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Dejar la religión se parece a dejar las drogas

Por: pijamasurf - 10/13/2015

Un sistema religioso de creencias puede parecerse a una adicción a un estilo de vida. Optar por una vida laica después de crecer en un entorno religioso puede llevar a trastornos psicosomáticos, pero no necesariamente a la condena eterna

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A pesar de que no seamos practicantes de alguna religión, la religión en Occidente --desde el abanico de cristianismos diversos, el catolicismo y el protestantismo hasta los mormones-- inculca en los niños ciertas nociones que, como el idioma, no somos completamente conscientes de haber aprendido; aún más, nuestra "salud religiosa" podría tener un poderoso correlato físico y afectar positiva o negativamente nuestra salud física.

Los estudios sobre la salud de los creyentes y no creyentes son escasos, pero existen algunos grupos y organizaciones que tratan de ayudar a aquellos que buscan una "desconversión" (que también puede encontrarse como "trastorno de conversión"), es decir, aquellos que lidian con síntomas de ansiedad al abandonar no sólo una fe sino una comunidad construida en torno a una religión a la que siempre habían pertenecido.

La desconversión podría definirse como el cuestionamiento radical de un sistema de creencias, que conlleva la adopción de un estilo de vida laico después de ser practicante religioso. Puede provenir de un cuestionamiento moral, teológico o político de los estatutos de dicha religión, que la vuelven incompatible para las creencias del desconverso y que involucran también sentimientos contradictorios, a la vez de liberación y de culpa, los cuales pueden dar inicio a un cuadro depresivo. 

The Atlantic publicó una entrevista con el doctor en psicología Darrel Ray, quien es fundador de la organización Recovering From Religion y se ha dedicado a lo largo del tiempo a desmontar los mecanismos psicosomáticos que acompañan una desconversión. Según Ray, los síntomas más comunes de aquellos que abandonan la religión organizada son la ansiedad, la culpa asociada al sexo premarital y la depresión por la pérdida misma de la fe, pero no son los únicos.

A decir de Ray, puede tomarle hasta 3 años al recién desconverso recuperar un ritmo de vida "normal", incluso más. Y es que, según él, "cuando tienes 5 años y aprendes inglés, nunca te paras a preguntarle a tus padres por qué no aprendes mejor alemán; sólo lo aprendes. Lo mismo suele pasar con la religión. Cuando te enseñan sobre el infierno y la condena eterna entre los 4 y 7 años de edad, estos conceptos tan fuertes no van a abandonarte tan fácilmente. Justo como es difícil desaprender inglés [o la lengua materna], es difícil desaprender el concepto de infierno".

De hecho, la doctora Marlene Winell compara el abandono de la religión con el estrés postraumático; ella lo llama "síndrome de trauma religioso", al cual definió en un artículo como "la dificultad para dejar una religión autoritaria y dogmática y lidiar con el daño del adoctrinamiento". Los síntomas ciertamente pueden ser similares al estrés postraumático, que involucra "pensamientos intrusivos duraderos, estados emocionales negativos, dificultad para funcionar socialmente", etc. El término "síndrome de trauma religioso" no está reconocido aún por el Manual de Diagnóstico de Desórdenes Mentales (DSM), pero pueden verse los paralelismos claramente.

La historia de las religiones nos muestra que una función básica de un sistema de creencias es colocar al individuo en una organización dada con respecto al universo: la noción de Creador, de comunidad, de deberes y obligaciones, así como la teogonía asociada a estos sistemas, puede sin duda ser tan difícil de dejar atrás como la lengua materna, aunque se parece también al abandono de una adicción. Tal vez por eso el nombre de la organización de Ray puede asociarse a un centro de rehabilitación para fanáticos religiosos: personas que han decidido buscar sus propias respuestas lejos de la religión organizada, pero que tienen problemas lidiando con el desmoronamiento de una visión de mundo que los había sostenido hasta entonces. Se podría incluso hablar de un "síndrome de abstinencia" asociado a la religión, en el momento en que el excreyente enfrente la necesidad de cuestionarse a sí mismo sobre aquello para lo que la fe organizada siempre le había dado respuestas.

Otros sitios que ofrecen ayuda para lidiar con los síntomas del abandono religioso son ExChristian y Debunking Christianity. Probablemente no haya un Dios allá afuera, pero es bueno recordar que eso no quiere decir que un estilo de vida secular signifique estar solo.

¿Quieres ejercitarte físicamente? Ríe, ríe mucho

Por: pijamasurf - 10/13/2015

Por suerte, reír es uno de los mejores ejercicios físicos a los que tenemos acceso

SedateGames460 

La risa, como la virtud, tiene en sí misma su propia recompensa. Y aunque por esto mismo podría decirse que no hacen falta razones para reír, un experimento reciente encontró que esta acción también puede considerarse un tipo de ejercicio físico por los efectos que tiene sobre nuestro cuerpo y nuestras emociones.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Oxford dirigidos por Robin Dunbar, profesor de psicología evolucionista en esta institución, llevaron a cabo un estudio en el que tomaron la risa en su condición más elemental, como una acción física.

Teniendo en cuenta que reír implica exhalar repetida e intensamente y que por esta razón los músculos en torno a los pulmones realizan un enorme esfuerzo que incluso puede llevar a la fatiga y el dolor, los investigadores quisieron saber si esta misma dinámica genera, psicológicamente, los efectos asociados con el ejercicio.

Para esto, un grupo de voluntarios inició el experimento sometiéndose a una prueba que determinó su umbral de dolor, esto es, cuánto dolor eran capaces de resistir (en este caso, con un torniquete para la presión sanguínea o una manga de refrigeración). Este primer requisito se relacionó con el hecho ya ampliamente comprobado de que ejercitarse provoca una liberación de endorfinas, opiáceos naturalmente generados en nuestro cuerpo que actúan como analgésicos.

Una vez puestos en la situación dolorosa los voluntarios comenzaron a ver primero videos documentales y después videos graciosos, midiendo sus risas con dispositivos auditivos, así como sus niveles de endorfinas.

Curiosamente, conforme reían, las personas reportaron un aumento simultáneo tanto en su umbral de dolor como en su sensación general de regocijo. Asimismo, se reveló el carácter viral de la risa, mucho más ruidosa y fácil cuando una persona se encontraba en compañía que estando sola (fenómeno también presente en el ejercicio: hacerlo acompañado es más fácil que individualmente).

Al final los investigadores encontraron que el nivel de endorfinas liberado durante un acceso de risa puede encontrar comparación con lo que sucede cuando alguien se ejercita físicamente, e igualmente similar es el hecho de que los posibles beneficios físicos de la risa, como los del ejercicio, vienen acompañados de cierta dosis de dolor.