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La relación de Haruki Murakami con el jazz es estrecha, algo que puedes comprobar en esta playlist

Quienes hayan leído a Haruki Murakami saben bien que la música es un elemento imprescindible en la narrativa del japonés. Un elemento tomado familiarmente, como muchos de nosotros escuchamos música: al hilo de nuestras tareas cotidianas, mientras trabajamos o mientras cocinamos, mientras vamos por la calle o al hacer ejercicio. La música como una compañía en un sentido casi presencial: algo que está ahí y que da un acento especial al instante, que lo vuelve más alegre, que lo melancoliza o quizá otorga cierta épica a un hecho aparentemente rutinario o trivial. Así, por ejemplo, en el primer párrafo de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, probablemente su novela más ambiciosa:

Cuando sonó el teléfono, estaba en la cocina con una olla de espaguetis al fuego. Iba silbando la obertura de La gazza ladra, de Rossini, al compás de la radio, una emisión en FM. Una música idónea para cocer la pasta.

Si el éxito editorial de Murakami puede explicarse por el hecho de que, desde cierta perspectiva, sus personajes parecen ser cualquiera de nosotros en situaciones en las quizá podríamos estar (una hipótesis que tal vez merezca ampliarse), la manera en la que el escritor usa la música dentro de sus obras sería expresión de ese recurso. Yo mismo, para comenzar a escribir esto, como una especie de ritual propiciatorio, creí que era adecuado escuchar a Sidney Bechet ―y la combinación, hasta ahora, parece armónica. ¿No cabría esta pequeña escena en un relato de Murakami? ¿Un hombre de 28 que trabaja escribiendo, sentado frente a su computadora un sábado al mediodía, solo en su departamento, escuchando jazz estadounidense de los años 50? No intento llevar mis circunstancias al registro literario, sino únicamente mostrar ese posible mecanismo narrativo de Murakami.

En este mismo sentido, ¿qué más común que acercarse a la música como amateur y no como experto? Para muchos de nosotros saber de música significa conocer intérpretes, bandas, nombres de canciones, la época en que estas surgieron y quizá poco más que eso. En pocas palabras, conocer la historia de la música, tanto en un sentido general como en uno íntimo. Poder decir, por ejemplo, que New Order fue la banda que se formó después del suicidio de Ian Curtis y también, por otro lado, saber de manera personal a qué momento de nuestra vida y nuestro ánimo pertenece “Temptation”, por qué la queremos escuchar justo ahora.

Que Murakami sea, como muchos de nosotros, un amateur antes que un experto en asuntos musicales, explica por ejemplo que, como muchos de nosotros, tanto en su narrativa como en la vida diaria pueda brincar del jazz al rock de los '80 y de ahí a la música clásica. Como en el fragmento citado, sus personajes lo mismo pueden estar escuchando a Michael Jackson que recordar una ópera o de pronto tararear algo de Bruce Springsteen. Y quizá también por ese afecto cultivado Murakami lleva la música a su narrativa en un intento de compartirla, acaso el impulso inevitable que se siente y se pone en práctica con todo aquello que se ama.

Ahora bien, el pretexto para todo esto es un post publicado recientemente en Open Culture a propósito de la relación entre Murakami y el jazz. Según dijo en una entrevista con The Paris Review en 2004, Murakami escucha jazz desde que tenía 13 o 14 años; entre los 23 y los 30 administró un bar de jazz en Tokio y a lo largo de su carrera ha encontrado varias similitudes entre este género y la escritura narrativa. La relación, entonces, es notablemente estrecha, motivo suficiente para evidenciarla en una playlist de Youtube con algunas de las pistas favoritas del autor.

 

El elemento en común de estos 23 tracks es Portratit in Jazz 2 —libro publicado en japonés en 2001, compañero de Portratit in Jazz (Shiachosha, 1997), ambos inéditos en otros idiomas—, en donde Murakami habla sobre el lugar que el jazz ha tenido en su vida pero, sobre todo, en el descubrimiento y desarrollo de su talento literario.

Con el jazz, Murakami encontró que la literatura también puede surgir de la combinación de “un buen ritmo natural, constante”, una melodía, la armonía y, claro, la improvisación libre. Elementos que, sin duda, hacen un poco más atractivo casi cualquier elemento de este mundo.

ACTUALIZACIÓN (21-03-2017) - Añadimos esta playlist que compartimos desde el perfil de Pijama Surf en Spotify. A diferencia de la de YouTube, esta contiene los 19 tracks que Murakami enlista en sus libros A  Portrait in Jazz y Portrait in Jazz 2.

Twitter del autor: @juanpablocahz

También en Pijama Surf: Escucha 11 horas de la música preferida de Philip K. Dick en este excelente playlist

Pamela Colman Smith, ilustradora de la primera baraja completa del tarot; Madame Blavatsky, fundadora de la Teosofía y Leila Waddell, la "mujer escarlata" de Crowley, son algunas de las ocultistas más importantes al día de hoy

Helena Blavatsky (1831-1891)

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Bautizada como Helena Petrovna von Haun, Blavatsky fue descendiente de la nobleza alemana y la aristocracia rusa. En 1875 se mudó a Nueva York y fundó la Sociedad Teosófica, que enseñaba a los occidentales el valor de las religiones y filosofías orientales y pretendía “coleccionar y difundir el conocimiento de las leyes que gobiernan el universo”. Antes de llegar a vivir a Estados Unidos, Madame Blavatsky había recorrido buena parte del viejo mundo para aprender sobre los textos faraónicos egipcios, la poesía sánscrita, los tratados neoplatónicos renacentistas y documentos sobre el supernaturalismo. Su acercamiento exótico y orientado a las enseñanzas espirituales tuvo mucho éxito en Estados Unidos y luego en Inglaterra, donde murió.

Blavatsky escribió La doctrina secreta e Isis sin velo, en los cuales elaboró y pretendió sistematizar muchas de las convicciones del espiritualismo angloamericano. En particular, Blavatsky desarrolló una teoría sobre la persistencia del alma humana y sus personalidades discernibles después de la muerte, y la idea de que el espiritualismo es una ruta más alta y rigorosa hacia el conocimiento que aquella provista por la ciencia y la religión. Y aunque, debido al aura misteriosa que la envolvía y a sus fuertes declaraciones en torno al espíritu humano y a la ciencia, fue muchas veces acusada de charlatanería, Blavatsky es una de las fundadoras del movimiento esotérico occidental, y sus contribuciones son celebradas aún hoy.

 

Leila Waddell (1880-1932)

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La australiana Leila Waddell fue una de las musas de Aleister Crowley, quien se refería a ella como “La mujer escarlata” y la inmortalizó en su Libro de las mentiras en 1912. Fue una destacada violinista que tocó tanto en orquestas filarmónicas como en bandas de gitanos rusos. Alguna vez llamada con nombres tan espectaculares como “la puta divina” o “la madre de los cielos”, Waddell recibió crédito co-autoral en varios de los textos de Crowley (quien presuntamente era su amante), y ayudó a promover la orden mística Argenteum Astrum.

 

Moina Mathers (1865-1928)

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Moina Mathers fue una artista y ocultista francesa del cambio de siglo. Es mejor conocida por su matrimonio con el ocultista inglés Samuel Liddell MacGregor Mathers, fundador de la Orden Hermética del Alba Dorada (que acogió a personajes como W. B. Yeats). Mas, tras la muerte de su esposo, Moina fue la cabeza principal, o “emperatrix”, de la Orden Rosacruciana de Alpha et Omega, que llevaba el evocador lema: “No dejo nada tras de mí”.

 

Pamela Colman Smith (1878-1951)

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La artista inglesa Pamela Coleman fue nada menos que la ilustradora del tarot Rider-Waite-Smith, una de las primeras barajas en ilustrar las 78 cartas (con las arcanas menores y mayores) del tarot, y probablemente la más usada hoy en día. Smith es asociada con el movimiento simbolista, aunque también fue miembro de la Orden Hermética del Alba Dorada y, después, de su vertiente conocida como El Rito Independiente y Rectificado (Orden Sagrada del Alba Dorada). Ella creía que tenía el don de la sinestesia y podía pintar inspirada por los colores de la música. También ilustró algunos de los trabajos del poeta irlandés W. B. Yeats.

 

Dion Fortune (1890-1946)

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Fortune fue una ocultista mística inglesa que fundó la Sociedad de la Luz Interna, descrita como “una escuela de misterios dentro de la tradición esotérica occidental”. También fue una escritora prolífica en temas sobre lo supernatural y los conceptos herméticos desde la perspectiva de Jung y Freud. Sus libros más influyentes fueron The Sea Priestess y Moon Magic. Fortune creía que tenía habilidades psíquicas desde la niñez, y por lo tanto el transcurso de su vida la llevó a formar parte la Sociedad Teosófica de Blavatsky y después, de Alpha et Omega de Mathers, donde desarrolló sus habilidades como médium.