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TOP: 10 escritores que eligieron el invierno para suicidarse

Por: Jaen Madrid - 01/03/2015

Un impulso fugaz es el primer síntoma del mal de la muerte, y resulta bastante curioso encontrarlo en las personas más sensibles de la historia: poetas, novelistas, ensayistas, filósofos; en esencia, escritores
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Imagen: Lorena Sequeyro

 

Como es de especularse, los ambientes gélidos y grisáceos de la época invernal suelen producir sentimientos de aflicción, nostalgia, síntomas depresivos e incluso pensamientos suicidas. Y aunque esto es un tipo de trastorno generalmente asociado con la sugestión recibida por el cerebro y los efectos que implica la disminución de serotonina en este, lo cierto es que también suele ser una reacción de la época para elogiar a la melancolía, un pretexto para desbordar la catarsis enérgica de la tristeza, que misteriosamente se asemeja con el clima gríseo.

El invierno posee las condiciones perfectas para abstraerse del mundo, para observar desde fuera los límites de la locura. Quizás sea por ello que en estas épocas algunas mentes brillantes dedicaron pensamientos al acto más intrascendente de desafiar a la muerte cara a cara, y se arrojaron al vacío de lo desconocido a voluntad. Un impulso fugaz es el primer síntoma del mal de la muerte, y resulta bastante curioso encontrarlo en las personas más sensibles de la historia: poetas, novelistas, ensayistas, filósofos; en esencia, escritores. Esta es una lista de algunos de los autores más lúcidos que eligieron los meses invernales (en el hemisferio norte) para suicidarse de las maneras más románticas, trágicas y nostálgicas:

 

suicide

 

 

1. Serguéi Esenin

28 de diciembre de 1925: en la Navidad de ese año, se aloja en el hotel d’Angleterre en Leningrado, Rusia, donde permanece 3 días encerrado. Se ahorca luego de escribir unos versos con la sangre de sus brazos.

Hasta pronto, amigo mío, sin gestos ni palabras, no te entristezcas ni frunzas el ceño. En esta vida, el morir no es nuevo y el vivir tampoco lo es.

Conocido como el último poeta del campo, el joven escritor surgió de la región más oscura de la llanura central rusa, donde escribió sus primeros poemas a la edad de 15 años. Su obra más conocida: “Hombre Negro”, poema trágico y perturbador.

 

2. Alphonse Rabbe

31 de diciembre de 1939: adicto al opio y deformado por la sífilis, decide terminar su vida con una sobredosis de láudano.

Escritor, crítico y periodista francés, considerado una de las mayores influencias del círculo de los poetas malditos así como de Emil Cioran y los surrealistas. Incursionó en la literatura pesimista abordando temas como la falta de sentido de la existencia, la enfermedad y la muerte. Su última y más reveladora obra le hace honor a su dedicación: Album d’un pessimiste.

 

3. Fabrice Graveraux

8 de enero de 1982: se corta las venas en la fiesta de su exnovia, quien se rehúsa a devolverle sus poemas. Sale corriendo y se pierde en la oscuridad. Amanece tirado en una calle de Viareggio, Italia.

En la lente el disparo, en la vena el cuchillo. Es la fiebre. Es París.

Poeta visceral que estuvo a punto de terminar un libro con el pintor Joan Miró.

 

4. Justo Alejo 

11 de enero de 1979: se suscribe a la revista Clarín y se arroja al vacío desde las alturas del edificio del Ministerio del Aire en Madrid.

Sólo una cosa quiero antes de ver el fin: y es recibir Clarín en mi tumba espartana…

Escritor español vinculado a los círculos literarios y artísticos de Valladolid y Zamora. Militar de profesión, escribió 15 poemarios y realizó investigaciones minuciosas en los campos de la sociología, la antropología y el folclor.

 

5. Tor Jonsson

14 de enero de 1951: se ahorca en Oslo, luego de que la periodista Ruth Alvesen lo rechazara.

¿Para qué escribir más de todo lo que existe si los ojos conforman siempre un mejor poema?

Poeta y periodista noruego, conocido por sus versos líricos sobre la soledad.

 

6. Gérard de Nerval

26 de enero de 1855: se ahorcó en una farola de la calle Vieille-Lanternecalle de París, luego de haber ingresado varios meses a una clínica de salud mental.

No me esperes esta tarde, la noche será blanca y negra.

Poeta y novelista francés, pionero de lo que más tarde sería el surrealismo. Su última obra incompleta, Aurélia ou le reve et la vie, se considera de las más sublimes de la época.

 

7. Thomas Lovell Beddoes

26 de enero de 1849: luego de haber perdido una pierna en un intento de suicidio previo, muere por ingestión de veneno.

Y si el tiempo final se demorase/ liba este amargo arsénico que te pongo en el vaso.

Poeta y dramaturgo inglés. Intentó estudiar medicina, motivado por su esperanza de descubrir evidencia física de un espíritu humano que pudiera sobrevivir a la muerte del cuerpo.

 

8. Sylvia Plath

11 de febrero de 1963: lleva el último desayuno a la cama a sus dos hijos, se encierra en la cocina, abre la llave del gas y mete la cabeza al horno.

¿Hemos hecho algo igualmente desastroso para todos educando a las mujeres igual que a los hombres? Las mujeres verán el mundo de forma distinta que los hombres...

La chica que quería ser Dios. Escritora estadounidense reconocida por sus pensamientos profundos sobre el papel femenino y por engendrar el género de la poesía confesional. Su obra más reconocida es una autobiografía titulada The Bell Jar.

 

9. Horacio Quiroga

19 de febrero de 1937: luego de presenciar toda una vida de accidentes dolorosos y suicidios a su alrededor, decide unirse al mal de la muerte e ingiere una dosis letal de cianuro.

Tras la muerte de su padre en un accidente, al dispararse con una escopeta (posible suicidio), su madre vuelve a casarse. 5 años después, el padrastro se suicida con el mismo método. Horacio decide viajar a Francia para escribir Diario de viaje a París, obra donde se puede leer al poeta misántropo escupir sus primeros pensamientos melancólicos reprimidos. Con el tiempo se convierte en profesor y se enamora de una alumna que posteriormente sería su esposa. En 1915 la mujer se suicida bebiendo un líquido para revelar fotografías. Luego de esta dolorosa situación, mantiene un romance fugaz con Alfonsina Storni, quien se suicidaría 20 años después arrojándose al mar. Quiroga mataría por accidente a su amigo Federico Ferrando y 1 año antes de que se quite la vida su amigo Leopoldo Lugones, Quiroga se suicida. Poco más tarde se suicidaría su hija mayor, Eglé y su hijo Darío en 1951.

¡Qué locura! Los amantes que se han suicidado sobre una cama de hotel, puros de cuerpo y alma, viven siempre. Nada nos ligaba a aquellos dos fríos y duros cuerpos, ya sin nombre, en que la vida se había roto de dolor.

Cabe destacar que el cuentista dramaturgo es el único de la lista que no murió literalmente en invierno, pero se considera la presencia de su nombre por ser su invernal viaje a Francia (el único que hace a tierras gélidas) culpable de fortalecer su estilo de narración, muchas veces comparado con Edgar Allan Poe por sus relatos fantásticos sobre la naturaleza como ente del terror.

 

10. Hunter S. Thompson

20 de febrero de 2005: se dio un tiro en su estudio de Colorado, pensando: "¿Para qué servir a esta bella comunidad de inescrupulosos que no tienen nada mejor en sus vidas?".

Periodista, icono de la contracultura estadounidense en la década de los 60, alcohólico y adicto amante del ácido, conocido mundialmente por su obra Fear And Loathing in Las Vegas y una importante selección de artículos en la revista Rolling Stone durante las elecciones del presidente Nixon.  

Lo siento, los tengo que dejar. No les pido que me recuerden. Pero alguna vez enciendan un cigarrillo por mí y piensen como lo hice yo. Sin mirar atrás....Tengo que descansar.....Respirar profundo....Cerrar los ojos...

 

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Tres poetas describen sus fotografías favoritas

Por: pijamasurf - 01/03/2015

El simple ejercicio de observar una fotografía después de haber leído un párrafo sobre ella es increíblemente rico y nos devuelve una cualidad de observación que hemos ido perdiendo con el tiempo

Un poema sobre fotografía asume la carga de completar o continuar lo que ha comenzado una fotografía. Pero hoy en día, como decía Susan Sontag, todo está hecho para terminar en una fotografía, y ello muy probablemente nos ha desensibilizado ante el formato. La última entrega de la revista Aperture, misma que el Paris Review fue tan gentil de compartir, se enfoca en la relación entre la literatura y la fotografía. Aquí, algunos poetas discuten algunas de sus fotos favoritas y nos regresan ese cuidadoso y fértil acercamiento a las impresiones.

El ejercicio de observar las fotos, luego leer los comentarios de los poetas y después volverlas a ver es increíblemente rico. Es como si nos ofrecieran una privilegiada ventana para ver con cuidado lo evidente, que a primera vista puede estar velado para nosotros.  

 

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Ann Lauterbach

The Fellowship Photograph (Retrato de Ludwig Wittgenstein), 1929

La fotografía de Wittgenstein es perturbadora; es como si apenas pudiera ver hacia fuera de la actividad ferviente de su mente. Hay algo siniestro acerca de mirarlo de regreso, a sus ojos incómodos e inteligentes, y pensar acerca del silencio que cada fotografía nos compele a reconocer. Pienso seguido en ese silencio, y la indiferencia de las imágenes hacia él, y las maneras en que los pies de foto tratan, pero ultimadamente fallan, en debilitar. Wittgenstein pensó mucho acerca de la relación del silencio y las palabras, lo cual es probablemente la razón por la que muchos poetas aprecian su escritura. Es muy buena compañía.

 

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John Ashbery

Sergio Larrain, Boulevard Saint-Germain, Before the Deux Magots Café, 1959 

El Café Deux Magots fue uno de mis lugares favoritos, al menos cuando estaba lo suficientemente holgado para pagarlo. Pude concebiblemente haber estado allí cuando se tomó la foto. La fotografía resume hermosamente la atmósfera de París en una tarde más bien fría, con turistas bien vestidos y bien portados bebiendo sus café exprés y dos autos de moda, uno deportivo y un Sedan. Las tres personas platicando alrededor del auto deportivo son casi cristalizaciones de los parisinos de esa ahora era distante. El joven lejos a la izquierda, con su espalda a la cámara, es una silueta icónica de los tiempos, con ropa plácidamente arrugada y ambos zapatos plantados firmemente al pavimento. Tuve esta tarjeta metida en un marco de foto en mi escritorio para recordarme del pasado y toda su melancólica variedad.

 

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Richard Howard

David Alexander, Dogs and Hydrant, 2014 

He vivido con esta fotografía tomada por David Alexander por los últimos 5 años. Consiste de un friso repetitivo de tres hileras horizontales del mismo alternante par de caras de perros bajo una delgada tira de lo que es demasiado severamente cerúleo para ser un indudable cielo. Las caras multiplicadas de los dos perros miran directamente hacia delante, sólo interrumpidos en la esquina inferior derecha de estos carteles repetidos de cuatro placares idénticos de una rara imagen camaronesca que eclipsa todo salvo las puntas de las orejas tersas de un cachorro, y la incluso más tersa nariz y barbilla del otro. Frente a los perros hay una llamativa boca de incendios que ofrece una curiosamente práctica atracción a los múltiples pares de perros. Considerando la superficie brillante y mojada sobre la cual yace el hidrante, es posible, incluso probable, que todos los perros de cartel hayan ya aprovechado la oportunidad.