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Jasun Horsley, detective liminal, investiga los límites, las zonas grises de nuestra cultura, donde el tiempo se suspende y es posible transformar las estructuras que controlan nuestra percepción

 

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Parte uno: La insoportable levedad de la liminalidad

 

Los límites externos (¿Qué es liminalidad?)

La liminalidad se puede entender mediante cuatro contextos diferentes: espiritual o religioso, social, político y psicológico.

1. Originalmente, la palabra fue acuñada por antropólogos para referir a practicas religiosas ceremoniales durante las cuales los participantes eran guiados por maestros de ceremonias de un estado (y estatus) a otro, por ejemplo el ritual de mayoría de edad. El estado liminal es el intermediario en el cual el iniciado está en el umbral (līmen) entre su estatus anterior y uno nuevo que aún le es desconocido.

2. En el ámbito social, la liminalidad refiere a períodos de caos en los que viejas estructuras, instituciones o tradiciones han sido derrocadas o destruidas, y en los que aún no se han establecido nuevas. Las personas atrapadas en una situación liminal no pueden actuar racionalmente porque han desaparecido las estructuras en las que su racionalidad está basada. Estar en un estado liminal significa crisis para la mayoría de las personas; las emociones se desatan y hacen que sea difícil pensar claramente. Esto lleva a aquellos que están atrapados a un comportamiento “mimético” (imitativo). Las situaciones de liminalidad permanente son conocidas como schismogenesis. Cuando la unidad previa está rota pero los varios aún inconclusos elementos se ven forzados a permanecer juntos; las sociedades pueden estar atoradas en este estado por mucho tiempo.

3. En la política de la liminalidad, el futuro es desconocido. Esto significa que puede no haber maestros de ceremonia porque nadie ha atravesado antes por el proceso, así que no hay nadie que guíe a la gente fuera de él. Esto permite la emergencia de falsos maestros de ceremonia que llenan el vacío creado por la necesidad de la gente de ser guiada. Estos líderes autoimpuestos perpetúan la liminalidad porque su poder y autoridad dependen de la desorientación e impotencia de los otros. 

4. En psicoterapia, la liminalidad es un estado en el camino de individualización cuando la antigua personalidad (ego) de alguien, y las creencias, valores y criterios que la acompañan han comenzado a desmoronarse, pero en el que de estas “ruinas” no ha emergido un nuevo yo coherente. En este proceso, el psicoterapeuta actúa como un maestro de ceremonias. Él o ella está allí para guiar al paciente hacia un estado de ser más individualizado. Sin embargo, existen dos problemas en este arreglo. Primero, que el terapeuta puede actuar como maestro de ceremonias sólo en tanto que él o ella haya pasado por el estado liminal de individualización (un logro extremadamente raro). Y segundo, aún más problemático, la naturaleza de la individualización requiere un nuevo y autónomo estado de ser, lo cual significa que la persona debe recorrer el camino sola, y eventualmente rechazar todas las formas externas de guía, incluyendo –especialmente– la del maestro de ceremonias (terapeuta). En un sentido, dejar el estado liminal a un nivel individual significa volverse productivo dentro de él, aceptar la liminalidad como la condición humana, no como un medio para un fin sino como el fin mismo.

¿Son estos cuatro contextos cuatro maneras de ver una sola “cosa”?

 

Neti Neti: el medio aún es el mensaje, así que ¿cuál es el mensaje?

pijama-6La liminalidad es un concepto inherentemente “espiritual” porque se relaciona con el famoso principio de Neti Neti: “ni esto ni aquello”. Neti  Neti se refiere a cómo, en su camino a la verdad (con “V” mayúscula), el aspirante debe inspeccionar cuidadosamente cada experiencia que llega a su camino y luego rechazarla. Como Buda bajo el árbol frente a Maya, excepto que al final el Buda también debe ser rechazado como Maya.

El problema al escribir sobre liminalidad es que la escritura en sí es antiliminal. El lenguaje es un sistema de símbolos que crea la ilusión de una progresión lineal de principio a fin (cada enunciado y cada palabra, esta pieza, etc.). El lenguaje y el tiempo son similares en este aspecto, y la liminalidad, como el limbo, implica un espacio en el cual el tiempo mismo está suspendido. No hay nada que pueda decirse acerca de la liminalidad que no, de alguna manera, la enflaquezca. No hay nada…

He intentado abordar esto escribiendo sobre el acto mismo de escribir, como lo estoy haciendo. Esto genera un sentimiento de liminalidad para mí, el autor, y por ende también para el lector. ¿Es esto un ensayo sobre la liminalidad o es el “comentario del DVD” acerca de cómo se escribió el ensayo? ¿Ninguno? ¿Ambos? Liminal, liminal, liminal.

Intenté armar este ensayo al estilo no-liminal para ser más informativo y menos subjetivo o “creativo”, pero no funcionó. Tú el lector debes experimentar la liminalidad de otra manera; al pensar que entiendes lo que es sólo estás impidiendo que te ocurra una experiencia de liminalidad. Juntos conspiramos para que así sea. Toda la sociedad es una suerte de defensa colectiva contra la liminalidad. 

La liminalidad es como una liberación: nos gusta la idea pero hacemos todo lo que podemos para impedir que suceda. Si no lo hiciéramos, ya hubiera pasado, porque la liberación, como la liminalidad, es el natural e inevitable estado de la existencia. ¿Por qué? Porque la existencia no es nada salvo percepción, y la percepción no puede ser nada más que liminal y libre.

Con ello en mente, continuaré con este ensayo pero ejerceré mi derecho a hacer asociaciones libres que podrían parecer infundadas, azarosas, absurdas ––porque eso es lo que es estar en un estado liminal, porque la liminalidad significa pérdida de contexto. Y el contexto lo es todo. Así que quizás la liminalidad significa despojarnos de nuestra experiencia hasta el mismo contexto, y cuando todo es contexto, nada es. O más bien, ¿qué queda para ser contextualizado? 

La respuesta es simplemente: tú (es decir, percepción).

Todo esto es para ti.

 

“Thou Art That”: identidad institucional

Regresando a los cuatro modos, no hay una clara división entre religión, sociedad y política. Es más un continuum de “costumbres” o modos de comportamiento. Debajo de los valores religio-socio-político-culturales –y de las instituciones que las sostienen y las promueven– está la psicología. La psicología explora las experiencias formativas que dan lugar a los valores que llevan a las costumbres que crean las instituciones y sistemas sociales, políticos, religiosos y demás.  

De lo que realmente quiero hablar ahora es de las instituciones. Qué son, cómo surgen, si realmente las necesitamos y, de ser así, por qué… Y de cuándo es que una institución sana y necesaria se vuelve innecesaria y maligna. 

Conozco a alguien que maneja una librería de viejo local. Él cuida su imagen pública en el pueblo porque eso es bueno para el negocio. Al mismo tiempo, está consiente que tener un negocio local ayuda a cuidar su imagen porque lo hace parecer respetable. Tener una librería le da un sentido de quién es y le proporciona ciertos límites y claves de comportamiento. Le dice “cómo ser”. Ya que representa a su negocio (el cual también es una institución, aunque privada), su personalidad pública está al servicio de su negocio. De manera similar, las instituciones nos protegen de nosotros mismos y en cambio nos enganchamos a ellas y las protegemos de nosotros.

La idea de valores universales (la moral) es común a prácticamente todos los sistemas sociales. Para poder proveer guía, soporte y la reafirmación necesaria para crear cohesión y estabilidad social, las instituciones deben dar la impresión de ser solidas y fundamentales. No pueden ser vistas meramente como productos de la mente humana que busca la mejor manera de generar cohesión social. La librería de mi amigo funciona bajo ciertas reglas que él no creo pero que adoptó y adaptó de un consenso más amplio sobre cómo funcionan las librerías. Puede implementar algo propio, pero no demasiado: los clientes deben sentirse seguros del lugar al que están entrando. Una librería es una suerte de espacio liminal (cualquier tipo de negocio lo es) porque es un espacio para atravesar, no para quedarse. El hecho de que entremos o no a una librería, o a cualquier negocio, depende no sólo de si queremos comprar algo, sino de qué tan cómodos nos sintamos al hacerlo, y también, qué tan cómodos nos sintamos al no comprar. Las reglas de una librería de viejo son simples y universales: entra, mira, compra si quieres, retírate sin comprar si no encuentras nada de tu agrado, no te lleves nada sin pagarlo. Existen variables, tales como si los clientes pueden usar el baño o qué tan serviciales son los empleados, pero estas pueden ser cómodamente negociadas si el contexto principal ha sido honrado y establecido de manera segura. Ninguna de estas reglas (salvo quizás la de robar) necesita estar por escrito o ser expresada a los clientes en ningún momento, porque todos saben el “quehacer” de las librerías.

Las instituciones son como quehaceres concretizados, y los quehaceres son las expresiones personificadas de instituciones e ideologías internas que dan lugar a las instituciones y son sostenidas por ellas.

Aquí hay otro ejemplo. Uno de los libros en la librería de viejo de mi amigo es, por supuesto, la Biblia. La Biblia es un libro, pero a diferencia de otros libros no puede ser vista como otro libro más. No puede ser vista meramente como el producto de mentes humanas porque hacerlo la pondría en competencia con miles de otros libros. Debe ser presentada como la palabra de Dios. Es un artículo de fe. No hay prueba de que sea la palabra de Dios; por el contrario, es demostrablemente un libro escrito por seres humanos. Sin embargo, la idea de que esos seres humanos estaban divinamente inspirados (que Dios intervino en asuntos humanos para asegurarse de que el Libro llegara a tener existencia física en la manera precisa que él disponía), aunque esta también sea una idea humana, es suficiente para proporcionar cohesión y estabilidad a la institución colectiva del cristianismo. Lo mismo aplica al Corán y al islam, al judaísmo y al Talmud.

Ahora que lo pienso, el lenguaje parecería ser una llave hacia cómo se crean los consensos, lo cual quizás se relacione a cómo el lenguaje es inherentemente antiliminal. 

 

El problema con los problemas

Ya sean políticos o religiosos (usualmente una mezcla de ambos), las ideologías son sistemas de valores diseñados para crear y mantener instituciones que generan cohesión social. Esto es quizá la razón por la cual la psicología está generalmente fuera de la ecuación cuando se trata de formar tales ideologías.[1] (Y también puede ser la razón por la que estoy casi neuróticamente atraído a incluir mi propia psicología en todo lo que escribo). Dicho simplemente: la diferencia del punto de vista psicológico de la liminalidad es que la psicología tiende a considerar que todas las ideologías están arraigadas en varios niveles de patología. Pero incluso si la psicología reconoce a la ideología –y a la identidad social que construye– como una forma de patología, también admite que puede no haber una manera realista de existir sin ella. Al menos ninguna manera que se pueda describir o proscribir, ya que hacerlo sería reducirla a una ideología y experiencia grupal (al igual que escribir sobre la liminalidad la despoja de su liminalidad).

La función de la ceremonia religiosa, creencias espirituales, instituciones sociales e ideologías políticas, y en gran medida el tratamiento psicológico también, no es ayudar a que nos ajustemos a la liminalidad y hagamos nuestro hogar allí, sino redefinirla como un medio para un fin. Una parte necesaria de esa redefinición conlleva crear un estado nuevo y arbitrario de los elementos del estado anterior y perdido para que el individuo pueda mudarse de manera “segura”. Un ejemplo obvio serían las elecciones políticas: cada vez que llega un nuevo período de elecciones, los candidatos enfatizan en todos los problemas (el caos social, lo cual es liminalidad) actuales para ofrecer soluciones. Luego, los candidatos hacen promesas que sumariamente olvidan tan pronto como ganan el suficiente poder para mantenerlas. Estos son los falsos maestros de ceremonia que, al representar erróneamente la naturaleza de la liminalidad, pretenden saber cómo guiar a la gente fuera de allí; por ejemplo, al omitir mencionar que los problemas que prometen resolver son problemas que ellos, o personas como ellos, generaron (ejemplo tópico: los terroristas de ISIS que, siendo el resultado de las reservas secretas para entrenamiento y fondeo estadounidense, luego forman ISIS).

Los falsos maestros de ceremonia (i.e. los políticos) perpetúan la liminalidad mientras al mismo tiempo ofrecen soluciones fantasma o caminos fuera de la liminalidad. Esto significa que la liminalidad debe ser entregada en anticipo (vista sólo como una serie de problemas en vez de algo inherente a las estructuras sociales, ideologías e instituciones) y luego liquidada; convertida en una serie de problemas que, al introducir nuevos valores, estructuras, políticas, líderes, etcétera (ad nauseaum), debe ser resuelta.

liminalist-0El problema es que los problemas que subyacen a la liminalidad no son problemas sociales sino psicológicos. De ahí que no puedan ser abordados con reformas sociales o ideologías nuevas. De hecho, esas reformas sociales, políticas y “nuevas” ideologías son, como dijo Freud de la religión, síntomas del problema mismo. Tampoco parecen ser síntomas que traen consigo salud, sino síntomas que, al ser malinterpretados y considerados formas viables del tratamiento, desvían nuestra atención fuera del problema y hacia una solución fantasma. (Un ejemplo fácil: la religión institucionalizada ofrece una solución al miedo a la muerte, sin mencionar a la pobreza o a la injusticia social  ­–y a un millón de otras afecciones tangenciales, y ello sólo pospone estos problemas y por lo tanto los exacerba, al menos potencialmente). 

El problema, o bien la realidad psicológica que no abordo aquí es que la mayoría de la gente depende de un grupo de identidad para su supervivencia psicológica. La mayoría de la gente necesita un sentido de identidad nacional, cultural, sexual, etc., para saber cómo comportarse. La vía principal por la que se proporciona esta identidad grupal es por medio de valores institucionales e instituciones fiables; excepto que no lo son. En esta liminalidad perpetua, las mismas estructuras en las que confiamos son por naturaleza poco fiables y hacen que la gente se vuelva extremadamente susceptible a la manipulación. Lo único que se requiere es debilitar a esas instituciones para causar un sentimiento de pánico, y luego, debido a que las personas no están entrenadas a manejar una experiencia de liminalidad, ellas mismas irán en busca de un maestro de ceremonia falso para que los pastoree o los guíe hacia un lugar aparentemente estable. Cualquier cosa para evitar la insoportable levedad de la liminalidad.   

La premisa de esta serie de piezas que escribo para Pijama Surf es que la espiritualidad –que en su forma más verdadera es la búsqueda de ir más allá de la identidad y hacia un estado de perpetua liminalidad– se está convirtiendo en una necesidad social y práctica. La cada vez más engañosa y destructiva marea de liminalidad ilegítimamente perpetuada y de soluciones falsas, identidades de grupo sospechosas, instituciones corruptas, etc., está al alza. Esto genera un clima cada vez más urgente en el cual ninguna opción dentro de los pares de opciones es viable; en el cual todo lleva a un doble filo de disonancia cognitiva potencialmente insoportable, un sentimiento familiar a todos cuando éramos niños: condenados si hacemos algo, condenados si no hacemos nada. La impotencia es la experiencia primaria de estar en un estado de liminalidad. 

La única manera de navegar esta marea alta es desarrollar una capacidad de liminalismo, esto es, de no hacer nada (de no-hacer, si queremos ser zen al respecto): pérdida de poder, control e incluso conocimiento básico acerca de lo que es verdadero o falso, real o irreal, frente a problemas colectivos cada vez más infranqueables y a “soluciones” cada vez más problemáticas.

 

Twitter del autor: @JaKephas 

Otros textos de Jasun Horsley en Pijama Surf

 


[1] La psicología, aunque mantiene ciertas similitudes con la ideología, es distinta de esta porque permite la existencia del inconsciente (en lugar de, digamos, Dios, o la ley natural) como el factor principal determinante de la actividad humana. Como resultado, observa la manera en que los valores (e ideologías) se forman inconscientemente, y encuentra que el factor determinante no está en una verdad empírica o realidad, sino en experiencias subjetivas del individuo (o la sociedad). Para dar un ejemplo, en The Childhood Origins of the Holocaust, Lloyd deMause muestra cómo la ideología nazi (incluido el aparentemente irracional odio a los judíos) puede rastrearse a las tempranas y brutales experiencias de los niños alemanes en las generaciones que crecieron para formar el movimiento nazi. 

El psicoanálisis y la psicología tienen en su origen una inspiración y una penetración artística y esto es lo que las hace tan valiosas, no la mimesis científica
[caption id="attachment_91815" align="aligncenter" width="607"]Screen shot 2015-03-05 at 11.23.40 AM Ilustración: Luke Waller http://www.illustrationdaily.com/luke-waller/3[/caption]

 

Nuestro trabajo particularmente pertenece a la retórica de la poiesis, con lo que quiero decir el poder persuasivo de la imaginación en palabras, un arte de hablar y escuchar, escribir y leer.

James Hillman

 

Revisando publicaciones científicas y el propio zeitgeist de nuestra cultura uno podría pensar que la psicología ha logrado establecerse como una ciencia, una ciencia suave y un tanto controversial si se quiere, pero coexistiendo en la misma arena que algunas de las ciencias más exactas. Esto es probablemente el resultado del arduo trabajo de los psicólogos que han sentido una enorme presión para legitimar su conocimiento y agenciarse el prestigio y la aceptación que supone producir conocimiento científico en nuestra sociedad. Esta presión fue sentida por Freud, cuyo trabajo en un principio fue recibido con hostilidad por los médicos de su época (sus colegas), lo cual lo llevó, en defensa propia, a buscar proyectar el rigor y la repetibilidad que se asocia con la ciencia al psicoanálisis. En el caso de Jung algo similar ocurrió, especialmente porque el médico suizo al interesarse por temas que el mismo Freud consideró demasiado pantanosos y que la ciencia hoy sigue considerando como pseudocientíficos --la sincronicidad, la alquimia, la astrología, etc.-- creyó imperativo proceder de la manera más rigurosa posible, clasificando y ordenando la profundidad de suyo insondable de la psique bajo ciertos modelos que aspiran a ser un prototipo de la ciencia del ser o de la ciencia del alma.

A este proceder meticuloso de las dos grandes figuras del psicoanálisis --especialmente de Freud que asoma una teoría suficientemente plausible de la naturaleza humana-- le debemos que la psicología sea tomada con tanta seriedad y sea parte del canon del conocimiento humano, sin que esto signifique que exista un consenso. A su vez la psicología se ha diferenciado del psicoanálisis intentando hacer ciencia social, midiendo comportamientos y creando predicciones, desarrollando ramas como la psicobiología y la psicología evolutiva entre otras, las cuales producen conocimientos sumamente interesantes pero están más cerca de la neurociencia y la sociología y van en contra del significado original, la tradición y la esencia de la psicología (que significa primero el estudio del alma). Lo que hizo revolucionario, por así decirlo, y lo más notable y revelador del psicoanálisis no viene de su acercamiento científico a la mente, sino de su imaginación y su intuición, de su acercamiento mitopoético a la psique. Su profundidad está enraizada en el arte, es una forma de percibir la profundidad de las cosas; más allá de la fisiología, los mitos y deseos que animan nuestros comportamientos. Y en este aspecto de la percepción, Freud y Jung más que acercarse al espíritu científico de su época se remontaron a un principio imaginativo, que podemos encontrar entre los poetas románticos o los filósofos presocráticos que, como si fueran chamanes, lo mismo hacían filosofía y ciencia que arte y religión. El psicoanálisis, que los psicólogos modernos desprecian por alejarse de la ciencia, es en realidad, por acercarse al arte, la disciplina que más se acerca a la psicología en su naturaleza más profunda.

Lo anterior se vuelve más claro al leer la entrevista de Freud que publicó Giovanni Papini en 1934, citada por James Hillman en su libro Healing Fiction:

Todos piensan que me mantengo por el carácter científico de mi trabajo y que mi principal alcance yace en la curación de enfermedades mentales. Eso es un error terrible que ha prevalecido a lo largo de los años y que no he logrado corregir. Soy un científico por necesidad y no por vocación. En realidad soy un artista por naturaleza... Y de esto hay una prueba irrefutable: que en todos los países en los que ha penetrado el psicoanálisis ha sido mejor entendido y aplicado por escritores y artistas que médicos. Mis libros, en realidad, más semejan obras de la imaginación que tratados de patología.

Freud así confiesa que detrás de su apariencia de doctor yace su esencia de artista y se incluye en la tradición de Mallarmé, Zola y Goethe ("mi viejo maestro"). Para muchos la atracción del psicoanálisis es que llevaba el terreno incierto, subjetivo y polisémico de la psique a una explicación, a una causa profunda. Doble atracción, porque la causa estaba oculta, como en un misterio, yacía comúnmente en el inconsciente y en la infancia. Pero Freud se veía a sí mismo más como un novelista o una mezcla de novelista e investigador de aquello "que no puede aclararse" y que "penetra en lo desconocido", como escribió el mismo Freud sobre los límites epistemológicos de la interpretación de los sueños. Heráclito hace unos 2 mil 500 años escribió: "No puedes descubrir los límites del alma, incluso si viajaras por todos los caminos para hacerlo; tan profundo es su significado”. No se puede hacer ciencia con aquello que es inconmensurable.

Freud estaba inventando un nuevo género, nos dice James Hillman, una mezcla entre "ficción y casuística y siempre desde ahí en la historia de nuestro campo, estos son inseparables; la historia de nuestros casos es una forma de escribir ficción". El psicoanálisis, la llamada "cura hablada", no cura (cuando cura) porque encuentre la causa definitiva de nuestras psicopatologías, cura porque nos hace habitar en la ficción, nos hace sensibles al poder liberador de la ficción. Utiliza la imaginación a nuestro favor --que desata la creatividad libidinal, nos remite a historias significativas en las que nuestra vida se vuelve parte del arco dramático de la poética aristotélica, a veces llegando a la catarsis (algo como la sublimación freudiana). La ficción, concebir nuestra vida como una historia --actuando mitos y arquetipos-- la dota de un sentido poético, de un significado profundo. Esto es lo más valioso del psicoanálisis --más importante que curar o no una psicopatología, darle profundidad a la existencia, mayor riqueza y resonancia a nuestras experiencias, crear el contexto para que la mente se vincule con la historia y sea parte de una historia poética.

psycheAquí hacemos el espacio para interpelar a James Hillman, a mi juicio, el tercer gran personaje en la historia de la psicología profunda. Hillman sitúa el origen de la psicología en Heráclito, quien sostuvo a la psique como su arconte, el origen de las cosas en su filosofía. Psique, nunca está de más recordarlo, que significa alma; lo psicológico es aquello que pertenece al alma, y la psicología nos acerca al dominio de la diosa Psique, amante de Eros y su mitopoética. Este es el espíritu que rescata Hillman en su visión de "una psicología del alma que es también una psicología de la imaginación, una que no toma su punto de partida ni de la fisiología, ni de la lingüística estructuralista, ni de los análisis o el comportamiento, sino de los procesos de la imaginación. Esto es, una psicología que asume una base poética de la mente". Por definición, no hay trabajo psicológico sin preguntarse por el alma--y el alma elude a la ciencia (es la gran exiliada: "una ninfa en perenne fuga", dice Hillman), su reino es la poesía, el mito, la alquimia.

Lo importante a tomar en cuenta aquí no es emplear un mayor rigor en la clasificación de la psicología y por lo tanto expulsar a la psicología de la ciencia, demarcando claramente los límites de su saber, como algunos científicos más duros han debatido en numerosos artículos. Lo importante es regresarle a la psicología su esencia artística e imaginativa, ya que la materia prima de la psique son las imágenes y es la naturaleza del arte tratar con imágenes, más que la ciencia. Casi podríamos pensar en la psicología como una nodriza de las artes, una especie de hermana de Mnemósine (la memoria y la imaginación van de la mano); en su estudio y conocimiento, un sustrato de creatividad e inspiración. Y así concebir a la mente bajo una base poética. Esta sería la culminación del arte psicológico, una poética de la mente o una disciplina de hacer alma en el mundo

Esto no sólo es una visión estética del mundo, tiene también un componente práctico, o mejor dicho la estética tiene en este sentido una posible dimensión ética. Evidentemente la psiquiatría no es lo mismo que la psicología o el psicoanálisis --y hay ciertos casos extremos donde su aplicación farmacológica parece indicada-- pero al tratar con la psique, con la región del alma y de la imaginación, quizás debería de considerar un acercamiento más suave e imaginativo, más cercano a los mitos y fantasías y emociones que muevan a la psique. Esta es la intuición fundamental de Jung, por ejemplo, quien se formó como psiquiatra pero trató a sus pacientes activando su imaginación, pidiéndoles que materializaran sus sueños y visiones en mandalas y guiándolos a decodificar los símbolos y arquetipos de su inconsciente para integrar su "sombra". En vez de suprimir los síntomas con agresivos medicamentos, dejar que la creatividad de la psique surja y se cure a sí misma. 

Tal vez el rigor se llega a convertir en rigidez en el caso de los tratamientos psiquiátricos que afrontan la diversidad y las tensiones inherentes de la mente humana con una misma fórmula, una misma pastilla orientada a suprimir las enfermedades mentales, en las que, como creía Jung, se ocultan los dioses de la antigüedad, y son manifestaciones de la profundidad, de la ficción poética del individuo. "Los elementos de la imaginación, a diferencia de los elementos de la ciencia, son necesariamente polivalentes", dice Hillman. Los padecimientos, sueños, fantasías, obsesiones, complejos y patologías de la psique son siempre algo más, son metáforas y tal vez por eso se resisten a ser tratados de manera literal. Es por eso tal vez que los tratamientos ortodoxos, siguiendo al pie de la letra el manual de la psiquiatría moderna, son tan poco efectivos. Para tratar al alma se necesita de alma --y la ciencia sostiene haber refutado su existencia, ya que sólo lo físico es real; para hablar en el lenguaje de la fantasía y la imaginación se necesita arte. Vivimos en un mundo en el que cada vez hay más enfermos mentales --esto es un hecho científicamente comprobable, a razón de que es la psicología haciéndose pasar por ciencia la que define a una persona como enfermo mental y cada semana descubre una nueva psicopatología; cada vez más personas deprimidas, esquizofrénicas, bipolares, con déficit de atención, etcétera, como consecuencia de la aplicación del método científico a la psique. Y es que el alma tiene razones que la razón no entiende.

Twitter del autor: @alepholo