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La neurociencia del silencio en la era del ruido
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Foto: veer.com

Music, when soft voices die, vibrates in the memory. 

                                   Percy Bysshe Shelley

Cada vez más personas viven en ciudades, cerca de ruidosos aparatos, de tráfico incesante y de innumerables estímulos físicos y psíquicos. No es sorpresa, entonces, que el silencio se haya convertido en un bien en peligro de extinción o que aquellos lugares en los que el frenesí de la vida moderna no ha acabado con la amplitud de su espacio y con el sosiego natural de su geografía sean ahora exclusivos refugios, donde aún se puede experimentar (y pagar buen dinero por) la prístina cualidad del silencio. Como vimos anteriormente, el silencio tiene ya un mercado y es considerado un producto de lujo y algunas personas viajan por el mundo cazando zonas del silencio como si se tratara de las más raras aves ("el silencio es oro", dice la famosa frase). Ahora encontramos, por otro lado, que Finlandia, un país antes conocido por ser un poco aburrido, donde no pasan muchas cosas, está ahora aprovechándose de su poca densidad sonora como una especie de branding: "Hecho a mano en silencio finlandés", se dice.

La revista Nautilus, que es una especie de Finlandia digital, fina y silenciosa, destacada por ser un páramo reflexivo en el ruidazal maníaco del tráfico de sitios web, hace un recuento del momentum del silencio en la ciencia y en la economía del mundo. En el artículo mencionado, escrito por Daniel A. Gross, notamos que existe toda una tradición que vincula al silencio con el malestar y la enfermedad, desde la misma palabra que se utiliza en inglés para ruido: "noise", que parece provenir de una raíz latina que podría ser "náusea" o "noxia" (palabra de donde viene 'nocivo'), ambas ligadas al dolor y al disgusto que produce el ruido. Y ahora científicos parecen confirmar la antigua noción de que el ruido lastima, dilacera, perturba y enferma: desgarrando el pulcro velo del silencio, que mantiene un aura, una atmósfera virginal, propia para cultivar el espíritu. El ruido ha llegado a ser sinónimo del estrés. 

Daniel A. Gross nos cuenta que desde mitades del siglo pasado, científicos notaron que vivir cerca de una zona de alto ruido, como un aeropuerto o una carretera, se correlaciona con efectos nocivos como una alta presión arterial. Esto más tarde se ha vinculado con insomnio, enfermedades del corazón y tinnitus. De aquí que surja la idea tan difundida e innegablemente real en nuestra época de la contaminación sonora. Cuando uno busca un nuevo departamento esto es uno de los factores que se toman en cuenta, subiendo el valor de una propiedad; e incluso muchas personas dejan las ciudades en busca de ese silencio perdido o huyendo, por salud, de las ajetreadas urbes que no sólo son como arterias y pulmones congestionados, también son como infecciones en el oído y migrañas colectivas producidas por el incesante tránsito sonoro.

Resulta útil, siguiendo a Gross, entender cómo el ruido afecta nuestro cerebro:

Las ondas de sonido vibran en los huesos del oído, que transmiten el movimiento a la cóclea de forma de caracol. La cóclea convierte las vibraciones físicas en señales eléctricas que la oreja recibe. El cuerpo reacciona inmediatamente a estas señales, incluso en medio del sueño profundo. Investigación neurofisiológica sugiere que los ruidos primero activan la amígdala, cúmulos de neuronas ubicados en los lóbulos temporales del cerebro asociados con la formación de memoria y emociones. Esta activación detona una inmediata liberación de hormonas de estrés como el cortisol. Las personas que viven consistentemente expuestas a ambientes ruidosos experimentan niveles de estrés crónicamente elevados.

El estudio seminal en la la literatura en este sentido fue realizado en 2005 por Luciano Bernardi, médico y músico, una combinación poco común pero ciertamente fascinante que nos remite quizás hasta Marsilio Ficino e incluso Pitágoras, quienes utilizaban la música como medicina. Bernardi no estaba estudiando per se los efectos del silencio sino de la música, pero de aquí, de los intervalos y de los interespacios de la música, la neurofisiología del silencio se empezó a revelar.

Bernardi y sus colegas notaron que espacios de silencio intercalados al azar tenían un efecto considerable en el ritmo cardíaco, la respiración y los registros cerebrovasculares de los sujetos del estudio, expuestos al sonido. Descubrieron que pausas de 2 minutos eran mucho más relajantes que "música relajante" o que el silencio continuo. Una relajación que se correlaciona con menores riesgos de problemas cardiovasculares. El estudio sugiere que el silencio es agudizado por los contrastes. "Tal vez el estímulo es algo que concentra la atención de la mente en una dirección, de tal forma que cuando no hay nada que siga estimulando, entonces tienes una relajación más profunda", dice Bernardi. Al parecer el silencio sólo existe en relación al sonido, como la oscuridad con la luz o quizás también como el vacío que en realidad es una plétora de energía creativa en potencia. Tal vez el "silencio" esté compuesto de una graduación casi infinita de sonidos inaudibles cada vez más sutiles, como los infrasonidos que pueden emitir algunos cetáceos o como los sonidos siderales que míticamente escuchaban los filósofos pitagóricos --aunque hoy sabemos que en el espacio, sin atmósferas, no se producen sonidos, quizás haya algo más allá de lo que nuestros aparatos pueden captar de la misma forma que existe "energía oscura" u otros fenómenos misterioso para la física. Tal vez necesitemos también un tercer oído para detectar la paleta mística del sonido. Todo esto para hacer una apología y una oda al silencio como un continente aún inexplorado, inagotable, que siempre invita a un reino más profundo y espiritualmente liviano.

Las conclusiones de Bernardi, que "una pausa en la música induce una relajación mayor a la precedente exposición a la música", lo cual indica que tal vez el placer de la música viene de "una alteración controlada entre la estimulación y la relajación", nos recuerdan la famosa frase de Mozart de que "la música no está en las notas sino en el silencio entre ellas" o de nuevo a Pitágoras, una figura inescapable cuando en estos lares: "hay música en el espaciado de las esferas, hay geometría en el zumbido de las cuerdas" (Pitagóras, quien, debemos recordar, fue uno de los primeros grandes entusiastas del silencio, haciendo obligatorio 5 años de silencio total antes de recibir su doctrina)... El intervalo, la ausencia y la memoria del sonido, como su ligera estela etérea, es lo que hace que la percepción se expanda y se contraiga y tome vuelo como la inhalación y la expiración y su oscilación entre un estado de plenitud y vacío.

imagesOtro estudio, citado por Gross, de la Universidad de Duke, mostró que ratones expuestos, en alto contraste con sus hábitos, a 2 horas de silencio empezaron a desarrollar nuevas neuronas, lo que se conoce como neurogénesis. Los investigadores teorizan que esto podría ser debido a que el cerebro entra en un estado de alerta de alta sensibilidad cuando se produce el silencio, ya que no estamos acostumbrados a él. De alguna manera el silencio se convierte en un medio ambiente enriquecido, paradójicamente estimulante para el crecimiento neural. Ten en cuenta que ese silencio profundo que experimentas meditando, cuando las células de tu cerebro cobran una cristalina amplitud, podría ser el sonido del nacimiento de nuevas neuronas y constelaciones sinápticas. 

Todo esto, también, para invitar a una revaloración activa del silencio, el cual, entre más ruido, más precioso y vital debemos de considerar. Pensar en él como la más delicada vasija de porcelana, porque cualquier silencio es roto por el menor sonido discordante. Y cualquier conciencia que logra mantener la llama del silencio alimenta a las demás, con una frecuencia armónica, como las calmas ondas de un tranquilo lago en una montaña en primavera. El silencio es el bastión estructural de la armonía del ser, flotando en el espacio como una flor de loto o como el árbol cabalista cuyas raíces son los astros. En ese sentido, se puede concebir una especie de profesión o pasatiempo de guardianes y hacedores del silencio --un nuevo silencio como nutrimento; quizás como aquellas personas que en las ceremonias mantienen el espacio creando un perímetro invisible y atendiendo a las posibles irrupciones de fuerzas externas. Guardar tu propio silencio como un acto de caridad para no generar ruidos innecesarios y contaminar el ambiente, porque tal vez alguien, en el diamante del silencio, pueda estar por escuchar la música de las esferas y encontrar la paz que da el entendimiento. 

 

Twitter del autor: @alepholo

Este 25 de junio de 2015 Venus inició su curso retrógrado, en el cual se encontrará hasta el 6 de septiembre, en la constelación de Leo. ¿Qué significa astrológica y simbólicamente este viaje al inframundo de la diosa del Amor, y qué efectos puede tener en tus relaciones?

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Desde el 25 de julio y hasta el 6 de septiembre Venus se encuentra en su ciclo retrográdo de 40 días, algo que ocurre aproximadamente cada 19 meses y marca una inversión de los polos en los efectos asociados a Venus, comúnmente el amor, la socialización, el dinero, la fortuna, los placeres materiales, las emociones y en general la belleza física y espiritual, recordando que en la filosofía mitológica griega existen dos Venus, la celeste, que simboliza el Alma del Mundo, y la vulgar, que rige los planos materiales. 

En el caso de Mercurio y Venus, los planetas en el interior de la órbita terrestre, entran en retrogradación cuando entran en conjunción inferior con el Sol y desaparecen ante el brillo solar. En el caso de Mercurio, su órbita altamente elíptica hace que su velocidad cambie, por lo que desde la perspectiva de la Tierra, esto se ve de la misma forma que si un automóvil en una carretera de múltiples carriles fuera a alta velocidad y luego desacelerara; desde nuestra perspectiva parece que va hacia atrás y luego vuelve a estar adelante del Sol. Debido a esta conjunción, Mercurio y Venus parecen desaparecer y luego reaparecen en su nueva fase como “estrella de la tarde” y “estrella del amanecer”, sumiéndose en el abismo del horizonte como si fueran héroes viajando al inframundo. Antiguamente esta desaparición y retrogradación era considerada un oscurecimiento o una inversión de su influencia, ya que se consideraba que este movimiento realmente ocurría. Por esto, también, a los planetas se les llamaba “los vagabundos”.

El pasado período retrógrado ocurrió del 21 de diciembre de 2013 a enero 31 de 2014. Estos períodos ocurren cada 584 días o 19 meses aproximadamente, lo que constituye el ciclo sinódico de Venus, muy importante para las culturas prehispánicas y en el cual se basó el poeta Octavio Paz para su "Piedra de Sol". La vez pasada esto ocurrió cuando Venus estaba en Capricornio; actualmente el retrógrado inició en 0 grados Virgo, pero la mayor parte ocurrirá en Leo, esto le brinda a este período un matiz y una resonancia del signo en el que se encuentra y el planeta que lo rige. Las personas que tienen planetas entre los grados 14 y 29 de Leo serían las más involucradas en esta fase oscura de Venus, en menor medida los signos fijos, que incluyen a Leo, Escorpión, Acuario y Tauro. Esto significa que los arquetipos asociados con Leo son enfatizados: el valor, la soberbia, la justicia, el corazón, la sinceridad, etc. Los astrólogos recomiendan que uno piense en lo que nos ocurrió en el período previo de un movimiento astrológico para entender y sensibilizarnos a la energía cifrada en dicho movimiento, que de alguna manera se repite con las variaciones que le otorgan las diferentes correlaciones con los planetas en este momento.

[caption id="attachment_98284" align="aligncenter" width="614"]Venus-Graph El ciclo de Venus forma una estrella perfecta de cinco puntas[/caption]

Se considera que, si bien Venus entra en directo el 6 de septiembre, el período no concluye del todo hasta que rebasa el grado de Virgo en el que entró en retrogrado, esto ocurrirá el 9 de octubre, fecha en la que se normalizan las relaciones bajo el aegis venusino. El 15 de agosto Venus retrógrado hará conjunción con el Sol, este día es considerado especialmente significativo para las relaciones, revelando de alguna manera la sombra o la realidad oculta en ellas, según creen los astrólogos contemporáneos. Se dice que durante el movimiento retrógrado las cualidades de un planeta (y de su divinidad asociada) se invierten o, quizás con mayor perspicacia, que se vuelven hacia adentro. El astrólogo Austin Coppock escribe:

El retrógrado de Mercurio marca un desvió en transmisiones importantes, de tal forma que tardan un rato en tomar el camino correcto. El retrógrado de Venus opera bajo el mismo principio, pero, en vez de energía mental desordenada, son las emociones las que descienden a un caos temporal. Contradicciones que se sienten en la profundidad emergen a la superficie, y el compás de las pasiones gira frenéticamente. Sin embargo, esta confusión es el preludio a nuevas conexiones y, sobre todo, a nuevas formas de conectar. 

Aquí tenemos el epítome del mítico viaje al inframundo que realizaban los héroes y los dioses en la antigüedad y que los psicólogos modernos como Carl Jung, han recuperado como un elemento esencial de la integración de la psique. En cierta forma, dentro de la compleja constelación de cuerpos psíquicos o dioses que conforman al ser humano, nuestro aspecto emocional, venusino, desciende al Hades para desenterrar significados más profundos y verdaderos que nos impiden seguir manteniendo las mismas ilusiones. En el caso Venus, esto podría ser mostrarnos nuestra propia superficialidad o nuestro propio materialismo, cómo las apariencias nos seducen y nos engañan --o cómo nos engañamos persiguiendo deseos superficiales, insinceros o que sólo buscamos para satisfacer a la sociedad o las imágenes colectivas de lo bueno y deseable. La oscuridad hace nuestro interior transparente. El triunfo profetizado, siguiendo la ley cósmica, es el ascenso o renacimiento y es, tarde o temprano, inminente, puesto que a final de cuentas no hay nada que no siga la ley del universo y que no regrese a la totalidad. 

En los siete himnos sumerios de Inanna se narra el descenso de esta diosa (que es una faceta de Venus e Ishtar) a visitar a su hermana, un viaje que es a todas luces una iniciación chamánica que, en el corte venusino de esta historia, tiene también un profundo simbolismo sexual. Es un rito de paso hacia la feminidad y a la fertilidad a través de las artes mágicas y la conjunción de los opuestos. Mucho se ha dicho sobre el descenso de Inanna o de Ishtar, pero quizás lo más significativo es que la diosa del cielo y la tierra (pero que no conoce el inframundo) debe cruzar siete puertas, en cada una de ellas entregando una vestimenta o joya. "Para entrar en el mundo espiritual del inframundo, Inanna debe renunciar a sus poderes terrenales", según explica Diane Wolkstein en su estudio del texto sumerio. Antes Inanna debe abandonar sus siete ciudades y sus siete templos. Habrá que reflexionar también sobre por qué en el inframundo los reyes se convierten en sirvientes. Dice Inanna:

Vi a los reyes, sus coronas guardadas.

Vi a los príncipes, aquellos nacidos para la corona.

Aquellos que habían reinado antaño.

Estos dobles de Anu y Enki estaban sirviendo los alimentos.

Los siete himnos, las siete puertas y su renuncia a siete poderes y siete templos pueden leerse desde una perspectiva astrológica, tomando en cuenta que en la tradición se habla siempre de los siete planetas. El simbolismo del 7 en el misticismo es difícil de resumir en este artículo, pero podemos hablar también de las siete Iglesias de Asia de San Juan, los siete chakras, los siete sentidos de la percepción en el ocultismo, etc. Vale también recalcar la importancia de la renuncia y del abandono de toda vanidad: los seres superiores, lo son porque deciden servir y trascender su ego individual.

Una interesante correlación puede trazarse con el "Poimandres", el texto central del Corpus Hermeticum atribuido a Hermes Trimegisto. Ahí, la Mente Universal, después de mostrarle la creación del universo y el descenso del Hombre Arquetípico al mundo material --cayendo enamorado de su propia imagen y  tomando atributos de los Siete Gobernadores o Trabajadores Encendidos, le enseña a Hermes también el proceso de ascenso y reintegración con el Espíritu Absoluto:

Cuando la naturaleza inferior ha descendido a la brutalidad, la naturaleza más alta lucha por recobrar su estado espiritual. Asciende los siete anillos sobre los cuales se sientan los Siete Gobernadores y les regresa a cada uno sus poderes inferiores de esta manera. En el primer anillo se sienta la Luna, a ella se le regresa su habilidad para aumentar y disminuir [los poderes de la generación]. En el segundo anillo se sienta Mercurio, y a él se le regresan las maquinaciones, los engaños y la astucia [los poderes de la mente racional]. En el tercer anillo se sienta Venus, a ella se le regresa la lujuria y las pasiones [los poderes del cuerpo emocional]. En el cuatro anillo se sienta el Sol, a él se le regresa la ambición [el ego]. En  el quinto Marte, a él se le regresa la ansiedad y el coraje. En el sexto anillo se sienta Júpiter, a él se le regresa el sentido de acumulación y todas las riquezas acumuladas. Y en el séptimo anillo se sienta Saturno, la puerta del Caos, a él se le regresa la falsedad y los planes malignos.

Una vez que se regresan los poderes a los planetas o gobernadores, el alma en su viaje de regreso puede renacer a la eternidad, desnuda y despojada de su individualidad (de su ego) y de las características que tomó en su descenso al mundo material --las cuales no son necesarias en el mundo espiritual, donde no hay forma de fingir o aparentar. El viaje de Inanna puede interpretarse de manera similar; recordemos que Venus, para el platonismo, es también símbolo del Alma, que es descrita como la primogénita y la más bella de la creación. Podemos entender el descenso de Inanna como el viaje heroico del alma que se desprende de todo lo inesencial para experimentar su verdadera naturaleza inmortal --algo que ocurría también en los misterios de Eleusis con el descenso de Perséfone. La mitología, decía Marsilio Ficino es una "teología poética", podemos decir que la astrología es una "psicología cósmica".

Lo mismo aplica para el viaje retrógrado de Venus, que podemos interpretar simbólicamente en nuestra vidas como la necesidad de desprendernos de todas las posesiones materiales y de todas las falsas creencias y deseos que limitan la expresión del amor verdadero. El traje nupcial con el que se recibe al amado es la desnudez esplendente del alma que emana la luz del cielo, como se dice en el Libro de los Salmos. Habrá un tiempo tal vez después para la seducción, la coquetería, los artificios, la sofisticación, la danza de los velos y demás dulzuras, pero este es el momento de ir desnudos al tribunal. Los 40 días de este curso retrógrado son tradicionalmente un tiempo de ayuno, meditación y regeneración, como la temporada de Jesús en el desierto en la que superó las tentaciones. De alguna manera lo que nos dice la astrología arquetipal del descenso de Venus, como un bello mito que podemos creer o no, pero que tiene una enseñanza codificada, es que es el momento de levantar los velos, enfrentar nuestra propia sombra y la sombra de nuestras parejas y vernos y verlas como en realidad son, sin maquillaje, exornas o proyecciones. Puede que sea necesario para esto probar la manzana de la discordia, la manzana de Eris, la fricción y el caos que revelan, agitando el velo epifánico, la belleza verdadera, la cual prevalece más allá de la corrupción material-temporal.

 

Twitter del autor: @alepholo

Sobre Mercurio Retrógrado y una explicación esotérica de cómo funciona o hace efecto la astrología