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Retratos de mujeres albanesas que han pasado su vida viviendo como hombres (FOTOS)

Sociedad

Por: pijamasurf - 09/02/2013

La fotógrafa Jill Peters realizó una serie fotográfica de nombre Sworn Virgins of Albania ("Vírgenes juradas de Albania"), la cual es a la vez un documento etnográfico y un retrato de un tipo social propio de esa región del mundo que está próximo a desaparecer.

En las montañas al norte de Albania la diferencia entre hombres y mujeres sigue siendo brutal: la libertad para votar, conducir un auto, tener un negocio, ganar dinero, y otras actividades propias de las sociedades modernas (i.e. capitalistas) como fumar, beber, decir grocerías, poseer un arma o usar pantalones, siguen siendo actividades propiamente masculinas. Peters explica que las mujeres son canjeadas en matrimonios arreglados a muy corta edad, en ocasiones con hombres mucho mayores que ellas.

La única alternativa a una realidad asfixiantemente masculina es literalmente disfrazarse de él. O deberíamos decir, "de Él": las mujeres que se plantean algo más que ser la esposa de un anciano se convierten en vírgenes juradas, o "burneshas". Como las antiguas sacerdotisas de Diana, las burneshas adoptan conductas masculinas no sólo en su apariencia y comportamiento diarios, sino que en ocasiones cambian su nombre; lo más importante --y tal vez lo más demandante-- de la transformación en burnesha es el voto de castidad al que deben someterse tradicionalmente. 

Las (¿los?) burnesha son miembros activos y respetados dentro de su comunidad. Jill Peters afirma que "poseen una cantidad indescriptible de fuerza y orgullo, y valoran el honor de su familia por sobre todo lo demás." La fotógrafa afirma también que probablemente esta sea la última generación de burneshas vivas, pues las generaciones jóvenes crecen con otros motivos aspiracionales (¿tal vez convertirse en Ke$ha?), por lo que estos retratos serán en unos pocos años el recuerdo de una forma de vida. No se trata sólo de travestismo, sino de convertir una forma de opresión (la hegemonía masculina) en una forma de libertad.

[Petapixel]

Erradicar el esnobismo podría servir para acotar la grieta entre clases sociales

Sociedad

Por: pijamasurf - 09/02/2013

El comportamiento de los ricos y poderosos con aquellos que tienen menos recursos es casi siempre indiferente y desdeñoso. Prestar atención a este asunto e intentar fomentar la empatía es una opción para reducir la brecha entre clases.

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Un prerrequisito de la empatía es simplemente poner atención a aquellos que sufren. Con esta pequeña adición a nuestro comportamiento nos daríamos cuenta de que en más de una manera “los otros” son como nosotros. Un reciente cuerpo de investigación muestra que las personas con más poder apenas ponen atención a personas con menos poder.

Este resultado ha sido observado, por ejemplo, con extraños en una sesión de cinco minutos a solas, donde la persona más poderosa muestra menos señales de poner atención, como asentir o reírse. Las personas con estatus más alto también son más proclives a mediante expresiones faciales, mostrar desdeño, y más proclives a acaparar la conversación e interrumpir o ignorar al hablante.

Los investigadores sugieren que llevar las micropolíticas de atención interpersonal para entender el poder social tiene implicaciones para las políticas públicas. Y esto hace mucho sentido si pensamos que en toda sociedad, el poder social es relativo. Cualquiera de nosotros puede tener un rango de poder mayor o menor en distintas circunstancias. Y aunque los más poderosos nos presten menos atención a nosotros de los que les prestamos a ellos, en otras situaciones nosotros mismos tenemos más estatus, y también prestamos menos atención a aquellos un escalón o dos más abajo.

Así, desafortunadamente, se manejan las sociedades. Los más poderosos son menos compasivos hacia los de menor estatus, y estos últimos son menos compasivos con los de aún menos estatus. En  cambio, cada uno de nosotros se enfoca en las personas que valoramos más. Según Dacher Keltner, profesora de la Universidad de Berkeley, mientras que los ricos contratan sirvientes, aquellos con pocos recursos son más propensos a valorar sus ventajas sociales: como al vecino que cuidará de tu hijo mientras regresan de trabajar. La diferencia económica termina siendo una diferencia de comportamiento, apunta Keltner. Las personas pobres están mejor sintonizadas con las relaciones interpersonales (con aquellos del mismo estrato y con los más poderosos) que los ricos, porque tienen que estarlo.

En la política, por supuesto, esto es un tema muy grave. Si se elige a un presidente de un estrato social alto que nunca ha tenido que preocuparse por las demás personas o por tener una buena relación con los otros, es muy probable que no empatice con asuntos como el seguro social, los impuestos sobre medicinas, las escuelas rurales, etc.

La brecha entre los ricos y todos los demás se ha expandido inmensamente desde la década de 1970. Esto, por supuesto, desencadena la apertura de otra grieta, causada por la inhabilidad de verse a uno mismo en los zapatos de una persona con menos ventajas. Reducir la grieta económica podría ser imposible sin también remendar la grieta de la empatía.