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Manifestantes en Ucrania protestan con espejos para perturbar a policías antimotines

Sociedad

Por: pijamasurf - 01/09/2014

¿Qué efecto puede tener en un policía que recibe órdenes de reprimir una manifestación encontrarse con su propio rostro y su cuerpo? Esta inquietante forma de manifestarse se ha probado recientemente en Ucrania

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La policía es quizá uno de los instrumentos gubernamentales más ambiguos de cuantos se derivan del pacto social, si bien desde una perspectiva que podríamos calificar de hobbesiana, las llamadas “fuerzas del orden” parecen necesarias para recurrir a ellas en caso de que ese orden se quebrante (por ejemplo, cuando ocurre un crimen, una agresión, etc.). En otro sentido, quizá podríamos preguntarnos por qué, en todo caso, dicha “interrupción del orden” sucede; si más bien, en el fondo, no se trata de una ilusión ideológica que el gobierno necesita para justificar su existencia y mantener su supuesto monopolio legítimo de la violencia. Con cierta adscripción a las ideas de Foucault acaso podríamos preguntarnos si ese desorden no es la condición usual y aun imprescindible que genera el propio sistema, que sólo en apariencia dice combatirlo, pues de no ser así, probablemente caeríamos en cuenta de que los policías, el gobierno, las instituciones, quizá no son tan necesarios como nos han hecho creer.

Recientemente, en Ucrania algunas de las manifestaciones que han tenido lugar en Kiev en contra del presidente Viktor Yanukovych y el mucho poder que concentra en su función, han contado con un elemento quizá inédito hasta ahora: espejos. Como respuesta a la brutalidad con que ha actuado la policía del país, participantes de estas protestas pretendieron que con este simple gesto los elementos se dieran cuenta de en qué se habían convertido, como se ha repetido en tantas ocasiones de este tipo, agrediendo al mismo pueblo del que también ellos forman parte.

En un ejercicio especulativo y de imaginación podríamos preguntarnos qué podría pasar por la mente de un policía cuando mirara su propio reflejo, su rostro y su cuerpo y, como si se tratara de un artificio mágico, de súbito se encontrara, por un lado, consigo mismo, pero también del otro lado, el de los otros que se manifiestan. Aun en su condición de simulacro, por el espejo el policía se ha convertido de pronto en parte de esa multitud estrecha que alza la voz contra un gobierno que cree injusto. Quizá, como sucedió hace poco con un policía brasileño que en un momento de catarsis, o aun de anagnórisis, dejó su arma, se avergonzó del gobierno al que defendía al obedecerlo y se unió a las protestas de sus compatriotas, ¿así también esto podría repetirse con tantos espejos como llevaran consigo los manifestantes?

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Finalmente, el ingenioso recurso de estos ucranianos recuerda la respuesta del subcomandante Marcos cuando casi por todos lados se le pedía que mostrara su rostro, como si esto fuera necesario para entablar un diálogo auténtico (o como si esa autenticidad se diera per se cuando dos rostros hablan aparentemente descubiertos). Entonces Marcos respondió de este modo:

Si quieres saber quién se esconde tras el pasamontañas, coge un espejo y mírate en él.

 

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TradeYa es uno de los nuevos servicios que ofrecen intercambio directo vía trueque; algo que evita el exceso de consumo y tiene efectos benéficos para el medio ambiente.

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Como sabemos, en nuestra sociedad prevalece —por una antigua imposición— el uso de dinero como método de transacción e intercambio de bienes. El dinero se ha convertido en parte fundamental de nuestra psique y de la forma en la que nos relacionamos, al punto de que pensaríamos que es algo normal o natural y sobre todo inevitable. Pero, como explica Douglas Rushkoff, en su libro Life Inc., el dinero fue instituido para extender el poder de los imperios y más tarde de los gobiernos centrales, que instituyeron bancos centrales y que abolieron las monedas locales. "Al hacer ilegal la moneda local, los monarcas podían obligar al pueblo a usar su propia y más cara 'moneda del reino'. En vez de ganarse su existencia, este dinero era prestado hacia su existencia", dice Rushkoff.

Hoy en día los instrumentos financieros y las abstracciones del mercado hacen que el dinero sea una representación de algo que no existe, no tiene sustento en un producto en el mundo material, bien podríamos decir que se trata de un trance consensual o de una creencia compartida. Sin querer satanizar el dinero del todo (pues en todo caso puede ser programado de una forma distinta para tener un efecto psicosocial distinto), recordemos que nuestra sociedad experimenta en muchos casos el dinero patológicamente (algunos de sus trastornos, según estudios científicos, pueden verse aquí) y que una sociedad de consumo basada en la compra constante de nuevos productos es insostenible para el planeta.

Desde el inicio del Internet han existido monedas y métodos de intercambio alternativas (el más popular actualmente es el bitcoin). Existen algunos servicios para intercambiar bienes a manera de trueque como ITEX (que funciona sobre todo para empresas), pero son pocos los servicios que han prosperado y que permiten a los ciudadanos de la Red intercambiar bienes directamente. Un sitio que promete en este sentido es TradeYa, el cual permite que los usuarios traten directamente y elijan productos de otros usuarios para cambiar, sólo cobrando cargos por el envío de los productos. Otra opción con una plataforma en español es Obsso.

Jared Krause, fundador de TradeYa, sostiene que los sitios de truque que existen en realidad son formas de compraventa que usan puntos o monedas alternativas, lo cual los distancia del espíritu de esta relación social pura. "Usar dinero es una conducta aprendida. El truque es innato. Los niños lo hacen desde los tres años", dice Krause, cuyo sitio exhorta a "dejar de comprar cosas".

TradeYa cuenta con miles de usuarios y sus caretgorías más populares son electrónicos, vehículos motorizados y accesorios de mujeres. Lo interesante es que personas también ofrecen cambiar servicios como masajes tailandeses o clases de yoga: podemos imaginar círculos virtuosos en los que alguien enseñe jardinería a una persona a cambio de luego recibir clases de portugués, o algo así..

Existe un claro beneficio en el trueque, que es una forma de reciclaje. En las sociedades de consumo en las que vivimos, todos tenemos numerosos artículos o aparatos que no queremos o no usamos y que alguien más quiere: al intercambiarlas evitamos comprar nuevos productos (con todos los efectos ecológicos que conlleva la producción). Sobra decir que el trueque no le conviene mucho a las grandes corporaciones que manufacturan innumerables productos para cosas que no necesitamos (por ejemplo, el nuevo y flamante desodorante para los senos), ni tampoco al modelo económico actual basado en el crecimiento infinito vía el incremento permanente del gasto, consumo y deuda. De cualquier forma sería interesante que servicios como el de TradeYa tuvieran más difusión y ver hasta qué punto se les permite crecer y si hay algún intento de sabotaje por parte de las grandes corporaciones y sus gobiernos aliados.

Twitter del autor: @alepholo

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