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15 formas en que el feminismo mejoró el mundo para los hombres

Por: pijamasurf - 03/08/2015

La efeméride del Día de la Mujer no conmemora el hecho de ser mujer per se sino una de las primeras luchas feministas que, desde sus inicios, han buscado igualdad de condiciones para mujeres y hombres

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La liberación femenina y el pensamiento feminista suelen catalogarse como armas contra los hombres, esos "enemigos". Pero la realidad demuestra todo lo contrario. Existen muchos tipos de feminismos, pero a pesar de la mala prensa (como aquel hoax donde una feminista aborta a su hijo sólo por ser varón), los más radicales de ellos se preocupan por atacar las bases de la explotación de género, mejorando en el camino las vidas de los hombres.

El Día Internacional de la Mujer se celebra cada 8 de marzo para conmemorar a las 129 mujeres que fallecieron en 1911 quemadas dentro de una fábrica textil en Nueva York mientras participaban en una huelga. La festividad se ha vuelto un pretexto más para "felicitar" a las mujeres por el mero hecho de ser mujeres, dejando de lado que la lucha por la liberación femenina es una lucha por mejorar las condiciones de trabajo en todas partes. Aquí algunos ejemplos de luchas feministas que beneficiaron también a los hombres:

1. División del trabajo

Integrar a las mujeres a la fuerza de trabajo remunerada no sólo fue una estrategia para aumentar la productividad de los países industrializados durante la Segunda Guerra Mundial: también tuvo un impacto positivo para la economía en su conjunto al término de la guerra.

La casa Goldman Sachs calcula que, dejando iguales el resto de los factores, incrementar la participación de las mujeres en el mercado laboral hasta igualar el de los hombres tendría un importante impacto en el PIB: 21% en España, 16% en Japón, 9% en Estados Unidos, Francia y Alemania y 8% en Inglaterra.

2. Mismos derechos

En 1976 la suprema corte de justicia de EE.UU. señaló como inconstitucional tratar a hombres y mujeres de manera diferente bajo la ley. Antes de eso, la edad legal para beber alcohol era de 21 años para hombres, pero 18 años para mujeres. Esto implicaba una representación de género según la cual las mujeres eran más responsables y los varones más imprudentes. Más que cambiar la ley, el feminismo se pregunta por los estereotipos que dan origen a leyes inexactas y arbitrarias.

3. Salud reproductiva

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Si alguna vez has estado con una chica que utilice pastillas anticonceptivas, es gracias a una feminista. Y es que, a un nivel funcional y cotidiano, la disponibilidad de métodos anticonceptivos es el resultado de una lucha en muchos frentes que las mujeres han peleado a favor de su derecho a decidir. El sexo es divertido, qué duda cabe (de hecho, existe un estudio estadístico que afirma que los hombres que salen con feministas están más satisfechos con sus relaciones sexuales y de pareja), pero planear la maternidad no es sólo una tarea de mujeres: los hombres también tienen agencia en la periodicidad de cada embarazo de su pareja.

4. Derecho a decidir

Cientos de jurisdicciones en el mundo siguen penalizando el aborto en lugar de abordarlo como un asunto de agencia, elección y responsabilidad. La inclusión de personas trans e inconformistas de género en el debate pro aborto permite enmarcar el agenciamiento del cuerpo dentro de un marco ciudadano, con expectativa universal, y no solamente como un problema que las mujeres deben resolver. Pese a ello, la responsabilidad y la culpa (moral y legal) del aborto siguen pesando en gran medida sobre las mujeres.

5. Cambiaron la definición de "violación" para incluir a los hombres

La definición de "violación" en el FBI solía leerse hasta hace pocos años como "conocimiento carnal de una mujer de manera forzada y contra su voluntad". La redacción data de 1921 ("conocimiento" en sentido sexual es un anacronismo bíblico que se coló en la ley), y se cambió para incluir todas las formas de penetración, pero no sólo sobre el cuerpo de la mujer. La consejera general de la Fundación de la Mayoría Feminista, Kim Gandy, dijo entonces que se trataba de "un cambio político mayor, [que] impactará dramáticamente la manera en que la violación se registra y se reporta en el país".

6. La mayoría de las víctimas de violación en el ejército son hombres

En el ejército de EE.UU., la mayoría de los ataques sexuales son perpetrados y sufridos por hombres. Es difícil creer que se trate del único ejército en esta situación. Organizaciones como Male Survivor y Men Can End Rape son importantes porque permiten visibilizar un problema que se vuelve tabú a fuerza de ignorarlo. Políticos feministas como Jackie Speier y Claire McCaskill han sido piezas clave en erradicar este tipo de violencia.

7. Leyes para cuidar enfermos y maternidad

En muchos países, los permisos para no asistir al trabajo por causa de enfermedad de parientes o maternidad aún cuentan con muchas trabas. Pero hasta hace algunos años, tu jefe podía despedirte sin ningún miramiento sólo por el hecho de estar embarazada o por quedarte en casa cuidando de algún familiar enfermo.

Muchas organizaciones para mujeres han promovido leyes como la Family and Medical Leave Act, que permite ausencias relativamente prolongadas (hasta 12 semanas por cada año trabajado) para cuidar de uno mismo o de un ser querido; sin embargo, la ley no ampara sólo a mujeres, sino que también los hombres gozan de este derecho.

8. Pasar más tiempo con los hijos

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Repartir el tiempo de trabajo también impacta en la posibilidad de disfrutar de más tiempo de ocio creativo y recreativo con los hijos y familia. No se dice a menudo, pero el trabajo doméstico también es trabajo, sólo que no remunerado: no importa si vives a solas con tu pareja y no desean tener hijos, el hecho de que puedan alternar períodos de trabajo con períodos de recreación para ocuparse de la casa son logros del trabajo feminista.

9. Expandieron la definición de crimen de odio para incluir LGBT

Las leyes contra la discriminación en contra de personas de la comunidad LGBT han sido promovidas sobre todo por organizaciones feministas. En distintas jurisdicciones, la definición de "discurso de odio" se ha ampliado para incluir género, orientación sexual o capacidad diferente; antes de estas luchas, el discurso de odio se refería únicamente a raza, religión u origen étnico. Sin embargo, hombres y mujeres son protegidos por estas leyes.

10. El SIDA ya no se llama "cáncer gay"

El desconocimiento que rodeó los primeros años del VIH lo asoció sobre todo a la comunidad de hombres gay en EE.UU., siendo ellos el primer blanco de discriminación. Figuras públicas como la princesa Diana (según los estándares de hoy, ¿podría considerarse feminista un miembro de la aristocracia?, la pregunta queda en el aire) fueron las primeras en cimentar el camino de la educación y la investigación sobre el VIH, contribuyendo a educar en contra del estigma social de la enfermedad.

11. Programas de salud reproductiva para hombres y mujeres 

Los programas de salud preventiva y reproductiva de muchos países incluyen análisis para detectar enfermedades de transmisión sexual (incluyendo VIH) a hombres, gracias a las campañas de inclusión que desde hace 20 años por lo menos buscan construir masculinidades conscientes y solidarias. A iguales derechos reproductivos, iguales obligaciones.

12. Suspensorios 

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La próxima vez que un suspensorio te cuide los testículos, agradéceselo a la mujer que los inventó.

13. Ha retado la forma en que los medios representan a los hombres

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Azul para hombres y rosa para mujeres, ¿cierto? En la representación tradicional de la masculinidad, los hombres también deben ser "feos, fuertes y formales", además de proveedores absolutos de la economía doméstica, machos alfa, y según la pornografía, con penes de 30cm. Organizaciones feministas como The Representation Project y documentales como The Mask You Live In (pronunciado como "the masculine") retan las representaciones tóxicas e irreales de la masculinidad que crean imágenes inexactas e irreales para los hombres jóvenes.

Como estadística: los adolescentes varones tienen siete veces más probabilidades de cometer suicidio que las mujeres, y la tasa de deserción escolar en varones es más alta.

14. Autocrítica y empatía (la liberación masculina que viene)

Si existe una lección clara del feminismo es que no existe la objetividad absoluta, ni siquiera en el terreno científico: durante siglos las mujeres fueron menospreciadas a través de los más sutiles argumentos teológicos y cientificistas; aunque mucho se ha ganado en términos de igualdad, lo cierto es que las mujeres aún no tienen las mismas oportunidades laborales que los hombres, pero también es cierto que los hombres no gozan de la disponibilidad de una teoría que asocie el género en el que nacieron con las condiciones del mundo en el que viven.

15. Los privilegios nunca son gratuitos

De la lección anterior se desprende que los privilegios nunca son gratuitos: se trata de responsabilidades asumidas individual, social y genéricamente para con los demás. El feminismo, además, se nutre de una tradición de solidaridad que no por ello renuncia a la autocrítica. 

Breve historia de la invención de la heterosexualidad

Por: pijamasurf - 03/08/2015

Durante la mayor parte de la historia humana el matrimonio entre hombres y mujeres obedeció a normativas económicas y reproductivas que nada tenían que ver con la elección, ni siquiera con el deseo
[caption id="attachment_91824" align="aligncenter" width="464"]Grant Wood, American Gothic (1930) Grant Wood, American Gothic (1930)[/caption]

Cuando somos pequeños aprendemos que los niños tienen pene y las niñas vagina. Pero más allá del género, entendido como un binomio biológico, la construcción social de la identidad tiene más que ver con el poder que con la biología. Ya Michel Foucault lo ha desarrollado en su historia de la sexualidad y la locura: las categorías dan poder a quien es capaz de administrarlas, ya se trate de la ciencia psiquiátrica o de la sociedad capitalista. En este orden, llama la atención el libro Straight de Hanne Blank: una breve pero informada historia de la heterosexualidad.

En términos filosóficos, una categoría sirve para delimitar una idea; en términos sociales, para delimitar la acción de una persona; en términos políticos, para delimitar sus derechos. En este sentido, lo "heterosexual" comenzó operando no como una categoría que buscara normalizar la unión de hombre y mujer sino, paradójicamente, como una que buscaba que no se penalizaran las uniones del mismo sexo.

Según Blank, el término fue acuñado a mediados del siglo XIX por un periodista austrohúngaro llamado Károly Mária Kertbeny. Él creó la palabra "heterosexual" (diferentes sexos) y "homosexual" (mismo sexo) tratando de mostrar a la opinión pública que existen estos dos tipos de personas con iguales derechos sexuales y que no pertenecen a una jerarquía, sino que simplemente tienen diferentes elecciones de objetos de deseo. El contexto era el de una ley que volvía ilegal el intercambio sexual entre personas del mismo sexo --las cosas, sin embargo, no cambiaron mucho con estas categorías, pues en nuestros días se sigue penalizando con la muerte o la castración química la homosexualidad en contextos fundamentalistas (ISIS) o psiquiátricamente, en Rusia y China.

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El término, sin embargo, prendió en la psiquiatría decimonónica, que aún no tenía objetos de estudio bien delimitados. Era una profesión ejercida principalmente por médicos que investigaban la cura de la neurosis y la histeria en sus manifestaciones más histriónicas.

De hecho la homosexualidad se consideró como parte de los trastornos psiquiátricos incluidos en el manual DSM hasta hace relativamente poco tiempo. La voluntad de definir la heterosexualidad, el cuerpo heterosexual y el deseo heterosexual, según Blank, no buscaba el progreso de la ciencia psiquiátrica sino caracterizar un hipotético ser sin patologías a través de todo lo que no es.

Para Blank, el heterosexual de finales del siglo XIX y principios del XX se definiría negativamente:

No soy un degenerado, no quiero dormir con otros hombres, soy esta cosa normativa y aceptable y buena y no patológica y correcta, eso es lo que soy. Eso es lo que necesito que la gente sepa de mí, porque necesito que la gente entienda que soy una persona válida y necesito ser tomado en serio.

Durante la mayor parte de la historia humana el matrimonio entre hombres y mujeres obedeció a normativas económicas y reproductivas que nada tenían que ver con la elección, ni siquiera con el deseo. Lo heterosexual juega un papel predominantemente político más que identitario, pues autoriza ciertas uniones contractuales entre hombres y mujeres, con ciertas obligaciones sociales y ante el Estado, mientras que proscribió durante mucho tiempo las uniones entre mujeres o entre hombres de acuerdo a una división del trabajo ya caduca, al igual que a una moral basada en la capacidad reproductiva: la familia no se trataba de uniones amorosas sino económicas y reproductivas.

[caption id="attachment_91823" align="aligncenter" width="464"]Gustav_Klimt_016 Gustav Klimt, El beso (1908)[/caption]

En este contexto, afirma Blank, "la liberación económica y legal de las mujeres ha ido de la mano con la posibilidad tanto de hombres como mujeres de elegir parejas matrimoniales basándose en sus propios deseos, deseos de sexo, amor, compañía", etc. Es en este sentido que ser heterosexual no es una antielección o una elección "por default" en el mercado de los afectos: asumir la heterosexualidad es renunciar también a las relaciones de dependencia, y luchas por una serie de autonomías propias y de la pareja, de tipo económica, política y social.

Dicho de otra forma, no se "nace" heterosexual del mismo modo en que no se "nace" mexicano o chino o comunista. La identidad es eso que precisamente nos arropa y nos confiere un lugar en el mundo, nos coloca dentro de una historia de los cuerpos y de los deseos; no importa que las categorías sean pasajeras y se encuentren en disputa, el hecho de que existan nos permite reconocernos e identificarnos con otros y en otros, pero no necesariamente en contra de otros. 

Finalmente, las categorías del deseo son categorías que refieren a:

tu subjetividad, son acerca de tus lealtades, son acerca de dónde están tus redes sociales/societales, son acerca del tipo de prioridades culturales que aceptas y que apoyas. No se trata sólo de lo que te moja o de lo que te la pone dura. No se trata sólo de qué tipo de sexo practicas, o de las configuraciones congenitales de la gente con la que tienes sexo. Se trata más bien de las culturas en las que participas. Con qué culturas te alías, ya sabes, con qué banderas vuelas.