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Camarón mantis Vs Pulpo (ultimate fight submarino)

Por: pijamasurf - 08/12/2013

En la tradición de los Japanese Bug Fights (peleas de bichos japonesas), este video capta un espectacular duelo de dos animales "temibles" en el fondo del mar. El camarón mantis con toda su pirotecnia, su impresionante traje de colore y destellos, y una dinámica que parece tratar de apantallar. Y el pulpo que, como un enorme nodo de conciencia, crece su cabeza y simplemente espera hasta que el iluso camarón es devorado con una calma digna de un maestro zen de la profundidad que conoce a la perfección los ritmos de la corriente y la mente de su rival (el pulpo en realidad parece una especie de divinidad oceánica capaz de transformarse a voluntad entre espejismos).

Quienes no han visto las Japanese Bug Fights, son un formidable (y tal vez cruel) espectáculo con toda la bizarra capacidad para el "show business" que tiene la escuela de TV japonesa. Recomendamos esta selección de combates mortales.

 

¿Es posible que esta triste melodía húngara haya desatado una ola de suicidios?

Por: pijamasurf - 08/12/2013

¿Es posible establecer una relación de causa-efecto entre la música de esta canción y una ola de suicidios que sacudió Hungría y EU durante los 30?

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¿Puede existir una canción tan triste que haga que la gente que la escucha cometa suicidio poco después? Una muy difundida leyenda urbana afirma que la canción "Gloomy Sunday" tiene semejantes poderes. Debido a su relación --real o imaginaria-- con diferentes suicidios a lo largo del siglo XX, ha sido llamada popularmente "la canción húngara del suicidio."

La música fue escrita por Rezső Seress y la letra es de László Jávor, y fue grabada por primera vez por Pál Kalmár en 1935. Aunque nos recuerde vagamente a un tango, desde entonces se han hecho muchas versiones de "Gloomy Sunday", siendo algunas de las más famosas las de Billie Holliday en 1941 y Björk. Incluso inspiró el film alemán Ein Lied von Liebe und Tod ("Una canción de amor y muerte") de 1999, que cuenta la creación ficticia de la canción.

Pero la historia negra de la canción comienza con Seress mismo, quien se quitó la vida el 13 de enero de 1968; el New York Times especuló por entonces que el compositor húngaro habría tomado la decisión por la desesperación de no haber podido crear otra canción igual de popular.

Esto y muchos otros datos respecto a la enigmática tonada fueron analizados por Steven Stack y sus colaboradores en "Gloomy Sunday: did the 'Hungarian suicide song' really create a suicide epidemic?", donde se dedican a analizar algunas de estas leyendas urbanas y a proponer un protocolo científico para evidenciar la posible relación entre la melodía y los casos de suicidio.

 Una de las primeras pistas está en un artículo de la Time Magazine de 1936, que habla sobre una racha de suicidios en Hungría donde la canción tenía un papel a veces protagónico, a veces secundario: un zapatero la menciona en su nota suicida; dos personas se disparan mientras la escuchan; hay reportes de personas que se ahogan en el Danubio mientras sostienen las partituras en sus manos heladas. 

Tal vez a raíz de esto la BBC prohibió la canción hasta 2002. Sin embargo, durante la Gran Depresión mucha gente perdió su trabajo y su casa, y se sabe que los suicidios aumentaron considerablemente de cualquier forma. Sumado a esto, la incidencia de suicidios en Hungría y los países de la zona es tan alta que los científicos han considerado la existencia de un gen del suicidio que afecta a los habitantes de aquella zona.

Por otra  parte, no es totalmente descabellado asociar productos culturales como libros, canciones o películas a los comportamientos suicidas. El "efecto Werther" fue analizado y descrito con este término por primera vez por el socioólogo David Phillips, tomando como paradigma la novela de Goethe, Las desventuras del joven Werther, un joven que es el prototipo del héroe romántico, el cual se quita la vida por amor. Desde la publicación de la novela en 1774 se reportaron suicidios que copiaban el del joven Werther, lo que deja abierta la posibilidad de que las obras "suicidogénicas" (que inducirían al suicidio) provean una narrativa o un marco que los potenciales suicidas pueden imitar o emular. 

En su estudio, Stack y sus colegas hallaron una correlación (si bien no una causa) entre las tasas de suicidios entre jóvenes entre 1950 y 1990 y un aumento en la aparición de suicidas en el cine. Sin embargo, la hipótesis es arriesgada: ¿la gente que se suicida lo hace imitando personajes o arquetipos de la cultura de masas, o bien la cultura de masas enseña cómo y bajo qué condiciones uno se suicida, en caso de desear hacerlo? Después de todo, las razones por las que la gente "levanta la mano sobre sí mismo", como diría Améry, son particulares y únicas en cada caso --como la muerte misma, que no por ocurrirle a todos los hombres les ocurre de la misma forma.

Como corolario, tal vez el personaje de Robert Frobisher (Ben Whishaw) en la película Cloud Atlas (2012) estuviera inspirado en Seress y su canción de la muerte por mano propia. Sin embargo, de admitir esta posibilidad, veríamos que las relaciones entre música y suicidio no están mediadas solamente a través de la tristeza, el blues o la saudade: incluso la alegría más aguda y la fraternidad más firme es incapaz de detener la mano del suicida cuando este ha tomado su decisión final.

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