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Con motivo de la legalización en todo Estados Unidos de las uniones civiles entre personas del mismo género, Facebook permitió a sus usuarios apoyar la causa con una sencilla herramienta; ¿fue este otro experimento de la red social para examinar nuestro comportamiento en línea?

ZuckerbergPrideEn nuestra época, las redes sociales tienen ya una importancia que quizá sus creadores nunca hubieran esperado. Esto se explica, en parte, por la cantidad masiva de usuarios que todos los días y a todas horas interactúan en dichos espacios, consumiendo y generando contenido, vertiendo sus opiniones, dando like y retweet y, en suma, siguiendo las rutas de comportamiento que las propias redes permiten.

Sin embargo, como sucede con toda comunidad humana, existe también otra zona de conducta en donde puede surgir lo imprevisible o lo que no es sencillo de controlar. A pesar de todo, los seres humanos aún conservamos la capacidad de improvisar, de actuar a contracorriente de lo establecido, de realizar un movimiento inesperado. Eso, en cierta forma, es el fundamento de la creatividad, tan celebrada en nuestros días.

Solo que el mundo no es tan puro como a veces creemos, y aunque es cierto que ser creativo es posible, en el caso de las redes sociales las estructuras también están ahí para manejar dicha fuerza, para manipularla: basta un ajuste en las variables, la introducción de un pequeño cambio, para que el sistema también funcione de otra manera. La pregunta, ahí, es si dicho ajuste es circunstancial o planeado, si orgánico (generado por el propio sistema) o resultado de la intervención de un agente específico.

La idea, por supuesto, tiene un toque paranoico, pero hay por lo menos dos momentos recientes, de conocimiento público, en los que Facebook experimentó con sus usuarios para observar cómo cambiaba su conducta al interior de la red social con respecto a dos circunstancias: las emociones y la política. En general, en ambos casos se trató de ejercicios de observación y aprendizaje, con los que la empresa entendió mejor a sus usuarios o al menos obtuvo un conocimiento más preciso sobre dos escenarios específicos. Hasta ahora, como se sabe, Facebook emplea dicho conocimiento únicamente con fines comerciales, pero sin duda podría ser un motivo de preocupación el poder que la empresa está acumulando cada día y con cada nueva prueba que fácilmente puede poner en marcha.

Este fin de semana, con motivo de la legalización de las uniones civiles entre personas del mismo sexo en Estados Unidos, Facebook implementó la herramienta “Let's Celebrate Pride”, la cual sobrepone los colores del arcoíris a la imagen de perfil vigente del usuario. Como sabemos, dicha gama está asociada con los movimientos LGBTTTI desde hace ya varias décadas, por lo que realizar el pequeño cambio permitido por Facebook era, de alguna manera, apoyar no solo la decisión de la Suprema Corte de Estados Unidos sino, en general, la reivindicación de los derechos de dicha comunidad.

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De acuerdo con William Nevius, vocero de la compañía, bastaron un par de horas para que 1 millón de personas cambiaran su imagen de perfil con la herramienta, una tendencia que se mantuvo creciente conforme el fin de semana transcurría y el uso de dicha función se divulgaba. La viralización es un comportamiento natural de las redes sociales y, como vemos por este suceso, no solo de contenido, sino también de conductas.

Por los antecedentes mencionados, es lícito sospechar de Facebook. Quizá, en efecto, su empresa comulga con el progresismo de las instituciones públicas de Estados Unidos. Pero la otra posibilidad no puede descartarse, que esta haya sido otra oportunidad aprovechada por la empresa para observar a sus usuarios y obtener conocimiento de ello.

Este fin de semana, en The Atlantic, J. Nathan Matias escribió al respecto de esta que podría considerarse una especulación o una anticipación. Entre otros argumentos, Matias escribe sobre todo desde la noción del “slacktivism”, esa forma peculiar del activismo político que en español podría traducirse como “activismo de sofá”. En buena medida por causa de Internet, en esta época ciertas formas de la acción política se limitan al mundo virtual, y no son pocas las personas que se conforman o se sienten satisfechas con dar share a la nota sobre un suceso lamentable o firmar una petición en línea. Esto, por supuesto, genera cierto impacto social, pero en términos generales menor en comparación con el intercambio cara a cara, la organización presencial o la protesta en los espacios públicos. La Primavera Árabe, por ejemplo, no se explica sin el uso que parte de la población dio a las redes sociales, pero de cualquier modo el movimiento definitivo se dio en las movilizaciones, las acampadas y las protestas públicas.

¿Es posible pasar del activismo en línea al activismo en las calles? ¿En qué condiciones? ¿Qué impide dicho tránsito? Si ocurre, ¿hay elementos que pueden predecirlo y quizá incluso incentivarlo o propiciarlo?

En el artículo citado, Matias propone que ese podría ser uno de los motivos de Facebook para lanzar su campaña “Let's Celebrate Pride”. Al recurrir a una investigación de Doug McAdam, sociólogo de Stanford, sobre una serie de protestas en Mississippi a favor de los derechos civiles de la población afroamericana, Matias examina el hecho de que un movimiento social se fortalece casi espontáneamente conforme se tejen más redes de amistad entre los participantes; dicho de otro modo: una persona puede decidirse por participar en una protesta si ve que muchos de sus amigos están involucrados o se suman paulatinamente. 

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La hipótesis es interesante y también un tanto perturbadora. En su cariz interesante se manifiesta un enigma de la participación social común en situaciones como esta: ¿una persona se convence de cierta idea porque su círculo ya la comparte o, por otro lado, esa persona ya estaba potencialmente inclinada por la misma?

Del lado perturbador, no resulta tan difícil imaginar un escenario un tanto distópico en el que con un ligero cambio en su algoritmo, Facebook es capaz de suscitar un movimiento social de envergadura, acaso con un fin específico como derrocar un gobierno o impulsar determinada legislación.

Alguna vez, justo en tiempos de la Primavera Árabe, surgió la paráfrasis de un motto ya conocido que aseguraba que la revolución no sería tweeteada. Esto quizá sea impreciso. Quizá no la revolución, pero sí alguna protesta de nuestro futuro inmediato nacerá en las redes sociales, con la salvedad de que su verdadero origen se encontrará posiblemente en una oficina común y corriente en California.

 

Twitter del autor: @juanpablocahz

¿De qué naturaleza será una interpretación completa del significado de los mitos, las parábolas y los cuentos de hadas para extraer su verdadera enseñanza?, ¿cómo combinar el razonamiento teórico con la comprensión emocional para asimilar la naturaleza sabia de los mitos e historias milenarias?

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¿Qué significa entonces interior o superior?

Significa algo muy interesante en cuanto se empieza a verlo.

Significa una incesante lucha consigo mismo para lograr

lo que es real y así descartar el lado fingido e inventado.

Maurice Nicoll, Comentarios psicológicos sobre las enseñanzas de Gurdjieff y Ouspensky, tomo II

 

Los cuentos de hadas brindan contribuciones psicológicas muy  positivas para el crecimiento interno del niño.

Bruno Bettelheim, Psicoanálisis de los cuentos de hadas

 

1. El psicoanálisis de los cuentos de hadas

Existe un significado superficial de los cuentos, las parábolas y los mitos. Es el sentido que retoman y explotan los medios de comunicación, los políticos y demagogos para controlar a las masas, los líderes religiosos y las sectas para mantener hipnotizados a sus feligreses, ovejas o seguidores. Entonces comprendemos la cercanía semántica de las palabras “adepto” y “adicto”. El adepto y el adicto son por completo dependientes de algo externo a ellos, no tienen ningún control sobre aquello que les fascina e hipnotiza, se encuentran lo más lejanos del poder interior y el autodominio. El adicto depende de sus enervantes y no logra pensar ni funcionar sin ellos. Más bien es pensado por sus fármacos. El adepto es dependiente de los significados que le brindan los líderes a quienes sigue: sacerdotes, políticos, comunicadores, artistas, deportistas. También es pensado por completo por fuerzas desconocidas,  ajenas a él.

El mito puede ser utilizado para dos finalidades posibles: o para despertar y acercar a la luz a los pocos iniciados que se atrevan a penetrar en el sentido profundo de su enseñanza, tal como hacían los antiguos magos y narradores de historias: los Evangelistas, cabalistas y recitadores de la Odisea y la Ilíada; los druidas, poseedores de antiguas leyendas y cuentos de hadas con los cuales curaban y enseñaban. O, por el contrario, para mantener en un estado de permanente hipnotismo, temor y agonía psicológica a las masas.

El significado superficial es en el que vivimos inmersos y nadamos como peces la mayoría de los humanos, habitantes comunes y corrientes de la Tierra. En escuelas psicológicas perennes diversas (el hinduismo, budismo, taoísmo, Cuarto Camino, etc.), a este tipo de significados se les llamaba influencias A. Son las más lejanas de un núcleo de verdadera sabiduría y comprensión profunda de la vida.

Es en este nivel de significados que realmente se cree que Moisés partió en dos el Mar Rojo con la fuerza de su báculo, que Jesús caminó sobre las aguas con sus plantas desnudas o que efectivamente las habichuelas mágicas crecieron hasta alcanzar el tamaño del cielo. Sin saber que estas historias no nos describen hechos concretos, sino procesos psicológicos y mágicos interiores, accesibles con cierto esfuerzo y preparación para el hombre. Que es posible elevarse hasta el cielo de cierta manera, y hacer germinar las semillas del espíritu  que casi todos poseemos, hasta alcanzar grandes alturas humanas. Que caminar sobre las aguas y obrar sobre los mares es actuar sobre funciones muy reales, dormidas hasta ahora en nosotros mismos.

El significado superficial o influencia A es aprovechado por los líderes e hipnotistas de masas para erigirse como mesías, profetas, héroes, canales de transmisión de la verdad absoluta, príncipes salvadores, etc. Vendiendo su droga idiosincrásica como fe, democracia, salvación, educación, información, etcétera.

Luego están los significados a los que llamamos de transición psicológica. Corresponden a sentidos intermedios, que elaboran los sociólogos, filósofos, psicoanalistas, teólogos, mercadólogos, semiólogos y especialistas en interpretarlo, clasificarlo y teorizarlo todo. Estos significados ya tienen algo de profundidad, pues conllevan un cierto grado de reflexión, aunque esta se quede exclusivamente en un nivel teórico, y al final se mantengan en la parte externa de los mitos y parábolas, del mismo modo que los primeros. A estos se les llama influencias B. Poseen algo de conexión con cierta sabiduría, aunque muy lejana todavía de ella.

El psicoanálisis se queda en este nivel exterior cuando teoriza acerca de los mitos, las religiones y la literatura. Por ejemplo Bruno Bettelheim, destacado psicoanalista austríaco, a quien respetamos sobremanera por rescatar la importancia de los cuentos de hadas en el desarrollo emocional del niño, señala que la historia de la Cenicienta nos habla del conflicto edípico de la hija con su madre. La hija, tarde o temprano en su desarrollo, deberá confrontarse y rebelarse al yugo amoroso de su mamá.

No podemos negar esto, pero aún hay mucho más allá.

Dicha interpretación, muy freudiana, continúa siendo una revelación del significado que se queda en el nivel teórico y exterior del mismo.

Entonces surge el cuestionamiento: ¿de qué naturaleza será una interpretación completa del significado de los mitos, las parábolas y los cuentos de hadas para extraer su verdadera enseñanza?, ¿cómo combinar el razonamiento teórico con la comprensión emocional para asimilar la naturaleza sabia de los mitos e historias milenarias?

Del mismo modo que los hombres más antiguos utilizaron las parábolas, leyendas, cuentos de hadas e historias orales para transmitir enseñanzas profundas, curar e incluso iniciar espiritualmente a sus jóvenes y neófitos alumnos.

¿O es que estamos condenados a vivir con un sentimiento de esterilidad y depresión interiores, debido a que han muerto los mitos, los cuentos de hadas y los dioses en nuestro imaginario?

Es bien sabido ya que cuando muere en alguien la capacidad de soñar, creer y mitificar, este muere también espiritualmente.

Es cuando nos acercamos a lo que se conoce en las psicologías antiguas como influencias C. Conservar la inocencia del niño para dejarnos seducir y enamorar por el mito, combinado con la astucia del hombre adulto o “ladino, para darle su lugar real a las cosas.

 

2.  La evolución espiritual de la Cenicienta

La historia de la Cenicienta nos describe la historia del desarrollo del espíritu cuando anhela evolucionar y despertar. En antiguas tradiciones, a este despertar se le llamaba el “segundo nacimiento” o la “segunda educación”. Había un primer nacimiento y una primera educación que ayudaban a formar la personalidad humana, plena de habilidades, conocimientos teóricos, experiencias personales de carácter emocional, etc. En el ámbito de la personalidad quedan ubicadas las influencias A y B, de las que hablamos hace un momento, las cuales son fundamentalmente exteriores e incluso superficiales con respecto al sentido profundo de los mitos, cuentos y parábolas.

Pero la búsqueda del camino espiritual tarde o temprano puede llevar al hombre que ya ha desarrollado su personalidad a entrar en contacto, aunque sea en un inicio débilmente, con las influencias C, influencias profundas o de la humanidad despierta.

En la historia de la Cenicienta, la madrastra no es una representación de la madre humana, como cree Bettelheim, sino de la falsa personalidad que rige sobre el alma o la esencia, dominándola, castrándola y manteniéndola encerrada. Tal como ocurre en una abrumadora mayoría de hombres y mujeres “adultos”. En un momento dado, si la Cenicienta, la esencia o el alma, no logra despertar y librarse de ella, puede morir literalmente.

Las hermanastras, Anastasia y Griselda, representan los falsos Yo o Yoes de la personalidad, que luchan por ocupar el lugar de la esencia.

En una violenta escena de la historia, donde ellas desgarran el primer vestido de Cenicienta hasta dejarlo vuelto harapos, se representa de manera muy vívida y trágica el drama con el que nos tratamos a nosotros mismos, envueltos en vanidad, resentimiento y odio hacia lo que nos rodea, y hacia nosotros mismos, haciendo caso a los falsos Yoes. No nos damos cuenta de que la principal víctima de nuestras necedades y bajos sentimientos es nuestra propia alma. Si pudiéramos sentir cómo habita aún el vestigio de la pobre Cenicienta en nuestro interior, cómo se estremece, palpitante y dolorida bajo la tiranía de nuestra falsa identidad y nuestras vanidades, no podríamos evitar correr a  abrazarla de inmediato y darle el lugar que le corresponde. Pero estamos muy lejos de ello, porque para encontrar a nuestra esencia o Cenicienta, requeriríamos hacer un largo trabajo de conocimiento interior y de discernimiento para separarla de los falsos Yoes, que como Griselda y Anastasia, quieren hacerse pasar por ella y arrebatarle su sitio a toda costa.

Cenicienta significa, como señala Bettelheim, “surgida de las cenizas”. Así, el trabajo de “cernir”, desempolvar o separar a los falsos Yoes y liberar a Cenicienta es arduo, duro y conlleva muchos años de extravíos y sufrimientos.

En sus primeros intentos de despertar, el alma humana cuenta, como contó Cenicienta, con poco tiempo: hasta las 12 de la noche. Cada día debe ser vivido como la última oportunidad para conseguir el despertar. Los primeros vislumbres de la luz son erráticos, dubitativos, apenas presentidos, su efecto por consiguiente es breve y cualquier logro puede perderse rápidamente, del mismo modo que desapareció el efímero vestido y el carruaje de Cenicienta. En algún momento, el esfuerzo y el trabajo esotérico paciente y férreo, preparará el terreno para que el Príncipe, el verdadero Yo, descienda de las alturas y encuentre una parcela fértil y lista: la esencia pulida, fortalecida y liberada, para casarse con ella y permanecer a su lado para siempre. Los vislumbres de la inmortalidad.

Tal sería el matrimonio alquímico, como lo describieron los alquimistas de diversas épocas, o el proceso espiritual con el que Jesús de Nazaret transmutó el agua en vino, durante las bodas de Caná, frente a los ojos de su madre escéptica, hasta cierto punto, la cual representaría, del mismo modo que en la historia de Cenicienta, la falsa y antigua personalidad, de quien es menester independizarse.

Pero la preparación del terreno puede ser larga, engañosa, incierta y sufriente.

En un momento dado, así como a las mascotas de Cenicienta se les dio la oportunidad de evolucionar, siendo transformadas de ratones, perros y caballos en cocheros, lacayos y sirvientes, todo lo que rodea la esencia debe evolucionar junto con ella, en una escala correspondiente con su nivel. Es sabido en ciertas tradiciones, como la teosofía y el hinduismo milenario, que los animales también poseen un alma colectiva, un karma que deben ir cubriendo y saneando como puedan. Los humanos, quienes los cuidamos y convivimos con ellos diariamente, contribuimos a su lenta evolución. Al crecer y evolucionar nosotros, los podemos arrastrar a ellos hacia la luz de manera obligada y paulatina.

Así, cuando Jesucristo transitó por la dura prueba iniciática de la crucifixión, brindó una oportunidad única a sus discípulos, comenzando por Judas, para seguirle los pasos y aspirar algún día a estar lo más cerca posible de su lugar.

Del mismo modo, toda evolución espiritual de un individuo conllevará el crecimiento interior de sus ancestros, así como hermanos, amigos, padres e hijos. Incluso mascotas. Al igual que Cenicienta, que al tener el valor de seguir los consejos de su hada madrina, brindó la posibilidad de perfeccionarse y evolucionar a todos aquellos diminutos y modestos seres que la rodeaban y se amistaban con ella.

 

Twitter del autor: @adandeabajo