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Esta es la emoción que debes experimentar si quieres mantener tu cuerpo saludable

Por: pijamasurf - 04/06/2015

De acuerdo con una investigación realizada hace poco en la la Universidad de California en Berkeley hay una emoción que, entre todas las demás, es la que más desinflama el cuerpo humano

 

Casi desde siempre la naturaleza humana se ha entendido bajo un esquema dual en el que el cuerpo se opone a una entidad que en distintas épocas se ha llamado alma, espíritu, mente y algunas otras denominaciones. La materia física contrasta así con una abstracción que le da sentido: el cuerpo siente, pero es como si eso otro otorgara el significado auténtico de dicha emoción.

En años recientes, esta dualidad ha pasado del pensamiento especulativo a la realidad de la ciencia, en especial la del ámbito del cerebro y la mente, en cuyos terrenos esa naturaleza alguna vez espiritual se ha convertido en objeto de estudio. Entre otras consecuencias, destaca cierta reconciliación entre ambas entidades: la neurociencia y otras disciplinas han demostrado con suficiencia que nuestros pensamientos, sentimientos, estados de ánimo y más tienen una incidencia directa en nuestra salud física, incluso más allá de lo que creeríamos.

En un nuevo estudio que aporta más información al respecto, recientemente investigadores de la Universidad de California en Berkeley analizaron la relación entre distintas emociones, los químicos corporales que estas producen y su efecto sobre la salud en general, esto con el fin de conocer alguna en específico que sería mejor evitar si deseamos mantenernos lejos de ciertas enfermedades. En específico, los investigadores se enfocaron en una sustancia conocida como interleucina-6 (IL-6), una secreción asociada con la inflamación corporal, probablemente uno de los enemigos silenciosos más peligrosos para nuestra salud.

Entre las varias emociones tomadas en cuenta, el estudio concluyó que la más benéfica es el asombro (awe). Daniel Kelcher, autor del estudio, define al asombro como aquello que puede ocurrir cuando "escuchamos música, vemos un atardecer, asistimos a una marcha política o vemos a unos niños jugar". En otras palabras, todo aquello que provoque “piel de gallina”. Agrega que, aunque podríamos pensar que el asombro es algo poco común, hay formas de vivirlo cotidianamente. Los estudiantes que participaron en el estudio reportaron sentir asombro tres veces a la semana y su nivel de inflamación fue el más bajo.

Existe una posibilidad, sin embargo, de que las emociones positivas no sean la causa de una menor inflamación. Es posible que las personas que producen de manera natural menos citocinas inflamatorias tengan mayor facilidad para experimentar emociones positivas. Sin embargo, existe una gran cantidad estudios en la literatura médica que comprueban que las emociones positivas actúan de manera similar al efecto placebo, el cual tiene efectos de sanación o reducción del dolor.

Lo que los investigadores del estudio denominan "el efecto de piel de gallina" (goosebumps effect) se parece mucho a lo que el doctor Ernest Rossi llama el efecto de la "novedad-numinosa-neurogénica" (novelty-numinosum-neurogenesis effect). Rossi ha encontrado que exponer al cerebro a experiencias estéticas o morales (las cuales agrupa en belleza, arte y verdad) suele producir un efecto de neurogénesis (provoca el crecimiento de nuevas neuronas) y puede modificar la expresión de ciertos genes. El ejercicio físico y exponer al cerebro a lo nuevo también produce estos efectos, lo cual nos regresa a la idea de asombro. En otras palabras, podemos definir al asombro como una especie de encuentro secular con lo numinoso. 

El asombro, por otro lado, según el psicólogo Nicholas Humphrey, podría tener una función evolutiva importante, ya que es aquello que nos brinda un significado y un sentido de pertenencia cósmica. En su Metafísica, Aristóteles escribe que "es debido al asombro [y al misterio] que los hombres empiezan y empezaron a filosofar". 

Aquí una dosis digital de (medicina o) asombro:

 

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¿La fórmula para ganar un Premio Nobel?

Por: pijamasurf - 04/06/2015

Te compartimos una exitosa receta para ganar un Premio Nobel (en caso de que este objetivo esté dentro de tus planes)

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El prestigioso premio anual celebra las contribuciones de físicos, economistas, médicos, fisiólogos, literatos y pacifistas, al mundo. Un Premio Nobel nunca pasa desapercibido (de hecho, no es casualidad que entre los pensadores más influyentes del momento se incluya siempre al menos a un par de ellos).

En 1901 comenzaron a otorgarse las preseas testamentadas por Alfred Nobel, y desde entonces su relevancia ha sido magnificada a niveles que el inventor de la dinamita jamás hubiera sospechado. Recibir la medalla de oro, los 1,4 millones de dólares y el diploma de la mano de la corona sueca es todo un honor.

A la fama de la presea le sucede una pregunta clave: ¿existe algún recetario o fórmula para obtener un Premio Nobel? La respuesta más común podría ser que recibir dicha estima solamente puede ser resultado de la meritocracia.

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Sin embargo, al analizar los perfiles de todos los galardonados es posible encontrar que la mayoría cumple con las siguientes características: hombres de 61 años, nacidos en primavera, norteamericanos, egresados de Harvard, casados, regularmente afeitados  y sin gafas –perfil que no deja de recordar la cuestionable hegemonía del hombre caucásico y educado de acuerdo al máximo estándar del mainstream. 

Más allá de los contextos o situaciones personales de los condecorados, es interesante descubrir e hilar qué rasgos comparten entre ellos y con el resto de los mortales.

Quizá, revisando la biografía de cada uno de ellos sea posible descubrir factores más descriptivos como el genio, la pasión, el coraje o la tenacidad que, en menor o mayor medida, influyen en el proceso para obtener un reconocimiento de tal envergadura. Es en esta serie de cualidades, mucho más que en las demográficas, en las que pareciera estar la clave.

Es decir, esta apasionada mezcla entre arrojo, disciplina y confianza. Y es que si alguien se entrega a lo que hace de esta forma, independientemente de cuál sea su campo de acción, es casi una garantía de que alcanzará las alturas –mientras que los laureles, ya en esas instancias, seguramente llegarán y si no lo hacen, de cualquier forma estarán lejos de ser la prioridad.