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Una síntesis de la filosofía no-dual, que integra al hombre y al cosmos, muestra que la conciencia existe en todas las cosas, y que el Ser es todo aquello que Es. La belleza de entender que somos Uno.

El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. 

                                                                                                                                 Jorge Luis Borges

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VI. UN KOSMOS CREATIVO

La evolución no es más que la materia haciéndose consciente.

                                                                                                                                         Julian Huxley

A fines del S.XX, el galardonado físico y matemático inglés Freeman Dyson escribía: “Cuanto más investigo el universo y los detalles de su arquitectura, más pruebas encuentro de que este debe haber sabido de alguna forma que nosotros íbamos a llegar”. Este punto de vista ha sido denominado científicamente con el nombre de “principio antrópico”, y expresa tal vez una de las conclusiones más cercanas del pensamiento científico moderno a una filosofía no-dual de la existencia.

En su versión más fuerte, lo que este principio establece puede resumirse en la siguiente premisa: el ser humano es capaz de interpretar el universo del que forma parte porque la naturaleza y estructura misma del universo está configurada para que ello ocurra. Los defensores del principio antrópico débil suelen referirse a esto como una tautología lógica y dejar de lado la cuestión. Por su parte, los científicos que defienden el principio antrópico en sentido fuerte ponen énfasis en señalar la innumerable cantidad de coincidencias y factores específicos de nuestro cosmos y de nuestro sistema solar que parecen haberse manifestado de forma misteriosamente precisa y ajustada para generar las condiciones que permitieran la emergencia de vida inteligente en el devenir de su desarrollo. Si alguna de las condiciones o constantes físicas básicas hubieran sido mínimamente diferentes, la vida tal como la conocemos no habría sido posible. Por poner un ejemplo básico, si la velocidad de expansión de la energía 1 segundo después del Big Bang hubiera sido sólo una cienmilbillonésima parte más pequeña el universo habría vuelto a colapsarse, mientras que, de haber sido apenas más veloz, protones y electrones nunca habrían alcanzado a conformar átomos.

fig-26Sin embargo, como hemos visto, la imagen de nuestro universo que concibió el materialismo científico fue la de un cosmos inerte, en donde toda la riqueza y diversidad de la existencia, incluida la multiplicidad de dimensiones del ser humano, fueron consideradas el mero resultado de combinaciones azarosas de procesos energéticos sin finalidad, inteligencia, organización deliberada o propósito intrínseco. El azar, en otras palabras, adquirió para esta nueva mentalidad “racional” y “científica” todas las propiedades que anteriormente eran atribuidas a la divinidad. La creencia en el poder creativo ilimitado del azar se expresó imaginativamente en el “teorema del mono infinito”, en el que se postulaba que un mono pulsando teclas al azar sobre una máquina de escribir en un período de tiempo infinito podría llegar a producir las obras de William Shakespeare. Extrapolado al universo, este teorema pretendía resolver por medio de un azar infinito todos los misterios del cosmos.

Pero como tantos críticos del materialismo han señalado, está noción no es más que un postulado metafísico disfrazado de “hecho científico”. La historia del cosmos que conocemos actualmente conforme a la teoría del Big Bang no nos habla de un tiempo infinito, sino más bien de una enorme serie de procesos extremadamente complejos y muy específicos dentro de un tiempo muy extenso en términos humanos pero acotado en términos cósmicos. Los cálculos de probabilidad llevados a cabo por científicos como el astrónomo Fred Hoyle indican que en los 12 mil millones de años del universo el puro azar no tendría tiempo suficiente para alcanzar a producir siquiera una enzima. Como señala Ken Wilber:

Algo distinto del azar está empujando el universo. El azar era la tabla de salvación, el dios de los científicos tradicionales porque servía para explicarlo todo. El azar, y un tiempo infinito, podría llegar incluso a crear el universo. Hoy en día, sin embargo, los científicos saben que no disponen de un tiempo interminable y, en consecuencia, su antiguo dios ha fracasado miserablemente. Ese dios ha muerto, el azar no puede explicar al universo porque, de hecho, es precisamente el azar lo que el universo se está esforzando laboriosamente por superar. (Breve historia de todas las cosas, 2003)

rupert_sheldrakeDe la misma forma, como han expresado muchos críticos de Darwin, la teoría de la evolución de las especies está muy lejos de ser una explicación probada y suficiente para dar cuenta de la evolución y la riqueza de la vida en la tierra. El registro fósil sugiere realmente que los cambios evolutivos a gran escala se producen de formas mucho más repentinas que las que exige un proceso meramente ciego y azaroso:

La principal razón por la que Darwin y los neodarwinistas han insistido con tanta fuerza en los cambios graduales deriva de su intento de desproveer al máximo de misterio el proceso evolutivo y por encima de todo no dejar aberturas para la actividad creadora de Dios. (Rupert Sheldrake, La presencia del pasado, 1988)

Por otra parte, las mutaciones azarosas difícilmente son compatibles con la complejidad estructural de las especies, que refleja más un diseño inteligente y gestáltico que una mera sumatoria de cambios sin finalidad coherente: el par de alas que hace a un ave, por ejemplo, no podría haberse desarrollado gradualmente o por partes y ser funcional a la supervivencia de la especie, sino que parece haber requerido de una “casual coordinación” anatómica perfecta para tomar forma en el reino animal. Ni siquiera el desarrollo y crecimiento de un solo ser vivo y su continuidad y funcionamiento pueden explicarse actualmente recurriendo al azar y al mecanicismo ciego, como tan contundentemente han demostrado figuras como el biólogo Rupert Sheldrake en sus análisis sobre la morfogénesis (el desarrollo de la forma en las especies).

Combinando el ciego azar cósmico con la doctrina darwinista en el ámbito de los procesos orgánicos, el positivismo científico creía haber conquistado el triunfo definitivo sobre el creacionismo religioso y haber desterrado toda superstición y todo misterio del universo para siempre. Y nos hemos acostumbrado tanto a pensar en términos materialistas que difícilmente percibimos hasta dónde hunde sus raíces este paradigma en nuestra concepción de la realidad y cómo podría ser posible un enfoque diferente sin recurrir a explicaciones religiosas inverosímiles. Pero para una conciencia que aprende a cuestionar las “verdades” de la religión tradicional y de esa otra religión, el cientificismo, las opciones que ofrece el materialismo resultan sólo un poco menos dogmáticas e inconcebibles que las del mito.

Es que la idea creacionista del monoteísmo acerca un Dios trascendente que diseña el universo conscientemente como algo ajeno a sí mismo es una noción que, antes de carecer de fundamentación sólida, expresa el profundo dualismo de la mente occidental. Si la evolución del universo debe implicar alguna forma de inteligencia, organización intencional o expresión estética, ¿por qué deberíamos imaginarla como el guión redactado por una divinidad ajena al proceso del mundo? ¿No es mucho más coherente pensar que la inteligencia y la belleza que reconocemos en el cosmos es la expresión misma de la inteligencia del cosmos, en su propio proceso de despliegue y autorrevelación? La inteligencia creativa que da forma al mundo podría entonces ser concebida no como una inteligencia externa (no-inmanente) a la realidad, sino como la inteligencia de la realidad misma. En otras palabras, el universo mismo sería una inteligencia, expresada a través de lo que llamamos evolución:

Si aceptamos cualquier proceso organizador como inteligente, entonces la biosfera es, en efecto, inteligente; pero si nos ahorramos la palabra ‘inteligencia’ sólo para los procesos que se mueven a la misma velocidad que nuestro cerebro, entonces la naturaleza no es más que algo mecánico, y no algo ‘inteligente’. Para un extraterrestre con un sentido de la medición del tiempo diferente al nuestro estos planteamientos ni siquiera se cuestionarían. (Robert Anton Wilson, Prometeo ascendiendo, 1983)

Nuestros conocimientos actuales sugieren, de hecho, que la evolución cósmica y la emergencia de la conciencia no pueden explicarse en modo alguno sin mediar un factor organizador o creativo en este proceso, llámese a ese factor información, entropía negativa, telos (finalidad intrínseca), élan vital, inteligencia o conciencia. Como señaló el matemático inglés Alfred North Whitehead, creador de la Filosofía del Proceso:

el materialismo se contradice con cualquier filosofía evolutiva completa. La sustancia o materia original de la que parte la filosofía materialista es incapaz de evolucionar (…) Pero la principal cuestión de la doctrina moderna es la evolución de los organismos complejos a partir de estados anteriores de organismos menos complejos. La doctrina pide a gritos una concepción de organismo en la que este sea fundamental para la naturaleza. (Science and the Modern World, 1925)

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En las últimas décadas han ido surgiendo, desde múltiples ámbitos y disciplinas científicas, diversos modelos del universo que responden a esta nueva perspectiva, la de una realidad que no funciona como una mera maquinaria ciega, sino como un complejo organismo creativo en proceso de evolución. Erwin Schrödinger, premio Nobel de Física, propuso el concepto de “entropía negativa” para referirse a la tendencia de los sistemas biológicos a ampliar su complejidad o conservar su forma frente las fuerzas desintegradoras del medio ambiente. Ilya Prigogine, premio Nobel de Química, formuló su teoría de las estructuras disipativas, que postula la aparición espontanea de estructuras ordenadas y autoorganizadas en procesos caóticos de la naturaleza. El biólogo Ludwig von Bertalanffy desarrolló la Teoría General de Sistemas, un nuevo modelo organicista capaz de abarcar toda la realidad, alejado del mecanicismo materialista para pensar el mundo en términos de sistemas dinámicos complejos que se desarrollan a su vez dentro de sistemas dentro de sistemas, como una vasta estructura cósmica de órdenes jerárquicos sobre la que la evolución se sostiene:

Desde el punto de vista organicista, la vida no es algo que ha surgido de la materia muerta (…) Toda la naturaleza está viva. Los principios organizativos de los organismos vivos son distintos en grado pero no son diferentes en naturaleza de los principios organizativos de las moléculas o de las sociedades de galaxias. (Sheldarke, ibid, 1988)

Actualmente, el concepto de información (“lo que da forma”) aparece como un factor central en campos aparentemente tan alejados entre sí como la cibernética, la teoría cuántica y la neurología. La Teoría de la Información Integrada[1] del neurocientífico Giulio Tononi postula que todos los sistemas (desde un ser humano hasta un átomo) están constituidos por una cantidad de información integrada. A mayor información integrada, mayor complejidad del sistema y mayor conciencia de este. Para dar forma teórica a esta concepción de la información como factor organizativo de la realidad,  Rupert Sheldrake propuso el fascinante concepto de campos mórficos[2].

El psicólogo y psiquiatra suizo Carl Gustav Jung concluyó que el inconsciente de la humanidad, al que llamó inconsciente colectivo, precede en existencia histórica a la conciencia humana. A diferencia de Freud, que derivaba el inconsciente de la conciencia, Jung consideró a la conciencia humana como un producto del inconsciente; mostró cómo las estructuras que denominamos conscientes se sostienen sobre estructuras y procesos psíquicos puramente inconscientes para nosotros. Asimismo, puso hincapié en el carácter autónomo y creativo del inconsciente colectivo, psiquismo que, en última instancia, hundiría sus raíces en el inconsciente de la naturaleza misma.

Este tipo de modelos teóricos emergidos en las últimas décadas del pensamiento científico de Occidente resultan coherentes con la noción de un universo no-dual, la concepción de la existencia misma como un Ser que se escinde en sí mismo como sujeto y objeto para autoexperimentarse y manifestarse a sí mismo de manera creativa. Para la filosofía perenne, como la llamó Gottfried Leibniz (el núcleo de ideas arquetípicas de todas las tradiciones esotéricas), la manifestación del universo es comparable a un juego cósmico que la Unidad del Ser está jugando en este momento consigo misma.

¿En qué consiste exactamente esta manifestación? Así como en términos exteriores (científicos) la unidad energética inconcebible del universo estalla en la singularidad del Big Bang para reorganizarse a través de una titánica odisea de 13 mil millones de años en quantos, átomos, moléculas, células y organismos neuronales, en términos internos, la dirección (teleología) de la evolución, desde la inconsciencia más profunda hacia estadios siempre superiores de conciencia, resulta paralela a la mutación y el desarrollo de todas las formas en el universo. Como expresa elocuentemente el filosofo tántrico André Van Lysebeth: “De lo cósmico a lo infra-atómico, el psiquismo universal se estratifica en una infinidad de niveles de consciencia o de planos de conciencia, autónomos, distintos y sin embargo interdependientes. El universo es Conciencia y Energía asociadas” (Tantra, 1988). Este proceso evolutivo puede ser considerado como el impulso del Ser que va dando lugar a organismos cada vez más complejos (de la materia a la biosfera, de la biosfera a la especie humana) y a estados de conciencia cada vez más profundos o más amplios, un Ser cuya naturaleza o voluntad parece ser la de autorrevelarse y experimentarse más plenamente a sí mismo. El universo no es “creado”, es la creatividad en sí misma. La manifestación, la creatividad del Ser (Tao), es su plena expresión, su plenitud.

Mas en este punto, afirma el sabio, la propia razón encuentra su límite.

 

VII. EL SER

 

Él es el Uno engendrado por Sí-Mismo, de quien todas las cosas proceden y en ellas él actúa. Ningún mortal lo ve, pero Él lo ve Todo.                                                                                                                                                                                                                                                        Himnos Órficos 

                                                                                                                                          Tat Tvam Asi.

                                                                                                                                            Upanishads

El filosofo griego Parménides fue probablemente el primer pensador de Occidente que expresó filosóficamente una visión no-dual de todo lo que Es. Para Parménides, Ser y existencia son una y la misma cosa. El Ser es todo aquello que Es, y todo lo que Es es el Ser. Jamás hubo ni puede haber algo que no sea el Ser, ya que la existencia de la “no existencia” es un contrasentido en sí mismo. Lo que “es” y lo que “no es” son siempre conceptos relativos a las formas de la manifestación, pero nunca al Ser en sí mismo.

Pero incluso la concepción de una visión no-dual es una contradicción, una paradoja. Es, en definitiva, la última metáfora, el último símbolo posible en el límite mismo del lenguaje, la metáfora que apunta más allá de las metáforas. Porque lo no-dual no es una visión o un mapa, por amplio, profundo o preciso que este sea. Lo no-dual es, simplemente, todo lo que Es. Y la mente humana no puede alcanzar un auténtico conocimiento o comprensión de lo no-dual a través del lenguaje, ya que el lenguaje es sólo una pequeña parte de esa totalidad, y su propia estructura está basada en la dualidad. Del mismo modo, lo que Es no puede ser conocido por completo por ningún conocedor, ya que el conocedor es, de hecho, sólo una parte de la totalidad del Ser y, por definición, un conocedor para poder conocer debe estar separado del objeto de su conocimiento: “La mente es una herramienta inventada por el universo para verse a sí mismo, pero no puede ver su totalidad, por la misma razón por la que tú no puedes ver tu propia espalda (sin espejos)” (Robert Anton Wilson, ibid).

Sin embargo, la filosofía perenne afirma que en la manifestación del Ser dentro de sí mismo, lo relativo y lo absoluto no son realidades contradictorias sino complementarias: ambas conviven continuamente. Desde lo relativo y aparente, todo el universo se manifiesta como el objeto de un sujeto, ambos dependen uno del otro para ser, se definen y complementan entre sí. Pero desde lo absoluto (o lo profundo), sujeto y objeto son Uno, lo que Es y el Ser son lo mismo.

562917_4497175270291_512438693_nMas este conocimiento de lo absoluto no puede ser nunca un conocimiento intelectual, sino una experiencia que sólo puede ser alcanzada cuando la mente intelectual es trascendida en un estadio de conciencia superior, un estadio que en verdad pre-existe de forma inconsciente como el fundamento o sustrato de todos los otros estadios, pero que busca ser realizado de manera consciente:

El Ser es la Vida Una, eterna, siempre presente, que está más allá de las miles de formas de vida que están sujetas al nacimiento y a la muerte. Sin embargo, el Ser no sólo está más allá sino también profundamente en el interior de cada forma como su esencia más invisible e indestructible. Esto significa que es accesible a usted ahora como su propio ser más profundo, como su verdadera naturaleza. Pero no busque asirlo con su mente. No trate de comprenderlo. Sólo puede conocerlo cuando la mente se ha acallado, cuando usted está presente, completa e intensamente en el Ahora... Recuperar la conciencia del Ser y permanecer en ese estado de 'sensación-realización' es la iluminación. (Eckhart Tolle, El poder del ahora, 1997)

O en palabras del filosofo hindú Sri Nisargadatta: “Nuestra actitud común es: ‘yo soy esto’. Separe el ‘yo soy’ de ‘esto’ y trate de sentir lo que significa ser, simplemente sin ser esto o aquello”.

Es precisamente el acceso directo a este estado de no-dualidad consciente lo que buscan todas las prácticas espirituales profundas de meditación en sus múltiples facetas. La realización no-dual del Ser es la experiencia pura del conocedor y lo conocido a cada momento de su existencia, una experiencia que es llamada también Verdad, Iluminación y Liberación:

Revelar que la realidad es lo que no tiene fronteras es, pues, revelar que todos los conflictos son ilusorios. Y a este entendimiento final se le llama nirvana, moksha, liberación, iluminación, satori: liberación de los pares de opuestos, liberación de la visión hechicera de la separación, liberación de las cadenas ilusorias de las propias limitaciones. (Ken Wilber, La conciencia sin fronteras, 1985)

Porque no estamos en el universo.

Somos universo.

La profunda Unidad, sin límites, se expresa en lo múltiple.

Todo se realiza, continuamente. Sin fin, sin dualidad.

Somos la creatividad, creando, siendo creados

Lo que experimentamos como nuestra individualidad

--ese caleidoscopio en movimiento, ese relativo y dinámico punto de vista,

en todas su multifacéticas dimensiones--

y aquello que concebimos como externo, desconocido o ajeno

son parte una de sola Obra.

El Alfa y el Omega eres Tú Mismo.

Tú, aquel otro, que me lees,

¿no es hermoso ser Uno?

 

Puedes leer la primera parte aquí

Y la segunda aquí

 
Representantes de un antiguo y hermoso orden de valores que reaparecen cada cierto tiempo, cuando las comunidades necesitan de ellos más que nunca, para ayudar a la gente a plantearse de nueva cuenta aquellas cosas que son importantes

[caption id="attachment_95564" align="aligncenter" width="730"]El Bosco, detalle de El Bosco, detalle de "Las tentaciones de San Antonio", 1490[/caption]

El amor conquista el mundo y todos sus temores, cuitas y ansiedades. Habla de algo que puede ser despertado en nosotros y que es más fuerte que toda otra cosa en la vida. Habla de algo que invierte los signos en nosotros y lo hace de tal modo que lo que era activo se vuelve pasivo y lo que era pasivo se vuelve activo. Un hombre debe experimentar una inversión  dentro de sí para que su Esencia se vuelva poderosa.

Maurice Nicoll, Comentarios psicológicos sobre las enseñanzas de Gurdjieff y Ouspensky

 

1. Plantas de café en la ribera de Chapala

Lo primero que nos sale al paso en su casa es el olor del desayuno que ya está listo. Nos desmañanamos tomando el autobús de las 7:00 am en la Central Vieja para llegar a la hora de nuestra cita. Son las 9:30 y nuestros estómagos nos reprochan con gemidos la ausencia y el vacío infame de la mañana. La combinación de la canela con el café, conforma un aroma muy atrayente que se distingue desde media cuadra de distancia. Ella lo sirve con un chorrito de leche condensada y azúcar mascabado. Nuestras glándulas segregan saliva nada más al pensarlo, anhelantes. Ya casi no podemos esperar.

Nos acordamos cuando Enedina nos platicó que se trajo su primera mata de café de Chiapas, hace 10 años, envuelta en periódicos y abrazada en el camión desde San Cristóbal de las Casas. Después vivir casi medio año y estudiar con don Lauro: un chamán muy famoso, aprendiendo el masaje con piedras y la acupuntura mexicana. Ahora ya tiene más de 180 plantas en su jardín, en plena ribera del lago de Chapala. El café que obtiene de ellas es para el autoconsumo de su restaurante, aunque siempre queda algún kilito de tostado artesanal para obsequiar a sus familiares o amigos.

“Hoy tenemos costillitas en chile pasilla, bistec a la mexicana, carne asada, frijolitos y torta de huevo con salsa de tomate…”, nos dice Enedina al recibirnos sonriente en el zaguán de la entrada de su casa, donde atiende a sus clientes, ofreciéndonos su mano delgada y fina. Nos decidimos por la opción de costillas con la obligada porción de “frijoles de boda”. Alguna vez nos explicó ella que en la mayoría de los pueblos de la ribera les llaman frijoles de boda porque, cuando los fríen con manteca, les revuelven salsa de birria para darles más sabor. Resultan tan sabrosos que hay quienes sólo piden frijoles para el almuerzo, y no andan nada equivocados.

Su nuera, Cristy, una morena gordísima y de sonrisa bondadosa, quien se encarga de tortear, nos saluda también y promete mandarnos una generosa dotación de “calientitas”.

En las pequeñas mesas de madera ya hay instalados bastantes comensales de la más diversa ralea: pescadores, jornaleros, albañiles, burócratas, profesores y muchos empleados de la Comisión Federal de Electricidad. Al mirarlos echar el diente a una tortilla con frijoles y huevo con chile o de pancita en salsa verde, una de sus especialidades, nos acordamos también del esposo de Enedina, quien trabajaba en la Comisión.

Hace casi 30 años que Enedina enviudó, su marido reparaba unas instalaciones de alto voltaje en Mezcala cuando resbaló de una de las más altas y peligrosas torres. Quedó agarrado por la pierna de un cable, rostizándose. Su cuerpo permaneció colgado toda la noche, recibiendo descargas fortísimas de la corriente eléctrica con la que alimentaban la zona entera del Lago. Lo encontraron hasta el día siguiente, achicharrado e irreconocible.

Enedina dice que la experiencia de identificar su cadáver carbonizado fue la cosa más espantosa que haya vivido. Sus niños estaban muy pequeños cuando todo eso pasó. Ella nunca trabajó antes, fue muy consentida desde niña, primero por sus padres y luego por su marido, quien la adoraba y siempre se esforzó para que nada le faltara. La experiencia, según sus palabras, casi la vuelve loca. Duró casi 3 años en una depresión profunda. Pero también fue la oportunidad para descubrir, una vez sorteada la crisis, su misión en la vida: sus dotes como cocinera y sanadora.

 

2. La discípula de la húngara

A las 12 del día, luego del desayuno, nos reunimos sus alumnos de masaje, herbolaria y acupuntura. Enedina enseña acupuntura mexicana, la cual todavía no es tan conocida. Ella dice que don Lauro, su Maestro, les explicaba que los pueblos mayas y toltecas la practicaban desde la misma época que los chinos. Con ella curaban y atacaban casi cualquier enfermedad. Enedina no utiliza agujas, como en la técnica oriental, sino punzones de madera, jade, obsidiana o cuarzo de distinto calibre. Luego de dar un masaje con sus dedos por las partes principales del cuello, cráneo, espala, brazos y coxis, relajando al paciente, oprime con sus punzones cuidadosamente diversas áreas de los huesos y músculos, las cuales corresponden a los distintos órganos internos del cuerpo: hígado, riñones, páncreas, vaso, etcétera.

Somos cerca de 12 personas que nos reunimos una vez al mes, en una sesión de todo el día. Hay gente que viene desde la ciudad de México exclusivamente para estudiar la técnica que ella enseña. Entre sus alumnos nos encontramos psicólogos, médicos internistas y anestesiólogos, terapeutas físicos, tanatólogos, psiquiatras, gente común que viene a aprender, etcétera.

Enedina no cobra una cuota definida por sus clases, dice que la cooperación es voluntaria: “Lo que quieran darme, lo que gusten…”. Tampoco tiene un costo fijo por sus terapias, masajes y limpias. Hay quienes damos 100 pesos, de acuerdo a nuestras posibilidades, aunque percibimos que debe haber quien le paga por su cuenta hasta más de mil o 2 mil pesos.

Se nos ocurre pensar que su casa se sostiene con las ventas de su restaurante, que tampoco es caro: los desayunos cuestan 30 pesos e incluyen café y frijoles con refile y todas las tortillas que se puedan comer. Sabemos también que a mucha gente no le cobra por sanarla y realizarle limpiezas energéticas. A nosotros nos alivió de un dolor lumbar que, según algunos especialistas, requería intervención quirúrgica. Nos acordamos siempre de la manera tan delicada en que sus dedos suaves nos aflojaban los músculos de la cara y el cráneo, para luego lancear los meridianos de los brazos, plantas de los pies y hombros con unos punzones de jade que le trajeron de Guatemala. Tras cuatro sesiones de terapia no volvimos a sentir jamás molestias de ningún tipo.

Los gringos la buscan para que los cure porque sabe hablar bien inglés. Enedina es muy discreta y jamás presume de sus conocimientos de medicina tradicional ni idiomas, aunque sabemos que viene gente del extranjero sólo para tratarse con ella:

…A mí me enseñó a leer el café una húngara cuando yo era muy niña --nos platica en esta ocasión. Me dijo que si yo la enseñaba a tejer con gancho y agujas, ella me enseñaría a leer los restos del café. La señora era de Líbano, no hablaba muy bien español, pero también sabía leer las cartas y usar el péndulo para curar y hacerle consultas, duramos casi 2 años enseñándonos mutuamente. Desde entonces comencé a interesarme por todos estos rollos…

Al mismo tiempo que habla, narrándonos fragmentos de su vida, se encuentra insertando semillas de caléndula en la oreja de un voluntario para mostrarnos la técnica de auriculoterapia, utilizada por los toltecas desde tiempos inmemoriales.

 

3. El automaestro

Un joven chamán en potencia empieza por ser considerado en la comunidad como un “enfermo”, atrapado en una abrumadora crisis psicológica que se expresa en una profunda confusión mental e incluso en enfermedad física. Si se puede curar, entonces puede ser un chamán…; enloquecer o morir. Sus opciones son limitadas.

Sheldom B. Kopp, Gurú: metáforas de un psicoterapeuta

 

A don Joaco lo conocimos por Enedina. Ella nos mandó con él, nos contó que fue su maestro de Tarot y de otras técnicas de magia y medicina ancestral. Llegamos la primera vez por una consulta de cartas y una limpia. Desde entonces no hemos dejado de venir cuando menos dos veces al mes a visitarlo y estudiar con él.

Un autobús suburbano nos lleva a lo largo del todo el Periférico Sur de la ciudad, hasta la parte donde el camino está más descuidado y la placa del pavimento necesita mayor mantenimiento. Es un poblado pobre y echado en el olvido, ya casi nadie habla de él más que para mencionar sus malas noticias. Anteriormente era un rancho muy famoso por su Viacrucis y sus fiestas patronales, aunque estas casi se perdieron con el paso de los años y la intromisión de las costumbres urbanas.

La pequeña comunidad prácticamente fue absorbida por el crecimiento impío de la ciudad, más allá del Periférico. Muchos fuereños llegaron a vivir alrededor y transformaron forzosamente la vida cotidiana de la gente con sus costumbres nuevas, no necesariamente positivas. Abundan la drogadicción, el alcoholismo y los asaltos. Una pequeña sociedad que antes presumía de ser muy comprometida con sus celebraciones de Semana Santa, la Bendición de los Animales y las pastorelas de diciembre, ahora se encuentra casi en vías de extensión.

Atravesamos, no sin tomar ciertas previsiones, la plaza principal con su kiosco oxidado y basuriento. Después de las 6 de la tarde ya no es tan seguro transitar para los que no somos de por allí.

Caminamos hasta la última calle, la cual lleva a las afueras del pueblo, donde comienza el río que antaño proveía de carpas tilapias, bagres, culebras, ranas, salamandras, tortugas y patos para la dieta de los lugareños. Antiguamente su remanso surtía de agua potable buena parte de dos municipios del oriente de la ciudad. Hoy está completamente contaminado por las empresas cercanas y las colonias nuevas de interés social, que desaguan su pestilencia sobre él. Ya no vive nada en su lecho más que peligrosas larvas de moscos, cucarachas de agua y otras sabandijas acuáticas, portadoras de enfermedades y un olor muy difícil de sobrellevar.

Nos cuesta trabajo imaginar las historias que nos narra don Joaco de cuando el pueblo era famoso por su río y su Viacrucis. Cuando las familias organizaban  días de campo en la orilla, pescando con anzuelo y tarraya, friendo carpas y ancas de rana en aceite con papas sobre discos de arado, con carne asada en las brasas y tacos de frijoles recalentados. Dicen que venía gente de la ciudad y de más lejos a pescar y a convivir.

La casa de don Joaco es de adobe y se encuentra justo frente al río. A pesar del olor de los contaminantes y desagües, muchísimos fuereños vienen a atenderse con él y a consultarlo. A sus pacientes no parece importarles ni la suciedad del río, ni los objetos de desecho, ni los animales muertos que ahora transportan sus aguas.

Se abre la pesada puerta de tablones de su entrada, aparece la mano fortísima y bonachona de don Joaco. Emergen sus ojos aceitunados y observadores. Al atravesar el pasillo de su sala, nos va envolviendo el concierto a todo volumen de decenas de periquitos australianos, canarios, palomas habaneras, calandrias, loros, cardenales y gorriones que viven en sus jaulitas, en el corral de don Joaco. Muy pronto comienza a hablar el brujo, es un grandísimo y animado conversador: “…Hace 20 años me dijo don Lauro que mi mujer me estaba embrujando…Don Lauro me aconsejo: -¡Vete hasta el fondo de tu patio a buscar en tal maceta de tal rosal!, ¡escarbas, y en el fondo vas a encontrar el mal…!- Y ahí estaba justamente aquello…”, nos dice don Joaco mientras tomamos asiento en su chiquigüite, como llama a un pequeño cuartito en donde realiza sus limpias, lecturas y trabajos energéticos. Don Joaco tuvo que aprender magia y brujería casi a la fuerza, cuando descubrió que su mujer le estaba haciendo trabajos de magia negra para dañarlo y quedarse con su casa y su dinero. Hasta entonces había llevado la vida común y corriente de un albañil. Tuvo que aprender a defenderse en un plano por completo invisible, al que casi nadie voltea a mirar en estos días.

Un día encontró en un libro de rituales mágicos una rara invocación al Maligno, la realizó a la media noche con las instrucciones que venían en ella y desde entonces su vida cambió. Al poco tiempo conoció a don Lauro, también maestro de Enedina y se fue a vivir a San Cristóbal de las Casas más de 3 años para estudiar con él:

¡…No…!  Una vez don Lauro nos pidió a un grupo de alumnos suyos que nos acostáramos en el suelo, entonces se sentó de repente arriba de mi barriga. Y yo, como lo respetaba mucho, no me moví para nada. Apenas podía respirar, pero no era capaz de pedirle que se quitara de encima, aunque me estaba lastimando. Entonces don Lauro nos dijo a todos: -¿Saben por qué éste está así de jodido…? Porque permite que cualquiera haga lo que quiera con él, porque es un dejadote, cualquiera se le puede sentar encima-. Entonces salté como un resorte y boté a don Lauro. Entendí que tenía que darme a respetar y aprender a defenderme yo solo de cualquiera…

Parte de lo que nos han enseñado don Joaco y Enedina en estos años es la necesidad de enfrentar nuestros temores, a curarnos y resolver nuestros problemas por nosotros mismos. En un mundo donde impera el dominio, la manipulación y el control externo de las personas a partir del miedo y la sugestión, la necesidad de ser el propio maestro, el automaestro, es una señal de que algunos brujos y sanadores como ellos no andan tan perdidos.

Un automaestro, tras haber adquirido una enseñanza espiritual, sigue por su cuenta su camino, tomando a la vida ahora como su única maestra, enfrentando sus obstáculos y peligros y haciéndose más fuerte cada vez que los sortea.

 

4. Un artesano en Europa

Estuve viviendo en Chiapas varios años con don Lauro, con él me acerqué por primera vez al Tarot y la verdad me hice muy bueno para interpretarlo, desde entonces es mi principal instrumento de trabajo. También aprendí masajes, la limpieza espiritual con huevo, chile seco y ramas de mezquite, a correr temazcales y a usar la acupuntura mexicana. Pero a los 3 años me echó de su casa, ya no quería que yo dependiera de él. Todo lo que podía aprender con él ya lo había aprendido. Ahora tenía que atender a mis propios pacientes. Yo todavía no me sentía seguro para curar personas, necesitaba una señal…

Don Joaco abandonó su oficio de albañil, se fue de Chiapas y retomó su gusto adolescente por la música. Se hizo de una guitarra y tras recordar un par de acordes se unió a un mariachi tradicional, compuesto por huicholes y mestizos. Anduvieron tocando en todas partes. Por cosas del destino, como él dice, los invitaron a presentarse en un festival de música folclórica en Barcelona, España. Cuando iban a regresar, aprovechando un permiso de la Unión Europea, don Joaco se separo de sus compañeros músicos y viajó hasta Alemania, Holanda y Suiza, viviendo de tocar su guitarra en trenes, plazas públicas, fabricando y vendiendo huaraches y pulseras que los europeos supieron valorar muy bien. Se dio tiempo para leer bastante, cuanto libro caía en sus manos sobre diferentes temas, también conoció a muchas personas en el camino. Visitó la ciudad natal de uno de sus grandes maestros: el médico y mago Teofrasto Paracelso.

Fue en una plaza de la ciudad de Colonia que se animó a realizar su primera lectura de Tarot en una banca a una muchacha que, según sus palabras, era muy bonita y estaba muy necesitada de ayuda. Don Joaco se comunicaba en un inglés mocho, pero suficiente para darse a entender con los alemanes. Entonces trabajaba con un antiguo Tarot egipcio, editado por un tal doctor Moore, que le obsequió don Lauro, el cual es ya muy difícil de conseguir, según nos platica en cada oportunidad.

Ese primer trabajo resultó un éxito. Gracias a él comprendió que debía regresar a México, reconstruir su casa frente al río y atender a la gente de su comunidad, que lo necesitaba más que nunca.

 

5. Cuando su mano se convirtió en cuchillo

Don Joaco arroja un leño en la hoguera que realizamos en mitad de su patio. Son casi las 12 de la noche. A nuestro alrededor impera el total silencio y una calma completa. Apenas se oyen algunos ladridos que se pierden en la lejanía. El río no parece descansar ni siquiera a esta hora, incluso  su cauce se escucha más activo que en la tarde.

Algo al interior del fuego estalla en el momento en que don Joaco nos describe sus conversaciones y diálogos con espíritus del Bajo Astral y con el Maligno. Suelta una ronca carcajada y las llamas parecen calmarse, amedrentadas con el poder de su voz de bajo. Sus ojos verdosos y revolcados nos recuerdan siempre una imagen de Pancho Villa. Ambos deben parecerse un poco o uno podría ser la reencarnación del otro, según nosotros.

Sus manos se vuelven igualmente poderosas que su voz cada que arroja los maderos a la hoguera, avivándola, también cuando extraen las cartas de sus dos mazos de Tarot, el egipcio del doctor Moore y el Ryder White, con los que trabajamos ahora. Sus manos parecen cortar como dos cuchillos, los poderes de la noche, en el momento en que abren las cartas y las parten para volverlas a unir de nueva cuenta. Es todo un maestro con las cartas.

En esta ocasión, tras hablar largo y tendido sobre los últimos Arcanos Mayores del Tarot, especialmente sobre el arcano XX, El Juicio Final, y sobre El Sol y La Luna, nuestra clase deriva hacia la necesidad de aprender a orar adecuadamente.

Don Joaco nos enseña a rezar el Padre Nuestro con una fuerza del corazón tremenda, de una manera conmovedora, llena de ímpetu y amor. Nos indica que si es rezado con la suficiente convicción y alma puede convertirse en un sortilegio poderosísimo capaz de alejar todos los temores, espantar los males y ayudar a proveer en cualquier tipo de necesidad. Según él, el Padre Nuestro originalmente era una oración dirigida al dios del Sol: el Dios Padre. “El Padre Nuestro es la única oración que le dio Dios directamente a los hombres…”, pronuncia categórico, con una voz que resulta más ronca que en cualquier momento de la noche. Luego pega un profundo trago a su botella de mezcal.

De pronto nosotros caemos en la cuenta de que tanto don Joaco como Enedina son entre otros brujos, curanderos y chamanes, representantes de un antiguo y hermoso orden de valores que reaparecen cada cierto tiempo, cuando las comunidades necesitan de ellos más que nunca, para ayudar a la gente a plantearse de nueva cuenta aquellas cosas que son importantes: la necesidad de voltear hacia sí mismos y mirar en sus corazones.

Sus centenares de aves se encuentran bien dormidas en las jaulas a esta hora, uno de sus cinco perros comienza a ladrarle a la nada. Un estridente coro de grillos inicia sus chirridos de manera ensordecedora. Don Joaco dice que aquí los grillos, cucarachas y ratas mutaron y se desarrollaron sobremanera, debido a los contaminantes que segrega el río. Aunque nunca nos encontramos hasta ahora con ninguno de ellos, la verdad es que esos grillos y ratas gigantes nos asustan más que las invocaciones de don Joaco dirigidas a los seres del Inframundo.

Ambos nos ponemos de pié tras largas horas de charla, estudio y buen mezcal. Guardamos en nuestro morral de lana un mazo nuevo del Tarot egipcio del doctor Moore, que el brujo nos obsequió el día de hoy.

Don Joaco nos brinda un abrazo muy cálido. Pronto nos iremos a dormir a su chiquigüite, como él lo llama, donde nos permite pernoctar cada vez que tenemos la oportunidad de venir a estudiar con él. Nos retiramos y sólo se queda la fogata en su patio, encendida y murmurante.

 

Twitter del autor: @adandeabajo