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Esta sencilla prueba podría predecir cuántos años vas a vivir

Por: pijamasurf - 11/06/2013

Sentarse y levantarse sin utilizar brazos ni rodillas puede ser utilizado como parámetro para conocer tu índice de mortalidad después de los 50 años.

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¿Cuánto vamos a vivir? Esa pregunta nunca se contesta acertadamente a priori y no puede saberse a ciencia cierta sino a posteriori. Pero el médico brasileño Claudio Gil Araujo ha ideado una sencilla prueba que te permitirá conocer tu estado general de salud y deducir de ello tu expectativa de vida (al menos un aproximado, y funciona mejor si tienes más de 50 años.)

Hay tres componentes en esta sencilla prueba: equilibrio, fuerza y flexibilidad. La prueba consiste en ponerse de pie en medio de una habitación y luego sentarse en el suelo (en posición "de loto") sin utilizar las manos para apoyarse; la segunda parte de la prueba consiste en ponerse de pie, nuevamente sin ningún tipo de apoyo.

Equilibrio, fuerza y flexibilidad son tres coordenadas que están presentes en nuestra habilidad motora en grado variable durante toda la vida; son las reguladoras del equilibrio motriz y, a medida que envejecemos, reflejan la salud de nuestra coordinación psicomotora. Araujo notó que sus pacientes mayores tenían dificultades con simples pruebas de equilibrio, y los problemas de condición física suelen implicar un aumento en el riesgo de caer accidentalmente y sufrir lesiones que medran la calidad y expectativa de vida.

La idea de Araujo es que esta prueba sirviera no como una especie de "oráculo" o predicción de cuánto tiempo tienes aún de vida, sino de que sus pacientes se sintieran motivados a realizar cambios en sus hábitos de ejercicio y salud al constatar por sí mismos el estado de su propio cuerpo. Además, es una prueba sencilla que puede realizarse en cualquier lugar y que no necesita equipo especial. 

Cómo aplicar e interpretar la prueba: 

-Al realizar la prueba tendrás una calificación en escala de 1 a 10: 5 puntos por sentarte, 5 puntos por levantarte.

-Cada vez que utilices los brazos o rodillas para ayudarte, sustraes un punto de los 10 puntos posibles. Resta medio punto cada que pierdas el equilibrio o cuando la fluidez del movimiento se vuelva torpe.

Parece un esquema demasiado sencillo porque lo es: Araujo aplicó esta prueba a más de 2 mil pacientes con edades entre 51 y 80 años, y encontró que la gente que obtenía menos de 8 puntos de calificación tenía el doble de probabilidades de morir durante los próximos seis años; quienes obtuvieron tres puntos o menos tenían cinco veces más probabilidades de morir durante ese periodo de tiempo. En suma, cada punto obtenido en la prueba representa un 21% de disminución en la probabilidad de muerte.

Para los menores de 50 años, esta prueba sirve para dar una idea general del estado de salud. Si tienes menos de 50 años y tienes problemas en realizar esta sencilla tarea, probablemente esta sea la señal de que necesitas realizar algunos cambios en tus hábitos y poner atención a la salud.

La cultura es un programa de realidad que puede, y debe, editarse; tú decides cómo vivir tu propio marco cultural.

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Muchos de nosotros aún tendemos a concebir la cultura como algo esencialmente positivo, relacionado con el arte, la música, la lectura, visitar museos, etc, pero quizá en algún momento nos demos cuenta que la cultura es mucho más que eso. De hecho, es algo parecido a un protocolo que utilizamos para experimentar la realidad, una herramienta para mediar entre nosotros y un todo, esencialmente caótico, que puede interpretarse a partir de infinitas posibilidades. 

En sintonía con lo anterior, pero aplicado a una colectividad, por ejemplo un determinado grupo social, la cultura podría definirse como un patrón dominante –por ser el más popular o el más ampliamente convenido–, de creencias y actitudes. Y si bien éste da vida a un marco referencial compartido, que favorece el funcionamiento coordinado entre los integrantes de dicho grupo, también representa un sistema limitante ante impulsos o iniciativas que decidan explorar más allá de los confines de este marco. En este sentido, la cultura también puede traducirse en una especie de prisión, que condiciona ciertas creencias y experiencias, desalentando todo aquello que aún no le pertenece. 

Sobra decir que no podemos vivir, al menos no por el momento, fuera de este sistema. Es fundamental darnos cuenta que la cultura es a fin de cuentas un mapa de realidad, y que como tal, es imposible que sea el propio territorio –como lúcidamente advirtió en su momento Korzybski. Pero por otro lado la idea de combatirla, o menospreciarla, resulta absurdo. Parece, entonces, que debemos imaginar una manera de relacionarnos con ella, que nos permita aprovechar sus bondades y, a la vez, sacudirnos sus limitaciones.

Frente a este reto nuestro fin debería ser el de tomar control de este sistema operativo, editarlo, resetearlo, incluso reprogramarlo. Nuestra interpretación cultural de las cosas sin duda no es la realidad, pero ello no implica que ese marco no sea de cierta utilidad, como tampoco que debamos aceptarlo ciegamente, excluyendo la posibilidad de crear, conscientemente, nuestra propia realidad (y enriquecer así la cultura colectiva). 

En pocas palabras, tal vez la manera más sana de lidiar con ese programa de realidad que llamamos cultura es, primero, darnos cuenta de su esencia: recordemos que es un cierto sistema, entre infinidad de sistemas posibles, que por diversas circunstancias nuestro contexto sociocultural ha elegido. Luego, tratemos de detectar los múltiples programas insertos dentro de ese gran sistema operativo, por ejemplo el lenguaje, el calendario, la familia, o la pareja. Una vez logrado esto, entonces podemos proceder a seleccionar conscientemente los componentes que de esos protocolos deseamos mantener, e imaginemos nuevos elementos para reemplazar aquellos que entorpecen nuestro desarrollo o exploración. Finalmente, repitamos este mismo proceso las veces que sea necesario con la esperanza de que en algún momento no necesitemos más de un mediador entre nosotros y ese caos infinito que podríamos llamar Unidad o Totalidad.

No, el mapa no es el territorio, pero si nos tomamos el tiempo y la energía de utilizarlo como un instrumento a nuestro favor, entonces seguramente este mapa nos llevará a algún lugar. 

Así que quizá la pregunta más pertinente sea ¿cómo puedo entablar una relación simbiótica con mi actual mapa cultural? y aún más allá ¿como puedo consumar ese proceso alquímico que se requiere para transformar una potencial prisión en un vasto palacio?

Y supongo que aquí nos toca a cada uno, hallar nuestras propias respuestas.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis