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Bohren & der Club of Gore: experimentos con jazz en la oscuridad

Arte

Por: Jaen Madrid - 03/07/2014

La oscuridad, ese místico pero reluciente producto de la naturaleza, revela sus proporciones benéficas sólo a quién se atreva a curiosear detrás de su disfraz temible.

Bohren & der Club of Gore - piano nights

La oscuridad, esa emblemática ausencia de lo visible, se ha visto relacionada en muchas ocasiones con la soledad y los pensamientos gélidos. Algunos hemos sentido miedo al permanecer entre sus secretos, otros, nos hemos hundido en el confort de su pérfida melancolía. Ella no es más que un elemento de la naturaleza, un ente vivo como el agua y el aire pero que, a diferencia de estos, oculta sus proporciones benéficas revelándolas sólo a quién se atreva a curiosear detrás de su disfraz temible. Así pues, encontramos que la oscuridad ha sido también un espacio cálido para infinidad de músicos que la han interpretado de maneras impredecibles, como lo es en el caso de la exquisita armonía de la música jazz.

Si hasta el momento estás convencido de la delicadeza que puedes llegar a descubrir en la oscuridad, te recomiendo que des play y sigas adelante para disfrutar uno de los discos más sombríos de lo que lleva este 2014 y también uno de los más elegantes. Piano Nights es ya el octavo álbum de los alemanes Bohren & der Club of Gore, una de muchas bandas que han preferido vivir en el núcleo del esoterismo experimental, dejando pasar de largo todas las deformaciones y evoluciones del jazz ya conocidas, para ejecutarlo a su propia manera. Las raíces del proyecto descansan en un pasado fúnebre, en el que algunos de sus integrantes poseían bandas de hardcore y una gran admiración por Black Sabbath. Evidentemente ninguno de estas dos vertientes se acercan a una figura instrumentista, fina y romántica como lo ha sido el jazz, sin embargo, la respuesta fundamental radica en las mixturas de éste, es decir, los subgéneros: Slow Jazz, Lounge Jazz y Dark Ambient.

 No hay piezas experimentales de ritmos electrónicos, no hay métricas de beatitud ni velocidad que procuren la alegría de los tracks; como su nombre lo indica, Piano Nights está dirigido al silencio de la noche tersa, las notas sombrías por debajo de lo permitido para un público débil aromatizan el paisaje antes de que cada instrumento pueda tocar las notas de un aliento apasionado. Algo del sonido trágico y melancólico que logra el órgano recuerda mucho a los también herméticos discos de Vincent Gallo, un sentimiento que te induce a probar el siguiente track de corrido hasta que la llegada del clímax, indiscutiblemente, se ve protagonizada por el distinguido saxofón que no deja de ocultarse y tomar por sorpresa. Un dulce sonido entre las teclas parece adornar la atmósfera como un incentivo romántico que alude a un montón de escenas fílmicas en las que la lluvia, la reflexión y el ambiente taciturno, se llevan las mejores actuaciones.

Al igual que la noche, la mayoría de entes que absorben la luz para convertirla en oscuridad en realidad la reemiten en luz infrarroja, una energía incapaz de mirarse con el ojo humano pero que, en la percepción de algunas otras especies, está brillando como nunca. Es entonces la oscuridad, ese esotérico pero reluciente producto de la naturaleza, que hemos reconocido por sus tenues escalas de serenidad, una cortina sagrada para quienes tienen la curiosidad de saber de dónde provienen sus más hermosos sonidos, de dónde proviene su silencio.

 

Twitter de la autora: @surrealindeath

Mágicas pinturas rupestres de la Sierra de San Francisco, en Baja California (FOTOS)

Arte

Por: PijamaSurf Mexico - 03/07/2014

Las pinturas rupestres de la Sierra de San Francisco son consideradas tesoro cultural de casi once mil años.

 

Ubicada en la parte central de la península de Baja California, en la región Aridoamérica, la Sierra de San Francisco combina cumbres rocosas, cañones flanqueados por altas palmeras y cuevas repletas de ilustraciones rupestres, llamadas: La Pintada, Las Flechas, Los Músicos, La Soledad, Boca San Julio, Cuesta Palmarito y El Ratón.

Para poder llegar, se necesita atravesar cielo, mar y tierra. El primer objetivo es llegar a la pequeña ciudad Guerrero Negro, la cual marca la frontera entre Baja California Norte y Sur con el desierto El Vizcaíno. Es entonces cuando sus inmensas lagunas costeras guían tanto a las ballenas durante el invierno, como a los turistas que desean cruzar el Mar de Cortés. De ahí, es llegar un poco más allá de San Ignacio y de la carretera número uno. De acuerdo con el intrépido Gustavo Armenta: “apenas es el inicio de la travesía: campismo, ecoturismo, montañismo, cultura turismo rural y gastronomía”.  

Para visitar esta zona arqueológica, hay que solicitar una excursión que varía entre 450 a 800 dólares por persona. La cual no asegura lujos ni comodidad; pero sí: guía, transportación terrestre (en mulas y burros), alimentos, tiendas para acampar, bolsas para dormir, permisos del INAH para visitar el sitio. Además, los guías aconsejan llevar estrictamente lo necesario para pasar tres días en el fondo de una cañada, con un máximo de 10 kilos por persona.

Mientras que la zona es, desde 1993, Patrimonio Mundial por la Unesco, el INAH considera que existen 300 sitios arqueológicos de gran importancia dentro de la misma. Y a pesar de que muchos de ellos no han sido explorados, se ha indagado que fueron habitados por grupos de seres humanos hace alrededor once mil años; incluso, que el legado artístico de sus habitantes data del Cenolítico Superior, es decir de hace tres o cuatro mil años. De acuerdo con Conaculta, “algunos investigadores han mencionado que la zona estuvo habitada por ancestros del grupo indígena cochimí, que se hallaban organizados en pequeñas bandas de cazadores recolectores y que ellos desarrollaron gran parte de las pinturas en muchos sitios. Sin embargo, no hay estudios lingüísticos suficientes para ligar a los productores de los murales con el grupo étnico”.

Las pinturas rupestres de la Sierra de San Francisco, y en general las pinturas rupestres de todo Baja California, son consideradas tesoro cultural de casi once mil años. Cuyos personajes más representativos son figuras humanas y animales; ambos en colores negros y rojos, amarillos y blancos, con expresiones mágicas y religiosas, en relaciones sociales y territoriales. Estas pinturas son las más antiguas del continente americano, y se les conoce con el estilo de el Gran Mural.

Sin más, podemos decir que las pinturas relatan las escenas de  grupos nómadas que residieron en la zona durante la época prehispánica. Son imágenes pigmentadas con minerales tratando de expresar sus ideas antropomórficas, zoomórficas, astronómicas y abstractas. Y aunque no se encuentren más objetos físicos en el área, estos retratos hablan más acerca del modo de vivir de una época desconocida.