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Neuroteología: cómo se manifiestan las experiencias místicas en nuestro cerebro

Por: Pedro Luizao - 06/08/2014

La neuroteología se refiere al estudio neurológico de experiencias religiosas y espirituales; qué nos dice nuestro cerebro durante las vivencias místicas?

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If standing over a mirror, God is a Dog.

Originalmente unidas, la ciencia y la espiritualidad fueron separadas hace siglos dentro de la cosmología occidental. Y las consecuencias de este fenómeno han quedado impresas en la manera en la que nos narramos la realidad. Por ejemplo la desacralización de las cosas, de lo cotidiano, algo con lo cual nos relacionamos a partir de leyes, hipótesis, silogismos, tratando de desentrañar su sentido, y relegando el ritual o la intuición a un plano secundario. Pero más allá de lamentar esta perspectiva, en la cual nos guste o no nos encontramos, al menos socioculturalmente, inmersos, podríamos percibirla como una especie de iniciación autoimpuesta (y entonces ya estaríamos en franco proceso de re-encantar nuestra realidad).

En décadas recientes la potencial síntesis entre ciencia y misticismo, entre razón y magia, se ha fortalecido nuevamente. Aquí podemos rememorar múltiples episodios, desde los puentes entretejidos por Jung entre arte y medicina, pasajes que circundan la estética racional del espíritu, hasta los diálogos entre David Bohm y Jiddu Krishnamurti, pasando por el Tao de la Física y "el sentido místico de la ciencia", advertido Fritjof Capra, o los entonces vanguardistas experimentos de Don Jacobo Grinberg. Además, con la popularidad que han adquirido un par de respectivos embajadores de cada frente, por un lado la neurociencia, y del otro, la meditación, esta nueva bonanza sintética ha alcanzado emocionantes alturas. 

La neuroteología se refiere, básicamente, al estudio neurológico de experiencias religiosas y espirituales. Es decir, tratar de entender qué es lo que sucede en nuestro cerebro al momento de experimentar este tipo de vivencias. El  Dr. Andrew Newberg, uno de los pioneros de este campo científico, lleva un par de décadas investigando el tema, lo cual ha incluido el análisis de escáners cerebrales de monjas católicas, ateos, mediums, monjes budistas y otros. Este trabajo ha arrojado resultados que, si bien aún no son concluyentes, abren otras rutas de entendimiento de nuestra percepción, y enriquecen el debate entre la naturaleza objetiva o subjetiva de la realidad.  

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Entre los 'descubrimiento' más llamativos de Newberg, tenemos, por ejemplo, el haber constatado que durante sus trances psicográficos, los mediums brasileños que aseguran canalizar comunicación proveniente de espíritus, registran una disminución de actividad en sus lóbulos frontales, región donde se gesta la construcción y expresión del lenguaje, y en cambio se intensifica en su tálamo, zona que regula el flujo de información sensorial. Lo anterior sugiere que en realidad podrían estar recibiendo data de 'otro lugar', o al menos que la proyección de esta dinámica es suficientemente fuerte como para que se manifieste en un plano neuronal. Otro fenómeno interesante es la experiencia de disolver la individualidad para fundirte con un todo, la cual reportan miles de personas tras ciertas meditaciones. En este caso Newberg notó que durante la meditación se disminuye la actividad en los lóbulos parietales, región encargada de trazar las líneas perceptivas entre el mediador y el exterior, entre el observador y lo observado.

Decodificar el misticismo desde el tablero de juego que la ciencia ha forjado en los últimos seis o siete siglos no es tarea fácil. Mucho menos cuando durante una buena parte de esta cronología el espíritu científico (valga la paradoja) se empeñó por desacreditar cualquier narrativa metafísica, al sentirse amenazado frente a un universo que, supuestamente, elude sus principios fundamentales. El propio Newberg, como representante del credo científico debe haber pasado malos ratos explorando las fronteras entre uno y otro reinos, como lo expresa en esta declaración recogida por The Atlantic

Es un poco abrumador. Tomas solo una cosa a la vez, procedes despacio, y trato mucho de no adelantarme demasiado a mi mismo o a la data que obtengo. Pero supongo que se trata de una especie de llamado. Siempre he sentido que debo avanzar en este camino, y lo seguiré haciendo, y tal vez algún día entenderé algo que será de mucha utilidad para todos nosotros.  

Regresando a la metáfora de la iniciación, estamos frente a un camino fascinante a través del cual la ciencia, como representante de la mente, debe encontrar el protocolo necesario para auto-hackearse y entonces consagrar una nueva comunión, o reunirse, con el "otro" sendero, el del espíritu. Y cuando lo haga, por que en lo personal creo que, inminentemente, así sucederá, la unión será experimentada aún con más fuerza que antes de que ocurriera la fragmentación (o no, pero tampoco importa).

  

Según un estudio, curar tu insomnio podría disminuir tus probabilidades de suicidio

Por: pijamasurf - 06/08/2014

Suicidarse, en el contexto de este estudio, parece fungir como una simulación desesperada del propio despertar. ¿Pero existe una verdadera relación entre el insomnio y el suicidio?
[caption id="attachment_78548" align="aligncenter" width="529"]Fotograma de "The Hour of the Wolf", de Ingmar Bergman Fotograma de The Hour of the Wolf, de Ingmar Bergman[/caption]

En un famoso cuento, el escritor serbio Milorad Pavic distingue entre dos tipos de insomio: el insomnio de la mentira -aquel en el cual no pegamos el ojo en toda la noche- y el insomnio de la verdad, que es la interrupción del ciclo de sueño sin que seamos capaces de conciliarlo nuevamente. Es en esa apertura del sueño en donde ocurren las ideas más imaginativas y maravillosas porque hemos, por así decirlo, despertado dentro del despertar y hemos ganado un instante fecundo a la muerte. Sin embargo, nuestra zona creativa es también el rincón en el que se repliegan los miedos y los temores y, con el insomnio, también los fantasmas reaparecen.

Al momento entre las dos y las tres de la mañana se le ha llamado, en algunas tradiciones, "la hora del lobo" o "la hora de las brujas" y, tanto para Dante como para Bergman, ese lapso esconde la entrada a los infiernos interiores. Para la neurología, la hora de las brujas podría representar el descubrimiento de la relación entre los ciclos circadianos del cuerpo y la incidencia de suicidios (que, en este contexto, sería la manifestación desencadenada del deseo de la propia desaparición).

El doctor Michael Perlis del departamento de Psiquiatría de la Universidad de Pennsylvania presentó en la revista SLEEP las conclusiones de una muestra comparativa entre la hora aproximada de heridas fatales autoinflingidas y datos sobre las horas en las que las personas con trastornos de sueño tienen más dificultades para conciliarlo. Comparando esta data, encontraron que entre la media noche y las 05:59 a.m. se producen el triple de suicidios que en el resto del día.

"Estos resultados nos sugieren", afirma Perlis, "que no sólo las pesadillas y el insomnio son factores significativos de riesgo para el comportamiento y las tendencias suicidas, sino que simplemente el estar despierto durante la noche podría ser, en sí mismo, un factor de riesgo para el suicidio".

Según los autores, estudios previos habían sido incapaces de proponer una relación fiable entre las horas que la población pasa despierta y la hora del día en que ocurren más suicidios. El análisis mencionado se basó en los archivos del Sistema de Reportes Nacionales de Muertes violentas (de donde se extrae la hora aproximada de la muerte) y de la Encuesta Estadounidense de Uso del Tiempo, que permite formar un panorama general de lo que los estadounidenses hacen durante sus horas de vigilia, incluyendo los actos suicidas. Se tomó como punto de partida una base de datos de 35,332 suicidios.

Se estima que, sólo en Estados Unidos, 10% de los adultos sufre algún tipo de desorden de sueño o insomnio crónico que puede extenderse hasta tres meses. Por otra parte, el suicidio es la décima causa de muerte entre estadounidenses, contabilizando 38,000 incidencias cada año.