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Trasplante de cabezas humanas es teóricamente posible, aunque la bioética tiene sus reservas

Por: pijamasurf - 07/03/2013

Más allá de las limitaciones económicas y el debate bioético, un neurólogo italiano afirma que el trasplante de cabezas humanas es una realidad factible que podría dar nueva vida a pacientes con cuadriplejia, por ejemplo.

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Conectar la cabeza de un ser vivo en el cuerpo de otro parece ser posible, al menos en la teoría actual del doctor Sergio Canavero, miembro del Grupo de Neuromodulación Avanzada de Turín, Italia. En un trabajo publicado recientemente, Canavero afirma que las barreras tecnológicas por las que este arriesgado procedimiento no fue factible cuando se intentó por primera vez, en 1970, ya han sido superadas; todo lo que queda por hacer es, literalmente, prueba y error.

El problema al que los neurólogos se habían enfrentado en el pasado era a la imposibilidad de conectar la médula espinal de la cabeza (llamada eufemísticamente "donador" en el procedimiento) a la médula espinal del cuerpo receptor. En experimentos con simios, la conexión había sido posible, pero dejando paralizado el cuerpo receptor por debajo del corte en la cabeza. Sin embargo, Canavero afirma que conectar mecánicamente ambas médulas espinales podría solucionar este problema.

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El transplante de cabeza en animales ha funcionado parcialmente desde 1970

La investigación de Canavero está basada en la del doctor Robert White, quien en 1970 logró trasplantar con relativo éxito la cabeza de un simio en el cuerpo de otro. Ambos cuerpos deben estar uno al lado del otro y las cabezas deben ser extraídas al mismo tiempo. La cabeza del donador debe enfriarse a una temperatura de entre 12°C y 15°C, al igual que el cuerpo receptor. La cabeza del donador debe conectarse al sistema circulatorio del cuerpo donado en menos de una hora, luego de lo cuál el corazón del cuerpo con la nueva cabeza puede ser reanimado, y los cirujanos pueden proceder a reconectar otros sistemas vitales.

A pesar de que la estimulación del sistema inmunológico del cuerpo puede ser una herramienta vital para curar la herida y promover que el cuerpo reciba su nueva cabeza, hay más de un impedimento en realizar esta operación en seres humanos, e incluso en animales. La bioética del procedimiento tomaría congresos enteros para discutir las implicaciones en la identidad y la aparente unicidad del cuerpo humano, algo que los trasplantes de órganos durante el siglo pasado ayudaron a cuestionar.

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Conectar la espina dorsal de la cabeza del donador y del cuerpo donado puede hacerse mecánicamente, según Canavero

Sin embargo, de ser exitoso, este tratamiento permitiría que, por ejemplo, la cabeza de un parapléjico pudiera conectarse a un cuerpo sano, con lo que la conciencia del donador podría experimentar la motricidad después de mucho tiempo —o de toda una vida— inmóvil. El problema aquí se vuelve más grave, porque simplemente no sabemos si la conciencia se encuentra completamente contenida en la cabeza o si la conciencia es, de hecho, inmanente a la unicidad del cuerpo.

Es decir, si nuestros recuerdos y experiencia de la realidad están conectadas a la experiencia subjetiva del propio cuerpo durante la vida, ¿qué pasará cuando la conciencia experimente el mundo desde otro cuerpo? ¿Serán la misma conciencia, el mismo mundo? El doctor Richard Norris probablemente se enfrentó a un dilema ético similar cuando realizó el primer transplante de rostro exitoso el año pasado.

Una desventaja más que Canavero expone en su trabajo es el precio de la operación, el cuál puede llegar a los $13 millones de dólares.

[Quartz]

Chomsky vs Lacan o por qué teoría en tiempos de caos

Por: Javier Raya - 07/03/2013

Chomsky se refirió a la teoría de pensadores como Derrida, Lacan y Žižek en términos sumamente peyorativos. ¿Hacer teoría en el mundo actual es un ejercicio vano y onanista o es una pausa necesaria en el frenesí de la historia contemporánea?

En una entrevista radiofónica a fines del año pasado, el reconocido lingüísta e intelectual estadunidense Noam Chomsky compartió su postura respecto al estado de la teoría actual, refiriéndose concretamente (a petición del entrevistador) al trabajo de Jacques Derrida, Jacques Lacan y Slavoj Žižek.

Para Chomsky, conocido por su militancia en distintas causas humanitarias y campos de la ciencia en todo el mundo, la teoría debe dar paso a explicaciones concretas sobre el mundo, de las cuales "puedas deducir conclusiones, proposiciones empíricamente comprobables", desestimando así la teoría que como la de Derrida, Lacan o Žižek, aborda problemas relacionados con la formación del sujeto, la crítica del lenguaje o de la ideología.

"Lo que digo al decir que no estoy interesado en la teoría es decir que no estoy interesado en hacer posicionamientos, usando términos elegantes con polisílabos", dijo Chomsky, para quien la teoría debería servir, en cambio, para "explicar en cinco minutos [algo] a un niño de 12 años. Dígame si puede encontrar eso cuando todas las palabras elegantes sean decodificadas. Yo no puedo."

¿Pero se tratará en este caso de un problema de lectura (o "codificación", como él lo llama) o de una genuina crítica al trabajo de dos de los teóricos más influyentes del siglo pasado (Derrida y Lacan) y del provocador trabajo de Žižek para encontrar las trazas de ideología desplegadas en nuestros actos cotidianos? Es una pregunta que vale la pena hacer, me parece, pues Chomsky (avezado en sinnúmero de temas y protagonista indiscutible de la historia contemporánea) no parece entender la teoría lacaniana ni mostrar demasiado interés en ella, a pesar de haber conocido a Lacan en persona.

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"A Jacques Lacan de hecho lo conocí. Lo aprecié de algún modo. Tuvimos reuniones de vez en cuando. Pero francamente pensé que él era un charlatán total. Simplemente tomaba posturas para las cámaras de televisión del modo en que muchos intelectuales parisinos hacen ahora. Por qué esto es influyente, no tengo ni la más remota idea. No veo nada ahí que pudiera ser influyente."

Sin embargo, creo que Chomsky entiende la base de la teoría lacaniana, aún a pesar de sí mismo, cuando se refiere a Lacan como un charlatán total. Pensemos en conferencias como Louvain en 1972, uno de los documentos audiovisuales que nos permiten acceder a Lacan en su hábitat natural: en sus seminarios. Se trata sin duda y a primera vista, desde el minuto uno, de un actor frente a un escenario. Es en la oralidad donde Lacan puede desplegar uno de los cimientos de su teoría, el lenguaje no como la conciencia del lenguaje, sino como la transferencia de la propia conciencia del lenguaje que se evidencia a sí mismo en las pausas, los gestos, los ritmos, y frente al cual, el que habla, como un ventrílocuo, responde. Es la tentativa de mostrar el funcionamiento del inconsciente estructurado como un lenguaje; incluso la irrupción de lo Real, como Lacan la llamaría, del joven situacionista que lo llena de espuma de afeitar. ¿Qué hace Lacan en estos casos? Convertir la experiencia en teoría, no "naturalizar" lo Real. Es decir, Lacan efectivamente es un actor en un teatro de improvisaciones, la diferencia con Chomsky es que Lacan sabe que es un actor, mientras Chomsky actúa de filósofo sin saberlo.

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Con Žižek ocurre algo similar. Incluso el filósofo esloveno ha dedicado alguna conferencia y algún artículo a responder a sus críticos; no se trata de un dogma, en su caso, del comunismo como única vía de renovación y transformación social, sino de lo más parecido a una visión utópica de la realidad contemporánea. El proyecto de Žižek, como el de Chomsky, busca hallar en el asidero de la realidad algunas pistas para entender el momento histórico en que vivimos, y participar de su transformación. Muestra de ello fue la presencia que Žižek tuvo en Occupy Wall Street y que dejó marca en el libro The Year of Dreaming Dangerously, suma de sus reflexiones respecto a los movimientos sociales en diferentes partes del mundo durante el 2012.

El ensayista mexicano Gabriel Zaid ha dicho en su libro Poesía en la práctica que el escritor es aquel señor al que le pagan --o no-- por ponerse a hablar como escritor y escribir como escritor. Es uno que entra y sale de su papel siendo rabiosamente él mismo. Llama la atención que Chomsky, de afinada sensibilidad, no sepa ver en su propio papel de comentador internacional aquello mismo que ataca en la teoría contemporánea: una performance, un hacer el papel de sí mismo ahí donde se le requiere. El trabajo e incluso la incidencia política de su presencia en los recientes conflictos de Medio Oriente ha sido influyente en el proceso, sin duda, pero el ataque a Lacan y Derrida, lanzado gratuitamente y a manera de anécdota en un programa radiofónico, son muestra de mezquindad intelectual y falta de atención lectora, por lo menos. Hacer teoría en tiempos de caos no implica dar la espalda al mundo y ponerse a pensar; significa, como decía Walter Benjamin, "ponerle freno al tren de la Historia", un tren cuya aceleración amenaza con el descarrilamiento.

Twitter del autor: @javier_raya