*

X

"Odio el Año Nuevo", la diatriba de Antonio Gramsci contra el optimismo de este día

Por: pijamasurf - 01/02/2015

¿Sería posible mantener todos los días la expectativa con que iniciamos un Año Nuevo? ¿Qué tal si ese entusiasmo lo trasladamos a todas y cada una de nuestras mañanas?

gram

Es probable que el nombre de Antonio Gramsci no sea del todo conocido para muchos. De hecho, es posible que sea un completo desconocido. Esto a pesar de que hace algunos años fue uno de los pensadores más importantes en los circuitos del marxismo. Siempre desde este enfoque, Gramsci escribió notables reflexiones sobre política, educación y estética; a él se debe, por ejemplo, la noción de “intelectuales orgánicos”, la cual define a las personas que con su oficio esencialmente intelectual contribuyen a legitimar una estructura hegemónica de poder, sin importar que esta sea o no justa para la mayor parte de la sociedad. Por su inclinación política, Gramsci fue encarcelado por el régimen de Benito Mussolini, lo cual al final precipitó su muerte.

Pero más allá de su posición ideológica, Gramsci también destacó por ser un gran escritor. Al formarse en una cultura especialmente rica, la italiana, Gramsci desarrolló un estilo sensible y preciso, el cual puso al servicio de un pulso vital que llamaba a enfrentar las adversidades, a pensar más allá de lo establecido y, en fin, a trabajar cotidianamente por hacer de este un mejor lugar para vivir.

Ahora presentamos un fragmento tal vez excéntrico dentro de lo que podríamos esperar de un marxista, pero el cual, después de todo, retoma el pensamiento crítico habitual de esta corriente. Se trata de una diatriba contra el Año Nuevo, esa fecha que estamos celebrando ahora casi de la misma manera que la celebramos cada año: con esperanza e ilusión, con cierto pesar por el transcurrir del tiempo, también con regalos y clichés. Algo que, reunido, “da náuseas”, para usar una expresión del propio texto. ¿Por qué? Porque, en cierto sentido, cada instante es un inicio. Y si no cada instante, al menos cada mañana. Esa es la propuesta de Gramsci. Que nos aliente no el cambio de año, sino el cambio de día. Que cada vez que despertemos descubramos, como Proust, que "la creación del mundo no tuvo lugar al principio, esta sucede todos los días”.

A continuación, el texto:

Cada mañana, cuando me despierto otra vez bajo el manto del cielo, siento que es para mí año nuevo. De ahí que odie esos Años Nuevos de fecha fija que convierten la vida y el espíritu humano en un asunto comercial con sus consumos y su balance y previsión de gastos e ingresos de la vieja y nueva gestión. Estos balances hacen perder el sentido de continuidad de la vida y del espíritu. Se acaba creyendo que de verdad entre un año y otro hay una solución de continuidad y que empieza una nueva historia, y se hacen buenos propósitos y se lamentan los despropósitos, etc., etc. Es un mal propio de las fechas. Dicen que la cronología es la osamenta de la historia; puede ser. Pero también conviene reconocer que son cuatro o cinco las fechas fundamentales, que toda persona tiene bien presente en su cerebro, que han representado malas pasadas. También están los Años Nuevos. El año nuevo de la historia romana, o el de la Edad Media, o el de la Edad Moderna. Y se han vuelto tan presentes que a veces nos sorprendemos a nosotros mismos pensando que la vida en Italia empezó en el año 752, y que 1192 y 1490 son como unas montañas que la humanidad superó de repente para encontrarse en un Nuevo Mundo, para entrar en una nueva vida. Así la fecha se convierte en una molestia, un parapeto que impide ver que la historia sigue desarrollándose siguiendo una misma línea fundamental, sin bruscas paradas, como cuando en el cinematógrafo se rompe la película y se da un intervalo de luz cegadora. Por eso odio el Año Nuevo. Quiero que cada mañana sea para mí Año Nuevo. Cada día quiero echar cuentas conmigo mismo, y renovarme cada día. Ningún día previamente establecido para el descanso. Las paradas las escojo yo mismo, cuando me sienta borracho de vida intensa y quiera sumergirme en la animalidad para regresar con más vigor. Ningún disfraz espiritual. Cada hora de mi vida quisiera que fuera nueva, aunque ligada a las pasadas. Ningún día de jolgorio en verso obligado, colectivo, a compartir con extraños que no me interesan. Porque han festejado los nombres de nuestros abuelos, etc., ¿deberíamos también nosotros querer festejar? Todo esto da náuseas.

[1º de enero de 1916, periódico Avanti! (recogido en el libro Bajo la Mole – Fragmentos de Civilización); traducción tomada del sitio gramscimania.info.ve]

Los mejores perros del mundo según las matemáticas

Por: pijamasurf - 01/02/2015

Este esquema nos muestra cómo algunas razas caninas han demostrado ser mejor que las demás de acuerdo a su fisonomía, genética, cuidados y apetito

purebred-dog

El periodista de datos y diseñador de información David McCandless elaboró una gráfica bastante perspicaz que nos muestra cuáles son las mejores razas caninas según los datos cuantitativos más importantes. El esquema se desenvuelve de una manera bastante práctica: primero los perros son codificados por color y figura de acuerdo a su raza. Luego aparecen los rasgos positivos naturales, como la inteligencia, vitalidad y la falta de padecimientos genéticos, así como los rasgos más complicados de atender (y un tanto negativos), como el costo de manutención, el aseo y tamaño de apetito. Todo esto disperso entre los dos ejes de la gráfica en donde X representa la clasificación de David llamada “tesoros ignorados” y Y la estadística de popularidad que tienen algunas razas inexplicablemente subestimadas. Esto con la finalidad de hacer una comparación entre los factores que realmente son tomados en cuenta por las personas al momento de preferir a un perro (y vaya que es una diferencia abismal). El resultado final: la perfección matemática de los border terriers y los springer spaniels galeses es directamente proporcional a los desperfectos de los bulldogs.

Las matemáticas son exactas pero por supuesto que tienen variables infinitas. En este caso, existe la inconstante de las condiciones de hábitat que tenemos en casa para cada perro y por supuesto, el criterio personal a la hora de encariñarnos con alguno de ellos. Vale la pena revisar el diseño si eres una persona muy perfeccionista; de lo contrario, al menos te divertirá conocer el porcentaje que ha obtenido tu mascota. 

 

David McCandless