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Adéntrate en todas las manifestaciones de Choronzon, desde John Dee hasta la corriente 333: Choronzon es la sombra y la sombra es Choronzon. Y la sombra no hay que enfrentarla sino reconocerla.

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Know, at least, that all of us – the highest and the wisest –who have, in sober truth, passed beyond the threshold, have had, as our first fearful task, to master and subdue its grisly and appalling guardian.

-Edward Bulwer-Lytton, Zanoni

 

Every man has inside himself a parasitic being who is acting not at all to his advantage.

-William S. Burroughs

 

For in the TRUTH of your shadow-self lies the formula of the .:. DAIMON

-Instrucciones del Club Choronzon

 

El 6 de diciembre de 1909 Aleister Crowley y Victor Neuberg (su colaborador y amante) invocaron al demonio Choronzon en el desierto del Sahara. Lo hicieron como parte de una exploración que estaba llevando a cabo Crowley sobre los aethyres enoquianos, pero esta decisión genera algunas interrogantes. La principal de ellas es que si bien Choronzon es creación de John Dee y Edward Kelley (su colaborador y médium), al igual que el sistema enoquiano del que los éteres o aethyres son parte, no tiene nada que ver con ellos. Los aethyrs son un fragmento pequeño y bastante independiente del grueso de la magia enoquiana y Choronzon es sinónimo de la serpiente del Edén. Entonces, ¿por qué consideró Crowley que era importante invocarlo a la hora de trabajar sobre el décimo aethyr?

John Dee, que firmaba sus cartas a la Reina Isabel como “007” fue una de las mentes más grandes de su tiempo y a pesar de haber practicado el arte de la magia durante prácticamente toda su vida y de haber publicado varios libros, uno de ellos sobre los elementos de Euclides, su único escrito sobre ocultismo fue el Monas Hieroglyphica, un análisis sobre un símbolo (creado por él mismo) que representa la unidad de la creació. Que no hubiera publicado no quiere decir que no escribiese. Al contrario, llevaba un diario meticuloso sobre sus operaciones mágicas y los manuscritos que abarcan las instrucciones “angélicas” o “ultraterrenas” (las comillas nunca están de más) que conforman el sistema enoquiano y son invaluables. El problema es que los ocultó. Hubo que esperar a que Robert Cotton adquiriera los terrenos del hogar de Dee en Mortlake algunas décadas después de la muerte del mago que sirvió de inspiración a Shakespeare (Próspera de La Tempestad es, de hecho, John Dee). El nuevo propietario realizó una búsqueda exhaustiva de tesoros en la propiedad (consultor de la Reina, poseedor de la biblioteca más grande del mundo, algo debería quedar después de varios robos y saqueos de los que había sido víctima). Si encontró lo que buscaba, no lo sé: pero descubrió los manuscritos, que vendió a Meric Casaubion, quien los editó en el año 1659 bajo el nombre de Una fiel y verdadera recolección sobre lo acontecido durante varios años entre el Dr. John Dee (un matemático de gran fama durante los reinados de la Reina Isabel y el Rey Jacobo) y algunos espíritus.

Rose Cross Lamen - Hermetic Order of the Golden Dawn - Occult History of thooe Third Reich - Peter Crawford

El libro, primera aparición pública de Choronzon, en la que figura como la serpiente que tentó a Adán y Eva (y por lo tanto de Satanás, Seitán, el adversario) fue un éxito inmediato. Seis años después, el editor anónimo de una nueva edición de Discoverie of Witchcraft de Reginald Scot incluyó como material suplementario un ritual en el que se hace mención a Choronzon (sin relación alguna al sistema enoquiano). Las dos referencias renacentistas son mínimas, luego durmió. Como Cthulhu, hasta ser despertado por MacGregor Mathers, fundador de la Orden Hermética de la Aurora Dorada, quien descubrió manuscritos de Dee en el Museo Británico y revitalizó el sistema enoquiano —organizar los diarios y manuscritos de Dee en un sistema práctico fue sin dudas una tarea monumental. Pero quien lo despertó de verdad, quien le dio nueva vida fue Aleister Crowley, quien conoció el sistema enoquiano en la Aurora Dorada, de la que era miembro. En el año 1900 comenzó la exploración por los éteres que interrumpiría y retomaría a finales de la década: no sólo convirtió en el recorrido por los aethyres en un viaje progresivo hacia ese punto en que el espacio interior y el exterior se hacen uno, sino que hizo de Babalon (término enoquiano que significa “retorcido”), la Mujer Escarlata, uno de los conceptos más bellos (e importantes) del panteón thelemita.

Volviendo a la invocación realizada en 1909, no había motivo alguno para invocar a Choronzon en el marco del décimo aethyr —la mayoría de las crónicas y explicaciones simplemente lo dan por sentado, pero parten de la invocación de Crowley —y es imposible conocer sus razones. Lo que ocurrió es parte del mito: al grito de “Zazas Zazas Nasatanada Zazas” Choronzon tomó control de Crowley y comenzó a actuar violenta y salvajemente, al punto que Neuberg debió defenderse con un cuchillo. La historia (el mito) presenta varias irregularidades. Primero, es imposible corroborarlas ya que las hojas fueron arrancadas del diario personal de Crowley. Segundo, en la introducción a Liber 418 (The Vision and The Voice, libro en que Crowley narra su recorrido por los 30 aethyres) se aclara que todos los rituales fueron llevados a cabo con sumo cuidado y sin problemas. Finalmente, el propio Neuberg habría dicho algunos años después que no habían invocado a Choronzon sino al espíritu de una persona que habría trabajado en la construcción de la antigua Ur. Claro que Crowley solía comportarse regularmente de manera violenta y salvaje (no era necesario invocar a ningún ser sobrenatural para eso), pero qué ocurrió de verdad o qué creyeron que ocurrió en el desierto es lo de menos. Lo único que importa es que tras esa experiencia (o en esa época, si la experiencia no sucedió) Choronzon pasó a ser el demonio encargado de custodiar el Abismo, ese reino de sinsentido y oscuridad que precede a la supuesta liberación, a la muerte del Ego. Como Maya en el budismo, Choronzon tiene la llave de la iluminación: hay que vencerlo para liberarse: al igual que Maya, es el Señor de las Alucinaciones. Lo que espera al vencedor del otro, en términos mágicos, es complejo: tras el Abismo se encuentra la Ciudad de las Pirámides, donde se experimenta la Noche de Pan (N. O. X.). Es interesante remarcar que el antecedente más inmediato de Choronzon es el Guardián del Umbral de la novela Zanoni de Bulwer-Lytton —pareciera que lo único que hizo Crowley fue ponerle un nombre enoquiano y hacerlo encajar dentro del sistema thelémico.

De sus humildes orígenes en el renacimiento (dos menciones perdidas durante siglos) a un rol activo como Guardián del Abismo, Choronzon pasó a ser el Hombre de la Bolsa de los thelemitas, el último demonio al que hay que enfrentar para lograr el despertar. A pesar del aura claramente negativa que poseía, a finales de la década del 20 se creó, en la ciudad de Chicago, una sociedad bastante extraña: el Club Choronzon, famoso por su slogan “el atajo hacia la iniciación”. El creador de la agrupación era C. F. Russell, un mago que había vivido durante una época en la Abadía de Thelema junto a Crowley, quien terminó solicitándole que se fuera por comportamientos extravagantes y ligeramente desequilibrados (en buenos términos, a pesar de todo, pues la relación entre ellos era, como mínimo, complicada). Russell era matemático, en 1982 aseguró haber resuelto el Teorema de Fermat utilizando geometría proyectiva y el título de su autobiografía (de cuatro tomos) es Znuz is Znees. Y el Club, como su creador, tenía algunas peculiaridades: sus instrucciones eran claras y directas, pero a la vez con cierto sentido del humor, refiriéndose siempre a los no iniciados como “Trogloditas”. El sello de la Orden contenía en el centro la cifra 333, número de Choronzon.

El foco estaba de las instrucciones del Club (cuya orden interna tenía el nombre de G.:.B.:.G.:. y al igual que en el caso de la A.:.A.:., las siglas no significan nada o muchas cosas a la vez) estaba puesto en acelerar el lento proceso hacia la iluminación mediante la experiencia de tres crisis: la primera, el Velo de Paroketh; la segunda, el Velo del Abismo y por último una crisis sin nombre más allá del grado de Ipsissimus que probablemente convirtiera al iniciado en un Super Saiyajin nivel 4. De este modo y mediante versiones breves e intensas de los rituales buscaban que la persona accediera de manera más rápida a esos estados de conciencia superiores definidos por los grados de las órdenes mágicas tradicionales. Por ejemplo, de acuerdo a Mathers y Crowley, para lograr la Conversación con el SAG (a quien llamaban HOLY.:.DAIMON.:.) había que realizar un retiro espiritual de seis meses de duración —en la versión del Club de Choronzon (de acuerdo a las instrucciones dadas en el Liber AVD) el retiro era de sólo un día y medio. Detrás de todas las crisis se encuentra Choronzon, porque no sólo custodia el Abismo que separa el cuerpo del espíritu o la ignorancia de la sabiduría, sino también la vida de la muerte y la vigilia del sueño. Otra de las características de la Orden era la importancia de los trabajos de magia sexual, para lo cual promovían el uso de la marihuana. Louis T. Culling, miembro fundador del Club, escribiría más tarde el libro Magia Sexual resumiendo la mayoría de conceptos de la Orden sobre el tema.

A pesar de que el Club sigue activo en la actualidad, sus días de gloria terminaron en los 30s: se dividió en varias partes, la principal de ellas dedicada exclusivamente a la magia sexual entre hombres. La visión menos negativa que tenían de Choronzon (al compararla con el simbolismo predominante) quedó prácticamente en el olvido: en lugar de aceptar su lugar natural dentro de la necesaria noche oscura del alma que precede a la catarsis, siguió representando el mayor peligro al que se puede enfrentar un hechicero, un demonio digno de una película (mala) de Hollywood. Pero Choronzon volvería a cambiar, esta vez de la mano de Peter Carroll y la magia del caos. Carroll considera que tanto Choronzon como el Abismo, la Ciudad de las Pirámides el propio Holy Guardian Angel son bugs. Escribe en Psychonaut: “(el error) es la noción de un Self superior o voluntad verdadera, que ha sido apropiada indebidamente desde las religiones monoteístas. Hay muchos a quienes les gusta pensar que tienen un Self interior que es de algún modo más real o espiritual que su Self ordinario o inferior. Los hechos no lo confirman.” Según Carroll lo único que existe más allá de nuestra estructura psicológica es Kia (término prestado de la obra de Austin Osman Spare), pero es imposible aspirar a Kia: es vacío, anónimo. No tiene virtud ni bondad, no es luz ni oscuridad. Y Kia no tiene nombre, también le podemos decir HGA si queremos. Pero cualquier atributo o cualidad que le otorguemos es ilusorio, parte del “yo” que se busca trascender. No hay trascendencia, no hay iluminación. Ni siquiera hay un “yo” que iluminar, menos va a haber un demonio que impida la liberación. Si no hay un objeto trascendental al que aspirar, Choronzon se convierte en la representación de las obsesiones de la persona que quiere lograr la trascendencia: es en la búsqueda desesperada de un mundo más allá de este que creamos las patologías que dan forma al demonio que supuestamente deberemos enfrentar.

Siguiendo las líneas de la G.:.B.:.G.:.y en el marco de la magia del caos surgió en los últimos tiempos la “corriente 333”, en la que Choronzon (“el Exterminador de la Entropía” y el “Guardián del balance entre el Balance y la Falta de Balance”) pasa a ser directamente la figura central de una cosmogonía xenodimensional. Después de todas sus evoluciones Choronzon es dos cosas a la vez: por un lado el adversario interior, ese conjunto de miedos y obsesiones cuyo único rol parece ser el de boicotearnos. Por el otro, el Guardián es quien tiene la llave; Choronzon es también Yog-Sothot (el Acechador del Umbral): tanto destructor como guía a través de las dimensiones, el gran generador del cambio. En todos los casos no se trata de otra cosa que la sombra. Choronzon es la sombra y la sombra es Choronzon. Y la sombra no hay que enfrentarla sino reconocerla —enfrentarla, así como enfrentar a Choronzon, es peligroso. Pero más que peligroso, es un error: “Así como la Luz crea tu Sombra, yo soy la Sombra que crea tu Luz”. La sombra es la llave de la creatividad y la imaginación, el camino a la liberación (por eso es el Guardián y la Llave): y obsesionarse con cualquiera de ellas, con la liberación o con la sombra, conduce al único Abismo que existe: desperdiciar el tiempo en vez de disfrutar de la ilusión más grande de todas. Porque la historia de Choronzon, al fin y al cabo, es la historia de distintas ilusiones y el viaje progresivo hacia la Gran Ilusión que se esconde en el corazón de la realidad: la sombra, oscura y esquiva, peligrosa e infantil y que, por sobre todas las cosas, poderosa, nos conduce a la vida.

 

 Twitter del autor: @ferostabio

Podrían parecer un par muy extraño, pero el escritor irlandés Samuel Beckett y el luchador/actor André the Giant se conocieron bien.

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La sola visualización de estos encuentros es un deleite absoluto. Cualquiera que alguna vez haya visto las luchas WWF de hace algún tiempo o haya visto The Princess Bride sabrá que André the Giant era un tipo inmenso. O si nunca has visto eso, lo más seguro es que te hayas cruzado con alguna calcomanía de OBEY GIANT, que inmortalizó fenotípicamente a este sujeto. Por el otro lado, cualquiera que haya leído Esperando a Godot o siquiera haya visto el rostro acanalado e inteligente de Samuel Beckett sabrá que era un tipo demasiado entrañable.

Cuando André tenía doce años ya medía casi dos metros y pesaba 73 kg. Era demasiado grande para caber en el autobús escolar y su familia no tenía dinero para comprar un auto que pudiera lidiar con su peso si lo llevaba de ida y regreso a la escuela. La historia es la siguiente:

Samuel Beckett compró un poco de tierra en 1953 cerca de una aldea a aproximadamente cuarenta millas al noreste de París y construyó una cabaña para sí mismo con la ayuda de algunos locales.

Uno de los locales que lo ayudó a construir la cabaña fue un granjero búlgaro llamado Boris Rousimoff, quien se hizo amigo de Beckett y algunas veces jugó cartas con él. Como pueden haber imaginado, el hijo de Rousimoff fue André the Giant, y cuando Beckett se enteró que Rousimoff estaba teniendo problemas llevando a su hijo a la escuela, Beckett se ofreció a llevar a André en su camión –un vehículo en el que André cabía— para pagarle a Rousimoff el haber ayudado a construir la cabaña. Adorablemente, cuando André relató los trayectos con Beckett, reveló que rara vez hablaron de algo que no fuera cricket.