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La fotógrafa Sarah Schonfeld explora la relación entre la forma y los efectos de ciertas sustancias psicoactivas conjurando planetas, cristales y criaturas submarinas dentro de un universo farmacológico.

 

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Dopamina

Uno de los grandes atractivos de las drogas psicoactivas es que permiten ver la realidad de otras formas, muchas veces con una riqueza visual exaltada. Bajo ciertas sustancias, la naturaleza cobra vida y los colores vibran, la atención se afila hacia patrones y formas simétricas; si se cierran los ojos, un flujo de fractales, glifos, mandalas y arabescos se detonan de manera metamórfica. Otras drogas quizás producen visiones distorsionadas, con pocos pixeles, rápidas abominaciones de un punto de conciencia desencajado.

Siguiendo esta esencia visionaria de las drogas psicoactivas, la artista Sarah Schonfeld ha retratado sustancias de uso recreacional y algunos neurotransmisores asociados con el placer y demás efectos que producen estas drogas. La idea es producir una imagen artística de lo que se ha llamado el "ser químico". Dice Schonfeld:

Somos capaces de explicar estados de ánimo, pasiones y enfermedades psicológicas y fisiológicas a través de un desbalance químico en el cuerpo. Todo esto ocurre, a su vez, en un ambiente de constante cambio legal y político en torno a la regulación de estos distintos modos de alterar el estado de ánimo.

Para representar este universo farmacológico, Schonfeld roció algunas gotas de extractos de distintas drogas sobre algunos negativos de película que ya había sido expuesta. Con cada gota la película se alteró "de la misma manera que estas sustancias alteran al ser humano". Después de provocar esta reacción química, la fotógrafa berlinesa amplió las imágenes a tamaños de 160 x 200 cm para así dar vida a los universos internos de las drogas, conjurando una especie de pareidolia de las expectativas neuroquímicas. No sabemos si operó en su trabajo una intención de cincelar las imágenes conforme a la imaginaria que se tiene popularmente de estas sustancias o si en cambio operó un orden interno, propio de las correspondencias entre la forma y el significado, entre los patrones fisiológicos y los psicológicos. Los resultados, un catálogo de planetas, cristales, paisajes submarinos y embriones, entrelazan a la fotografía con la farmacología y la psicología y quizás una forma de alquimia sintética, que a la vez es discutida en el libro All you can feel. 

Antes que Schonfeld,  Michael Davidson produjo estas imágenes de drogas bajo el microscopio (psicodélica microcósmica).

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Éxtasis

El éxtasis callejero, una negra criatura marina de ventanas cuarteadas

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Heroína

La heroína se distiende acuosa y nívea,  entre piedra y esponja sobre un mar humano de líquidos amnióticos y destellos  de luz.

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Ketamina

La ketamina, el anestésico disociativo, se muestra como un cristal extraterrestre llenó de pequeños picos de cuarzo espinado.

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LSD

La estética del LSD nos muestra que la realidad puede ser, como creía Tim Leary, sólo un punto de conciencia al que podemos reducirnos y así experimentarla desde cualquier perspectiva posible. El LSD mantiene la gama psicodélica, un mar morado de vacío cósmico y una espora turquesa incipiente.

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MDMA Puro

  El MDMA muestra un sensación océanica de empatía química, criadero de medusas y  membranas que se interpenetran bajo el reino de la luz azul.

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Cafeína

 La cafeína, uno de los estimulantes más aceptados en el mundo, se revela como un excitado diente de león, un sistema de exfoliación en permanente estado de alerta.

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Crystal Meth

 El crystal meth, una de las sustancias más duras en este bestiario psicoactivo, revela su anfractuosidad psíquica, fragmentación y delirio. Pardos cristales, embriones rugosos, manchas de ofuscamiento y brotes afilados. 

 

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Opio

 

 El negativo chorreado de opio evoca un planeta de sueños, con cierta contaminación (quizás con esa indolencia ante lo que sucede, característica de los opiaceos).

 

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Estrógeno

El estrógeno, la hormona asociada con la feminidad muestra una sutileza de formas y colores delicados, casi un feto evanescente o un suave fantasma. 

 

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Melatonina

La melatonina, hormona asociada con los biorritmos y la generación de sueño,  se asemeja a un planeta distante, acaso Neptuno, un sueño marino e informe.

Twitter del autor: @alepholo

El Dr. Rick Strassman sugiere que los profetas de la Biblia podrían haber tenido visiones místicas debido a concentraciones elevadas de DMT en su cerebro.

dmtandthesoulofprophecyEl Dr. Rick Strassman es considerado la máxima autoridad en cuanto al estudio médico del DMT, habiendo conducido uno de los únicos estudios que se ha realizado con este psicodélico endógeno, de 1990 a 1995 en la Universidad de Nuevo Mexico. Strassman, allegado al budismo zen, parece haberse convertido un poco a la religión del DMT, o al menos a una perspectiva que combina la religión con las sustancias psicodélicas, que en su caso habrían de llamarse enteógenas.

Strassman es conocido en la comunidad psicodélica por ser autor del libro DMT: The Spirit Molecule, en el que expone casos clínicos de personas que experimentaron con DMT y la relación entre sus descripciones  y un posible cauce espiritual. Ahí también Strassman teorizó que el DMT se genera en la glándula pineal, algo que desde ese entonces ha sido comprobado en ratas. En su nuevo libro DMT and The Soul of Prophecy, Strassman correlaciona la historia de la religión, específicamente de las profecías y las teofanías con el DMT y sustancias psicodélicas como el LSD.  El primer capítulo del libro puede leerse en el sitio de Strassman. Aquí un fragmento en el que se compara la visión que tuvo Ezequiel y que lo llevó a convertirse en profeta y la visión que tuvo un voluntario llamado Seth al ingerir DMT:

Ambas describen una corriente de viento o una sensación de ligereza física, una experiencia auditiva que inunda la mente, emociones tan poderosas que causan casi un desmayo o una caída, y la apariencia de criaturas surgiendo de un fondo amorfo dinámico con colores preternaturalmente intensos. En ambos casos notamos similitudes en la descripción de la autoridad de la voz que los hombres escuchan.

Strassman propone que la "fenomenología compartida" de las experiencias "refleja una biología compartida". Lo cual podría significar que en ambos casos se presenta una elevación de los niveles de DMT en el cerebro. En sus estudios Strassman notó que esto ocurría cuando una persona recibía una inyección de DMT, lo que le hace pensar que es posible que los niveles de DMT en el cerebro podrían elevarse por causas naturales o algún tipo de estado inducido.

Admt7unque suena radical, la idea de Strassman no es nueva. Hace algunos años Cliff Pickover publicó el ensayo DMT, Moses and the Quest for Transcendence, en el que explora la misma hipótesis: "el DMT en las glándulas pineales de los profetas bíblicos le trajo a Dios a la humanidad y permitió que humanos ordinarios percibieran universos paralelos". Niveles más altos de DMT en el cerebro podrían ser producidos a través de modificaciones corporales, ayunos, mantras, oraciones o cantos, danza o respiración extática, dietas o consumo de plantas psicoactivas o incluso debido a la menor exposición a fuentes de luz diferentes del sol —de la misma manera que la luz artificial afecta la producción de melatonina—... visiones divinas en una cueva.

Strassman parece ahondar en esta hipótesis del Dr. Pickover, rayando casi en la neuroteología, la ciencia que considera que todos los estados místicos o religiosos pueden explicarse como causados por ciertas condiciones neurales, y como tales pueden ser reproducidas cuando estas condiciones se replican. Es decir, Dios es un subproducto de la química y la complejidad neural del cerebro. Strassman llama a su modelo, en cambio, teoneurológico, y sugiere que el cerebro fue diseñado o evolucionó específicamente para que Dios pudiera comunicarse con nosotros: el DMT es entonces la "molécula mensajera" del espíritu. En palabras de Dennis McKenna, el DMT, es una "pastilla instantánea de supremas realidades metafísicas".

Uno puede pensar que Strassman ha dejado un poco de lado la ciencia y ha fumado demasiado DMT, al hablar casi como un fanático religioso: la propuesta es bastante radical, el DMT está ahí como un ojo providencial sembrado a través de los disfraces de la evolución por Dios. Resulta un poco extremo, pero es solamente una hipótesis y no deja de ser interesante cuando se analizan las experiencias que suelen ocurrir cuando se consume esta poderosa sustancia psicodélica, la mayoría de las cuales hablan de una comunión con el universo y de un suceso trascendental y transformativo, quizás en nuestra era secular equivalente a la visitación de un ángel o de una deidad —depende de nuestro contexto (me pregunto qué ocurriría si no supiéramos que consumimos DMT y viéramos las cosas que se suelen ver cuando se consume, ¿acaso no pensaríamos que hemos recibido una visión beatifica?).

Otra aparente analogía o sincronía: la glándula pineal se forma en el feto humano a los 49 días de concebido, una cifra que coincide con los días que supuestamente tarda un alma en reencarnar según el Bardo Thodol o Libro Tibetano de los Muertos. ¿Entra el espíritu a través de la glándula pineal? Antes habría que discutir la existencia del "espíritu" individual para poder hablar de este proceso animístico. Es un tema que no agotaremos aquí. Dejamos entonces la puerta abierta, para que entre la duda cartesiana y también los genios del DMT, esas máquinas élficas automutantes que tanto gustaba de rapsodiar Terence McKenna.

Twitter del autor: @alepholo