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El número áureo también rige el tiempo-espacio (así imprime un orden en el caos universal)

Por: Javier Barros Del Villar - 12/09/2014

Una investigación reciente advierte que este principio matemático no sólo se impone en física, química, astronomía y biología, sino también en la topología del tiempo-espacio

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Lo más probable es que al fondo de las casi interminables secuencias de estructuras y demás manifestaciones anti-entrópicas se encuentre un indomable vacío al cual podríamos llamar caos. Pero también parece evidente que al interior de esta inercia omnipresente, de este lienzo impredecible, existen planos materializados de acuerdo a guías puntuales, por ejemplo la geometría, y es ahí donde se puede hablar de una coexistencia o superposición entre orden y caos.

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Dentro de este pulso orquestado al que nos podríamos referir como orden, existe un protocolo puntual, una especie de preciosa brújula, que se conoce como el número áureo, el cual está impreso en la figura que rige los huracanes, en las galaxias espirales y los rizomas de los helechos, en incontables formas naturales que destacan por su limpieza y perfección (algo así como un eco arquetípico que guía el desdoblamiento geométrico).

También llamada proporción áurea, este protocolo ha orbitado el pensamiento humano, de manera consiente y explícita, durante alrededor de 2 mil 500 años. Algunos de los más brillantes pensadores y creativos de la historia han sostenido apasionados encuentros  con él: Platón, Euclides, Fibonacci, Kepler, da Vinci, Satie, Mondrian, Bartok y Mandelbroth, por mencionar sólo algunos. Y si bien desde hace tiempo se le adjudica como principio rector en fenómenos propios de la física, la química, la astronomía y la biología (además de en preceptos como la estética), recientemente se concluyó una investigación que asegura que también la topología del tiempo-espacio está delineada según este principio. 

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El estudio fue encabezado por el Dr. Jan Boeyens, de la Universidad de Pretoria, y por el Dr. Francis Thackeray de la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica. Y lo que estos investigadores concluyeron es que el número áureo, 1.618, es un principio matemático al cual sucumbe el discurso geométrico del universo. 

De acuerdo con los autores, en declaraciones recogidas por el diario británico Daily Mail, la "omnipresencia" de este principio sólo puede explicarse si lo consideramos en sí como una propiedad del tiempo-espacio.

Un aspecto convincente para asumir un carácter cósmico del número áureo se puede obtener con base en la ubicuidad de logaritmos espirales. Existen ejemplos espectaculares que incluyen la Galaxia Whirpool o M51, las ammonoideas, la forma de los nautilus pompilius (molúsco cefalópodo con forma espiraloide), el huracán Katrina y la distribución de planetas, lunas, asteroides y anillos dentro del Sistema Solar.

El argumento de que esta impactante consiliencia (auto-similaridad) emerja a partir de una restricción común del entorno, que sólo puede ser una particularidad intrínseca del tiempo-espacio curveado, resulta convincente.    

Esta nueva investigación sugiere algo que ya era bastante "intuible", sobre todo para aquellos que advierten la existencia de una cartografía ubicua, auto-replicable y trascendental, por ejemplo la geometría sagrada. En este sentido estamos, una vez más, presenciando la llegada de la ciencia a una fiesta que ya disfrutan, desde hace milenios, ciertas tradiciones místicas o intuiciones metafísicas. Pero no por ello deja de ser emocionante atestiguar cómo ese fascinante diálogo entre la ciencia y la mística va retomando su armonía, un fenómeno que no podría más que traducirse en beneficios para la realidad que, como especie humana, compartimos. 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

 

 

Estos son los platillos favoritos de los dictadores más famosos del mundo

Por: pijamasurf - 12/09/2014

A Hitler le gustaba el pichón relleno de lengua, a Gaddafi la leche de camello y a Hussein las aceitunas de Golan Heights

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El nuevo libro de Victoria Clark y Melissa Scott llamado Dictator’s Dinners: A Bad Taste Guide to Entertaining Tyrants ofrece una hilarante degustación de los platillos favoritos de algunos de los dictadores más famosos del mundo. Estos son algunos de ellos.

Aunque se dice que Hitler era vegetariano, aparentemente no lo era todo el tiempo. Uno de sus catadores de alimento confirmó que al Führer le encantaba el pichón relleno de lengua, hígado y pistaches. Y no podemos olvidar que, de acuerdo con Robert G. L. Waite en su biografía The Psychopathic God, Hitler donó sangre para hacer morcilla para celebrar la última cena de un nazi. Waite también relata que sus modales se deterioraron muchísimo al final de su vida: “solía atragantarse de comida de manera mecánica… morderse las uñas en la mesa, frotar su dedo índice en la nariz y empacharse de pastel”.

Stalin, por su parte, gustaba de comer como el buen dictador que era, mientras su gente moría de hambre. Se sentaba en banquetes de 6 horas “donde se consumían copiosas cantidades de Khvanchkara que dejaban a los invitados vomitando e incontinentes”.

El dictador derrocado de Libia, Muammar Gaddafi era bien conocido por sus espantosas flatulencias, que escapaban muchas veces durante entrevistas y juntas con dignatarios. Si tan sólo hubiera sabido que la causa de este gas nocivo era su platillo favorito: la leche de camello. De hecho, no dejaba que ninguna parte de la bestia se desperdiciara; Gaddafi disfrutaba especialmente joroba de dromedario con cuscús.

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Saddam Hussein tenía debilidad por la carne de borrego y de vaca recién matados. También pedía que sus aceitunas las trajeran de Golan Heights. Su estupefaciente favorito era el Grand Old Parr y su dulce favorito el Quality Street.

Si quieres aprender a comer como un dictador o un tirano o a hacer relaciones simbólicas o imaginarias entre la comida y el talante, entonces este es un buen libro para ti.