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Pamela Colman Smith, ilustradora de la primera baraja completa del tarot; Madame Blavatsky, fundadora de la Teosofía y Leila Waddell, la "mujer escarlata" de Crowley, son algunas de las ocultistas más importantes al día de hoy

Helena Blavatsky (1831-1891)

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Bautizada como Helena Petrovna von Haun, Blavatsky fue descendiente de la nobleza alemana y la aristocracia rusa. En 1875 se mudó a Nueva York y fundó la Sociedad Teosófica, que enseñaba a los occidentales el valor de las religiones y filosofías orientales y pretendía “coleccionar y difundir el conocimiento de las leyes que gobiernan el universo”. Antes de llegar a vivir a Estados Unidos, Madame Blavatsky había recorrido buena parte del viejo mundo para aprender sobre los textos faraónicos egipcios, la poesía sánscrita, los tratados neoplatónicos renacentistas y documentos sobre el supernaturalismo. Su acercamiento exótico y orientado a las enseñanzas espirituales tuvo mucho éxito en Estados Unidos y luego en Inglaterra, donde murió.

Blavatsky escribió La doctrina secreta e Isis sin velo, en los cuales elaboró y pretendió sistematizar muchas de las convicciones del espiritualismo angloamericano. En particular, Blavatsky desarrolló una teoría sobre la persistencia del alma humana y sus personalidades discernibles después de la muerte, y la idea de que el espiritualismo es una ruta más alta y rigorosa hacia el conocimiento que aquella provista por la ciencia y la religión. Y aunque, debido al aura misteriosa que la envolvía y a sus fuertes declaraciones en torno al espíritu humano y a la ciencia, fue muchas veces acusada de charlatanería, Blavatsky es una de las fundadoras del movimiento esotérico occidental, y sus contribuciones son celebradas aún hoy.

 

Leila Waddell (1880-1932)

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La australiana Leila Waddell fue una de las musas de Aleister Crowley, quien se refería a ella como “La mujer escarlata” y la inmortalizó en su Libro de las mentiras en 1912. Fue una destacada violinista que tocó tanto en orquestas filarmónicas como en bandas de gitanos rusos. Alguna vez llamada con nombres tan espectaculares como “la puta divina” o “la madre de los cielos”, Waddell recibió crédito co-autoral en varios de los textos de Crowley (quien presuntamente era su amante), y ayudó a promover la orden mística Argenteum Astrum.

 

Moina Mathers (1865-1928)

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Moina Mathers fue una artista y ocultista francesa del cambio de siglo. Es mejor conocida por su matrimonio con el ocultista inglés Samuel Liddell MacGregor Mathers, fundador de la Orden Hermética del Alba Dorada (que acogió a personajes como W. B. Yeats). Mas, tras la muerte de su esposo, Moina fue la cabeza principal, o “emperatrix”, de la Orden Rosacruciana de Alpha et Omega, que llevaba el evocador lema: “No dejo nada tras de mí”.

 

Pamela Colman Smith (1878-1951)

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La artista inglesa Pamela Coleman fue nada menos que la ilustradora del tarot Rider-Waite-Smith, una de las primeras barajas en ilustrar las 78 cartas (con las arcanas menores y mayores) del tarot, y probablemente la más usada hoy en día. Smith es asociada con el movimiento simbolista, aunque también fue miembro de la Orden Hermética del Alba Dorada y, después, de su vertiente conocida como El Rito Independiente y Rectificado (Orden Sagrada del Alba Dorada). Ella creía que tenía el don de la sinestesia y podía pintar inspirada por los colores de la música. También ilustró algunos de los trabajos del poeta irlandés W. B. Yeats.

 

Dion Fortune (1890-1946)

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Fortune fue una ocultista mística inglesa que fundó la Sociedad de la Luz Interna, descrita como “una escuela de misterios dentro de la tradición esotérica occidental”. También fue una escritora prolífica en temas sobre lo supernatural y los conceptos herméticos desde la perspectiva de Jung y Freud. Sus libros más influyentes fueron The Sea Priestess y Moon Magic. Fortune creía que tenía habilidades psíquicas desde la niñez, y por lo tanto el transcurso de su vida la llevó a formar parte la Sociedad Teosófica de Blavatsky y después, de Alpha et Omega de Mathers, donde desarrolló sus habilidades como médium.

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Llama la atención cómo la inmersión de Néry es una analogía hi-fi alrededor de un rito iniciático. Fácilmente podríamos estar presenciando el acto en el que un hombre se sumerge en su propia conciencia y emprende, así, una indeleble travesía hacia su centro. Durante el recorrido, comprensiblemente, florecerán demonios y miedos. También se registrara una necesaria ruptura, relativamente violenta, confusa, de los ritmos de la razón. Emergerán arquetipos y sensaciones cuyo origen pertenece más la memoria colectiva que al acervo individual y, eventualmente, llegan atisbos del origen de todo, de la unidad proyectada en el útero, en la burbuja de oxígeno, en el amor y la otredad. 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis