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En una rara entrevista en un medio mainstream, Rupert Sheldrake nos habla en sus propias palabras de su teoría de la resonancia mórffica, que desafía a la ciencia establecida

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Rupert Sheldrake es quizás uno de los pocos científicos que tiene la posibilidad de pasar a la historia junto a los grandes nombres de la ciencia moderna. Es considerado un "hereje de la ciencia", incluso soliviantando al editor de la revista Nature, John Maddox, quien incluso dijo que sus libros eran buenos candidatos para quemarse y fue protagonista de una polémica por censura en un ciclo de TEDx. En esa estela del tiempo que agrupa a Bruno y a Galileo, Sheldrake ha construido una teoría de la transmisión de información a través de campos mórficos que podría explicar fenómenos como la telepatía, el incremento de aprendizaje y otro tipo de fenómenos biológicos.

Entrevistado por el escritor John Horgan de la revista Scientific American, Sheldrake, por primera vez en mucho tiempo, habla a las audiencias de la ciencia mainstream. Horgan introduce la entrevista diciéndonos que Sheldrake es un tipo agradable y brillante "que hace una excelente imitación de Terence Mckenna". Lo notable de esta entrevista es cómo en sus propias palabras, con cristalina simpleza, Sheldake describe una de las teorías más polémicas y potencialmente revolucionarias de los últimos 50 años en la ciencia.

La resonancia mórfica explica algo muy sencillo de manera científica: por qué el pasado sigue ocurriendo, o cómo es que todo tiene memoria. En palabras del poeta Octavio Paz: "Todo es presencia, todos los siglos son este presente". Sheldrake habla específicamente de la persistencia del pasado explicándolo en una teoría de campos, lo cual nos lleva a la idea fundamental de que la naturaleza es una cámara de ecos, un teatro vivo de la memoria.

 

Sheldrake:

La resonancia mórfica es la influencia de las estructuras previas de actividad en subsecuentes estructuras de actividad organizadas por campos mórficos. Permite que las memorias se transmiten a través del espacio y del tiempo desde el pasado. Entre más grande la semejanza, más grande la influencia de la resonancia mórfica. Lo que esto significa es que todos los sistemas que se autoorganizan, como las moléculas, las células, los cristales, las plantas y las sociedades animales, tienen una memoria colectiva de la cual los individuos se alimentan y a la cual contribuyen. En su sentido más general esta hipótesis implica que las llamadas leyes de la naturaleza son más como hábitos.

 

Horgan: ¿Cómo se te ocurrió esta idea de la resonancia mórfica, llegó en una epifanía, o fue parte de un proceso gradual?

Sheldrake: La idea de la resonancia mórfica me llegó cuando estaba haciendo investigaciones sobre el desarrollo de las plantas en Cambridge. Estaba interesado en el concepto de la morfogenética, o de la toma de forma y los campos, pero me dí cuenta que no podían ser heredadas a través de los genes. Tenían que ser heredadas de otra forma. La idea de la resonancia mórfica llegó como una revelación súbita. Esto ocurrió en 1973, pero era una idea radical, y pasé años pensando en ella antes de publicarla en mi primer libro, A New Science of Life, en 1981.

Horgan: ¿Cuál es la evidencia más poderosa de la resonancia mórfica?

Sheldrake: Existe mucha evidencia circunstancial de la resonancia mórfica. La más notable involucró una serie de experimentos sobre aprendizaje con ratas en Harvard en los 1920's y continuó varias décadas. Las ratas aprendieron a escapar de un laberinto de agua y las siguientes generaciones aprendieron cada vez más rápido. En ese momento parecía un ejemplo de herencia de Lamarck, lo que era un tabú. Lo interesante fue que después de que las ratas aprendieron a escapar 10 veces más rápido en Harvard, cuando se probó con ratas en Edimburgo y en Melbourne éstas empezaron más o menos donde se habían quedado las ratas de Harvard. En Melbourne las ratas siguieron mejorando después de diferentes pruebas, y este efecto no se se limitó a la descendencia de las ratas entrenadas, sugiriendo una resonancia mórfica más que un efecto epigenético. Hablo más sobre este tema en mi libro A New Science of Life,

Horgan: ¿Es la telepatía animal una consecuencia de la resonancia mórfica?

Sheldrake: La telepatía animal es una consecuencia de la forma en la que los animales están organizados en lo que llamo campos mórficos. La resonancia mórfica tiene que ver primordialmente con la influencia del pasado, mientras que la telepatía ocurre en el presente y depende de los vínculos entre los miembros de un grupo. Por ejemplo, cuando un perro está íntimamente vinculado con su dueño, este vínculo persiste aunque el dueño se encuentre lejos y, creo, es la base de la comunicación telepática. Veo la telepatía como una forma de comunicación normal, no paranormal, entre miembros de grupos animales. Por ejemplo, los perros saben que sus dueños están por regresar y los esperan cerca de una ventana o una puerta. Mis experimentos en este tema son descritos en mi libro Dogs That Know When Their Owners Are Coming Home. Los perros incluso saben cuando las personas regresan según tiempos elegidos al azar por el experimentador y viajan en vehículos no conocidos. Uno de estos experimentos puede verse aquí : http://www.sheldrake.org/videos/jaytee-a-dog-who-knew-when-his-owner-was-coming-home-the-orf-experiment

Horgan: ¿Crees que la teoría de la resonancia mórfica algún día tendrá aplicaciones prácticas?

Sheldrake: La resonancia mórfica involucra transferencia de información a través del espacio-tiempo. Puede ser posible desarrollar sistemas de transferencia de información, con una memoria global, que podrían funcionar sin la parafernalia usual de satélites, cables o estaciones de poder. He diseñado algunos experimentos en los que un código pin puede transmitirse de Londres a Nueva York sin un método convencional de comunicación.

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Para complementar, al otro lado del espectro,  presentamos también esta entrevista de Rupert Sheldrake con Deepak Chopra, un poco más desenfadada, en busca de la ruptura de los paradigmas.

Rupert Sheldrake se presentará en el simposio Sincronicidad: Matter and Psyche junto con Graham Hancock y Richard Tarnas, en un evento muy recomendable este septiembre en Joshua Tree, California; aquí toda la información.

 

El programador es el signo de los tiempos, producto del matrimonio activo entre arte y tecnología.
[caption id="attachment_81542" align="aligncenter" width="300"]2058406738_5504eea973 Binary Kite, de Structure Synth V 0.5[/caption]

De existir en la actualidad un übermensch, sería programador. El programador es el signo de los tiempos, producto del matrimonio entre arte y tecnología –el programador crea experiencias (código) –y lee el código (experiencias). Todos deberían aprender a programar, entonces, para acercarnos un poco más al próximo estadio evolutivo (algo así como el über-programmierer). Esa parece ser una de las ideas más corrientes (aunque alternativas) que se encuentran sobre mi trabajo. Uno de sus pilares es el genial Douglas Rushkoff, quien considera, en un conocidísimo juego de palabras, que saber programar evita que seamos programados. Después de todo, Neo era un hacker y en la tercera parte de la trilogía de Matrix, además del código (verde) otro código (dorado) –el Mesías de la nueva era, el profeta del nuevo aeon es, en el inconsciente colectivo, un programador (o hacker, sinónimos en la profundidad de los símbolos). En un mundo aparentemente digital, construido por algoritmos, conocer el modo en que estos funcionan nos permite entender una realidad de la que de otro modo estamos marginados –perdemos la capacidad creadora que otorgan los nuevos medios para volver a ser espectadores pasivos: manipulables, es decir: programables.

El primer problema (evidente) de esta postura es que sobrevalora el poder de la programación –probablemente debido al desconocimiento, ya que muchos de quienes la proponen no saben hacerlo. Me gustaría que alguien me explique en qué ayuda saber JavaScript, PHP y MySQL para no ser víctima de la manipulación constante (o por lo menos intento de manipulación) de los medios de comunicación –y dando un paso más allá y tomando a los medios como simples proxys (para utilizar una metáfora apropiada) que han perdido el control, de la "realidad consensuada" en sí, de la que tanto hablaba Rushkoff en sus comienzos contra-culturales. Cuando Facebook decidió hacer experimentos con los timelines, los programadores no notaron nada distinto –cuando toda internet se ha vuelto un gigante ad y debemos soportar una publicidad de 30 segundos de duración antes de ver un video de Youtube que probablemente dure menos, lo más que puede hacer un programador es... nada. Instalar un plugin de Firefox, quizás. Y la raíz de este malentendido entre lo que es la programación y lo que puede ser se encuentra en el lenguaje. Programar (culturalmente, neurológicamente) es una metáfora que se apoya en el acto de programar (una cantidad determinada de líneas de código que se ejecutarán en una computadora determinada).

ProgLa programación, como profesión paradigmática y moderna, explica los tiempos en que vivimos y es utilizada como referente para el desarrollo de estas explicaciones –pero el orden en que una cadena de televisión elige emitir sus contenidos también recibe el mismo nombre y una persona que sepa programar no tiene nada que hacer o decir al respecto. Un programador también es víctima de las palabras clave del SEO –aunque sepa ubicar esos términos en ciertos lugares de los castillos de arena virtuales que son los sitios web, es igual de manipulable que cualquier individuo que no sepa programar. Programa y serás programado –escribir código, leer código e imaginar código puede otorgar cierta perspectiva y seguramente te ayude en el mercado laboral de los próximos 50 años (siempre y cuando no dejes pasar cinco años sin re-evaluar todo lo aprendido y sumar como mínimo el doble de conocimiento cada vez). Pero la programación cultural, neurológica y lingüística a la que estamos sujetados, no tiene nada que ver con esa capacidad y quizás convierta a la oración en uno de los mayores ejemplos de equivocar el mapa por el territorio. La metáfora elegida para explicar ciertos aspectos y procesos de la percepción como el hackeo de la realidad no tiene nada que ver con el acto de encontrar agujeros de seguridad en sistemas informáticos y el desarrollo de exploits –más allá que podamos considerar metafóricamente los exploits como manuales de liberación, grimorios que contienen técnicas para redescubrir la realidad.

William Gibson ayudó a crear este mito con su trilogía cyberpunk original –Case, el protagonista de Neuromante, es un vaquero de lo abstracto (ligando arquetípicamente el ciberespacio con el lejano oeste) que navega el océano binario con su mente. Como Neo y como tantos otros que trabajamos en horarios de oficina en cubículos de mayor o menor tamaño mirando monitores de mayor o menor resolución. El hacker era el elemento principal de las historias de William Gibson durante los ‘80 y los ‘90, pero algo cambió en las últimas décadas: el mundo, claro, pero también las historias de Gibson. El autor escribió una nueva trilogía que transcurre, como todas, en el futuro, pero con una diferencia notable: ese futuro está acá, en el presente –no hace falta imaginar para describir el futuro, ya que estamos rodeados por él. El modo en que ha explotado la realidad y en que deviene la percepción ha causado que a pesar de este hecho este momento pertenezca aún así al presente y el propio devenir puede ser puntualizado como una superposición entre el presente y el futuro. Otra particularidad de estas historias es que los hackers pasan a tener un rol menor –los protagonistas son ahora los expertos en marketing y relaciones públicas, quienes navegan y crean código cultural, código metafórico –el que programa nuestro sistema nervioso.

Lamentablemente no existen campañas reclamando que se enseñe marketing (técnicas de manipulación y programación) en las escuelas –tampoco la semántica general ni cualquier herramienta que permita crear firewalls apropiados ante la constante amenaza de virus culturales (a menudo nocivos). Nadie plantea la necesidad de educar para que en el futuro seamos capaces de pensar; no hablo de nadar, surfear, hackear, me conformo con la capacidad de discriminar racionalmente los pensamientos ante la dificultad cada vez mayor en distinguir los propios de los ajenos. Sería absurdo plantear de manera concreta que la educación obligatoria y gratuita contenga cursos sobre teoría de medios, para que en el futuro podamos saber dónde y cómo estamos parados, para que podamos leer la realidad (el código) un poco mejor. Cualquier conocimiento relacionado con técnicas antiguas que al día de hoy suelen ser manejadas por los departamentos de marketing. Sí hay campañas y proyectos en todo el mundo para que se enseñe a programar, pero esto tiene más que ver con un cambio a nivel global en el mercado global tanto como en la creación de mano de obra barata (ya que hoy en día, programar es un trabajo muy bien pagado). Independientemente de los motivos, el resultado implicará conocimiento –por lo tanto, no sólo será interesante y quizás revolucionario, sino útil. Sabrán programar, pero también serán programados.

Twitter del autor: @ferostabio