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Richard Florida y la creatividad como agente de regeneración urbana

Sociedad

Por: pijamasurf - 10/23/2013

Con su concepto de "clase creativa", Richard Florida hace de la creatividad un agente de transformación y regeneración urbanas, un catalizador de la prosperidad a largo plazo; como parte del programa de BONUS CWMX 013, pronto tendrás la oportunidad de conocer su propuesta.
richard-florida (Jaime Hogge/Creative Class Group)

Una de las tendencias más interesantes del urbanismo contemporáneo es la que encabeza Richard Florida, un teórico de origen canadiense que se ha enfocado en estudios sobre regeneración urbana, en particular sobre el impacto y la influencia que en la vida de una metrópoli, en su desarrollo y sus posibilidades, tiene la que Florida ha denominado la “clase creativa” (“creative class”), una suerte de vanguardia social que por su nivel socioeconómico y cultural es capaz de impulsar la calidad de vida de un núcleo urbano.

Florida llevó la idea de la clase creativa al mundo de los estudios urbanos a inicios de este siglo con la publicación de tres títulos más o menos consecutivos que comenzaron el debate sobre la función de las personas y los grupos sociales “creativos” en la dinámica de una ciudad: The Rise of the Creative Class (2002), Cities and the Creative Class (2004) y The Flight of the Creative Class (2007).

En términos generales, el concepto de “clase creativa” se refiere a una clase emergente o segmento demográfico caracterizado, de inicio, por las actividades que realizan para obtener su sustento, trabajos esencialmente intelectuales como las profesiones científicas, las artísticas, el diseño, la educación, las que se encuentra relacionadas con el desarrollo de nuevas tecnologías, la programación y otras afines. Asimismo, por el nivel educativo y socioeconómico que suponen, en este sector también se encuentran otras profesiones como los médicos o directivos de empresas. Un tercer grupo está en los “bohemios de altura” (“high bohemians”) y, finalmente, Florida considera también otros rasgos no necesariamente socioeconómicos como la orientación sexual, en específico la homosexualidad, como otro factor de regeneración urbana.

De acuerdo con Florida, las concentraciones metropolitanas de esta clase que tiene como característica común la creatividad, son en sí mismas polos de un nivel socioeconómico alto. Por su ingreso monetario, por sus inquietudes culturales y sus ambiciones profesionales, por su comportamiento cívico, la clase creativa es de suyo un elemento de diferencia en el contexto de la ciudad donde reside. Pero Florida también propone que dicha dinámica no se cierra sobre sí misma, sino que también posee cierta fuerza de expansión que busca ampliar estos beneficios a otras zonas urbanas. El profesor asegura que estos polos se convierten en centros de atracción de desarrollo, tanto de más personas creativas como del capital necesario para sostener este nivel de vida ―un tanto más exigente que, por ejemplo, el que requiere la inversión dedicada a la población que prefiere los centros comerciales o los estadios deportivos.

Una de las defensas que Florida esgrime en su teoría de la creatividad como catalizador del desarrollo urbano es que, en este caso, la prosperidad que se genera a partir de la dinámica urbana de la clase creativa es mucho más estable, mucho más instalada en el largo plazo, menos efímera.

Se trata, en suma, de una idea estimulante por la manera en que amplía los horizontes de la creatividad, una característica que casi siempre se considera personal pero que, como propone Florida, puede ser capaz de transformar una ciudad entera.

Richard Florida participará como ponente en BONUS CWMX 013, a realizarse en noviembre del presente año en la Ciudad de México.

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[caption id="attachment_65363" align="aligncenter" width="480"]chad-alburn6 Chad Alburn[/caption]

¡Las mil cosas que se pueden hacer sin una computadora, pero no se podían hacer antes de las computadoras!

Esta frase representa la clave de los efectos de la cultura digital en nuestro desempeño actual. Hay mil cosas, millones de cosas que hacemos ahora aún sin ningún dispositivo en las manos, que antes no hacíamos.

Por eso, no es verdad que las computadoras sean herramientas. Son una atmósfera cultural que nos envuelve y nos reencuadró. Nos redefine lo que es y lo que no es; lo que se puede y lo que no se puede hacer. Y los modos y caminos del hacer. Nos reseteó.

Tal vez sirvan algunos ejemplos.

Antes de las computadoras, dar una conferencia implicaba tener un conjunto articulado de ideas a transmitir y su éxito o no –por lo general- dependía de la inspiración del expositor para transmitir en ese momento, con fluidez y eficiencia, esas ideas. Ahora tenemos Power Points, cuando no Prezi, KeyNotes y cosas por el estilo. Y el expositor ya hace menos y el que prepara o mezcla, mucho más. En general, hoy día las conferencias son más y son peores.

Antes de las computadoras, si yo extrañaba a mi mujer tenía que llamarla por teléfono a ver si la encontraba (antes de los móviles) y, si no y si tenía suerte, dejarle un mensaje en su contestador telefónico. Si no, tenía que volver a llamarla más tarde, hasta dar con ella y decirle que la amo y la extraño. Ahora dejo programado mi mensaje de amor cuando sea para cuando sea y tengo garantía de que lo recibirá en tiempo real, aún si yo ya no lo recuerdo o ni siquiera la extraño.

Antes de las computadoras, escribir era un acto calculado, lento y estetizado que me obligaba a pensar lo que ponía para evitar las mil versiones imposibles. Ahora, escribo compulsivamente y si no va, no va. Delete. Lo mismo que las fotos.

Antes, la enciclopedia se me imponía y me aplastaba con su porte –físico- y su entidad epistemológica. Padecía de abrumación. Ahora la busco cuando la necesito; es una ventana más en mi dispositivo, cabe hasta en mi celular y, si quiero, la discuto y edito con entidad mi discusión. Publico. Degrado, tal vez, pero me atrevo.

Antes yo no sabía quién era quién, salvo los obvios y los célebres. Ahora conozco a todos; los conozco todo lo que quiero y mucho más de lo que ellos querrían. Y las más de las veces, luego de eso ya sé que ni me valen la pena. Falto a la cita.

Antes, llegar era una aventura; ahora, un ejercicio menor. Aún en Tokio.

Antes, yo no sabía que no sabía tantas cosas. Ahora, a cada minuto que encuentro algo develo lo muchísimo que no sé y que ya no sabré, aunque por ahí esté. Los borradores de borradores de Borges también están en la web. ¿Me interesan? La Biblioteca de Babel pierde mística.

Antes, circular era un mérito; ahora, una fatalidad.

Antes, enterarse valía de algo; ahora, no enterarse podría ser lo valioso.

Antes, ir era necesario. Ahora, con quedarse alcanza. Y abre nuevas chances. No quitarse el pijama en todo el día, por ejemplo.

Antes mis hijos (que era yo cuando era hijo) no escribían casi nada, porque era escribir diarios íntimos, dictados infernales o cartas protocolares o de amor. Ahora no paran de escribir y escribir; en dialecto, como sale, a dos dedos –pulgares!- y sin calidad dactilográfica. Fluida y como compulsivamente. Escriben más que yo, que me gusta tanto escribir. Me ganan siempre el duelo en WhatsApp. Antes los que escribíamos éramos raros. Ahora los raros son otros…. Pero sigo creyendo que yo escribo mejor.

Antes de las computadoras, y del iPad y de los smartphones, el aire era claro. Ahora también, pero no me lo creo. Tendríamos que poder ver el sinfín de emisiones que lo atraviesan en todas direcciones, en todas partes, todo el rato. Y que nunca se cortan y casi siempre llegan. ¿Cómo opera esa contaminación para que no contamine? ¿Cómo opera ese enjambre de escala sideral para no fallar? ¿Cómo hacemos para que no se convierta un día en una nube infernal de mosquitos y nos devore de a pedacitos?

Antes había gente tomando sol. Ahora hay gente navegando a la que le da el sol.

Antes te extrañaba. Ahora no sé muy bien qué es extrañar.

Cuando al inicio de la nota ponía la frase inicial lo hacía con optimismo, ganado por el impulso de mostrarte –lector- que la atmósfera digital nos trasladó a un nuevo mundo lleno de ilusiones, pero los ejemplos me fueron trabajando y forjando y al final (luego de haber intentado en cada uno ser menos nostálgico que en el anterior) he acabado añorando lo que éramos antes de lo que somos. Me desnudó la tecnología, que por lo demás, también nos tiene a todos y a cada uno -casi casi sin excepción- retratados desnudos y en emoción.

La otra idea que quería mostrar es que lo digital no depende del dispositivo. Creo que ésa sí logré pasarla.

Twitter del autor: @dobertipablo

Sitio del autor: pablodoberti.com