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NSA descifró Kryptos, el código que la CIA no pudo hackear durante años

Por: pijamasurf - 07/13/2013

Un misterio que ha mantenido a los mejores analistas de código del mundo ocupados durante más de dos décadas revela que la capacidad de respuesta de la NSA para romper mensajes cifrados puede ser más efectiva que la de los mejores de la CIA.

kryptos

Dentro de las instalaciones del campus de entrenamiento de la CIA se encuentra la famosa estatua Kryptos, la cual fue comisionada al artista James Sanborn en 1988 como una pieza de arte criptográfico que desafiaría las habilidades de los mejores criptógrafos y analistas de código. La estatua incluye piedras con mensajes en código Morse y otra sección de cobre, granito y madera petrificada, la cual contiene cuatro mensajes codificados compuestos de 1,800 letras esculpidas directamente en el material.

La historia oficial dice que uno de los mejores analistas de la CIA, David Stein, logró descifrar tres de los cuatro mensajes secretos en 1998, casi 10 años después de la instalación de la estatua, y se decía que había sido el primero. Esa fue la versión principal de la historia hasta que hace unos días se supo de una visita que hicieron criptoanalistas de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) en 1991 a las instalaciones de la CIA, durante la cual copiaron a mano las letras del mensaje para tratar de descifrarlos por su parte.

Los agentes de la NSA trataron de romper el código informalmente durante un tiempo hasta que el entonces director de la NSA, el vicealmirante Mike McConnell, hizo un reto oficial a los miembros del Grupo Z, la división de criptoanalistas y code breakers, los cuáles "respondieron con entusiasmo". Utilizando las transcripciones manuscritas de los internos que visitaron la CIA un año antes y echando mano a herramientas informáticas especializadas, el Grupo Z llegó a la conclusión de que el mensaje en la escultura consistía de cuatro partes, cada una con su propio código secreto.

El Grupo Z descubrió también que el artista había colocado algunas faltas de ortografía intencionalmente, para confundir a los posibles candidatos que buscaran descifrarlo; sin embargo, esta dificultad extra ha hecho que la cuarta parte del mensaje permanezca cifrada hasta nuestros días.

La primera parte de la escultura usa un código de sustitución polialfabética utilizando 10 diferentes alfabéticos, que formaban una frase de la inspiración poética de Sanborn mismo: “Between subtle shading and the absence of light lies the nuance of iqlusion [sic]” ("Entre la sutil sombra y la ausencia de luz se encuentra el matiz de la ilusión", donde 'iqlusion' contiene una falta ortográfica intencional.) La segunda parte del mensaje utiliza un código de sustitución polialfabética periódica de ocho alfabetos, que al descifrarse reflejan algo como esto: 

It was totally invisible. How’s that possible? They used the Earth’s magnetic field. x The information was gathered and transmitted underground to an unknown location. x Does Langley know about this? They should: It’s buried out there somewhere. x Who knows the exact location? Only WW. This was his last message. x Thirty-eight degrees fifty-seven minutes six point five seconds north, seventy-seven degrees eight minutes forty-four seconds west. ID by rows.

[Era totalmente invisible. ¿Cómo es posible? Utilizaron el campo magnético de la Tierra. x La información se recabó y transmitió bajo tierra hacia un lugar desconocido. x ¿Sabe Langley de esto? Deberían: Está enterrada en alguna parte. x ¿Quién conoce la localización exacta? Sólo WW. Este fue su último mensaje. x Treinta y ocho grados cincuenta y siete minutos seis punto cinco segundos norte, setenta y siete grados ocho minutos cuarenta y cuatro segundos oeste. ID por filas.]

Los recientes documentos hechos públicos afirman que "WW" se refiere a William Webster, y las coordenadas indican un lugar dentro de las instalaciones de la CIA. El significado de "ID by rows" permanece indeterminado, aunque no se descarta que pudiera tratarse de otro error intencional para confundir a los criptólogos. Por otra parte, la tercera sección del código utiliza una clave de trasposición columnar, que al ser descifrada mostró una paráfrasis del diario del arqueólogo Howard Carter, donde se describe el momento en que este abrió la puerta de la tumba del Rey Tutankamón, el 26 de noviembre de 1922:

Slowly, desperately slowly, the remains of passage debris that encumbered the lower part of the doorway was removed. With trembling hands I made a tiny breach in the upper left-hand corner. And then, widening the hole a little, I inserted the candle and peered in. The hot air escaping from the chamber caused the flame to flicker, but presently details of the room within emerged from the mist. x Can you see anything? q 

[Lentamente, con desesperada lentitud, los restos del pasaje que abrumaban aún la parte baja del portal fueron removidos. Con manos trémulas hice una pequeña abertura en la esquina superior derecha. Y luego, ampliando el agujero un poco, inserté una vela y eché una ojeada. El aire caliente escapando de la cámara hizo brillar la flama, pero los detalles internos que presentaba la habitación fueron emergiendo de la bruma. x ¿Puedes ver algo? q

Por último, la cuarta sección del mensaje en la escultura Kryptos permanece en el misterio, como ha sido desde hace 23 años. Aunque los documentos de la NSA que se refieren al proceso de descifrado afirman que "las ideas abundan" sobre el posible patrón de la cuarta sección, los 97 caracteres que la componen "siguen eludiendo la solución."

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UOXOGHULBSOLIFBBWFLRVQQPRNGKSSO
TWTQSJQSSEKZZWATJKLUDIAWINFBNYP
VTTMZFPKWGDKZXTJCDIGKUHUAUEKCAR

Sorprendido de que los analistas no hubieran llegado a la solución luego de tanto tiempo, en el 2010 Sanborn reveló que seis letras (NYPVTT) del código formaban la palabra "BERLIN", con la esperanza de que esta pista pudiera ayudar a los criptólogos. Sin embargo, aún cuando esta última parte fuese descifrada aún queda por verse qué es exactamente a lo que se refiere el mensaje: ¿Puede ser un secreto guardado en el subsuelo de las instalaciones de la CIA o solamente un elaborado juego de las agencias de inteligencia más poderosas del mundo para mantener a sus empleados ocupados? 

[Wired]

Durante tu vida dedicarás 100,000 horas a laborar, pero ¿en verdad te gusta tu empleo?

Por: Javier Barros Del Villar - 07/13/2013

Lamentablemente lo más probable es que asocies tu empleo a ‘bondades’ como estrés, ansiedad, desgano, obligación y monotonía.

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Elige un trabajo que te guste y no trabajarás un solo día de tu vida.

Confucio

En algún punto de la historia humana se consolidó un modelo que somete a la mayoría de la población a dedicar la mayor parte de su tiempo, y de su energía, a algo que en realidad no disfrutan. Me refiero al sistema laboral.

Si bien muchos encuentran en su empleo ciertas bondades, por ejemplo la posibilidad de socializar con personas afines, una ruta para ‘auto-realizarse’ y demostrar sus habilidades, o incluso un escape a la vida familiar, lo cierto es que la gran mayoría de la población, aborrece, en menor o mayor medida, su rutina laboral.

En una encuesta realizada por la firma trasnacional de recursos humanos, ManPowerGroup, entre empleados de Estados Unidos y Canadá, se comprobó que solo el 19% de los encuestados afirmó estar satisfechos con su vida laboral. Del resto, un 16% advirtió estar relativamente satisfecho, mientras que un 22% respondió “relativamente insatisfecho”, y un 44% simplemente padecen sus empleos. Una firma similar, Mercer, llevó a cabo en 2011 una encuesta global, de mucho mayor dimensión que la citada previamente, para confirmar que entre un 28 y un 56% de las personas alrededor del mundo desearían dejar su actividad laboral.

Antecedentes

El empleo, como hoy lo percibimos, es un concepto que surgió hace aproximadamente cinco siglos, durante el Renacimiento –con el nacimiento del primer antecedente corporativo. Obviamente los seres humanos siempre han trabajado, pero hasta entonces las personas trabajaban para sí mismas, ya fuese como carpinteros, herreros, zapateros, u otro oficio, en un modelo fundamentado en el intercambio del trabajo, de su fruto, por otros bienes y servicios que requerían para vivir.

En un artículo que publicamos hace un par de años, ¿Es el empleo un sistema obsoleto?, mencionamos sobre el nacimiento de este sistema: En ese esquema, el trueque entre oficios, los únicos que veían su riqueza disminuir eran los aristócratas, quienes dependían de sus títulos nobiliarios para obtener dinero a partir del esfuerzo de aquellos que trabajaban. Ante estos, las clases gobernantes recurrieron a un nuevo sistema que obligó a todos estos pequeños trabajadores a ceder su trabajo a industrias que tenían la autorización exclusiva para proveer el mercado y fue así como surgieron los conceptos de empleo y de empleados.  

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Desempleo

Curiosamente nos alarma de sobremanera la latente amenaza conocida como desempleo –es decir la ausencia de algo que en el fondo nos parece poco estimulante, y que sin embargo codiciamos enérgicamente pues estamos inmersos en una relación de sometimiento ante el empleo como fuente exclusiva de sustento. Al respecto Douglas Rushkoff, brillante ‘mediólogo’ y teórico contemporáneo, afirma:

“Me da miedo siquiera preguntarlo, pero ¿desde cuándo el desempleo se convirtió en un problema? Entiendo que todos queremos nuestro salario, o al menos queremos dinero. Queremos alimento, techo, vestido y todas esas cosas que el dinero puede adquirir. ¿Pero de verdad queremos empleos? […] La pregunta que tenemos que comenzar a hacernos no es cómo emplearemos a toda esa gente que es reemplazada por la tecnología (en la era digital), sino cómo podemos organizar una sociedad alrededor de algo más allá del empleo.”

Reflexión

Si observamos ‘objetivamente’ el fenómeno que involucra a millones de personas dedicando innumerables horas a lo largo de sus vidas a una actividad que no disfrutan, resulta francamente increíble haber caído, como especie, en una dinámica de estas características. Sin embargo, podemos detectar un par de influencias determinantes para que esto suceda.

Por un lado tenemos un sistema que nos ‘obliga’ a subsistir mediante el consumo de productos (algunos de ellos indispensables, muchos otros no) originados en una abstracción llamada mercado. Paralelamente, para poder hacerte de estos víveres debes pagar dinero, divisa que generalmente se obtiene por medio del empleo (trabajo inserto dentro de un modelo sintonizado con el sistema anteriormente descrito. En este sentido, puede incluso parecer un tanto frívola la sugerencia de buscar un mejor empleo o ‘hacer lo que te gusta’, cuando muchas personas no tienen siquiera tiempo o energía para contemplar la posibilidad de diseñar su propio trabajo.

Independientemente del sistema, y de aceptar que una buena porción de las personas que aborrecen sus empleos están inmersas en condiciones que difícilmente les permiten contemplar otros horizontes –lo cual podría poner en riesgo su subsistencia, lo cierto es que también hay millones de personas que simplemente permanecen en su rutina laboral por comodidad, conformismo, o falta de agallas. Y precisamente en este sector recae, creo yo, la responsabilidad de organizar, como diría Rushkoff, “una sociedad alrededor de algo más allá del empleo”.

En mi caso tardé poco menos de una década en encontrar eso que Confucio recomienda en la cita con la que se abre este artículo. Y con el tiempo he detectado un par de indicadores que me resultan contundentes al momento de cuestionarte si estás haciendo lo que te gusta. El primero es un indicador calendárico: si los viernes en la tarde experimentas una felicidad desbordada y los domingos por la noche te sumerges en vacío desolador, seguramente podrías dedicar esa significativa porción de tu existencia a otra cosa. El segundo, una especie de prueba de fuego, se refiere a una pregunta directa: ¿Si mañana espontáneamente se resolviera mi futuro económico de por vida, seguiría haciendo lo que hago? Si la respuesta es afirmativa, independientemente de que seguro que habrían algunas variaciones, entonces felicidades, eres parte de una minoría tal vez privilegiada, pero sobretodo congruente.

Pero, y a ti ¿en verdad te gusta tu empleo?

 Twitter del autor: @ParadoxeParadis