*

X
Hemos perdido oscuridad y la relación, antes sagrada, con la luz del cosmos nocturno; esto afecta nuestra percepción y nuestra capacidad de ver el mundo desde una perspectiva de sosiego filosófico y conexión con la dinámica de los astros

 

astral1

 

Esta imagen invita a reflexionar sobre los efectos del llamado "progreso humano", el cual ha sido descrito como una especie de iluminación, siempre en términos positivos, a partir del progreso tecnológico. 

Quizás el legado más importante del analista de medios Marshall McLuhan es haber puesto el dedo en el renglón mostrándonos que toda tecnología nueva es una extensión de los sentidos y las capacidades cognitivas del hombre que favorece unos aspectos a la vez que embota o suprime otros. Decía McLuhan que los medios lo mismo amplifican que amputan nuestros sentidos, pero que en el fervor inicial que acompaña una innovación tecnológica no somos generalmente capaces de ver los efectos contraproducentes, somos víctimas del sensacionalismo y el estupor de lo nuevo y flamante (nos ocurre a veces como aquellos insectos hipnotizados por una vela o un foco que persiguen la luz aparente y perecen en el encandilamiento).

Esto para llamar la atención sobre el efecto colateral, para algunos menor, de la urbanización masiva y la asimilación sin cuestionamiento alguno de la luz eléctrica como un bien universal. Hemos ganado tiempo para incrementar nuestra productividad, para comunicarnos a todas horas y entretenernos con las imágenes en nuestras pantallas, pero en gran medida a costa de perder el cosmos, y la conexión con la bóveda celeste. A la par, nos hemos llenado de luz eléctrica y hemos perdido no sólo la luz tenue de las estrellas y los planetas, también hemos perdido la oscuridad que es un refugio de la mente y del cuerpo. Lo primero es una pérdida estética e incluso espiritual, en la medida en la que ver las estrellas ejerce una atracción primigenia, que nos hace reencantarnos con la naturaleza y proyectar nuestros sueños en un altivo espejo. Para reencontrarnos también: "Tal vez existe un patrón en la bóveda celeste para quien desea verlo y, una vez visto, para encontrarse a sí mismo", escribió Platón. Lo segundo es una pérdida quizás más cuantitativa en el sentido de que nos afecta de manera tangible y medible, a nivel hormonal, inhibiendo la producción natural de melatonina y otras hormonas y neurotransmisores que funcionan conforme a ciclos ancestrales de luz y oscuridad. Esto último ha generado una nueva ciencia (que es en realidad muy vieja): la cronobiología. Sabemos hoy que el ser humano participa y se ve afectado por decenas de ciclos astronómicos, por lo que existen importantes beneficios en cuestiones de ahorro de energía corporal si logra alinear sus hábitos con estos ciclos.

Es probable que seamos víctimas de una mentalidad dualista que de manera simplista ha elevado a la luz como un bien absoluto en detrimento de la oscuridad, sin reparar en que la luz necesita de la oscuridad, y que no es posible entender y beneficiarse de la luz sin comprender y aceptar también la oscuridad. La luz y la oscuridad, más que opuestos en conflicto, son complementos, quizás mejor entendidos como estaciones y etapas de un mismo proceso cósmico: calor y frío, día y noche, revelación y misterio.   

No resulta exagerado el llamado que realizó hace un par de años un grupo de astrónomos brasileños reclamando a las autoridades el derecho inalienable a la luz de las estrellas. Como una especie de ley de transparencia, tenemos derecho a recibir directamente la información de la luz cósmica.

La contaminación lumínica es también una contaminación mental, un reduccionismo de la amplitud de la psique que necesita oscuridad, paradójicamente, para ver aquello más sutil y esencial. Poéticamente podemos referirnos a la idea platónica del daimon o espíritu tutelar de cada alma, el cual es asignado, según Platón, en relación con una estrella. De aquí la idea de que al mirar al cielo, el hombre siente una nostalgia enigmática, como la de Ulises en sus viajes por el océano, recordando su morada en Ítaca. 

Foto: Plant and Mineral

Twitter del autor: @alepholo

 

Por medio de un análisis exhaustivo de los 22 arcanos del tarot se intentará darle un sentido al ejercicio cinematográfico como regulador de la percepción de la vida

el-emperador

Gobierna mejor quien gobierna menos.

                                                                                                                             Lao-Tse

El Padrino de Orson Welles

El italoamericano Mario Puzo escribió su famosa novela sobre la mafia italiana operando en los Estados Unidos de América, en 1969. Este libro encontró su versión fílmica por medio del estudio Paramount Pictures, que contrató al entonces bastante joven Francis Ford Coppola, para adaptar a guión y dirigir El Padrino (1972) con un presupuesto de 6 millones de dólares, donde Marlon Brando es montado (como dirían los santeros) por el arcano del emperador, dándole vida a Don Vito Corleone, el patriarca de la familia, perpetuándose como icono de jefe de mafiosos por años venideros, desde Buenos muchachos (Martin Scorsese, 1990) a Los Soprano (David Chase, 1999-2007). 

Vito_andolini

Cuenta la leyenda que los ejecutivos pensaban que un director italoamericano les daría el éxito y es el caso de que Coppola ocupara la silla de director de esta cinta, después del éxito alcanzado con su guión de Patton (Franklin J. Schaffner, 1970). Y así es como el joven Coppola le abre la puerta de la meca del cine a toda su generación. Pero es la manera como registra con la luz y la exposición del fotógrafo, Gordon Willis, construyendo al personaje de Vito/Don Corleone, lo que le brinda las cualidades místicas al personaje. Rompe la obscuridad de la oficina del líder de la organización, con luz fragmentada apoyándose en las persianas del elegante cuarto, provocando que únicamente se le pueda ver entre sombras; al mismo tiempo que escuchamos su voz quebrada y cachetes grandes llenos de algodón, la sólida figura se abre espacio entre la penumbra hacia nuestra mente.

la-guerra-de-los-mundos

orson

Dentro de las secuencias cinematográficas, la figura patriarcal ocupa este puesto, pensemos en ese Orson Welles gordo, imponentemente castrador de la cinta de Claude Chabrol La década prodigiosa (1971), donde todos tienen que aguantar la furia sorpresiva de Van Horn (Welles) porque es el miedo al emperador lo que mueve la trama, dueño de todo se erigen en su trono siempre lejano. Orson Welles mismo se convirtió en este arcano, se asumió desde un principio.

orson-welles-f-for-fake

Como si fuera una propia invención de Shakespeare (tiene versiones de Macbeth y Otelo interpretándose) o más bien permitiendo que el arcano tomara completa posesión de su vida. Ahora pensemos en Malpertuis (Harry Kümel, 1971) donde Welles le da vida a Cassavius, que es dueño de un laberinto del cual es imposible escapar, un poderoso emperador en todo el sentido del tarot, en sus connotaciones negativas. Hollywood se ha encargado de perpetuar al emperador de una forma negativa, como figura a vencer. Desde el inicio de su carrera cinematográfica el joven Welles se tenía que disfrazar de viejo multimillonario emperador, envidiando en realidad la fortuna y la manera de vivir del magnate W. R. Hearst, para regalarnos una de las mejores películas jamás filmadas, Ciudadano Kane (1941) donde una vez más, la manera como fotografía Gregg Toland concluye el hechizo. 

malpertuis

Un emperador oscuro que a varios nos intrigó en la infancia fue la misteriosa persona debajo de la túnica negra en la cinta de ciencia ficción suave, más bien cinta de aventuras espaciales: El Imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980), Sheev Palpatine, cuyo comportamiento es explicado en las precuelas, desproveyendo de ese primer misterio visual, ahora tan de moda en sus motivos por dominar el lado oscuro de la fuerza. En una primera instancia montado en su poder arquetípico sólido de oscuridad, rebasaba cualquier explicación resonando en nuestro inconsciente colectivo, siendo el sumo sacerdote que se hace del poder por medios ilegítimos. Una figura de emperador oscuro, quien podría ser representado mejor que nunca en la ambiciosa Calígula (Tinto Brass, 1979) por Malcom McDowell (quién mejor que Alex de Naranja mecánica), el más cruel Cesar romano, una casi ciencia ficción dura vestida de sedosa película histórica, donde la pornografía sadomasoquista y la tortura podía funcionar en el cine para todo público. 

68783

[caption id="attachment_95235" align="aligncenter" width="537"]La carta del emperador significa el poder mundano, la riqueza en sí, el espíritu indomable, es un arquetipo directamente ligado a la autoridad La carta del emperador significa el poder mundano, la riqueza en sí, el espíritu indomable, es un arquetipo directamente ligado a la autoridad[/caption]

 

El faraón

Muy lejos de la visión kitsch cursi de los faraones egipcios por parte de los grandes estudios desde los inicios del cine, por ejemplo en Los 10 mandamientos (Cecil B. DeMille, 1956) el cineasta experimental con mucha tendencia a lo esotérico (fanático de la magick, ferviente admirador de Aleister Crowley), en 1972 nos regala la obra maestra a color con 29 minutos de duración: Lucifer Rising. La cinta fue rodada por Anger, quien ya era adepto de la secta OTO (Ordo Templi Orientis), en Egipto, diciendo que estaba filmando un documental, para en realidad realizar lo que sería un hechizo donde los dioses egipcios reciben a Lucifer. La majestuosidad de los encuadres, el color, la música y la vibra proveniente de la seriedad con la que los actores toman sus roles, brinda fuerza a la posibilidad de que todo mundo estuviera hipnotizado por Anger, como lo dijera en su momento Marianne Faithfull, quien era adicta a la heroína en ese entonces, al igual que Jimmy Page quien también es parte del elenco y por su propia adicción, según Anger, tampoco pudo ofrecer mucho a la banda sonora. Veremos marchando al mago, a la sacerdotisa, a la emperatriz, y muy probablemente a uno de los más enigmáticos emperadores del cine:

 

El rey Lear

Esta obra escrita por William Shakespeare en 1605 habla de un orden cósmico roto cuando los hijos le son irrespetuosos al padre, el emperador no es respetado como tal. Lear, un emperador que busca ese respeto extraviado, ha sido filmado por Kurosawa en un contexto feudal japonés, en Ran (1985) y por Godard en su particular universo, El rey Lear (1987) incluyendo a Woody Allen y Norman Mailer en su elenco. En la versión de Kurosawa era mucho más un interés por la puesta en escena grandilocuente, las estructuras de los palacios, para abordar un cuestionamiento humanista de nuestros tiempos, el perdido respeto a los mayores. 

ran6

En la versión de Godard, el laberinto de la autoridad perdida, reclamándose en el sujeto para sus adentros, por sus abusos, por dejarse abusar, Woody Allen enredado en la película cinematográfica, sirve como una metáfora de lo mucho que se filma para llegar a nada, una autoridad fallida como la de Lear o el emperador al revés, el cineasta sin un propósito moral. 

kinglear3

Para el rey Lear, como lo dice Woody Allen, el oír es el ver, mientras Cordelia (Molly Ringwald, sí, la de los clásicos ochenteros tipo La chica de rosa y 16 velas), la buena hija, nos dice: “mirar sin oídos”, dando la clave a los misterios del padre.  

O Woody Allen, que pasa entre sus dedos el pasado, el presente y el futuro, los tres tiempos para llegar a un cuarto que es el emperador, la cuarta carta:

 

El emperador

Como dijera Aleister Crowley:

Esta carta está atribuida a la letra Tzaddi, y se refiere al signo Aries del zodiaco. Este signo está regido por Marte, y en él está exaltado el Sol. Así que el signo es una combinación de energía en su forma más material con la idea de autoridad. El signo TZ o TS insinúa todo esto en la forma lingüística original, onomatopéyica. Deriva de raíces sánscritas que significan cabeza y edad, hoy lo encontramos en palabras como César, Zar, Sirdar, Senado, Sénior, Signor, Señor y Seigneur.

Ello me lleva directamente a pensar en la opus magnus de la mancuerna Kevin Reynolds y Kevin Costner: Rapa Nui (1994), por esto del poder en la cabeza del hombre con las estatuas  gigantes de cabezas (moai) de la isla de Pascua; la película presenta una ceremonia mediante un juego ancestral donde los jugadores deben batallar en una contienda/carrera, construcción de un moai para ganar el dominio de la isla por el lapso de 1 año. Una película de aventuras que nos plantea el camino legítimo para llegar a ser emperador, por medio de una serie de pruebas. Como Sally Nichols nos dice, el emperador proporciona “permanencia, estabilidad y perspectiva” lejos de caer en egoísmos, y también lejos de los terrenos de la emperatriz, que son atribuibles a un terreno maternal, es el crecimiento que podría estar ejemplificado con una película como Cuenta conmigo (Rob Reiner, 1986), de emperatriz a emperador. Gordie, por medio de sus amigos, sobre todo Chris, debe superar su etapa infantil para tomar literalmente la pistola y controlar la situación, pero trascenderla para finalmente convertirse en emperador por medio del dominio de la escritura (la imaginación materializada). Gordie es Stephen King, el escritor del cuento adaptado en película Hollywoodense, que logró trascenderse por medio de la escritura. Crowley, otra vez a este respecto, nos dice:

Respecto a la cualidad de este poder, debe señalarse que representa una actividad repentina y violenta, aunque no permanente. Si perdura demasiado tiempo, quema y destruye. Distíngase de la energía creativa de Aleph y Beth; esta carta está por debajo del Abismo.

Acerca de la pistola que debe usar Gordie por un instante y después trasmutar a algo más. Así que podríamos entenderlo como mago hijo de la sacerdotisa, de la emperatriz después pasa a ser emperador sólo y únicamente cuando domina su egoísmo; Napoleón nunca dejó de ser un general, así que la gran película biográfica de Abel Gance es irrelevante para este arcano. El emperador marca el final de un ciclo (para esto es especialmente útil la carta de la muerte), pero sobre todo el inicio de un ciclo nuevo.   

 10991.0.570.359

 

Dominar el lado salvaje

Charles Morse (Anthony Hopkins) ejemplifica a ese emperador sin reino buscando de regreso su trono, sin ninguna huella de la dramaturgia teatral, el relato de acción completamente cinematográfico de Al filo del peligro (Lee Tamahori, 1997), donde no es una pérdida sino una ganancia. Después de derribado su avión en medio de la salvaje naturaleza, por su fuerza mental, de alma y de corazón, dominando así el mundo físico más peligroso, Charles el empresario guía al grupo de regreso a la civilización, convirtiéndose finalmente en un emperador legítimo; más allá de ser un magnífico CEO del mundo industrial, más continuando siéndolo en otra dimensión. Como dijera Eliphas Lévi, el gran mago:

El saber y osar, sin servidumbre, consiste la omnipotencia humana; pero el revelarla a un profano es perderla; revelarla, igualmente, a un discípulo es abdicar en favor de ese discípulo, quien, a partir de ese instante, tiene derecho de vida y de muerte sobre su mismo iniciador (hablo desde el punto de vista mágico) y le dará muerte seguramente ante el temor de morir a su vez a sus manos.

15BEARS4-master1050 

Fuentes

Bergman, K. Tarot.

Crowley, A. El Libro de Thoth: Breve ensayo sobre el Tarot de los egipcios.

Lévi, E. Dogma y ritual de la Alta Magia.

Nichols, S. Jung y el Tarot.

http://www.theguardian.com/film/2013/jul/22/how-we-made-lucifer-rising

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

También en Pijama Surf: Las 22 puertas del castillo-espejo: IV La Emperatriz (la carta 3)