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Fascinante estudio revela por qué hay quien ve a Jesucristo en un pan tostado

Por: Samuel Zarazua - 08/10/2015

La neurosis toma la forma de una cara

Algunas personas son más propensas a ver rostros en los objetos inanimados, hombres en la Luna, demonios en las flamas, la Virgen en la corteza de un árbol o Jesucristo aparecido en el ano de un perro, en los pisos, en las manchas o en pan tostado. Ello según los resultados de un nuevo estudio sobre la pareidolia presentado por la Asociación para el Estudio Científico de la Conciencia en París. 

Virgen maría sandwich de queso

Además, un artículo publicado por el laboratorio del doctor Jiangang Liu muestra cómo la función de la cara fusiforme derecha del cerebro está especializada en ver rostros verdaderos, y es también la que se activa cuando el cerebro cree distinguir una cara en el interior de lo que percibe como ruido. Como los que 'ven' figuras demoníacas en la estática del televisor. Un sinnúmero de fotografías se han publicado; una mujer incluso vendió por 28 mil dólares en eBay su sándiwich de queso con la imagen de la Virgen María. Esto lo explican Norimichi Kitagawa y sus colegas del Laboratorio de Ciencias de Comunicación NNT, quienes encontraron que los neuróticos tienden a ver caras en las cosas.

Photo: Flickr

Photo: Flickr

Según apunta Moheb Costandi en BrainDecoder, después de todo, el estudio del Dr. Liu se centra en las personas y en cómo su nivel de estrés y estado de ánimo hacen que vean a Jesús en un pan tostado (cuando no es que se utiliza la tostadora que imprime el rostro de Jesús en el pan).

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¿Realmente necesitamos un cerebro?

Por: pijamasurf - 08/10/2015

Un hombre que nació “virtualmente sin cerebro” se graduó de la Universidad con mención honorífica en Matemáticas. ¿Qué dice esto del cerebro?

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Como suelen suceder estos extraños hallazgos, todo fue por accidente. Un alumno de la Universidad de Sheffield acudió al doctor del campus con un malestar cualquiera, y el doctor notó que su cabeza era un poco más grande de lo común. Lo refirió con el profesor Lobber para que le realizara estudios más extensos.

El estudiante en cuestión era académicamente brillante, tenía un IQ reportado de 126 y estaba en vías de graduarse en Matemáticas. Cuando Lobber lo sometió a un scan cerebral, descubrió que su cerebro era virtualmente inexistente. Es decir, tenía un caso crónico de hidrocefalia ––la condición en que el fluido cerebroespinal, en lugar de circular por el cerebro y llegar a la sangre, se atasca allí–– que había casi borrado la materia cerebral.

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En lugar de dos hemisferios llenando la cavidad craneal, que es de unos 4.5cm de profundidad, el estudiante tenía menos de 1mm de tejido cerebral cubriendo la cima de su columna vertebral.

De alguna manera, el estudiante había vivido una vida completamente normal y destacado en matemáticas. De estos casos ha habido varios, pero nadie sabe cómo es que alguien sin un cerebro detectable puede lograr funcionar en los niveles más básicos, sin mencionar que pueda graduarse con honores de matemáticas, aunque hay un par de teorías.  

La primera es que en el cerebro hay un alto nivel de redundancia en las funciones, y lo poco que queda de este puede aprender a representar a los hemisferios faltantes.

La segunda, bastante similar, es que sólo usamos 10% del cerebro. Sin embargo, estudios recientes han refutado categóricamente esta teoría, que nació en la década de 1930. Las funciones del cerebro han sido mapeadas comprensivamente, y aunque sí se ha encontrado alguna redundancia, también se ha hallado un alto grado de especialización (por ejemplo, el área motriz y el córtex visual son altamente específicos). Las áreas que antes se pensaban “silenciosas” del cerebro, hoy se ha descubierto que tienen funciones importantes como el habla y el pensamiento abstracto.

Lo verdaderamente fascinante de este hallazgo de Lobber es que nos recuerda el misterio de la memoria, como apunta Mitch Doolittle en un interesante artículo. La memoria es aquello gracias a lo cual podemos clasificar y analizar experiencias, y que nos permite vivir nuestra vida. Pero si este estudiante “sin cerebro” pudo graduarse en matemáticas y vivir una vida normal, entonces tiene memoria.

Alguna vez se pensó que la memoria tenía una forma física, como la memoria de una computadora, pero investigaciones exhaustivas han demostrado que no está localizada en ningún área o sustrato. “La memoria está simultáneamente en todas partes del cerebro y en ninguna", dice la neurociencia de hoy. Si un hombre puede llevar todo esto a cabo sin cerebro, ¿dónde, entonces, está la inteligencia humana?

Quizás el biólogo Rupert Sheldrake tenía razón cuando dijo que el cerebro no es un archivero de memorias, sino que es como un radio que sintoniza hacia el pasado. La memoria es un viaje que la mente hace hacia el pasado vía el proceso de resonancia mórfica. Todas las teorías, a fin de cuentas, son igual de fantásticas.