con el arrobamiento de sus 20 años, y Johnny la mirará sin verla y seguirá de largo, hasta sentarse solo en otra mesa, completamente borracho o dormido. Sentiré la mano de Tica en la rodilla.

Julio Cortázar, “El Perseguidor” (fragmento)

 

Después de la Segunda Guerra Mundial, Saint-Germain-des-Prés se convirtió en uno de los barrios más destacados de la escena cultural e intelectual parisina, convirtiéndose en el foco de reunión de muchos de los actores, músicos, escritores y filósofos más destacados de su época.

Cuentan que dentro de las llamadas caves reinaba un tufo de existencialismo al ritmo de jazz. En estos centros nocturnos dominaba aquella música (además de haber sido cuna del bebop) y las pláticas y comportamientos excéntricos propios de un tiempo de posguerra.

Una de los centros nocturnos más famosos fue Le Tabou, donde genios como Charlie Parker (en el que se basa el cuento citado de Cortázar) o Miles Davis paseaban y/o tocaban, como también lo hicieran personajes como los hermanos Vian.

Justamente uno de los hermanos Vian, Boris, quien fuera polímata, escribió en 1949, por petición del editor Henri Pelletier, un libro que retrata de manera irónica y mordaz la vida bohemia de aquellos días.

En la contraportada de una versión del Manual de Saint Germain-des-Prés publicada recientemente por la editorial española Gallo Nero se puede leer:

El 3 de octubre de 1949 Henri Pelletier, responsable de la colección Guides Verts que publica la editorial Toutain, en la Rive Droite, se encuentra con Boris Vian y le propone escribir una guía del barrio parisino de Saint-Germain-des-Prés. El editor no era consciente de que Vian no iba a elaborar una simple guía para turistas sino un texto explosivo, una enciclopedia de bolsillo con los saberes eruditos y prácticos que todo novato debía asimilar.

Boris Vian, uno de los indiscutibles protagonistas de la vida del emblemático barrio, nos ofrece un viaje inolvidable y nos invita a conocer sus calles, sus cafés, sus manías y sus personajes: de Prévert a Juliette Gréco, de Queneau a Sartre, de Simone de Beauvoir a Camus…

Muchos de los textos (ensayos o ficciones) escritos por los autores que frecuentaban Saint-Germain-des-Prés están inspirados en el ambiente que se vivía dentro de la cultura mainstream del París de aquellos días.

A principios de 1950 un joven fotógrafo holandés, llamado Ed van der Elsken, llegó a París para comenzar su carrera.

Durante el día, Elsken trabajaba para Magnum. Por la noche, documentaba la cultura juvenil subterránea que emergía en el "margen izquierdo" de la ciudad.

En 1954, Van der Elsken compiló un volumen de fotografías titulado Love on the Left Bank, estas imágenes eran el resultado de seguir y fotografiar la vida cotidiana de una joven beatnik llamada Ann.

Van der Elsken retrató la vida cotidiana de esta chica, entre bandas de bohemios, músicos y vagabundos que merodeaban alrededor de las caves, discotecas y pensiones de mala muerte de Saint-Germain-des-Prés.

Ann también fue “utilizada” como modelo y musa de la artista australiana Vali Myers, y colaboró también con Jean Cocteau y Jean Genet. Más tarde, Patti Smith recordó a Ann como:

...la beatnik chick suprema de pelo rojo y grandes ojos negros, suéteres negros con cuellos de tortuga y gabardinas.

Como se describe en la primera edición, de 1956, Love on the Left Bank era "una historia en fotografías sobre París", un cuento impresionista de forma libre de Ann y su vida entre los "hombres y mujeres jóvenes que frecuentan la orilla izquierda":

Ellos cenan la mitad de una hogaza de pan, fuman hachís, duermen en autos estacionados, en las banquetas bajo los árboles, a veces piden prestadas habitaciones de hotel a un amigo más afortunado para darle techo a su amor. Algunos de ellos escriben o pintan o bailan. Ed van der Elsken, un joven fotógrafo, siguió a su presa durante muchos meses por boulevards, en cafés y bajo la sombra de las paredes de las prisiones. Lo que sea que le pase en vida real a Ann y a su amante mexicano, su extraña juventud, será preservada "viva" en este libro durante muchos años.

Las fotografías de Ed van der Elsken cambiaron las percepciones acerca de la cultura juvenil y anticiparon los cambios de una generación más joven. Este registro podría verse, estéticamente, como un antecesor de la Nouvelle vague de finales de los 50 y principios de los 60. Y como otro registro, visual, a través de la vida cotidiana de una joven (estereotipo de la femme fatale) habitante de esos días y esas calles de París.

 

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Twitter del autor: @tplimitrofe 

Fuentes: Dangerous Minds, The Guardian, "El perseguidor" de Julio Cortázar y Manual de Saint Germain-des-Prés de Boris Vian.

iBrain: neuroingeniería y la ética de la mente del futuro

Por: pijamasurf - 11/06/2015

El futuro de la mente humana podría estarse fraguando en laboratorios alrededor del mundo, en donde los "errores" humanos podrían ser cosa del pasado --al igual que la noción de "humanidad" como la conocemos

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El cerebro humano ha evolucionado durante miles de años para llegar a un equilibrio bioquímico y conductual que nos ha permitido... bueno... ser lo que somos. Pero la fantasía siempre dicta que "ser lo que somos" es menos deseable que lo que podríamos ser: el mito de que sólo usamos un 10% de nuestra capacidad cerebral y los constantes desarrollos de fármacos y tecnologías para mejorar "artificialmente" las funciones naturales de nuestro cerebro permiten alimentar la expectativa de un futuro de supermentes, donde las viejas limitaciones del Homo sapiens quedarían sepultadas para siempre.

Existen desde hace tiempo foros y páginas dedicados a los nootrópicos, sustancias sintéticas que mejoran a pedido capacidades como la memoria, la creatividad o el rendimiento bajo privación de sueño, sin tener en apariencia graves efectos secundarios sobre el organismo; el modafinilo es una de las sustancias más prometedoras para el título de "pastilla mágica de la inteligencia", e incluso existen tratamientos experimentales que prometen mejorar la inteligencia y las capacidades intelectuales al remover una simple molécula presente en el cuerpo. Una píldora más y recuperaríamos la capacidad de aprender como esponjas, como cuando éramos niños. Un cóctel de píldoras cada mañana y la vieja taza de café sería cosa del pasado.

¿Qué pasaría si además de estos químicos (re)aprendiéramos a utilizar de manera terapéutica la psilocibina (hongos mágicos) para superar eventos traumáticos del pasado? Probablemente aquí entrarían consideraciones de tipo legal, pero finalmente se trata de otro ingrediente que desde una perspectiva objetiva podría tener efectos benéficos para el cerebro y la capacidad cerebral.

También se encuentran en fase de desarrollo tratamientos un poco más invasivos del tejido cerebral para, por ejemplo, hacerte dejar de creer en Dios o cambiar radicalmente tu ideología política, al menos por un breve período de tiempo. Anders Sandberg, del Instituto para el Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford, está desarrollando un proyecto para implantar un chip en el cerebro que nos permitiera tener acceso a Internet con un pensamiento o, por qué no, directamente a otras mentes conectadas en red. Otra tecnología pretende editar directamente el genoma como si fuera un CSS para modificar ciertas características desde la fase embrionaria, lo que nos pondría en una nueva relación con respecto a la evolución natural ("evolución asistida" podría ser), además de alentar debates de bioética y política cerebral.

Esto nos lleva a pensar que la investigación neuronal y genómica parece seguir las pautas de personalización de nuestros aparatos electrónicos: así como podemos cambiar el fondo de pantalla de nuestro teléfono o la lista de reproducción musical, en el futuro podríamos "decidir" qué partes del cerebro nos sirven y por qué. Pero a diferencia del funcionamiento de nuestros gadgets, la ciencia todavía no entiende completamente el funcionamiento de nuestro cerebro, para empezar, porque la misma metáfora de "funcionar" coloca al cerebro y al organismo humano en la posición de la máquina que presenta una conducta o un desarrollo más o menos previsible y esperable en función de ciertos rendimientos. Sin embargo, los efectos a largo (y a muy largo) plazo que estos cambios pudieran tener sobrepasan por mucho la actualidad de los debates sobre ciencia y filosofía, simplemente porque no sabemos y no sabemos cómo plantearnos una humanidad transformada por la acción humana. La evidencia más sencilla de esto es que ni siquiera sabemos cómo enfrentarnos a retos medioambientales como el calentamiento global de manera coordinada como especie. ¿No sería deseable que en la ecuación del mejoramiento neuronal estuviera presente la cláusula de cómo enfrentar los retos de la existencia tal cual es en este momento pensando como colectividad global antes de ampliar (ahora en un nuevo terreno) la brecha de desigualdad que divide a las personas según su clase, raza y otros constructos sociales que aún no hemos resuelto?

Y es que, ¿qué pasaría si una o más de estas sustancias fuesen utilizadas en las poblaciones para mejorar su rendimiento laboral, apagar ciertas capacidades críticas, rediseñar aquí y allá ciertas áreas que nos permitan cuestionar a los gobiernos o empresas, y volvernos perfectos trabajadores al servicio de la máquina capitalista? Probablemente pueda sonar paranoico, pero desde un punto de vista de gobernabilidad, el diseño artificial de un cerebro dócil y masificado pondría fin a toda forma de disidencia y a todo malestar social --el mundo del soma, tal como lo describió Huxley en Un mundo feliz, se dividiría en sistemas de castas de quienes cuentan con todas las mejoras cognitivas y quienes reciben solamente las cargas más pesadas de la productividad laboral, como abejas obreras en una colmena.

Ni siquiera se trata de un debate filosófico (del hecho, por ejemplo, de que el libre albedrío y valores como el esfuerzo individual sigan vigentes de aquí a unos años), sino de una cuestión práctica de control de masas. La tecnocracia que se apropió del mundo desde los albores del siglo XXI podría nutrirse de una nueva rama de la investigación genética y neurológica con maravillosas ventajas para algunos y considerables desventajas sociales para grupos sin acceso a dicha tecnología. La superioridad y el control de los recursos podría jugarse ya no en la arena militar, económica o política, sino en la del mejoramiento cognitivo.

Pero volviendo un poco a tierra, lo cierto es que sería una lástima desaprovechar las enormes ventajas que nuestra época aporta para la investigación de la forma en que funciona nuestro cerebro, y el potencial terapéutico siempre es alentador cuando se trata de evaluar la pertinencia de cuestiones espinosas. Si a ello sumáramos los excelentes negocios las investigaciones sobre criogenia, extensión artificial de la vida y rejuvenecimiento podemos entrever que nuestra época está obsesionada con la creación de un modelo de ser humano hiperinteligente e inmortal --un pequeño Dios a escala de nuestros aparatos electrónicos, de los que terminaríamos siendo extensiones, aún más de lo que ya somos. La novela La posibilidad de una isla del francés Michel Houellebecq pinta un mundo habitado sólo por aquellos seguidores de una secta procriogenia que sobrevivieron a un proceso de desgaste civilizatorio que los ha sumido en una soledad total, y donde cada "nuevo" ser humano que aparece es un clon del antecesor que hace muchos siglos firmó una póliza para seguir produciendo versiones suyas por tiempo indefinido.

Mientras tanto seguiremos lidiando con los olvidos momentáneos, los lapsos, los errores, las formaciones parciales del conocimiento y en fin, el azar con el que la mente ha tenido que lidiar desde su aparición en el panorama evolutivo.