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Clases de yoga al desnudo ayudan a mejorar vida sexual

Salud

Por: pijamasurf - 11/26/2014

Hacer yoga desnudo puede ayudar a la sexualidad, al fomentar la autoaceptación e incrementar la conciencia del propio cuerpo

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En los últimos años ha habido una explosión del yoga ampliándose la oferta desde el "doga", yoga para perros, hasta el ganja yoga (para fumadores de marihuana), entre otras prácticas heterodoxas. Paralelamente, también se han implementado varias escuelas que ofrecen clases de yoga al desnudo. Algunas personas piensan que esta versión es innecesaria y sólo apela al morbo; otras, que es una forma ideal para cobrar mayor conciencia del cuerpo y entrar en un estado de mayor comodidad y aceptación de la sexualidad.

El Huffington Post narra la experiencia de una mujer que ha experimentado con clases de yoga al desnudo en Londres, superando la incomodidad inicial para cosechar los beneficios. Al parecer, uno de ellos tiene que ver con una cierta mejoría de la vida sexual.

Jane Hedge escribe que el yoga desnudo "te coloca en sintonía con tu cuerpo, te hace más espontánea y genera aceptación. De esta forma, beneficia tu vida sexual". Algo que se potencia aun más cuando se tiene la posibilidad de seguir la práctica inmediatamente después en la cama, navegando la cresta sensorial que ofrece el yoga.

Más allá del posible efecto positivo en el desempeño sexual, es indudable que el yoga al desnudo sí tiene una fuerte aplicación terapéutica en la autoaceptación de la imagen corporal, lo cual es parte de la sexualidad. Esta cualidad ha sido identificada en el nudismo, pero en el yoga quizás pueda ser incrementada por la plantilla en la que la desnudez se desenvuelve: una atmósfera de relajación y conexión a través de la respiración. Sin embargo, es importante realizarlo con un instructor que tenga experiencia y pueda proveer un ambiente serio para la práctica a la vez que relajado.

 

Hermana del Primer Ministro de Francia superó adicción a la heroína con ayahuasca

Salud

Por: pijamasurf - 11/26/2014

Giovanna Valls narra en su libro "Aferrada a la vida" su viaje de sanación a la selva amazónica, donde obtuvo las herramientas para combatir una larga y desgarradora adicción a la heoína
[caption id="attachment_88338" align="aligncenter" width="575"]La-hermana-del-nuevo-primer-mi_54404632043_54028874188_960_639 Giovanna Valls en su casa en Barcelona. IMAGEN: LA VANGUARDIA[/caption]

En la última década ninguna sustancia psicodélica ha crecido más en popularidad y en interés que la ayahuasca, el milenario brebaje amazónico. En medio de una incipiente industria del turismo psicodélico, películas de Hollywood y artistas que la promueven y promesas de visiones divinas y sanaciones milagrosas, hay algo que parece contundente más allá del "hype": la ayahuasca es una herramienta poderosa para tratar las adicciones. Junto con la ibogaína, es posible que no existe una sustancia y un método más efectivo en la actualidad para tratar la patología desarrollada por el abuso de drogas y las condiciones mentales que la acompañan. La evidencia sigue apilándose: aquí pueden consultarse algunos estudios con resultados positivos; Gabor Maté, uno de los expertos en adicciones más reconocidos del mundo, considera que la ayahuasca puede "revolucionar" el tratamiento de las adicción y desde hace años ha realizados retiros con este fin; el etnobotánico Dennis McKenna cita estudios en los que se muestra que las personas que ingieren ayahuasca frecuentemente tienen niveles más altos de serotonina, un neurotransmisor cuya deficiencia suele estar involucrada en la depresión. A esto se suma el caso de Giovanna Valls, la hermana del actual Primer Ministro de Francia.

Giovanna Valls tuvo una larga adicción a la heroína; logró interrumpirla pero se reenganchó a los 38 años de edad cuando vivía en Barcelona. Su adicción le hizo contraer VIH, hepatitis C y le costó varios viajes a prisión. Después de tocar fondo, según narró en la Conferencia Global de Ayahuasca en Ibiza este año, un doctor le aconsejó viajar a Brasil en búsqueda de la medicina de la ayahuasca (palabra que significa "viña de la muerte").

Durante su tratamiento, Vall cuenta que tomaba ayahuasca una o dos veces por semana “siempre con un control, siguiendo un ritual e integrándolo en la experiencia”, y en la actualidad la sigue tomando con periodicidad mensual: “La ayahuasca me ayuda a encontrar herramientas para seguir luchando; gracias a esta sustancia he aprendido a abrirme, a tolerarme a mí misma, y la uso como una herramienta de crecimiento personal”. Valls habla de la sustancia como "una inteligencia que debe respetarse" y enfatiza la importancia de la guía y el contexto ceremonial, el famoso "set and setting" que notó el Dr. Tim Leary.

Sus experiencias luchando con las drogas son narradas en el libro Aferrada a la vida, publicado en español, celebrado como un valiente testimonio que busca trazar un puente de empatía y recursos para personas que sufren este profundo conflicto psicopatológico. Advierte, sin embargo, que "hay que ser muy cauteloso: yo no soy nadie para dar consejos, sólo expongo lo que me ha servido a mí".

Cuando se le pregunta sobre si su experiencia podría influir en su hermano Manuel Valls y posiblemente llevarlo a legalizar el consumo medicinal de la ayahuasca u otras plantas psicodélicas, Giovanna marca su distancia, aunque afirma que Manuel --quien no le ayudó especialmente mientras luchaba con su adicción--  ha leído su libro y se ha mostrado conmovido.