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Nuestra relación paradójica con el silencio hizo que primero lo borráramos de nuestras vidas, llenando el mundo de ruidososo objetos, para luego desearlo como la solución a nuestro malestar; este impulso de buscar el silencio, su exclusiva dimensión, esconde también una sed mística.

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El silencio es oro.

-Proverbio

 

Nuestra cultura tiene una relación paradójica con el silencio. Por un lado, lo hemos identificado con la divinidad o con lo místico (lo más valioso de lo inmaterial), ya sea como una cualidad de lo divino o como una estructura o una dimensión que permite lo místico —o al menos esa paz que nos brinda entendimiento. Por otro lado, hemos manifestado un consistente pánico hacia el silencio y el vacío, llenando el espacio de ruido y cosas innecesarias en un abigarrado impulso barroco que puede leerse como una forma de escapar del presente y de la inmanencia del ser.

El auge de la espiritualidad occidental, remezlcando tradiciones orientales, se sustenta en la idea de que es necesario encontrar el silencio para poder recibir visiones significativas, para aquietar la mente y poder escuchar la voz interna y encontrar el equilibrio que trae la sabiduría —más allá del mundanal ruido. Creemos que al acercarnos al silencio —aunque este sea ya una abstracción, un reciclaje metafísico o una utopía— nos acercamos a una región sagrada, donde el ser yace prístino, incontaminado en una especie de eternidad. Hay en el silencio algo como una nostalgia del principio del mundo. Existe incrustada en nuestra psique la noción arquetípica de que el origen es superior al devenir de una cosa —acaso apuntalada en el hecho de que lo inmanifiesto cuenta con un potencial relativamente ilimitado— y que el tiempo va despojando a las cosas de su pureza. El Tao, nos dicen, "es como un bloque de madera sin tallar".

Wittgenstein expresó esta primacía misteriosa de lo inmanifiesto o inefable en el Tractatus: "Hay, ciertamente, lo inexpresable, lo que se muestra a sí mismo; esto es lo místico”. Aldous Huxley expresó más o menos la misma idea: "Después del silencio, lo que más se acerca a expresar lo inexpresable es la música". A esto habría que añadir, citando también a Wittgenstein,"lo místico no es cómo es el mundo sino que sea". Tenemos aquí la idea de que lo místico no es cómo nos decimos que es el mundo, sino la experiencia pura, directa e incomunicable del mundo, o del ser sin aditamentos o artificios lingüísticos, aquello que expresa lo inexpresable es lo que "se muestra a sí mismo": lo que comunicamos sin palabras es nuestro ser. Es doblemente paradójico porque también tenemos la impronta mitológica de pensar que el mundo se creó con lenguaje y por lo tanto la palabra es sagrada —quizás todo lo más porque se desprende del silencio, que es igualmente o más sagrado, el valle sobre el cual se erige el mundo. En cierta forma, el silencio cuenta con un aura que lo hace pasar por el lenguaje de los dioses. El naturalista e idealista Ralph Waldo Emerson escribió: "Hagamos silencio para escuchar el murmullo de los dioses", como si detrás de la ofusación de nuestros sentidos anegados por el ruido corriera un rumor claro de río, un lenguaje transparente en el que los dioses cifran los secretos de la creación.

michael-wolfNuestra fascinación por el silencio, sin embargo, está llena de contradicciones: como lo es la frase "llenar el vacío". En cierta forma al desear el silencio pero casi erradicarlo de nuestras vidas internas y externas, padecemos una especie de autosabotaje. Una de estas paradójicas manifestaciones se desdobla como la negación del espacio que caracteriza a nuestra era. Desde el emblemático pavor sentido ante "el silencio eterno de los espacios infinitos", expresado por Pascal, nos hemos defendido de esa permeabilidad cósmica que supone el vacío y el silencio. La industrialización de la producción se afianzó sobre este nuevo paradigma en el que la Tierra dejaba de ser el centro del universo —y amanecíamos en un cosmos ilimitado, desconocido e indiferente— para aniquilar el vacío y abarrotar nuestra existencia de objetos, incluso, ya en el mundo contemporáneo, invadiendo espacios inmateriales de objetos digitales. Nos gustan la amplitud, los huecos, las formas que evocan el vacío; pero al mismo tiempo ante ello sentimos un nerviosismo, una premura (¿el tremor de lo místico?) y nos arrojamos a llenar el espacio, a volcarnos sobre la cavidad, sobre el cero que no podemos más que llenar de unos. Nos cuesta sostener la mirada de una persona que conocemos o de un extraño y permanecer en silencio: el silencio es incómodo y huimos de él.

En una cultura donde la información se multiplica de manera prolífica y donde es mucho más fácil seguirr parloteando, generando más y más información, el silencio toma la cualidad de una rara joya. Las palabras —aunque en algún momento sagradas— fácilmente se prostituyen, pierden su poder, se vuelven comunes y corrientes. Su poder es más bien negativo: somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestro silencio. Es más, sólo quien tiene silencio —ese real state metafísico, ese oasis— puede ser dueño de sí mismo. Pero el silencio está en extinción, es el dominio de una élite, es un capital místico.

Cómo el silencio se convirtió en un producto de lujo

Un reciente artículo en The New Republic traza la historia de cómo el silencio se ha convertido en una industria: existen muchas personas que están dispuestas a pagar buen dinero por tener habitaciones silenciosas, por volar en aviones silenciosos o comer en lugares silenciosos. Desde siempre el silencio ha sido valuado y el ruido aborrecido. El sustento de la armonía urbana y la convivencia a través del silencio se remonta por lo menos a tiempos de la Antigua Grecia, en la que podemos ver ya un rasgo de un problema moderno. En la colonia de Sibarí (hoy Italia, hoy un lugar al que quizás iríamos a buscar esas vacaciones de silencio y paraíso), se obligaba a los artesanos cuya profesión era por naturaleza ruidosa a vivir fuera de los muros de la ciudad. En tiempos de la Reina Isabel de Inglaterra, los hombres no podían golpear a las mujeres después de las 10 pm, una consideración que sólo parece tener en cuenta el sueño de los otros hombres y no, por supuesto, a las chillantes mujeres.

Es más fácil huir de algo que visualmente nos molesta; el sonido indeseado en cambio se cuela por cualquier reducto y envuelve las cosas. Era el canto de las sirenas lo que llevaba a la perdición de los marineros. El ruido perturba cualquier fluidez que podamos alcanzar: "es la más impertinente de las formas de interrupción", escribió Poe. Esto se acentúa aún más en la modernidad, en la que el perenne bombardeo informativo nos acerca a la neurosis: se nos estimula incesantemente sin que podamos obtener la misma cantidad de gratificación —el ruido puede sacar nuestra peor parte y nos puede precipitar al desquicio.

Entre este pequeño boom de productos o experiencias silenciosas, The New Republic destaca: una lavadora de platos que no hace ruido (y que se vende por 1,700 dólares); una aspiradora (de 600 dólares) que cuenta con el aval de un estudio científico en el que los sujetos participantes pudieron seguir su sueño pese a que se encendió la aspiradora; Bose vende desde el 2000 audífonos que cancelan el sonido en 299 dólares; o Lexus, cuyo híbrido Sedan es descrito así: "uno de los aspectos más lujosos de conducir este auto es su casi absoluto silencio".

Como contraflujo al impulso de hacinamiento de objetos y la generación de una panoplia de estímulos —las huellas de esos objetos—, en nuestros días la ausencia se ha vuelto un bien suntuario. Muchos productos actualmente ya se venden por lo que no tienen —gluten, azúcar añadida, plástico y ahora ruido.

Anechoic_chamberEn el trajín de la existencia en ciudades y corporaciones, todos creemos que merecemos o que necesitamos nuestra rebanada de silencio, generalmente parte de un conjunto postal que incluye una playa virginal o una montaña majestuosa y una experiencia que provee un respiro y que generalmente nos permite regresar a la vida cotidiana con una mayor tolerancia: el silencio compra tiempo. Desde el Vipassana a las Bahamas, buscamos retiros o vacaciones que nos puedan otorgar ese oro interno del silencio.

Experimentar el silencio total, sin embargo, es prácticamente imposible para el ser humano ya que en cualquier punto de la tierra hay con menor o mayor sutileza ruidos generados por la misma atmósfera —sin decir nada sobre aquellos ruidos generados por nuestro propio pensamiento—, por eso el silencio ha cobrado sobre todo una connotación metafórica, casi etérea, de algo más, a lo que se llega cuando se aquieta la mente o cuando nos descomprimimos y nos extendemos en un espacio más amplio. De aquí también florece la industria de la meditación o del "mindfulness" que promete brindar una serie de técnicas para encontrar ese silencio dentro del tren de la vida moderna. Una técnica que en teoría sugiere liberar al hombre del mundo exterior, que es incontrolable y esencialmente frustrante, construyendo un santuario interior, un reino de silencio.

Para la modernidad secular, el silencio encarna la utopía de las vacaciones eternas. Casi con una banda sonora de tenues olas, brisa y garzas, un ritmo pausado, una lentitud, una disolvencia crepuscular, un triunfo sobre el sistema corporativo y el continuum de la producción. Casi el completo antípoda de la vida frenética de la ciudad, con los altos edificios que recortan el horizonte y con una incontrolable matriz de ruidos que se despliegan a todas horas. El ruido también tiene una connotación metafórica: es toda información que nos impide procesar de manera fluida la información que nos atañe o hacer sentido de esa información. En realidad comúnmente cuando nos referimos al silencio hablamos sobre lugares con muy poco ruido o sin ruidos generados por el hombre.  Sin embargo, existen, con fines de investigación científica, las cámaras anecoicas: habitaciones que por los materiales que recubren todas sus superficies evitan que las ondas sonoras reboten y se amplifiquen hasta la audición humana. Las personas que han experimentado una de estas cámaras sin ecos suelen describir sus experiencias como estados de conciencia alterada, que a veces alcanzan un cierto eco místico—como reza el koan: “no tengo nada que decir y sin embargo lo estoy diciendo”, expresión inexpresable, pero también suelen producir terror. Hay algo que nos aterra y nos fascina del silencio. Eso es todo lo que podemos decir, y ya es mucho, porque de lo que no se puede hablar hay que callar.

Twitter del autor: @alepholo

La alquimia considera el rocío como un líquido precioso del cual se puede extraer el espíritu universal y emplear como una poderosa medicina.

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La alquimia es la ciencia de transformar las cosas utilizando el conducto de la naturaleza. Más que transformar los metales, los alquimistas buscaban transformase a sí mismos conforme a los principios de la armonía universal: la relación simbólica y simbiótica entre el cielo y la tierra. 

Entre las varias técnicas utilizadas dentro de este magno arte, la recolección del rocío tiene un lugar privilegiado, tanto por su importancia en la obtención de una medicina universal como por su refinación poética. Es dentro de lo que se conoce como “Espagiria”, el “arte de separar y unir” o también “la alquimia vegetal”, que está arraigada la práctica de salir al campo, especialmente en primavera, para recoger el rocío del amanecer del césped o de ciertas plantas (como el manto de la virgen o Alchemilla), con la particular influencia de la luna.

La alquimia, en su antigua fortaleza, está cifrada de símbolos y hace de la misma naturaleza un símbolo viviente –por lo que las correspondencias emanan una cierta energía o una cierta influencia que se puede utilizar para operar cambios en el mundo natural. Las metáforas son utilizadas para ocultar los secretos pero también como un poder de conexión entre el significado y una acción magnética –la articulación de un lenguaje que refleja el encantamiento de la materia. Este es el caso del rocío, también conocido como “agua celestial” o “plata filosofal” y cuyo poder proviene tanto de su energía natural como de su agencia simbólica.

Desde el origen de la filosofía humana el aire ha sido relacionado con el espíritu. La etimología nos dice mucho al respecto, tanto la palabra “alma” como la palabra “espíritu” nacen de palabras que significan “aliento” o “respiración”.  También desde la herencia griega tenemos la palabra “pneuma” que significa “espíritu” al igual que “aire.”  En sánscrito el término “akasa” significa éter, y es tanto el espacio mismo como el espíritu que permea el espacio y la memoria inherente al espacio. También en el hinduísmo, la fuerza vital o “prana” está identificada con el aire y se obtiene, como es lógico, respirando. Es parte de nuestro inconsciente colectivo asociar el aire con el espíritu –también decimos que la creatividad ocurre como una inspiración—y creer que de alguna manera la vida llega a la tierra del cielo o que el espíritu desciende en su escala radiante.

El rocío en la alquimia es la condensación de ese espíritu celeste. La humedad con el frío se condensa en gotas de agua. Esta transformación, del aire húmedo que impregna una superficie en gota de agua, ocurre debido a la radiación, especialmente en noches despejadas donde predomina la radiación infrarroja sobre la radiación solar (y en términos alquímicos la influencia de la luna y las estrellas). Esta radiación infrarroja pero también de rayos cósmicos y otras gamas de luz invisible impregnan la atmósfera de la energía del cosmos, la cual se materializa fugazmente en el rocío: un instante que engloba la luz. Quizás por esto, o porque el aire tiene una carga eléctrica, se dice atinadamente en la alquimia que el rocío porta el “fuego secreto” y como tal es una esfera perfecta: la conjunción de los opuestos, el agua y el fuego. La gota de roció, ya sea de manera literal o simbólica, es la encarnación prístina del espíritu, primera manifestación visible de lo que es potencia ilimitada, en un estado en el que aún preserva su pureza. Reflejando la luz, el rocío es una gota de espíritu, un relámpago transparente o la superficie del cielo en una hoja: una síntesis microcósmica del universo.

Tradicionalmente se recogen las gotas de rocío en la primavera, en noches en las que la luna se mueve de creciente a plenilunio. Esto, para captar la energía del renacimiento que contiene el rocío en esta época en reflejo del proceso fertilizante de la naturaleza. El médico espagírico Yabir Abu Omar, que El País llama “un alquimista en el siglo XXI”, describe el proceso de recoger el rocío, un producto fundamental para trabajar su medicina. Para recoger el rocío de la mañana se sale con fregonas y garrafas de cristal (limpias de productos químicos) en un paraje conocido como la Alfaguara. “Se tienen que extender grandes lienzos de lino sobre las hierbas de los prados que poco a poco se irán empapando de rocío”,  esto con gran sigilo para que el sol no toque el agua recogida y altere las propiedades lunares del rocío. Para evitar esto se exprime el agua en los lienzos y trasvasa a recipientes doblemente herméticos. Una buena recolección puede entregar hasta 300 kilos de rocío cuyo valor es incalculable ya que en sus sales radica “el espíritu universal”.

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El fuego secreto del agua

Existe una misteriosa relación en el rocío que refleja un secreto de la alquimia. Esta agua de la primavera que se recoge es también el “fuego de la naturaleza” que cocina las semillas en la tierra, haciendo surgir la verdesencia e imbuyendo vida a las plantas. Sobre esto podemos leer en el blog de alquimia Al-Kemi:

El fuego del roció puede entenderse en varios niveles. Primero, es la energía del creciente calor del Sol [el sol que avanza hacia su propia plenitud en el solsticio]. Segundo, el rocío es el portador del Nitre, la fuerza vital del aire, que Sendivogius describía cuando escribió “hay en el aire un secreto alimento de la vida”. Paracelso llamó a este élan vital el Azoth, el Nitre aéreo que el Sol transmite a la Tierra a través de las aguas del cielo. Paracelso y otros alquimistas también conectaron este Nitre con el nitro físico más literal,  comúnmente llamado nitrato de potasio, presente en el rocío.

El nitrato de potasio es un poderoso fertilizante que ocurre naturalmente y es utilizado en fertilizantes químicos. Su capacidad de transformación molecular le permite despedir oxígeno puro cuando se calienta: así el inventor Cornelius Drebbel pudo mantener con vida a su tripulación en el primer submarino en 1620. Verdaderamente el Nitre se convertía en la fuerza vital para cruzar los abismos.

El Nitre como el rocío –¿es aire ya agua a punto de volverse tierra con un fuego oculto?-- está en un estado transitorio de gran poder y sutileza, casi etéreo, el punto evanescente entre lo físico y lo no-físico. “Así es como brinda tanto un fuego físico como uno etéreo y da vida al agua que lleva, para transferir esa vida también a la tierra. El fuego especial del Nitre puede transferirse a otras substancias en el laboratorio, así  el rocío es usado para revivir substancias muertas y acelerar la fuerza en muchas operaciones”.

Sedziwoj_abovebelowLa alquimia, pese a tener la reputación de pseudociencia, es la fuente de muchos de los descubrimientos científicos de nuestros días –que la ciencia moderna no reconoce en parte porque se dieron en contextos místicos y bajo un lenguaje cargado de simbolismo esotérico. El alquimista polaco Sendivogius descubrió que el aire era una sustancia compuesta que contenía una sustancia “dadora de vida”, que luego fue llamada oxígeno, 170 años antes de Scheele y Priestly. Sendivogius llamó a esto “Nitre Central” o “Sal Central”,  una especie de materia universal protogénica. La sal, es importante mencionar, en la alquimia no se refiere a la sal (cloruro de sodio), es una acepción más amplia,  de las tres propiedades principales del universo (que son también principios filosóficos), la sal, el azufre y el mercurio (o el cuerpo, el alma y el espíritu).  Estas sustancias dentro de todas las sustancias (una suerte de átomos) están ligadas también a los elementos y son combinadas o equilibradas para producir medicinas en la Espagiria. Sendivogius escribió sobre el Nitre:

La sal pura de la Tierra, llamada nitre, es formada en la caldera. Esto luego puede ser disuelto y concentrado, purificado y enjugado, hasta que se vuelve brillantemente transparente y cristalino. Entonces adquiere el nombre nitre de la tierra filosofal, nuestra sal, que se erige en el mar del mundo, AGUA QUE NO MOJA LAS MANOS, sin la cual nada en este mundo puede nacer o llegar a existir. Así que tienes en las manos el secreto de los Filósofos y la fuente de la primavera, o el escondite de la Naturaleza. Es en este espíritu que el ya mencionado Espíritu de la Naturaleza y el mundo entero residen. Tanto la vida como la salud proceden de esto.

En este bella descripción, tamizada por el arte del filósofo, podemos ver el impulso compartido por los alquimistas, de sintetizar una sustancia universal o de obtener la prima materia, como si pudieran sostener una chispa o una fuente de la creación misma. Una joya especialísima, que sin embargo, paradójicamente, lo es más porque se encuentra en todas partes: este es el arte del ocultamiento de lo divino, que para mejor esconderse penetra todas las cosas, habita la transparencia: como una llama en una gota de agua.

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La medicina universal

Entre otros de los intereses popularmente atribuidos a los alquimistas, además de encontrar la piedra filosofal y convertir el plomo en oro, está lo que se conoce como el elixir de la vida y también la fuente de la juventud.  De alguna manera burlar la muerte y el proceso de degeneración del cuerpo con un equilibrio de los elementos, añadiendo mercurio, sal, azufre o buscando el opuesto --coniunctio oppositorum--, si se tiene poca agua o poco fuego, recurriendo a minerales, plantas o incluso personas que tienen un excedente de este elemento faltante para lograr la alquimia en el atanor del cuerpo, solve et coagula. Más allá de que la alquimia reconoció con Hipócrates que "es más importante saber qué tipo de persona tiene una enfermedad que qué tipo de enfermedad tiene una persona", existen relatos y aventuras que mencionan la búsqueda de desarrollar una medicina universal, una panacea o el mismo alkhaest, el licor inmortal. El filósofo Eirenaeus Philalethes, escribe que el alkahest puede ser llamado "Ignis-Aqua" o agua llameante, la cual tiene la propiedad de disolver cualquier cosa hasta la prima materia. "Es una noble sal circulatoria preparada por el arte maravilloso para responder a los desesos del artista" y sin embargo  "no es una sal corporal cualquiera" sino "un espíritu salino".  Una sal que se hace con el fuego de los filósofos,  crípticamente "el vulgo arde con fuego, nosotros con agua" (algo que recuerda al último verso de los sonetos del alquimista Wlliam Shakespeare: "love's fire heats water, water cool's not love").

El rocío --que ya hemos visto es también "el fuego secreto de la naturaleza"-- parece ser un elemento importante, al menos para algunos alquimistas, para obtener este "espíritu salino" con el cual se pueden realizar las operaciones maravilosas de la ciencia oculta.  En varios sentidos el rocío recuerda a un líquido divino o a una sustancia que confiere la divinidad o los atributos de lo celeste.  Recoger el rocío --la gota de aire condensado, una perla de Indra o un glóbulo de icor-- en cierta forma  podría ser una técnica más sutil para robar el fuego de los dioses. Quizás una forma, por sigilosa y hermética, aceptada por los olímpicos que pese a ser longividentes deciden hacerse de la vista gorda, en esa hora crepuscular donde la relaidad y el sueño se funden. El rocío es en  muchos aspectos análogo al amrita, al soma y al mana. Aleister Crowley escribe: 

En el simbolismo hinduista, el Amrita o rocío de la inmortalidad, gotea constantemente sobre el hombre, pero es quemado por el fuego denso de sus apetitos. Los yogis intentan atrapar y preservar este rocío...

En la Tabla Esmeralda, el texto atribuido a Hermes Trimegisto, según la tradición el padre de la alquimia, se lee: "Su padre es el Sol, y su madre la Luna, el Viento lo llevó en su vientre, y su nodriza es la Tierra". Al parecer esto se refiere al espíritu universal que los alquimistas tratan de obtener, después de que la materia se ha vuelto más densa, algo que podríamos identificar con un ocultamiento del lo sutil en lo denso. Este viaje simbólico del espíritu puede también relacionarse con el proceso del rocío que podemos decir es el resultado de la energía del Sol y la Luna, y es llevado por el viento, hasta la Tierra donde recibe los minerales. 

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En su libro The Secret Teachings of All Ages, el gran comentarista de la esoteria mundial, Manly P. Hall escribe " Según von Welling, la sal universal (en forma de agua) es una cura positiva para todos los padecimientos de la humanidad; está en todas las cosas, pero de algunas cosas es más fácil de obtener que de otras, especialmente esto es verdad de la tierra virgen; es el solvente universal, el alkahest". Von Welling describe el proceso para obtener "el agua paradisiaca" o "agua celestial de mercurio", el cual requiere de preparar un fuego lento para calentar el rocío en el laboratoratorio. Georg Von Welling habla sobre la operación milagrosa, en términos casi psicodélicos, que significa ingerir esta agua, la cual parece contener al cosmos entero:

El tiempo y el uso sagrado de esta bendita Agua te enseñarán, tan pronto la hayas tomado una influencia tal ocurrirá como si todos los cielos y las estrellas con sus poderes estuvieran trabajando en ti. Todo el Conocimiento y las Artes secretas se revelarán en ti en un sueño, pero lo más excelente de esto es que conocerás perfectamente  a todas las criaturas en su Naturaleza...

Una descripción de proporciones cósmicas que hace referencia seguramente a la idea fundamental de la filosofía hermética de que el universo entero con sus estrellas y galaxias se refleja en la tierra, cabe incluso en una gota de rocío. Una gota de rocío es un orbe de perfección, potencia pura en su transparecia luminosa. Una perla del universo, pequeño mundo. Una perla del collar que refleja todas las perlas en cada una."Para los alquimistas, el proceso de individuación representado por el opus era una analogía de la creación del mundo”, escribió Carl Jung. En cierta forma el rocío representa una forma individual que recapitula la creación del mundo. De nuevo Manly P. Hall:

Una pequeña partícula de la Piedra Filosofal, si se vierte sobre la superficie del agua, según un apéndice sobre la sal universal de Herr von Welling, inmediatamete empezará un proceso de recapitulación en miniatura de la historia del universo, ya que instantáneamente la tintura -como los Espíritus de los Elohim- se agita sobre el cuerpo del agua. Un universo miniatura se forma el cual, según afirman los filósofos, en verdad surge del agua y flota en el aire, en el que pasa por todos los niveles de desarrollo cósmico y finalmente se desintegra.

Twitter del autor: @alepholo