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82 consejos de Gurdjieff a su hija: una poderosa lista de sobria sabiduría

AlterCultura

Por: pijamasurf - 07/06/2014

El maestro G.I. Gurdjieff legó esta lista de 82 consejos para llevar una vida mental y físicamente sana, libre y responsable

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G. I. Gurdjieff es, sin duda, uno de los místicos más influyentes del último siglo. Su filosofía, que a grandes rasgos planteaba que el hombre en términos prácticos es una máquina programada que vive en un estado de perpetua somnolencia (sí, Gurdjieff es uno de los grandes precursores del apocalipsis zombie, sólo que para él esto no era algo que iba pasar en el futuro sino que ya era el estadio general de nuestra sociedad), ha sido importante para personajes como Osho, Jodorowsky, Castaneda, Leary, Crowley y por supuesto, su gran alumno Ouspenski. Aunque Gurdjieff, en su plano más esotérico, sostenía una visión un tanto más radical (como que el ser humano es alimento para la Luna), en este caso tenemos un ejemplo de su dao, una enseñanza moral que casi podríamos incrustar en la gran tradición del camino chino del justo proceder junto a alguien como Confucio.

Desde hace unos años se ha viralizado en la red este texto publicado en el libro El maestro y las magas, de la editorial Siruela. A continuación, 82 duras perlas que el maestro dedicó a su hija; bien leídas, constituyen un manual para desprogramarse y vivir libremente, con una responsabilidad que se debe sólo al propio espíritu. 

 

1. Fija tu atención en ti mismo; sé consciente en cada instante de lo que piensas, sientes, deseas y haces.
2. Termina siempre lo que comenzaste.
3. Haz lo que estás haciendo lo mejor posible.
4. No te encadenes a nada que a la larga te destruya.
5. Desarrolla tu generosidad sin testigos.
6. Trata a  cada persona como si fuera un pariente cercano.
7. Ordena lo que has desordenado.
8. Aprende a recibir; agradece cada don.
9. Cesa de autodefinirte.
10. No mientas ni robes; si lo haces, te mientes y robas a ti mismo.
11. Ayuda a tu prójimo sin hacerlo dependiente.
12. No desees ser imitado.
13. Haz planes de trabajo y cúmplelos.
14. No ocupes demasiado espacio.
15. No hagas ruidos ni gestos innecesarios.
16. Si no la tienes, imita la fe.
17. No te dejes impresionar por personalidades fuertes.
18. No te apropies de nada ni de nadie.
19. Reparte equitativamente.
20. No seduzcas.
21. Come y duerme lo estrictamente necesario.
22. No hables de tus problemas personales.
23. No emitas juicios ni críticas cuando desconozcas la mayor parte de los hechos.
24. No establezcas amistades inútiles.
25. No sigas modas.
26. No te vendas.
27. Respeta los contratos que has firmado.
28. Sé puntual.
29. No envidies los bienes o los éxitos del prójimo.
30. Habla sólo lo necesario.
31. No pienses en los beneficios que te va a procurar tu obra.
32. Nunca amenaces.
33. Realiza tus promesas.
34. En una discusión, ponte en el lugar del otro.
35. Admite que alguien te supere.
36. No elimines, sino transforma.
37. Vence tus miedos; cada uno de ellos es un deseo que se camufla.
38. Ayuda al otro a ayudarse a sí mismo.
39. Vence tus antipatías y acércate a las personas que deseas rechazar.
40. No actúes por reacción a lo que digan, bueno o malo, de ti.
41.  Transforma tu orgullo en dignidad.
42.  Transforma tu cólera en creatividad.
43.  Transforma tu avaricia en respeto por la belleza.
44.  Transforma tu envidia en admiración por los valores del otro.
45.  Transforma tu odio en caridad.
46. No te alabes ni te insultes.
47. Trata lo que no te pertenece como si te perteneciera.
48. No te quejes.
49. Desarrolla tu imaginación.
50. No des órdenes sólo por el placer de ser obedecido.
51. Paga los servicios que te dan.
52. No hagas propaganda de tus obras o ideas.
53. No trates de despertar en los otros emociones hacia ti como piedad, admiración, simpatía, complicidad.
54. No trates de distinguirte por tu apariencia.
55. Nunca contradigas, sólo calla.
56. No contraigas deudas; adquiere y paga en seguida.
57. Si ofendes a alguien, pídele perdón.
58. Si lo has ofendido públicamente, excúsate en público.
59. Si te das cuenta de que has dicho algo erróneo, no insistas por orgullo en ese error y desiste de inmediato de tus propósitos.
60. No defiendas tus ideas antiguas sólo por el hecho de que fuiste tú quien las enunció.
61. No conserves objetos inútiles.
62. No te adornes con ideas ajenas.
63. No te fotografíes junto a personajes famosos.
64. No rindas cuentas a nadie; sé tu propio juez.
65. Nunca te definas por lo que posees.
66. Nunca hables de ti sin concederte la posibilidad de cambiar.
67. Acepta que  nada es tuyo.
68. Cuando te pregunten tu opinión sobre algo o alguien, di sólo sus cualidades.
69. Cuando te enfermes, en lugar de odiar ese mal, considéralo tu maestro.
70. No mires con disimulo; mira fijamente.
71. No olvides a tus muertos, pero dales un sitio limitado que les impida invadir toda tu vida.
72. En el lugar en el que habites, consagra  siempre un sitio a lo sagrado.
73. Cuando realices un servicio, no resaltes tus esfuerzos.
74. Si decides trabajar para los otros, hazlo con placer.
75. Si dudas entre hacer y no hacer, arriésgate y haz.
76. No trates de ser todo para tu pareja; admite que busque en otros lo que tú no puedes darle.
77. Cuando alguien tenga su público, no acudas para contradecirlo y robarle la audiencia.
78. Vive de un dinero ganado por ti mismo.
79. No te jactes de aventuras amorosas.
80. No te vanaglories de tus debilidades.
81. Nunca visites a alguien sólo por llenar tu tiempo.
82. Obtén para repartir.

Existen preguntas que, desafortunadamente, nos hacemos cada vez menos; se trata de interrogantes cuya magia no está en la respuesta, sino en el solo acto de hacerlas

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¿Alguna vez te has preguntado cuánto pesa una nube? Y ahora que te lo pregunto, ¿qué opinas? ¿Crees que es un dato absolutamente irrelevante? ¿Crees que la sola pregunta es infantil, absurda? No importa la respuesta a ninguna de estas interrogantes, pero sí el acto de preguntarlo, y mucho.

El cuestionamiento, la inquietud por saber, por entender, es sin duda uno de los instrumentos más útiles y apasionantes a disposición del ser humano; la curiosidad, el deseo de penetrar las cosas en busca de explicaciones. Pero tal vez lo realmente valioso en esta dinámica no son las virtuales respuestas que podamos ir generando, sino ese espíritu que nos lleva a preguntarnos –sobre todo cuando se trata de cosas cotidianas, cuya existencia y comportamiento ya damos por hecho. 

Pero regresemos a la interrogante inicial. De acuerdo con Peggy LeMone, investigadora del National Center for Atmospheric Research de Estados Unidos, lo primero que debes hacer para calcular el peso de esa nube que te coquetea desde arriba es calcular su densidad. Por ejemplo, una clásica nube cumulus tiene una densidad de medio gramo por metro cúbico. Luego hay que definir su tamaño, para lo cual, si te colocas donde puedas ver la nube justo entre tú y el Sol, entonces puedes medir su sombra. LeMone, quien utiliza para esto un odómetro, asegura que el tamaño promedio de una cumulus es de 1km de largo y al ser, por lo general, cuerpos relativamente cúbicos, entonces asumamos que ese mismo kilómetro lo tiene de altura. Así que, en este caso, el ejemplar promedio tendría un volumen de alrededor de mil millones de metros cúbicos. Ya teniendo la densidad y el volumen podemos calcular cuánta agua está contenida en esa nube, lo cual, en nuestro caso, serían 500 mil kilos. Es decir, cuando te colocas debajo de una nube suave y acolchonada, básicamente tienes arriba de ti 500 toneladas de agua.

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Ahora que 'sabemos' cuánto pesa una nube, seguramente nuestra vida no cambiará mucho con este dato. Quizá lo olvidemos mañana, o su memoria termine barrida por la próxima lluvia. Sin embargo, el simple hecho de habernos sumergido en este ejercicio es, creo, un tanto revitalizante. Hay preguntas que en realidad no tienen respuesta, o que más allá de responderlas parecen diseñadas para hacernos reflexionar, para destilar nuestras vivencias en forma de metáforas que a la vez mutan en más preguntas y, eventualmente, terminamos platicándonos nuestra existencia de forma distinta –por ejemplo los koans. Y muchas de estás interrogantes son las que, de inicio, podríamos considerar como más infantiles o menos relevantes.

¿Dónde nace exactamente una ola? ¿por qué, a veces, aparece la Luna de día? ¿cuando vemos una estrella, estamos viajando en el tiempo? ¿por qué los rayos de luz son siempre rectos? ¿puede un gato matar a una persona? ¿qué son las figuras de colores que vemos al cerrar los ojos tras haber visto directamente una luz? ¿por qué aúllan los perros a la Luna; ven fantasmas? 

 Twitter del autor: @ParadoxeParadis