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El origen psicosomático de las enfermedades: estrés, trauma, alianzas con los padres y bloqueos energéticos

Salud

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 03/20/2013

Las causas de una enfermedad pueden ser misteriosas y generalmente estar relacionadas a procesos psicosomáticos. ¿Cómo es que la mente puede propiciar enfermedades y también sanarlas?

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"¿Y acaso no es más grande aquel que cura el alma, que es más que el cuerpo?"

-Paracelso.

"Existen enfermos, no enfermedades", dice la frase popular como un recurso para abordar una cualidad un tanto misteriosa propia de las enfermedades; específicamente que por los mismos métodos y con los mismos medicamentos no se obtienen siempre los mismos resultados. La medicina en su práctica cotidiana no es una ciencia exacta —o al menos aún no logra descifrar del todo los secretos del cuerpo humano para poder predecir con exactitud la respuesta a un tratamiento en todas sus aristas (esto es tomando en cuenta efectos colaterales y bajo una perspectiva holística). Uno de los aspectos más elusivos que se presenta en el estudio del cuerpo humano y su homeostasis tiene que ver con factores de acción psicosomática o psicobiológica, muchas veces responsables de que una persona no sane pese a que se le ha aplicado un método teóricamente funcional y responsables también de la cronicidad de ciertas enfermedades que llegan a ser "incurables". Podemos decir que cada enfermo, cada cuerpo es un universo, pero sobre todo porque cada mente es un universo —de aquí el factor particular e impredecible que genera ruido en la medicina.

Hay una tendencia cada vez más marcada en la ciencia moderna a aceptar que las enfermedades son padecimientos integrales que deben también tomar en cuenta entre sus causas la intercomunicación del sistema mente-cuerpo. La forma principal en la que la medicina ha incorporado este factor "mental" tiene que ver con el estrés. El psicólogo Walter Cannon acuñó el término en su acepción moderna para referirse a aquello que perturba el estado de equilibrio del organismo o homeostasis —término que también acuñó siguiendo el concepto de milieu intérieur de Claude Bernard, bajo la hipótesis de que existe una especie de estado de equilibrio o unidad interior que podríamos llamar salud (en inglés la palabra "health" (salud) se deriva de la raíz anglosajona “hal”, la misma de la que proceden  “whole” (entero), “holy” (sagrado) y “heal” (sanar)). Hans Seyle fue la primera persona en reconocer la existencia del estrés biológico con sus efectos nocivos. Seyle entendió el estrés como la respuesta de un organismo que intenta adaptarse a un agente externo que perturba su equilibrio.  En un experimento con ratones notó que al inyectarles extractos de varios órganos éstos generaban una sustancia glandular. Seyle creía que había descubierto una nueva hormona, pero luego observó que no obstante el tipo de sustancia irritante  que les inyectaba se producían los mismos síntomas --mismos que había identificado  en personas con diferentes enfermedades. El trabajo de Seyle culminó en lo que llamó el "Síndrome de Adaptación General", una término universal para las enfermedades y "una teoría de cómo el estrés mental o físico es transducido [convertido] en 'problemas psicosomáticos" por las hormonas del "eje hipotálamo-pituitaria-adrenal' del sistema endócrino.

La liberación de glucocorticoides (como el cortisol) y neurotransmisores vinculados al estrés (como la noradrenalina) biológicamente tiene la función de protegernos al implementar una respuesta de huida o lucha ("fight of flight"), la cual es muy útil , al generar químicos que nos permiten reaccionar con velocidad, cuando estamos en una situación de peligro. Este instinto es parte de una herencia biológica que actualmente quizás nos es un poco contraproducente --al no enfrentar comúnmente tigres dientes-de-sable o mamúts que atenten con nuestras vidas en las calles. El problema yace en que liberar estos químicos coloca a nuestro cuerpo en un estado de extrema (aunque ágil) tensión --fuerza la máquina, por decirlo de manera coloquial-- lo cual si se repite mucho tiene varios efectos colaterales, el más obvio: la fatiga. ¿Si no enfrentamos cotidianamente peligros de vida o muerte, por qué producimos estas descargas hormonales in extremis? Principalmente porque nuestra mente de cualquier forma encuentra estos peligros, o sus sucedáneos más civilizados y abstractos, en el mundo que la rodea. Uno podría decir que la mente se inventa predadores fantasmas --a diferencia de los sobresaltos de la selva que en su intensidad tenían un pronto desenlace, los predadores modernos son generalmente lentos y obsesos roedores psíquicos que no acaban de amenazar y que van horadando nuestra constitución. Este es el caso del estrés crónico en la modernidad. En el caso del trauma --que podríamos llamar improntas de estrés agudo-- podemos pensar, ahí sí, en encuentros con paralizantes predadores que de un sólo golpe marcan nuestra psicobiología y desatan una constante respuesta, aunque ya ralentizada, de químicos defensivos o estresantes --esos predadores paralizantes, paradójicamente, muchas veces son nuestros padres o personas cercanas. Lo anterior revela que lo único que necesita la mente, en su interacción con el medio ambiente, para desencadenar toda la secuela del estrés es información --información que la perturba, la inquieta o la excita. Esta información --que la mente reconstruye al percibir-- es traducida en energía --o en bloqueos de energía-- en el cuerpo, a través de las señales que emite el cerebro.

Hoy sabemos que numerosas enfermedades y padecimientos están directamente relacionados con el estrés: la úlcera, los problemas del corazón, depresión migrañas, gripes y problemas respiratorios, estreñimiento y otros problemas digestivos. Pero es posible que la mayoría de las enfermedades estén en alguna medida relacionadas con el estrés o factores psicosomáticos. El estrés debilita el sistema inmunológico al secretar químicos como el cortisol —con el propósito de redistribuir la energía del cuerpo a órganos que en una situación crítica requieren mayores recursos, como el cerebro y el corazón, se suprime el sistema inmunológico. Cuando esto se repite mucho el cuerpo se vuelve vulnerable a todo tipo de ataques inmunológicos. El estrés también inhibe la producción de citocinas, las proteínas encargadas de la comunicación intercelular y de regular los mecanismos de inflamación: es por eso que el estrés retarda la sanación de las heridas (un estudio mostró que personas que reportaban tener problemas con su pareja tuvieron mayor propensión a enfermarse y tardaron más sanar heridas físicas). En cierta forma podemos concluir  que el estrés, que en la actualidad se genera principalmente debido a la forma en la que la mente evalúa la realidad que lo rodea (un juicio que angustia o una incapacidad de relajarse, de no reaccionar y aceptar los estímulos y la información del medio ambiente sin defenderse) es el factor central en provocar una corto circuito entre las respuestas homeostáticas naturales del cuerpo, interrumpiendo la fluidez de la comunicación celular y los mecanismos de autosanación (o autorregulación). Ahora indaguemos más sobre por qué nuestro entorno, que ha sido sanitizado por la ciencia y acomodado por la tecnología, de cualquier forma nos genera cantidades exorbitantes de estrés.

 

¿La infancia es destino? Trauma, abuso y determinismo psicológico

Una lectura somera del trabajo de Sigmund Freud nos remite a la creencia extendida de que lo que nos sucede en la infancia de alguna manera marca —hasta indeleblemente— el desarrollo de nuestra vida, como si en ese campo tierno que es la infancia las heridas se grabaran con más fuerza. Freud, por supuesto, introduce el concepto del inconsciente, el cual se convierte en la fuente de nuestras conductas, ocultando su primera causa. De esto podemos extrapolar el entendimiento de Jung de que hasta que el individuo no hace consciente la mayor parte de los detritos psíquicos que  lo componen, su vida se desdoblará como una especie de esclavitud de su inconsciente, al cual "llamará destino". Bajo la concepción de Jung podemos decir que el estigma de lo que  nos ocurre, que motiva secretamente todos nuestros actos —y de ahí el lapsus y la fobia—, es "indeleble" siempre y cuando permanece inconsciente y no ha sido integrado.

Esto nos lleva a reflexionar sobre el "determinismo", el libre albedrío y la capacidad de liberarnos de las taras de nuestra psique profunda (hereditarias o infantiles). Evidentemente este es un tema que no puede abordarse en un par de párrafos. Aquí nos concentraremos en la relación que tienen los acontecimientos psíquicos, principalmente los de la infancia, con el desarrollo de enfermedades y en si existe la posibilidad de modificar el curso determinista de los mismos.

Que lo que nos ocurre en la infancia afecta profundamente nuestra vida resulta intuitivo, casi como una cadena de causa y efecto, pero hasta hace poco no había sido comprobado. Un estudio realizado por la Escuela Politécnica Federal de Lausanne mostró que el abuso físico y psicológico, y el abandono o la muerte de un ser querido tienen una correlación con los niveles de estrés en la adultez. Este es básicamente el mecanismo operativo del trauma. La investigadora Carmen Sandi dijo al sitio La Tercera que los resultados de su estudio “demuestran que la exposición al estrés durante los primeros años de vida conduce a un aumento de los comportamientos agresivos y también a alteraciones en la actividad cerebral”. Sandi, sin embargo, considera que, pese a esta predisposición neurológica, es posible reprogramar "los comportamientos y las funciones cerebrales que fueron dañadas por la exposición temprana al trauma" a través de fármacos combinados con una terapia cognitiva.

El estudio muestra que existe una programación epigenética, un factor ambiental —en este caso un estrés agudo—, que es capaz de programar el cerebro para predisponer conductas y afectar la expresión de ciertos genes (en un artículo previo vimos lo que es el campo epigenético: el cual modula la expresión de algunos de nuestros genes en su interacción con el medio ambiente, nuestros hábitos, alimentos y posiblemente incluso nuestras emociones).

El sitio La Tercera también cita un estudio de la Universidad de Ohio en el que se descubrió que personas que fueron expuestas a trauma infantil vivieron entre 7 y 15 años menos que personas que tuvieron una infancia menos problemática; el mismo grupo mostró tres veces más riesgo de derrame cerebral en el caso del trauma. Los investigadores creen que esto se debe a que el estrés afecta el desarrollo normal de un individuo.

El eminente médico Franz Alexander, padre de le medicina psicosomática y de la criminología psiconanalítica, encontró un interesante patrón entre los niños que contraían hipertiroidismo. Aquellos que manifestaron esta enfermedad hormonal mostraron la tendencia de identificarse con un padre, generalmente la madre, debido al abuso o al rechazo del otro. "Estos pacientes no pueden superar su ansiedad recurriendo a sus padres por ayuda. Sus necesidades dependientes son constantemente frustradas debido a sus circunstancias o por las actitudes parentales, por la pérdida o por el rechazo, así como por conflictos más complejos que involucran culpa". Esto generalmente provoca una identificación con alguno de los padres y posiblemente una alianza a través de la enfermedad. La enfermedad  puede ser vista no sólo como una forma de llamar la atención, es también una búsqueda del amor carente, y en ocasiones una forma de solidarizar con la enfermedad o muerte de uno de los padres. En su misterio, que a veces parece operar como una fuerza antagonista destructiva,, el inconsciente llega a hacernos enfermar, paradójicamente, en un pulsión cuyo motivo es el amor (thanatos y eros se entrelazan y confunden en un baile de máscaras en nuestra mente).

art-dep¿Cuál es el origen o la causa primera de una enfermedad? Esta es una pregunta que nos deja perplejos ante una serie casi infinita de instantes concatenados con sus respectivas respuestas psíquicas. ¿Fue aquel día remoto que vimos a nuestros padres pelear? ¿Fue la angustia que sentimos al no sentir, por predisposición neurológica o azar, el amor de nuestra madre al salir del vientre? ¿Fue el abuso físico o psicológico que sufrimos de parte de uno de nuestros tíos, primos o padres? ¿O quizás algo menos explícito y más enigmático, simplemente una temprana interacción con el medio ambiente que no pudo ser encauzada, y que generó una serie de secuelas, hasta la cronicidad? Y, por supuesto, ¿posibelmente fue el determinismo de una cadena genética, que por generaciones no ha logrado sanar una cuita, un malfuncionamiento, pero que quizás nosotros podríamos sanar, y modificar su expresión por medios epigenéticos? Llegamos aquí una fuente quizás más remota en la cual el karma, la reencarnación y la posible existencia de un espíritu que amalgama la multiplicidad de nuestra existencia se entroncan con la genética. ¿Es posible que nuestras enfermedades vayan más allá de nuestro cuerpo actual y se remonten a una especie de nudo psíquico propio de nuestro linaje  (la enfermedad como un fantasma en un laberinto)? Sinceramente esto supera mi entendimiento y lo refiero aquí solamente porque me parece una posibilidad, entre otras --y dentro de la esencia misteriosa de una enfermedad, de aquello que impide el pleno funcionamiento de nuestra voluntad psicofísica, no es del todo implausible que esos agentes externos estresantes provengan de regiones distantes y de dimensiones invisibles u ordinariamente imperceptibles.

 

Relajación, placebo, autosanación e hipnosis 

“Toda enfermedad es el resultado de vida psíquica inhibida… El arte del sanador consiste en desatar el alma, para que pueda fluir a través del agregado de organismos que constituyen cada forma particular. La sanación verdadera ocurre cuando la vida del alma puede fluir sin impedimento ni represión a través de todos los aspectos de la forma”

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Hasta ahora hemos esbozado una teoría de cómo la mente, en su interacción con el medio ambiente, puede generar un proceso de enfermedad, ligado fundamentalmente a la detonación de mecanismos de defensa químicos que, de manera crónica o aguda, llegan a convertirse en agentes tóxicos para el funcionamiento de un organismo. Ahora veamos como la misma mente —o el software de la biocomputadora humana— también es capaz de desencadenar un proceso de sanación.

Los mecanismos por los cuales se produce la sanación psicosomática son menos conocidos que los mecanismos por los que se produce la enfermedad psicosomática. Fundamentalmente se sabe que aquellos factores que inhiben la hormonas relacionadas con el estrés, generando estados de relajación, son los responsables de propiciar estados benéficos para la salud. La relajación puede ser entendida entonces como el opuesto psicosomático del estrés, pero su definición está dada justamente en relación al estrés y no tanto por sí misma. Los beneficios de prácticas como la meditación, el neurofeedback, el yoga u otras disciplinas tienen que ver fundamentalmente con promover la relajación y reducir el estrés.

Otra de las formas en las que se entiende la sanación psicosomática tiene que ver con el efecto placebo. Hoy sabemos por numerosos estudios médicos que el placebo es algo recurrente, pero no conocemos a ciencia cierta como es que opera. Existen, sin embargo, algunas pistas dentro del incipiente campo de la psiconeuroinmunología. El trabajo del hipnotista Ernest Lawrence Rossi es en este sentido uno de los grandes referentes. En su libro "The Psychobiology of Mind-Body Healing", Rossi  relata el caso de un paciente, el Sr. Wright, quien mostró una radical respuesta al placebo (el caso fue documentado por el Dr. Phillip West). El Sr. Wright tenía numerosos tumores del tamaño de órganos y se le pronosticaba apenas unas semanas de vida cuando escuchó sobre un nuevo medicamento para tratar el cáncer llamado "Krebiozen". Entusiasmado, convenció a su médico para que le administrará este medicamento. Desde antes de recibir el medicamento el Sr. Wright ya mostraba un talante de radical mejoría y después de que se le administrará una inyección en  un plan de diez días, sus tumores habían prácticamente desaparecido. Dos meses después reportes en la prensa sobre el Krebiozen hacían referencia a que las pruebas clínicas no habían obtenido buenos resultados. Esto inmediatamente deprimió al Sr. Wright, quien volvió a desarrollar tumores. Pero el Dr. West había detectado lo sucedido y le comentó que los medios estaban desinformando y que había una nueva cepa de la medicina de mayor potencia. La recuperación de su tumor terminal fue aún más dramática. El Sr. Wright se mantuvo dos meses sin síntomas, pero lamentablemente un reporte de la Asociación de Médicos de Estados Unidos llegó a sus manos en el que simplemente determinaba que este fármaco era inútil. Poco después murió.

Rossi escribe sobre el proceso de placebo: "Obviamente, el sistema inmune del Sr. Wright debió de haberse activado por su creencia en la cura. La rapidez increíble de su sanación sugiere que sus sistemas autonómico y endócrino debieron de responder fácilmente a la sugestión, permitiendo que movilizara sus torrente sanguíneo con una increíble efectividad para remover fluidos tóxicos y desechos del cáncer en rápida disminución[...] Ahora sabemos mucho mas del 'sistema límbico-hipotalámico' del cerebro como el gran conector entre mente y cuerpo que modula la actividad de los sistemas autonómicos, endócrnos e inmunes en respuesta a creencias y a sugestión mental".

Para Ernest Lawrence Rossi este proceso de conexión y modulación mente cuerpo puede entenderse a través de un mecanismo de transducción. Todos los procesos físicos y psíquicos son manifestaciones o transformaciones de información. La transducción hace referencia a que no sólo la materia y la energía son convertibles, también la información se transforma en materia y energía. Es de esta forma que un fenómeno psíquico llega a somatizarse y también a desencadenar --por una orden generalmente inconsciente— un proceso de sanación o una respuesta placebo. Probablemente de la misma forma que el estrés desencadena una cascada bioquímica en el cuerpo, la relajación también produce una descarga de hormonas y neurotransmisores, en este caso algunos más benignos, tal vez oxitocina, serotonina y dopamina.

De maner muy básica podemos entender que en directa oposición a la cronicidad del estrés opera la habituación a la relajación. Así prácticas como el yoga, la meditación, el ejercicio y las relaciones humanas íntimas (el sexo y la vinculación emocional) pueden actuar en directo detrimento de las enfermedades. Y, opuestamente al trauma, al estrés agudo, podemos cotejar una respuesta de sanación como la que puede ocurrir a través de la hipnosis, de la toma de sustancias psicodélicas como la ayahuasca o de un "breaktrough" emocional, quizás ligado al amor, como fuerza vital (eros que se encumbra sobre thanatos), y hasta al desprendimiento de la energía kundalini, la serpiente que al desenrollarse y subir por el cuerpo hacia la corona desboloquea los nadis o canales energéticos. Este acto de sanación aguda reprogramaría al organismo generando una impronta positiva inversamente proporcional al trauma.  

La hipnosis, según Rossi, es capaz de sanar  ya que la memoria y el aprendizaje dependen de un estado ("state-dependent memory"). Un ejemplo de esto es cómo en ocasiones solo nos acordamos de ciertas cosas cuando vivimos algo similar o estamos en un estado mental similar --por ejemplo bajo el infujo de ciertas drogas accedemos a una gama de memoria. Para recordar un episodio traumático y sanarlo es necesario entrar en ese mismo estado y revivirlo --lo que equivale a hacerlo consciente e integrarlo. Al acceder a esta memoria que depende de un estado psíquico --accedemos a una especie de archivo oculto dentro de nuestro sistema operativo que sigue corriendo y podemos reprogramarlo.

El campo de la sanación psicosomática y de la psiconeuroinmunología apenas está siendo explorado y podría ser el futuro de la medicina. Una medicina holística y multidimensional que reconozca el poder de la mente. Quizás estos procesos de sanación acelerada que en ocasiones logra detonar el  placebo ("el doctror interno") puedan ser detonados a voluntad. Estaremos más cerca entonces de hackear el sistema operativo de nuestra mente inconsciente y de instalar al espíritu en la cabina de piloto con plena facultad ejecutiva.

Twitter del autor: @alepholo

 

Thinspiration, la patología de lo sexy: el nuevo trend de jóvenes inspirándose con fotos de modelos para adelgazar

Salud

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 03/20/2013

Un creciente fenómeno puede observarse en Internet: chicas que postean grandes cantidades de fotos de esbeltas modelos como acicate para lograr la ansiada meta de adelgazar y tener igualmente un cuerpo sexy --a la vez que coquetean con trastornos alimenticios. Detrás de este fenómeno yace toda la maquinaria del deseo y la imagen y la objetificación del cuerpo como lubricantes sociales sintomáticos de nuestra época.


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         ‘To be born woman is to know—
  Although they do not talk of it at school—
  That we must labour to be beautiful.’
   W.B. Yeats, Adam's Curse

La anorexia y la bulimia son dos de los trastornos sintomáticos de nuestra época, en gran medida exacerbados por nuestro "culto al cuerpo" y por el imperio de la imagen que modela (bombardeando) un ideal de la belleza conforme a un paradigma que parece despeñarse de lo sólido a lo etéreo.  Este ideal se ha construido enalteciendo los cuerpos femeninos delgados, asociando este tipo de "belleza" con una serie de efectos positivos, incluyendo la felicidad, la confianza, el éxito romántico y la atracción sexual. La proliferación de la imagen en la comunicación masiva, donde se ha diluido la frontera entre el entretenimiento y la publicidad, hace que la mayoría de las personas del planeta consuman permanentemente ideales de estilo de vida que prometen recompensas --no sólo formas de vivir, sino sobre todo formas de verse-- los cuales son enarbolados por "modelos" que, como la palabra sugiere, debemos de imitar. La naturelaza de la imagen es la seducción --pero esta seducción en muchos casos es una operación fantasmagórica ya que las imágenes que observamos, haciéndonos desear ser ellas (o poseer su sustancia), en sí mismas son artificios: moldes vacíos. Una de las manifestaciones más conspicuas, fascinantes y a la vez perturbadoras es la tendencia conocida como "thinspiration" o "thinspo", en la que adolescentes se inspiran para adelgazar observando imágenes de modelos y estrellas de cine en Internet cuya característica aglutinante es poseer este ideal de belleza delgada: que les confiere la formidable aura del deseo.

En nuestra sociedad la belleza se confunde con el deseo; ya no es la expresión estética en sí misma, para su propio goce o el goce del sujeto, se inscribe como una divisa en una relación de intercambio. Ser bella (o ser sexy) es sobre todo una forma de producir deseo (el cual puede ser intercambiado por diversos "bienes"). Esto no es una aberración o un trastorno de la naturaleza: somos seres sociales que buscan la aceptación (y ser deseados es un signo de pertenencia). Al mismo tiempo la biología o la urgencia reproductiva manifestada en la sofisticación sexual hace de la producción de deseo una forma natural de supervivencia evolutiva. Pero, aunque la belleza siempre ha sido una moneda de cambio en relaciones de poder, sólo es hasta nuesta época que se revela como un medio unívoco dirigido a genenar una utilidad, poniendo en entredicho todo otro medio para conseguir lo deseado --como si sólo alinéandonos con la forma humana idealizada pudieramos obtener la felicidad o, en su reverso, no obtener esta belleza debe de ser la causa de nuestra infelicidad... Por eso expresiones estéticas como el goth, los piercings y modificaciones corporales extremas como los implantes subdérmicos o las escarificaciones son una especie de acto de rebeldía de la belleza --que construyen su apreciación estética por fuera de los circuitos de consumo del mainstream que rechaza toda desviación, toda sombra, toda imperfección ante la luz de la imagen que, como un flash, borra todos los relieves y margenes. Aunque puedan reflejar también conductas patológicas e improntas inconscientes estas rebeldías estéticas son un clamor que exalta la diferencia --a veces más humano en su sincera monstruosidad que la ortodoxa perfección de los "ángeles" de Victoria's Secret. 

Como resulta evidente muchas personas alcanzan a liberarse de los condicionantes sociomediáticos y logran vivir su vida plenamente sin tener que ajustarse a una serie de ideales o imperativos categóricos propios de la sociedad de consumo. Pero para muchas otras, especialmente para las mujeres adolescentes, la  saturación de imágenes idealizadas de la belleza --con toda su aura de beneficios y asociaciones inconscientes-- se traduce en una onerosa presión que fragmenta su personalidad, generando insatisfacción e inseguridad... una discrepancia perenne entre cómo se ven y cómo se quieren ver. Esta discepancia traza una brecha muchas veces insalvable ya que el ideal al que aspiran es prácticamente inalcanzable --ya sea por cuestiones genéticas o porque las mismas imágenes que usan como inspiración son alteradas digitalmente o parte de una producción y un entorno que magnifica su valor estético.

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La imagen, sin una contextualización sólida de lo que representa, tiende a la irrealidad y en su persecución produce un castigo similar al de Tántalo: cada vez que uno se acerca al objeto del deseo, éste se aleja otro poco (la eterna tentación inconsumable). (Algo así ocurre con muchas de las chicas que deciden bajar de peso para obtener una figura deseada vislumbrada en el encantamiento del mass media: que pese a que siguen bajando nunca consiguen esa figura: una prestidigitación mental que hace que siempre sea necesario un kilo menos). El mass media somete a una tautología de la irrealidad --en tanto a que no es un reflejo de la realidad de la audiencia sino que seduce hacia una realidad supuestamente superior, aspiracional, que brinda a cambio de una serie de patrones de consumo. Por ejemplo, el 94% de las mujeres que salen en televisión en Estados Unidos son más delgadas que la mujer promedio.Esto ensalza el ideal de la belleza delgada, especialmente contrastada con la realidad nacional de un país que padece altísimos índices de obesidad --tenemos aquí una paradójica y sobre todo patológica relación: por un lado se exhorta a enflacar a toda costa y por otro lado todo conspira a ver TV, al sedentarismo, a consumir y alimentarse de productos chatarra. Entre el mall y el automac se cultiva el terreno del trastorno. Según la Asociación Americana de Obesidad (The Obescity Society), el número de mujeres insatisfechas con su imagen corporal es del 90%.

Se calcula que el 75% de las revistas para mujeres incluye por lo menos un anuncio o artículo de cómo modificar la apariencia a través de dieta, ejercicio o cirugías cosméticas. Según David Gardner, de la Universidad de Toronto, el número de artículos publicados que refieren a dietas se ha incrementado un 70% en los últimos años --algo que se explica por el hecho de que cuando las revistas incluyen la palabra dieta en su portada suelen vender miles de ejemplares más. La dieta, como el sexo, vende (lo que la dieta vende es sexo).

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Al entrar al perturbador y lúgubremente seductor mundo del thinspiration uno se ve asaltado por innumerables imágenes de abdómenes evanescentes, estómagos cóncavos, diminutas cinturas que sostienen grandes senos, brillos en la piel, cadenas en el ombligo que hacen ecos visuales de las curvas del cuerpo, fotos de esbeltas mujeres siendo cargadas por hombres guapos y fuertes (que prometen que cuando se esté así de delgada se tendrá un novio que podrá sostenerlas en el aire), fotos de antes y después que celebran la transformación, fotos de las hordas de Ana (prosopopeya sublimada de Anorexia) y Mia (de Bulimia) con sonrisas (sutilmente necrófilas) radiantes, fotos de jugosas frutas y memes de dietas, fotos de modelos sin rostro tomdas con sus iPhones contra el espejo, sólo con un torso delgadamente poderoso, envidiable, delicuescente cetro de la felicidad prometida por las “cero calorías”.

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"Soy una chica de 19 años que vive en Inglaterra. ¡He tenido varios problemas pero estoy tratando de estar sana! Sueño con convertirme en modelo de Victoria's Secret", exclama Miranda en el header de su blog thinspo. Otro blog se titula Nature is a Curse We Fight (la naturaleza es una maldición contra la que luchamos). Otro tumblr mantenido por una chica noruega, Want to Feel Sexy, cita la controvertida frase de Kate Moss: "Nothing tastes as good as skinny feels", (nada sabe tan tan rico como flaco se siente). Otra chica más escribe en su diligente blog de fotos de esbeltas modelos Wanna Be It Girls:

Fallé hoy. Mi meta es mantenerme debajo de 500 y fallé. Lo único que tenía que hacer era no dar unas mordidas más en la cena y hubiera sido de oro... No sé por qué no me pudeo controlar... Debo de tomar las riendas. Estoy gorda. GORDA GORDA GORDA. Mañana planeo mantenerme en menso de 500 otras vez y hacer ejercicio.

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El trend de la "thinspiration" aunque tiene un claro y por momentos inevitable coqueteo con el trastorno alimenticio y con la disociación de la imagen corporal no solamente tiene una connotación negativa, es un tema más complejo. Es innegable que para muchas chicas que sufren de obesidad estos espacios digitales sirven de verdadera inspiración --se comparten consejos saludables e historias de éxito, se forma una comunidad que motiva, etcétera. Aunque nos pueda parecer frívolo por momentos, el obtener una imagen que se ajuste a las constricciones de la belleza paradigmática puede rendir claros y duraderos beneficios en nuestra sociedad --el problema más agudo surge cuando no se tiene una estructura psicológica para trazar límites y para hacerse consciente de aquello que nos empuja a modificar nuestro cuerpo en primera instancia. De otra forma sobreviene rápidamente la alucinación anatómica: estudios muestran que  el 84% de las personas que visitaron sitios pro-anorexia disminuyeron su ingesta de calorías, pero sólo el 56% percibieron esa reducción de calorías.

Organizaciones como Pro-Thin y Pro-Ana Nation defienden que la "anorexia es un estilo de vida y no una enfermedad" y sostienen "la gordura es desagradable. El control es hermoso" (algunos filósofos griegos sostenía que la templanza y la mesura eran de las más grandes virtudes pero seguramente no imaginaban con esto a jóvenes vomitando ensaladas).

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La proliferación de la "thinspo" no puede entenderse sin las redes sociales de última generación en las que impera la imagen: Instagram, Pinterest y Tumblr se encuentran atestados de #tags y boards temáticos alrededor de la inspiración a adelgazar --muchos de los cuales contienen advertencias de organizaciones en contra de los desordenes alimenticios a un lado de las fotos que revelan el ideal de la belleza femenina de nuestra época hasta su paroxismo, en la propia histeria femenina que se contempla en un espejo distorsionado. Lo que no vemos son los cuerpos de las chicas que suelen subir esas fotos, chicas que son en cierta formas víctimas de la angustiante máquina del deseo y la objetificación del cuerpo como subproducto de un histórico y a veces insensible patriarcado. La lectura moral sugiere que la sociedad ejerce una cruel presión sobre las personas que no se adaptan a sus valores establecidos. Escribe una blogger que logró trascender la paranoia de su gordura:

Por años y años, el peso de tu propio cuerpo aúnado a tu propia vergüenza de ese cuerpo puede llegar a destruir tu alma. Se entromete en cada acción, en cada interaccción, en cada reacción percibida. Sintiendo cada mirada, infiriendo significados de cada movimiento ocular, de cada movimiento o mugido inaudible de cada persona con la que te cruzas cada día --asumir que todos ellos deben de estar tan enfocados y asqueados por ese cuerpo en el que te encuentas. Yo tuve esos sentimientos por tanto tiempo. E incluso cuando sólo una persona valida tus pensamientos negativos, tu auto-odio  toma control y se expande por todo tu cerebro.

thinsportJustificada o no, la gordura o la inconformidad anatómica a las convenciones estéticas, llega a generar una especie de paranoia que devora el alma --que va haciendo que una persona se sienta permanentemente juzgada y desarolle una serie de inseguridades, al no poder cumplir con los requisitos percibidos de esa examinación incesante. La naturaleza de la patología hace que en muchos casos, sin embargo, cuando una persona se desembaraza del peso del cuerpo otro peso persiste: el peso imaginario como un miembro fantasma y la verdadera ligereza es inalcanzable (el malestar es más profundo y el peso es sólo su manifestación psicosomática). En otros casos ocurrirá que la aceptación y la energía sexual --que suele ir de la mano con la salud y la belleza-- hagan que la persona que ha enflacado retome seguridad y pueda superar esta especie de fondo traumático.

A fin de cuentas, por más extraño que nos parezca ver a cientos de mujeres adolescentes publicar miles de fotos de modelos delgadas --que uno pensaría estarían más bien en los muros de jóvenes hombres con intenciones masturbatorias--, el fenómeno obedece a una desviación o confusión de un deseo primordial: el amor y el deseo de aprobación y pertenencia --a fin de cuentas, desde una perspectiva biológica es el apremio a poder reproducirse. La antropología digital del thinspiration muestra que esta urgencia básica ahora se ve trastocada por la imagen , la fractura principal tiene que ver con un criterio extraviado: que seremos deseados por lo que parecemos y no por lo que somos (para obtener aquello que queremos sólo es necesario producir las suficientes imágenes que logren hacernos ver como nos quieren ver: el erotismo se vuelve un máquina de fantasmas). En un terreno hiperreal hipermediatizado el amor que queremos es el amor que parece amor --el cuerpo que parece el mejor-- y no el que es él mismo, y así diferente del modelo.

 Twitter del autor: @alepholo