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Nuestro rostro es el emblema de nuestra identidad, más frágil de lo que creemos. La iluminación muestra cómo fácilmente nos convertimos en otra persona --tomamos otra máscara-- cuando los efectos del ambiente se modifican: nuestro rostro es la escenificación de juego de sombra y memoria.

¿Alguna vez te has contemplado en un espejo bajo los efectos de una droga psicodélica? Este video se acerca un poco a transmitir ese efecto caleidoscópico del rostro que va oscilando con la percepción y que parece ser una bóveda viva de tiempo y experiencias. 

El videoasta Nacho Guzmán realizó esta sencilla pero estimulante pieza para la canción "Sparkles and Wine" (Resplandores y Vino) del grupo francés de música electrónica Opal. El ángulo en el cual la iluminación apunta sobre el volumen del rostro y el color de la luz hacen que una mujer sea muchas mujeres, todas parecidas pero notablemente distintas, como si hubieran seguido vidas paralelas, senderos bifurcados o como si mostrara en segundos todo su repertorio de facetas: su alegría, su seducción, su tristeza, su espiritualidad, su inocencia, su ternura, su cólera, su melancolía... En dos minutos podemos ver cómo el ser humano es una multiplicidad: somos otros que integramos en una identidad ilusoriamente inmóvil. Más que tu ser, tu rostro es tu máscara.

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¿En realidad tenemos un rostro? O más bien somos un espejo que refleja sutiles matices en perenne mutación −un espejo que cincela nuestro rostro a partir de la memoria− un flujo de geometría humana, veleidad de alma que se proyecta en la cara.

El mundo es un teatro donde se proyectan luces y sombras y con ellas vamos tomando diferentes máscaras −y mientras usamos cada máscara olvidamos las otras y creemos que es la única que somos...

La belleza es inasible, es un espejismo de la luz. La seducción atrae engañando. El rostro de la persona que amamos nunca será igual al rostro del que nos enamoramos. El ser humano aparece y desaparece. Querer anclar (y refugiarnos en) una imagen −esa imagen idílica, esa foto fija onírica− es absurdo y nos puede destruir. 

Durante un viaje de LSD, ayahuasca, hongos, etc., al contemplarnos en el espejo, nuestro rostro parece mutar no sólo con los rostros que hemos tenido −desde tiempos inmemoriales−, sino también nos enseña fugazmente los rostros que podríamos tener si seguimos cierto camino o tomamos cierta decisión. A través de nuestros rostros podemos ver en el tiempo. Los rostros del amor, los rostros de la muerte.

Twitter del autor: @alepholo

 

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A la hora de nuestra muerte: fotografías de la última mancha que dejamos

Arte

Por: pijamasurf - 04/24/2014

La fotógrafa Sarah Sudhoff captura las marcas de sangre y fuidos que algunos muertos dejan al momento de morir.
[caption id="attachment_76188" align="aligncenter" width="480"]Sarah-Sudhoff Ataque epiléptico, hombre, 25 años[/caption]

Partiendo de que “la invisibilidad de la muerte resalta su terror”, la artista Sarah Sudhoff consiguió permisos para entrar a las fábricas de incineración y retratar los pedazos de tela manchados de sangre y fluidos que dejaron atrás algunos difuntos, en su última hora. At the Hour of Our Death  muestra lo que la convención de la muerte nos oculta de la vista.

“En la actualidad en la sociedad occidental, la mayoría de las familias delegan la responsabilidad de preparar el cuerpo de un ser querido para su último lugar de descanso a un completo extraño. […] La mancha de la muerte es rápidamente removida y la escena es limpiada y normalizada. Como Phillipe Aries escribe, “La sociedad ya no observa la pausa; la desaparición de un individuo ya no afecta su continuidad”.

[caption id="attachment_76189" align="aligncenter" width="480"]Sarah-Sudhoff5 Ataque al corazón, hombre, 50 años[/caption]

Estas fotografías a gran escala y a todo color capturan retazos de sábanas, alfombras, tapices y vestiduras marcadas con los signos de una vida humana expirada. Las cédulas de cada foto sólo nos informan del género, la edad y la causa de muerte del individuo, pero es justo la ausencia de nombre propio lo que genera una conexión íntima con la muerte anónima representada. Sudhoff intenta alentar los movimientos de la desaparición física de una persona; de llenar los huecos que se quedan allí cuando despojan de evidencia trágica a una escena de muerte. Después de todo, todos dejaremos una marca, todos mancharemos algo a la hora de morir. Y esa marca podría tener la misma importancia que la primera huella digital que nos toman al nacer.

 “Si ninguna otra cosa genera preguntas acerca de la propia mortalidad, esto quizá ayude a que la gente se pregunte qué planes tiene para el momento de morir. Si quiere ser cremado o alguna otra cosa”, explica Sudhoff. “Y luego, tal vez, algunas personas incluso se den cuenta que hay belleza en todo. Incluso en la tragedia hay algo de belleza”.  

Estas manchas finales, son en cierta forma, una última impresión de ese agregado del ser entre la conciencia y el cuerpo qe deja su sello en un mundo impermanente.

[caption id="attachment_76193" align="aligncenter" width="480"]Sarah-Sudhoff3 Suicidio con pistola, hombre, 40 años[/caption]

 

[caption id="attachment_76190" align="aligncenter" width="480"]Sarah-Sudhoff6 Enfermedad, mujer, 60 años[/caption]

 

[caption id="attachment_76191" align="aligncenter" width="480"]Sarah-Sudhoff7 Asesinato, hombre, 40 años[/caption]

 

[caption id="attachment_76192" align="aligncenter" width="480"]Sarah-Sudhoff4 Suicidio con pistola, hombre, 40 años[/caption]