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Sobre la iridiscencia de la cola del pavo real o una cartografía etérea de la experiencia visionaria desde la religión, la alquimia y la psicodelia

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Ave regia, asociada con la divinidad y la experiencia visionaria, el pavo real es el animal que tradicionalmente anuncia la llegada de la primavera. Celebrando la reciente entrada de la primavera invocamos la auspiciosa aparición del pavo real: y una estela de iridiscencia desfila en el aire.

El poeta Angelo de Gubernatis capta esta aparición con riqueza imaginativa:

El sereno cielo estrellado y el sol brillante son pavos reales. El profundo azul del firmamento resplandeciente con mil ojos luminosos, y el sol profuso con los colores del arcoíris, presentan la aparición del pavo real en todo el esplendor de sus plumas enjoyadas con ojos.

Jung nos dice que el pavo real es la imagen alquímica de la llegada de la primavera: la naturaleza que sonríe de nuevo, los colores que regresan al mundo, el verde de las hojas, el rojo y el amarillo y el azul vibrante de las flores que brotan como rayos de sol cristalizados. La belleza prístina de las cosas en eclosión marca el proceso de ascenso de la luz; seducción y cortejo, cantos y colores que captan la atención de parejas y polinizadores.

En el sofisticado despliegue de la cola (o “tren”) iridiscente del pavo real macho para cortejar a las hembras vemos una prueba de que la evolución tiene en alta estima a las producciones estéticas (está enamorada de las obras del tiempo). El psicólogo evolucionista Geoffrey Miller cree que el tamaño de nuestro cerebro y su capacidad de emplear atención y energía en cosas como la música, la poesía o las matemáticas, cuyo foco no es la sobrevivencia sino más bien el cortejo, denota una función equivalente a la cola del pavo real. “Las habilidades más impresionantes de la mente humana son como la cola del pavo real: herramientas de cortejo”.

Esta producción de elementos afrodisíacos, desde la flor animal tornasolada del pavo real al lenguaje metafórico humano, nos remite al dominio de Afrodita. La estética y el placer como motor biológico y seducción de los genes, pero también como un ethos metafísico. El filósofo neoplatónico Plotino nos dice que la belleza es lo que nos permite ver en este mundo el mundo divino, es una transparencia hacia lo invisible numinoso. Sin Afrodita sólo tendríamos teología, sólo teorías sobre los dioses, pero a través de ella podemos sentir la radiación de lo divino. Una estela que dejan los dioses en el aire: el brillo alado del pavo real. Los ojos o ocellis que tapizan con una intrincada ornamentación sus plumas son un ejemplo portentoso de esta belleza que es un pasadizo entre mundos. 

Con su glamour aristócrata, su miríada de ojos y la forma en la que levanta su cola como una corona o un disco solar, el pavo real es naturalmente un emblema de distintos dioses. Krishna, el irresistible seductor de la piel azul, es representado con plumas de pavo real en su cresta. En Grecia se decía que la carne de pavo real –el ave de Persia-- no se descompone cuando muere, por lo tano era un símbolo de la inmortalidad (el pavo real es el ave natural que más se acerca al fénix). Según cuenta Ovidio, los ojos de las plumas del pavo real eran los 100 ojos de Argos Panopte, el longividente gigante que fue decapitado por Hermes. Hera luego colocó los ojos de Argo, quien era su sirviente, en los ojos del pavo real, constelando la memoria. El carruaje de la diosa del trono dorado era empujado por pavos reales. Podemos conectar esto con una imagen de Purusha, el ser distribuido en los mil ojos de luz que se menciona en el Rig-Veda. Purusha es la primera manifestación de Shiva, como el "hombre cósmico", el hombre que contiene el universo, descrito como un gigante de innumerables cabezas y ojos, tan inmenso que sólo una cuarta parte de su cuerpo es el mundo que conocemos –lo restante es lo inmanifiesto. En su libro Structure and Dynamics of the Psyche, Jung hace referencia a la aparición de Purusha:

Aparece como una lluvia de brillos reflejados en un espejo, la cola de un pavo real, los cielos tejidos de estrellas, las estrellas reflejadas en el agua oscura, esferas luminosas, lingotes de oro o arena dorada esparcida en la tierra negra, una regata en la noche, con linternas en la superficie del mar, un ojo solitario en la profundidad del mar o la tierra.

pine_c38La multiplicidad de ojos del pavo real lo ha llevado también a ser asociado con la Providencia y el Dios Padre, el dios del cielo "que todo lo ve". El pavo real guarda cierta relación con el “Ojo de Dios” o el ojo de la Providencia, a veces ubicado en la glándula pineal. El cristianismo ha representado este ojo como un cono de pino y en la Fontana Della Pigna en el Vaticano podemos ver una escultura de un enorme cono de pino, en cuyos flancos yacen dos pavos reales de bronce. Podemos ver la misma imagen en la  vieja creencia de que la puerta del paraíso era vigilada por un par de pavos reales. Borges nos dice: "El panteísta irlandés Escoto Erígena dijo que la Sagrada Escritura encierra un número infinito de sentidos y la comparó con el plumaje tornasolado del pavo real”. Al igual que el fénix, el pavo real, como ave de la inmortalidad, simbolizó también a Cristo resurrecto. La Iglesia se sirvió también de la antigua creencia de que el pavo real es inmune al veneno de las serpientes, y como tal es el destructor de espíritus malignos

Aunque caro a Hera, la astrología considera que el pavo real es un ave de Júpiter (Zeus), el dios y el planeta que atempera a los otros planetas y los otros dioses: los sietes rayos del espectro luminoso y las siete notas de la escala musical que componen la imagen del alma en la psicología hermética de Marsilio Ficino. Escribe Thomas Moore en su obra The Planets Within:

Los ojos del cielo, tan importantes en la magia natural de Ficino, aparecen aquí en la cola del pájaro de Júpiter. Jung hace otra conexión recordándonos que en la alquimia los colores de la cola del pavo real corresponden a las siete esferas planetarias.

El siete vuelve a aparecer en la cosmología de los yazidíes, quienes consideran que Dios puso el universo al cuidado de siete ángeles o demiurgos, el principal de ellos: Melek Taus, “el Ángel Pavo real”. Este demiurgo benévolo tuvo que redimirse de la caída –la separación de Dios— llorando por 7 mil años, llenando siete jarrones con los que se apagaron los fuegos del infierno.

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Cauda Pavonis, el Pavo Real Alquímico

En el lenguaje de los alquimistas, siempre inclinado a las metáforas herméticas, la cola del pavo real (cauda pavonis) marca un punto específico en la transformación de la materia hacia la piedra filosofal o el elixir. Existen diversas opiniones sobre si la aparición del cauda pavonis ocurre antes o después del albedo, etapa que anuncia un claro progreso en el opus magnum. De cualquier forma el significado de esta frase en los textos alquímicos se refiere a un tipo de brillo iridiscente que se observa cuando se ha logrado espiritualizar la prima materia. Este momento epifánico puede o no ocurrir en un plano material. Patrick Harpur, en su libro Mercurius, describe este estado visionario:

La oscuridad remanente se desdobla como los pétalos multicolores de una flor metálica. Cada pétalo enjoyado cintila en una constelación de zafiros, ópalos, esmeraldas, amatistas, rubíes y ónix. Los colores se transforman y fusionan, parpadean y se disipan, como una encarnación de Iris.

Esta visión parece ser un fractal de la totalidad de la obra, atisbada en su esplendor iridiscente, lo mismo en el laboratorio que en el plano astral, en el crisol del alma. El erudito de la alquimia, Adam McLean nos dice que la etapa de la cola del pavo real es “la experiencia consciente del cuerpo astral”, una prueba más en la evolución espiritual del adepto: inicialmente “los aspectos negativos distorsionados del propio ser pueden predominar y aparecer como un dragón alado, pero a través de la purificación, la belleza completa y el esplendor del cuerpo astral se revelan en la Cola del Pavo Real”.

Screen Shot 2015-03-22 at 7.13.31 PMUna de las grandes aportaciones de C. G. Jung fue encontrar una analogía entre los procesos aparentemente materiales del trabajo alquímico y los procesos de individuación de la psique humana. El opus magnum en la visión de Jung es la conjunción de los opuestos, la integración de la sombra y el conocimiento de los aspectos inconscientes de la psique. En su Psicología de la transferencia, Jung escribe: "El misterio de la coniunctio, el misterio central de la alquimia, tiene como meta precisamente la síntesis de los opuestos, la asimilación de la negrura, la integración del diablo... en el lenguaje de los alquimistas, la materia sufre hasta que el nigredo desaparece, cuando el amanecer (la aurora) es anunciada por la cola del pavo real (Cauda pavonis), el alba de un nuevo día, el leukosis o albedo”. La cola del pavo real es también un signo de la multiplicidad (los colores del arcoíris) que regresan a la unidad inherente, a un estado puro de no-dualidad (la luz blanca).

Jacob Böhme, el zapatero alemán que vio el Aleph en un rayo de luz reflejado sobre  una hoja de latón, ofrece otra perspectiva de esta visión arquetípica del espectro luminoso. Sobre la “vida de la Naturaleza y el Espíritu que se unen en la rueda esférica”, una visión que es como una teoría del misticismo del color:

Se nos hace conocida una eterna Esencia de la Naturaleza, como el Agua y el Fuego, que se sostienen como si estuvieran mezclados el uno en el otro. Y ahí surge un color azul brillante, como el Rayo del Fuego; y luego tiene la forma del rubí mezclado con cristales en una Esencia, o como el amarillo, blanco, rojo y azul unidos en una oscura Agua: ya que es como el azul en el verde, cada uno con su brillo y resplandor, y el Agua sólo resiste su Fuego, de tal forma que nada se gasta, sino que queda una sola Esencia eterna en dos misterios fusionados.

Así se unen la naturaleza y el espíritu, una conjunción de la tierra y el cielo. El pavo real y su destello tornasol es también un axis mundi, un arco de alianza. En su similitud con esta descripción de Böhme de este matriomonio (hierosgamos) del agua y el fuego (ignis-aqua) podemos entender que probablemente Shakespeare tenía nociones de alquimia, cuando termina misteriosamente sus sonetos con la frase: “Came their for cure and this by that I prove/ Love’s fire heats water, water cools not love”. Tal vez podamos percibir el translumbramiento de la cola del pavo real, el destello iridiscente del espíritu en el fuego líquido: el amor, con su cóctel de neurotransmisores, que es también un psicodélico endógeno.

Una cierta iridiscencia: el masaje visionario de las plumas del pavo real

 

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De la misma manera que los ojos del pavo real abren la puerta al simbolismo religioso, los colores de su cola son el aliciente de las visiones psicodélicas, que encuentran en esta ave también un emblema para construir su propia mística y señalizar el camino del psiconauta.

Las dos grandes figuras de la subcultura psicodélica en Estados Unidos, Timothy Leary y Terence McKenna nos hablan de las plumas del pavo real como parte de la topología del Mundus Imaginalis particular a los psicodélicos. Reflexionando sobre su vida, McKenna señala que en su temprano interés por los minerales y las mariposas había una búsqueda por “un cierto tipo de iridiscencia” que luego encontraría experimentando con drogas psicodélicas como el DMT y la psilocibina. Lo que sería más tarde “un vistazo del Ángel Pavo Real”, una imagen del “extraño atractor” o “Punto Omega” que nos llama desde la eternidad. De nuevo, un tipo de luz afrodisíaca que nos seduce, en este caso hacia la manifestación de la mente: lo psicodélico. La iridiscencia o el arcoíris como guardián del reino de la imaginación que se materializa en el mundo.

Tim Leary, el profesor de psicología de Harvard que asumió la misión de encender a un país (“tune in, turn on, drop out”) después de tener una experiencia visionaria con hongos alucinógenos en México y de probar el LSD y la mezcalina, siguiendo las recomendaciones de Aldous Huxley, también tiene en su formación psicodélica una serie de encuentros con la especial iridiscencia del pavo real.

En su libro Flashbacks Leary narra un diálogo que supuestamente tuvo con el escritor beat Neal Cassady, quien le pidió un poco de psilocibina, argumentando: “He hecho hongos mágicos en Oaxaca, entiendes, y sentido la cola arcoíris del pavo real acariciar mis ojos”. Las plumas del pavo real como un tipo de eye candy o masaje visionario, código de pertenencia a la Orden Psicodélica del Pavo Real Angélico.

Huxley en mezcalina parece evocar la misma visión policromática de piedras preciosas animadas que observó Böhme, con un tono intelectual que hace pensar en la identidad entre el paraíso y las bibliotecas que han hallado escritores como Borges:  “Como flores brillaban cuando los veía… Libros rojos, como rubíes; libros esmeraldas; libros empastados con jade blanco; libros de ágata; de topacio amarillo; libros de lapislázuli cuyo brillo era tan intenso, tan intrínsecamente significativo que parecía salir volando de los anaqueles para ocupar insistentemente mi atención”. 

En la iridiscencia y en los ocelli del pavo real tenemos el zurcido visionario que evoca gemas y piedras preciosas como las que se cuenta están incrustadas en el cielo de los ángeles o en el mismo paraíso. Tomas de Aquino vio en una piedra su propio aleph, su propia coniunctio: "Encontré una cierta piedra, roja, brillante, transparente y en ella vi la forma de todos los elementos y también sus contrarios". El rojo de la pierda podría ser una referencia al rubedo de la alquimia,  la etapa que sigue al albedo y en la que se consigue la piedra de los filósofos.

Terence McKenna, en su libro Food of the Gods, lanza la hipótesis de que las plantas psicodélicas son un tipo de  exoferomonas –mensajeros químicos entre diferentes especies-- con las que estas especies se esparcen por el mundo y forman relaciones simbióticas con el hombre. Algo como un mecanismo de evolución epigenética, con el que no sólo distribuyen sus genes sino también sus memes y actúan como guardianes del "Logos de Gaia". Siguiendo con esta idea, podemos pensar que las visiones iridiscentes de los psicodélicos son el material afrodisíaco (dream-stuff: oniridiscencias) con el que estas sustancias psicodélicas nos seducen, de la misma forma que ocurre con la cola del pavo real o el erotismo codificado en el lenguaje de la mente humana, según la interpretación de la selección sexual de Geoffrey Miller. Regresamos también a la seducción de Venus-Afrodita; la belleza que nos hace percibir un brillo etéreo en el corazón de la materia, algo como el estremecimiento de un velo.

Twitter del autor: @alepholo

Por medio de un análisis exhaustivo de los 22 arcanos del tarot, se intentará darle un sentido al ejercicio cinematográfico como regulador de la percepción de la vida

El segundo triunfo de la baraja revisado en el artículo anterior tiene una conexión fuerte con el tercero, mismo que en este capítulo nos compete; tanto es así que se habla de sus dos recipientes como de dos hermanas, hasta gemelas parecen ser, mas no idénticas, podrían verse como las denominadas “cuatas”. Sallie Nichols dedica cinco páginas enteras en su libro Jung y el Tarot nada más para separarlas, rastreando sus características y comparándolas. En resumidas cuentas, como bien lo dice: “La Papisa es paciente y espera, pasiva. La Emperatriz es acción y cumplimiento. La Papisa es regida por el amor; la Emperatriz gobierna por el amor. La Papisa guarda algo antiguo; la Emperatriz revela algo nuevo”. Aunque las dos representen a la diosa, cada una es un aspecto distinto. 

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En un sentido de lo viejo y lo nuevo, Alberto Cousté traza una bonita metáfora comparativa arquetípica:

Desde este punto de vista matriarcal, la emperatriz no es ya la Eva protagonista del pecado y la caída, sino la que aparece en ciertas tradiciones talmúdicas: la fundadora, reencontrando a Adán luego de 300 años de separación; aniquilando a Lilith –la rival estéril y lujuriosa-- para organizar junto al padre primordial la familia de los hombres.

Este arcano puede representar mayormente, de manera simple, en una tirada: riqueza, progreso femenino, proyectos elevados, a una esposa o un matrimonio con hijos, a la fertilidad misma.

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Comencemos a pensar en términos cinematográficos, en una película como lo es El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011), con una Mrs. O’Brien (Jessica Chastain) poseída por la Emperatriz a tal grado que nos pone en orden con su voice over hablándonos como si fuésemos sus hijos. Muy bien resumido por Romeika Cortez en un ensayo: “La manera como Mrs. O’Brien es presentada, por medio de la expresiva edición, ayuda a comunicar su personalidad. Es idealizada por el autor desde el inicio como una personificación del camino de la gracia, una fuente de amor incondicional, de amor y generosidad”, a diferencia del padre que representa el otro camino, la naturaleza. Es así como personajes conectados directamente con el arcano de la emperatriz abren este espacio reconciliador con la madre cariñosa de la infancia del espectador, un pasaje idílico de cuento de hadas y biografía personal, una especie de álbum familiar matriarcal de recuerdos disparados al ver y escuchar la película. Mrs. O’Brien es una presencia, conciencia activa, sobre el personaje que se transforma en el tema del filme, construyendo sus conflictos internos que jugarán más tarde en la trama. Más adelante Malick vuelve a comunicarse definiendo el camino de la gracia en la voz de la emperatriz definiéndola como un camino de la gracia que acepta el desprecio y el olvido, acepta insultos y heridas como parte de la vida, un martirio cotidiano. No busca una satisfacción personal, todo el tiempo es una presencia activa en el mundo de esta manera.       

 

La emperatriz rebelde

Vera Drake (Mike Leigh, 2004) e Irina Palm (Sam Garbarski, 2007) representan cinematográficamente eternos femeninos que producen cambios a su alrededor fuera de las normas establecidas y hasta en contra de ellas, para que prevalezca el bien común de la comunidad por medio de su sacrificio. La señora Vera (Imelda Staunton), una perfecta ama de casa presidiendo un hogar lleno de armonía, ayuda a las mujeres a abortar. Esta operación clandestina le resulta gratificante a Vera únicamente en un sentido espiritual, puesto que no cobra nada por ello. Aleister Crowley vincula, al igual que lo hizo con la carta de la papisa con Isis en términos de dioses egipcios, a la emperatriz con Nephtys, hermana y esposa de Set, que solía representar al desierto con la característica, como Dios, de ser infecundo (árido), su esposa era el aire sobre el desierto acompañando a Osiris al inframundo. Crowley hace hincapié en que en esta carta está la clave de entender que en la realidad no hay brecha entre luz y obscuridad, hay una continuidad de vida: “Si se comprendieran perfectamente estas consideraciones, se haría posible reconciliar la teoría cuántica con las ecuaciones electromagnéticas”. Según el mismo Crowley, esta carta representa lo que une todo lo que está vivo: “una herencia de sangre que vincula a todas las formas de la Naturaleza”. Aunque la carta represente la fecundidad biológica, Vera trae la fecundidad del amor materno a las mujeres que abortan, la tranquilidad, brindando la oportunidad de poder procrear con amor y no con el instinto que las ha metido en problemas, la emperatriz puede liberar al individuo del pasado, conectándolo con sus responsabilidades reales.

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Así mismo Maggie (Marianne Faithfull), intenta encontrar trabajo para ayudar a su nieto enfermo, pero por su edad y experiencia sus oportunidades son casi nulas, y es así como termina trabajando en un lugar de venta de placer en un barrio bajo, masturbando clientes hábilmente como ninguna otra, ganando rápidamente una enorme clientela. ¿Está mal lo que hace Vera? Para cierto sector de la comunidad no, para la moral familiar sí; en medio de este debate es interesante pensar en dónde recae exactamente una sociedad físicamente. Aunque puede ayudar a la situación de su nieto, el problema viene después con su familia, cuando se enteran de sus nuevas actividades. El conflicto se origina cuando una emperatriz vieja no puede ser útil como abuela, en un rol pasivo aunque activa familiarmente, el sistema económico que permea todo no lo permite, el individuo que no produce (sea quien sea) no es muy bien visto. No es suficiente el amor que Maggie tiene por su familia, lo tiene que demostrar aportando dinero; aquí es donde se vincula con este naipe, deja de ser la papisa por el mundo que la contiene y se transforma en la emperatriz, con un sobrenombre de “Irina, la de la palma adecuada”, así logra trascender el mundo material y dominar un mundo masculino. 

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Así también Jeanne Dielman (Delphine Seyrig) se prostituye por las tardes siendo una efectiva ama de casa en las mañanas y las noches, mientras su hijo va a la escuela, en la sensacional cinta Jeanne Dielman, 23 quai du comerce, 1080 Bruxelles (Chantal Akerman, 1975). Hasta ahí todo bien, pero como Sallie Nichols apunta: “una mujer que ha sido víctima del impulso o la fuerza de su poder se encontrará separada de su centro interior sin darse cuenta de lo que ha sucedido… La devoradora de hombres (Kali, la terrible) en lugar de desarrollar su propia creatividad femenina”, y es así como Jeanne se transforma súbitamente en lo que será una de las más violentas y rápidas transformaciones en el cine, una sádica asesina que necesita transformar espeluznantemente la situación que ha provocado. La cinta es filmada de una manera que puede ser vista como fría, a una distancia descriptiva con las acciones, sin movimientos de cámara completamente estática, la cámara es como la emperatriz misma.   

Todos estos ejemplos de personajes constituyen emperatrices y no papisas por su carnalidad y sobre todo por ser personajes activos, representando este eterno espíritu femenino divino pero encarnado, manifestándose en un extremo de la creación, generando luz por su entrega al mundo que las rodea lejos del miedo, afectando a los demás y generando un cambio. Chantal Akerman refuerza esta conciencia con el tiempo de sus escenas, su cadencia, la duración de sus planos y la fijeza del encuadre, incluyendo sobre todo quehaceres domésticos casi filmados en tiempo real.    

 

La emperatriz cómplice

Madre (Bong Joon-ho, 2009) es un thriller policíaco que se centra en una madre abnegada (Kim Hye-ja) que cuida de su hijo, que siempre ha vivido con una enfermedad mental. Sucede que hay un asesinato en el pueblo que apunta al hijo como culpable y que lo lleva a la cárcel. La madre se dedica a investigar el crimen, intentando demostrar la inocencia de su hijo pero, a medida que avanza su investigación y que el hijo resulta más inmiscuido, no queda más que volverse su cómplice hasta liberarlo. La emperatriz activamente se mueve motivada por sus hilos emocionales, para liberar al sujeto en cuestión en cambios positivos para su vida. Ya lo dice Banzhaf en el terreno de las relaciones:

representa igualmente cambios y novedades, tanto crecimiento en sentido familiar como cualquier otra forma de cambio dentro de la relación. En todos los casos denota actividad y evoluciones predominantemente halagüeñas. Además puede expresar una fase de amor maternal o ser símbolo de la tierra en la que crece una nueva y vívida relación.

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En estos sentidos Madre, simbólicamente, representa la relación que un individuo vuelve a establecer con la emperatriz en una nueva etapa espiritual donde su libertad esta mucho más presente. Se convierte en un cómplice en la vida por medio de una relación que ayuda a catapultarlo, trascendiendo así una existencia básica sin metas ni sentido final.           

 

La emperatriz mártir

En sus múltiples versiones cinematográficas Juana de Arco es una poderosa extensión del personaje histórico que surge de la leyenda, poderoso personaje arquetípico que alcanza a ser proyectado en pantalla de distintos modos. Por medio del martirio, esta emperatriz joven se corona, trascendiendo su materia por medio de un ritual de fuego, representando finamente la riqueza espiritual alcanzada en la carne. 

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En la versión de Carl T. Dreyer (1928) fue María Falconetti el histrión que dotó de pasión a la heroína, logrando una comunión nunca antes vista con el espíritu en el celuloide. Pareciera que el fenómeno cinematográfico tuviera esta función latente que se descubre con esta cinta, exponer el espíritu que reside dentro del humano por medio de la luz proyectada en la pantalla, y liberarse por medio de la película. Los expresivos close ups nos guían por las montañas y valles metafísicos de la dama de Orleans desdoblándose en un mito eterno, que sigue renovándose en cada versión fílmica subsiguiente.

Robert Bresson, el alquimista de imágenes, hace una versión abstracta (1962) muy en su estilo, que disecciona las acciones en las que Juana encarna al arcángel viviendo su fe, encontrándola para no soltarla nunca más. Pareciera una segunda parte de su película Un condenado a muerte se ha escapado (Bresson, 1956) o más bien su sombra, porque corresponde en su discurso diegético, pero trasciende en su sentido metafísico. La razón del cautiverio podría verse al igual como injusta, pero la manera como se enfrenta es muy distinta, aunque la técnica cinematográfica como se capturan las imágenes sea tan parecida.

Pareciera que esta santa ha adoptado el medio cinematográfico para aparecer una y otra vez en pantalla, viviendo su martirio al infinito. Versiones desde la de Cecil B. DeMille (1917) a la de Luc Besson (1999) inmolando a su propia esposa, pasando por versiones de Rossellini (1954) con Ingrid Bergman o Victor Fleming (1948) entre otras, nos recuerdan que la emperatriz tiene el poder espiritual suficiente para trascender el mundo material. 

 

Riqueza material

También la emperatriz es la materia lujosa, la elegancia, el orgullo de la reina.  Representada en El Diablo viste a la moda/The Devil Wears Prada (David Frankel, 2006) por Meryl Streep, emperatriz que resulta iniciar a la emperatriz joven Andy (Anne Hathaway) en este camino. 

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Andy acepta las humillaciones que su jefa la obliga a vivir para transformarse lentamente e ir ocupando su lugar; de este modo la película nos muestra cómo la riqueza material es un estado mental que se puede transferir directamente comunicando la experiencia con base en un ritual.   

 

Fuentes

Banzhaf, H. Aprenda a Consultar el Tarot, método práctico con la baraja Rider.

Cousté, A. El Tarot, o la máquina de imaginar.

Nichols, S. Jung y el Tarot.

https://www.academia.edu/2589540/Art_Film_An_Analysis_of_Terrence_Malicks_The_Tree_of_Life

http://www.ancientegyptonline.co.uk/nephthys.html

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

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