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¿Qué sucedería si los grandes líderes comunistas y la ideología marxista fuera cooptada por el capitalismo y la frivolidad que sustenta la sociedad de consumo en búsuqueda de lo sexy? Cosmarxopolitan: poesía de supermercado para el sueño de opio de las masas

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La revista Cosmopolitan se ha convertido en un emblema del capitalismo: ese brillante objeto irresistible que nos asalta en el supermercado con fonts de alto impacto, colores llamativos, titulares pegajosos y fotos de despampanantes mujeres en actitudes relajadas o provocadoras que lo mismo seducen a los hombres que a la mujeres --y que de una u otra forma nos llaman a consumir productos para modificar nuestra apariencia y obtener ese secreto deseo que todos queremos: "Con estos 10 ardientes movimientos lo volverás loco"."Esta dieta te convertirá en una ninja sexual"Cosmo se vende como la primera revista para mujeres por mujeres, que encabeza la revolución femenina, la liberación sexual y la expresión genuina del poder de la mujeres que no reprimen sus verdaderos deseos. La estrategia de Cosmo ha sido ser risqué (para usar su léxico... sexy-sassy-trashy): traducir la obsesión sexual cultural (generalmente dictada por la mirada masculina) a una mirada aparentemente femenina --descubriendo lo evidente: que el sexo para las mujeres también es sumamente importante, también pulula en sus mentes. Esto, según Cosmo, ha contribuido al empoderamiento de la mujer, creando un espacio para que ellas exploren y expresen su sexualidad.

Ahora bien esto sólo es la apariencia, y es que Cosmo justamente es  la revista de las apariencias. Como bien señala el sitio Beauty Redefined: el énfasis prevalente está en cómo los otros --particularmente los hombres-- perciben a las mujeres y la mayoría de los obsesivos tips y consejos infalibles que reparte la revista en cada edición están más orientados a obtener un beneficio del deseo de los hombres que de la forma en la se sienten las mujeres por sí mismas. Y es que la filosofía fundamental de la revista es muy básica y difícil de cuestionar: lo que las mujeres quieren es que los hombres las quieren. Algo que parece bastante natural, pero para ello se emplean innumerables artilugios y estratagemas. Por  ejemplo, en la edición de octubre del 2010 "You, Even Better" (Tú, todavía mejor"), se motiva con legítimo acicate autosuperacional: "Científicos han descubierto que entre más cosas sepas hacer, más amarás la vida", seguido de la sigiente frase "Así que te hemos dotado de una mezcla de intrépidos movimientos, tan fabulosos que te divertirás presumiéndolos". Como este existen incontables tips de belleza, sexo, dieta, etc. cuya promesa fundamental es que serán disfrutados a través de la mirada del otro, o de lo que se podrá conseguir de ellos: "Vístete de rojo y consigue que te dé lo que siempre quisiste". Este mecanismo se conoce como la autobjetificación: "la tendencia a percibir el propio cuerpo conforme a características externamente percibidas", principalmente a través de  la "mirada masculina" (el concepto de "male gaze" de Laura Malvey), lo cual a su vez genera una tendencia a monitorear constantemente la propia apariencia para que refleje el inconsciente masuclino que ha sido interiorizado.

Toda esta introduccción para pasar a una parte más divertida, contextualizar para poder disfrutar con herramientas (o cosméticos ideológicos) la friviolidad metacrítica. Cosmopolitan, quizás más que el vocero de la liberacón femenina, es el vocero de la cooptación de los ideales liberales al servicio del capitalismo --del consumo como brazo de la vanidad. Si algo permea esta feria de vanidades que enarbola Cosmo es la superfluidad, poner el trabajo y la fuerza productiva en beneficio de la apariencia, el excedente sin asomo de responsabilidad colectiva. Ni siquiera es el hedonismo lo que se promueve, es el capitalismo emocional, la usura del intercambio erótico (lumpen hormonal en un ataque de compras).

Cosmarxopolitan conjuga estas dos fuerzas opuestas --el capitalismo y el marxismo--, las dos grandes energías políticas de nuestra era, y las hace copular creando una serie de divertidos híbridos que por una parte parodian la frivolidad de la cultura occidental moderna y que al mismo tiempo arrastran los valores marxistas al poético paroxismo de lo absurdo. Lenin, Stalin, Trotsky, Marx ("en la cama, te cuenta todo sobre su barba") son  vulnerables pero poderosas estrellas pop o supermodelos que revelan sus secretos --o se desnudan o toman los sexys y  políticamente incorrectos roles de la fantasía reprimida  (dominatrix, esclavo sado, o trabajador explotado)... Cosmo, la faux efigie de la liberación femenina convertida en emblema socioanarquista (así redimida: como alguien que finalmente encuentra el orgasmo). Cosmomarxopolitan, la ucronía del comunismo: cómo si éste o sus próceres hubieran triunfado pero a fin de cuentas hubieran caído en la irresistible seducción de la imagen consumista --la vanidad secreta--degenerando su marcha histórica, desvirtuando la lucha de clases hasta el estupor pop y la frivolidad materialista.

Poco sabemos de Cosmomarxopolitan, más que es un tumblr temático y probablemente un ligero proyecto artístico (Marx decía que el capitalismo convertía todo lo sólido en etéreo). Lo "fabuloso" del proyecto es la resignifiación del lenguaje sexy, travieso y lleno de tropos de Cosmo, en una fantasía fetichista de lo absurdo que pone en evidencia la nimiedad de los valores que promueve el capitalismo y hace del comunismo una parodia al final de la historia.

 

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real-cosmos 

Cosmo "real".

Twitter del autor: @alepholo

Cuando se extraña a una persona a la que queremos, es entonces cuando florece el fantasma. Un simulacro que es una suerte de miembro amputado, ya que cuando dos personas se unen por suficiente tiempo sus cuerpos se articulan.

miembro

Unable to believe in anything at the unchanging core

of being but a phantom limb’s complete and constant

Wing-ache

Jefrey Schultz

Hay fantasmas que toman el lugar de una ausencia. Estos seres que nos siguen a todas partes, y que con frecuencia nos habitan, se desenvuelven de distintas maneras y toman diferentes formas de acuerdo al efecto que busquen lograr (asumiendo que tienen agencia propia y que no nacen puramente de la imaginación). Los que incumben aquí no son, como las apariciones, una refulgencia traslúcida, sino una niebla antropomorfa, portadora de  placer y de dolor como lo sería una extremidad de nuestro cuerpo. Son los fantasmas de los sentidos (el fantasma de la vista, el del tacto, el del olfato, el del gusto) que aparecen producto de proyecciones del cuerpo, de la memoria del cuerpo. A ellos, que todas las personas experimentan alguna vez en distintos grados, se les atribuye un lugar importante en el mundo ya que están directamente relacionados con la más alta señal de vida: el dolor. 

En su definición médica, el síndrome del “miembro fantasma” es un fenómeno psicológico post-amputación que se origina en el cerebro. Es la sensación de que un miembro faltante sigue unido al cuerpo y se mueve debidamente como el resto de las extremidades. La sensación fantasma también puede ocurrir después de la extirpación de otras partes del cuerpo: cuando te sacan una muela, te quitan los ovarios, te extraen un ojo. La memoria física de las ausencias se queda impresa en la fantasía. Y duele. Pero el dolor es intermitente; los fantasmas también generan confort y una especie de sensación de compañía, de completitud. Quizá por eso se quedan tanto tiempo. 

Por otra parte existe el llamado “dolor fantasma”, proveniente de alguno de estos espectros; puede darte un dolor de cólicos menstruales después de que te ha dado la menopausia, por ejemplo. Oliver Sacks habla sobre el miembro fantasma en el caso de amputaciones. Y el neurocientífico V.S. Ramachandran aborda el mismo tema desde los espejos. Lo cierto es que este específico fantasma ha ocupado a todo tipo de personas a lo largo del tiempo, desde médicos hasta escritores y artistas, y esto es quizá porque es la inmensa prueba de que el cuerpo recuerda, y es la metáfora que explica el extrañamiento. 

Cuando se extraña a una persona a la que queremos y estábamos bastante acostumbrados, acontece el fantasma. Un simulacro que es una suerte de miembro amputado, ya que cuando dos personas se unen por suficiente tiempo sus cuerpos se articulan. De ahí el dicho común de que una persona es la extensión de otra. La parte responsable de estas presencias es enteramente la memoria del cuerpo, que es tan  potente que dispone de trucos para conseguir un efecto determinado y tiene la facultad de retener geometrías y de mandar señales de dolor al cerebro si se le separa de una porción a la que había adoptado como suya. En consecuencia, cuando una persona se queda sin otra, esta sigue merodeando por su casa, su cama, su hora de comida, su mesa de trabajo. Y, lo más extraño, lleva consigo la temperatura y el peso exacto de lo que sustituye. (Sweet substitute). 

“Constantemente usamos términos simbólicos para representar conceptos que no podemos comprender del todo” diría Jung, es por eso que al fenómeno de tener a nuestro lado una ausencia perfecta le llamamos phantom limb; un fantasma que ocupa el lugar de otra cosa. Sin embargo, a diferencia del miembro fantasma clínico, el metafórico nunca se queda en un mismo lugar; se mueve (lo mueves) a donde quieras que te acompañe. Está como conectado a ti por hilos y venas y tiene mucho que ver con la famosa declaración de Antonio Porchia: “quién no llena su mundo de fantasmas, se queda solo”. 

Pero el fantasma también está acompañado de nosotros. El phantom limb es una relación de mutuo encanto y de puras sensaciones externas; uno siente las cosas allá, donde termina su cuerpo y comienza el espectro, y viceversa. El espectro, que tomó la forma de un objeto de afecto, de deseo, no quiere dejar de serlo. Sería descabellado. La única manera de deshacerse de él es, paradójicamente, volviéndolo fantasma. Dejando que se desvanezca hacia la impalpabilidad por falta de atención y por cambio de costumbres. O, puesto en sus mismos términos, amputando al miembro fantasma.

 

Twitter del autor: @luciaomr