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El gamer que se convirtió en dios y dictador de su propio mundo (geometría sagrada en SimCity) (VIDEO)

Por: pijamasurf - 02/13/2015

Un videojuego, 4 años y algo de tiempo libre permitieron que este chico hiciera un agudo comentario acerca de nuestra desastrosa forma de vida social: no somos sino esclavos (sims) de un sistema podrido para el que no somos ni remotamente prioritarios

Mucho antes de Minecraft existió un videojuego que gradualmente se ha vuelto social pero que en sus inicios era como un gran pizarrón matemático, SimCity 3000. Se trata del tatarabuelo de todos los juegos de construcción en Facebook (tipo Farmville), pero con el añadido de enseñarles a los niños que el mundo era injusto y que dejar el poder en manos poco atentas terminaría por acabar a todos los ciudadanos de tu ciudad.

El juego “imbatible” fue derrotado en 2009 por un estudiante de arquitectura de apenas 22 años, originario de Filipinas, de nombre Vincent Ocasla. Si este fuera un relato de terror, veíamos a Vincent en su habitación, maquinando como un demiurgo platónico los planos de su megalópolis, mientras en otra dimensión (la del juego mismo), los sims sospechan que su vida robótica y predecible tal vez sea controlada por un dios supremo cuya comprensión no les está permitida.

Con 6 millones de residentes, Magnasanti es una obra maestra de la construcción virtual: llevó 4 años planear y ejecutar el proyecto, mucho más que algunas obras arquitectónicas reales, y Vincent tomó en cuenta hasta el último detalle para maximizar y hacer eficiente todo dentro de la ciudad… incluyendo una expectativa de vida de 50 años para sus habitantes.

magnasanti

Leyendo la entrevista que le hicieron en Vice parece que Vincent es realmente un demiurgo anciano y no un chico culto y fanático de los videojuegos. En realidad, Vincent ve Magnasanti como una forma de expresión legítima más que como un juego: un comentario sobre la brutalidad y regimentación de la sociedad actual a través de un medio expresivo que le permitió “magnificar las ambiciones increíblemente enfermas de dictadores políticos egoístas, élites dominantes y arquitectos simplemente locos”.

Vincent Ocasla, arquitecto, gamer y dios

Pero a diferencia de un dictador que defiende su régimen a capa y espada, Vincent sabe que su utopía tampoco es perfecta: “Existen muchos problemas escondidos en la ciudad, bajo la ilusión de orden y grandeza: contaminación del aire asfixiante, alto desempleo, sin bomberos, escuelas, ni hospitales, un estilo de vida homogéneo —este es el precio que pagan los sims por vivir en la ciudad de más alta densidad poblacional”.

Magnasanti tiene 50 mil años en el tiempo de juego y su diseño está basado en el Bhavacakra, la Rueda de la Vida del budismo; Vincent tiene un gran interés en la geometría sagrada, y los planos de su ciudad son una versión modificada de la rueda de la vida y la muerte “que representa la intención siniestra de esclavizar a todos los ciudadanos durante toda la eternidad”. Sin embargo, el buen Vincent se considera simplemente un librepensador.

Más que un logro digno de un bastión en la historia de los videojuegos, Magnasanti es un agudo comentario social sobre la racionalización absoluta de nuestra vida en el planeta, así como una genuina advertencia de sus brutales consecuencias:

La salud de los sims no era una prioridad… Pude haber llevado a cabo muchas obras de salud que pudieran haber incrementado la expectativa de vida, pero decidí no hacerlo por razones prácticas. Muestra que si te concentras solamente en un objetivo, puedes terminar descuidando o sacrificando otros elementos importantes. Al igual que [en el mundo real], si maximizar la ganancia es el objetivo absoluto, dejamos de considerar las consecuencias sociales y ambientales.

Fotos de los muxes, el tercer sexo reconocido desde la época precolombina

Por: María José CA - 02/13/2015

"Ser muxe es una manera de ser, como el ser mujer, como el ser hombre, nada más que tiene otro comportamiento muy distinto al del gay"

*Dale clic en la imagen para verla en pantalla completa

El tercer sexo supone una manera de vivir donde se libera el binomio genérico a partir de la convivencia cotidiana con la diversidad sexual. A pesar de su antigüedad, este fenómeno no siempre fue reconocido como parte de una cultura tradicionalista… En especial, en la occidental. 

Sin embargo, en Oaxaca (México) existe el caso de los muxes (que viene del español del siglo XVI, y quiere decir mujer), el cual es un ancestral tercer sexo de origen indígena que forma parte de la estructura social del lugar. Según los textos históricos, antes de que el manto católico de la colonización española abrasara a las culturas indígenas, existían sacerdotes aztecas travestis y dioses hermafroditas. Para ese entonces la flexibilidad de género era inherente a la cultura, lo que ayudó a convertir a los muxes en símbolo de buena suerte. 

Actualmente, la cultura de los muxes en las comunidades zapotecas alrededor de la ciudad de Juchitán ha hallado su autonomía y libertad. Por ejemplo, los muxes tienden a formar parejas monógamas con hombres, aunque hay quienes se casan con mujeres y tienen hijos o deciden vivir en grupos. 

De acuerdo con Mandis, fundador de Las Auténticas Intrépidas Buscadoras del Peligro, esta experiencia sólo puede definirse como un fenómeno estructural y ambivalente al mismo tiempo: 

Ser muxe es una manera de ser, como el ser mujer, como el ser hombre, nada más que tiene otro comportamiento muy distinto al del gay. Es más apegado a la mujer, a las costumbres, a su manera de comportarse. En el caso de los gays, andan unos con otros. En el caso de los muxes, ellos no son pareja de otros. Nunca tienen una pareja muxe, ellos andan con hombres. Lo que sí es que a algunos desde que nacen se les nota.

Este modo de ser, ajeno a la cultura machista que envuelve al país, rehabilita constantemente el estado efímero entre dos géneros que brinda fortuna a los implicados. Por ello, el fotógrafo Nicola Ókin Frioli se dedicó a capturar las experiencias de 3 mil muxes de Juchitán. En sus fotografías, bajo el nombre de We are Princesses in a Land of Machos, se observa la intrigante dinámica del tercer sexo nunca reconocido, nunca respetado.