*

X
El análisis de los sueños en torno a un personaje o suceso político podría permitirnos analizar la opinión pública con una profundidad inédita.

8274-84920

“En los sueños comienza la responsabilidad”

W.B. Yeats

Cada vez me parece más difícil dudar sobre la importancia de los sueños para el ser humano. A pesar de que aún hay múltiples vacíos en el entendimiento certero de este fenómeno, lo cierto es que todo apunta a que, al menos, los sueños constituyen una rica fuente de información –ya sea para comprender mejor nuestra psique y sus múltiples eslabones, para dilucidar algunas de las emociones que rigen nuestra existencia, o para fortalecer el autoconocimiento.

Sí los sueños pueden aprovecharse como una valiosa herramienta de análisis en torno a un individuo, entonces el conjunto de sueños experimentados por distintas personas, alrededor de un mismo tema o personaje, bien podrían representar patrones psico-sociales –los cuales, además, son analizables a partir de sus probables detonantes y de sus potenciales efectos.

También vale la pena destacar que la concentración de sueños en torno a las figuras públicas, está en su máxima intensidad histórica –ya que esas figuras son ahora más públicas que nunca, pues su exposición goza de una cantidad inédita de flujos mediáticos. Esto provoca que se generé mayor información onírica alrededor de determinados actores o sucesos, lo cual a su vez enriquece la materia prima analizable.  

Soñando con Obama

Hace cinco años, durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos, la escritora Sheila Heiti, comenzó a recopilar sueños de personas en los que aparecían los entonces aspirantes demócratas, Barack Obama y Hillary Clinton – eventualmente se incluiría al candidato republicano, John McCain. Heiti notó que, al ser protagonistas del imaginario colectivo que florecía en aquel momento, estos personajes aparecían recurrentemente en los sueños de los estadounidenses. A continuación, por medio de blogs, el proyecto reunió los sueños de decenas de usuarios en torno a los candidatos.

Aludiendo a una frase de Obama que dice: “Yo fungo como una pantalla en blanco, sobre la que las personas de todo tipo de sectores proyectan sus propios puntos de vista”, posteriormente el proyecto fue retomado por la Dra Kelly Buckeley, investigadora especializada en sueños y quien decidió continuar el acervo onírico de Heiti –pero ahora exclusivamente dedicado al ya mandatario. De acuerdo con Buckeley:

Los sueños son una fuente idónea para entender las proyecciones de la gente frente a Obama. Estos, tal y como lo demuestra la investigación científica realizada al respecto, están significativamente conectados a las preocupaciones y sentimientos que la gente experimenta mientras están despiertos –incluidas sus opiniones sobre política. Los sueños reunidos en este sitio, abren una ventana sin igual a las dinámicas inconcientes que rodean el meteórico ascenso de Obama hacia la Presidencia, revelando las esperanzas colectivas, los deseos y los miedos que él encarna para millones de personas alrededor del mundo. 

Meta-política

Durante el ejercicio que llevó a cabo Heiti, ella advierte que tras unos meses de leer cientos de sueños sobre Clinton y Obama, tenía la certeza de que el segundo derrotaría a su rival en las votaciones internas. El simple hecho de leer los flujos narrativos que la gente compartía, le permitió darse cuenta que la psique colectiva, mediante una de sus manifestaciones más honestas, proyectaba una mejor percepción del ahora mandatario.

Evidentemente el caso anterior sugiere que el conjunto de sueños experimentados por miembros de una sociedad, respecto a un tema específico, pueden servir, tras analizarse, para obtener importantes claves sobre el sentir genuino de dicha población. Y esto, a nivel político, podría convertirse en un preciado recurso ya sea, en un sentido positivo, para por ejemplo detectar las necesidades o temores de los habitantes, y así poder encararlos con mayor eficiencia o, en caso negativo, manipular de raíz, estimulando puntualmente ciertos aspectos del inconciente, la percepción de una población respecto a la agenda de un gobierno o grupo determinado. Además, para las encuestadoras y firmas de opinión, al monitorear los sueños estarían obteniendo información complementaria para determinar aspectos como qué tan presente está, en realidad, una figura pública dentro de la mente colectiva.

Reflexión

Luego de conocer proyectos como el de Heiti-Buckeley, y de entregarnos un momento a las reflexiones inmediatas que estos detonan, surgen interrogantes un tanto extravagantes pero que no por ello, creo, dejan de ser pertinentes: mediante el análisis de la ‘colectividad onírica’ emitida en un determinado contexto social ¿Estamos frente a una extensión de la vida pública, desdoblada en estepas metafísicas? ¿Podría tratarse del génesis de una nueva rama del estudio político, algo así como la meta-política, en la que no solo se tomarán en cuenta fenómenos como el de los sueños, sino variables con las que apenas comenzamos a familiarizarnos mediante la neurociencia? y especulando aún con mayor soltura ¿Son manipulables los sueños colectivos mediante estímulos subliminales? ¿Podría la ciudadanía beneficiarse de esta potencial rama, asumiendo que podríamos obtener información fidedigna de nuestros gobernantes de la cual no estamos concientes pero que a través del fino hilado del inconciente “sabemos sin saberlo”?.

En fin, en todo caso me pareció un tema interesante, qué más allá de su obvia exoticidad, podría transformarse en una herramienta útil en la nueva arena pública –además de que la combinación de los términos metafísica y política, además de generarme cierta seducción, me remite intuitivamente a una prometedora fusión. Tal vez lo mejor sea comenzar por prestar atención, individualmente, a lo que nuestros sueños nos sugieren sobre esos temas y actores que, en alguna medida, inciden en nuestra vida.   

 Twitter del autor: @ParadoxeParadis 

 

La batalla por la libertad de la información altera las reglas de juego entre los gobiernos y la insurgencia, encabezada hoy por los hackers y los "whistleblowers". Al mismo tiempo surge una nueva ética descentralizada, que sirve como uno de los pocos contrapesos ante el Estado vigilante que lo abarca todo.

Picture 184

En apenas quince años de avances tecnológicos el mundo ha cambiado radicalmente. Porque somos contemporáneos de esta mutación es difícil darse cuenta, pero sus ramificaciones son cada vez más visibles. Ha sido un proceso exponencial. Cada año trae nuevas sorpresas.

En 1999 se lanzó Napster. Duró apenas dos años antes de que lo cerraran, como era inevitable, pero en ese tiempo creó una revolución tecnológica a un nivel internacional. Popularizó las posibilidades de la nueva herramienta de comunicación: la red, y así nació la hidra multicéfala. En la mitología griega, la Hidra de Lerna tiene de tres a diez mil cabezas, depende la fuente, con la facultad de que al cortarle una de ellas salen dos más. Desapareció Napster pero con su muerte surgió la posibilidad de muchas versiones de esa misma idea. Aunque en teoría Napster todavía existe, ligado a Rhapsody, funciona como tienda y no como libre intercambio de información. El verdadero espíritu de Napster se trasladó de sitio.

El filo de la tecnología no conoce ética. Si algo es posible, se hará. Lo que quiero decir es que no importa tanto la pregunta de si bajar películas, series, música o video juegos por internet es bueno o es malo. La pregunta no importa porque, cualquiera que sea la respuesta, es una realidad que no se puede ignorar y mucho menos detener. Además es una respuesta que varía de persona a persona. Depende a quién le preguntes. Es una cuestión subjetiva, por más que quienes hacen las leyes pretendan que sus resoluciones se vuelvan universales e inviolables. La arbitrariedad de la ley, a través de estos avances tecnológicos, queda en evidencia y se ve cuestionada cada vez con más fuerza.

Escribe McKenzie Wark en A Hacker Manifesto:

 Los hackers crean la posibilidad de que nuevas cosas entren al mundo. No siempre grandes cosas, o siquiera buenas cosas, pero nuevas cosas. En el arte, en la ciencia, en la filosofía y en la cultura, en cualquier producción de conocimiento en la que se pueda recopilar data, de la que se pueda extraer información que a su vez pueda abrir nuevas posibilidades en el mundo, habrá hackers hackeando lo nuevo a partir de lo viejo. Si bien creamos estos nuevos mundos, no los poseemos. Aquello que se crea es hipotecado para los demás y para los intereses de los demás, para Estados y corporaciones que monopolizan los medios de hacer mundos que solo nosotros descubrimos. No somos dueños de lo que producimos: lo que producimos se adueña de nosotros.

Los casos de Megaupload y The Pirate Bay son los más recientes. El proceso legal de Megaupload sigue. El pasado 19 de enero, justo a un año de haber sido interrumpido por las autoridades, el nuevo sitio mega.co.nz inició operaciones, bajo el cobijo de las leyes neozelandesas. Lanzado en 2005 en Hong Kong, la bestia cambió de piel para adaptarse, y sigue viva. Algo similar sucedió con The Pirate Bay, con la diferencia de que nunca dejó de operar. El juicio a los tres fundadores los encontró culpables: si la corte de apelaciones no revoca el caso tendrán que cumplir condenas menores a un año de cárcel, y pagar un total de 6.5 millones de dólares entre los tres. Grandes corporaciones del entretenimiento estadounidense lograron romper la tradición liberal existente en las leyes suecas por medio de abogados y cabilderos. El sitio fue fundado en 2003, y el juicio fue ganado por las corporaciones en 2009, pero fue una victoria pírrica: las pérdidas son irrecuperables y el curso de la historia irreversible.

Hay triunfos en ambos bandos. En 2010 WikiLeaks también tuvo que irse de Suecia. Estuvo de paria por el mundo, primero en los servidores de Amazon, después en Francia, y ahora se esconde en programas encriptados que garantizan el anonimato, como Tor o Pretty Good Privacy. Julian Assange está acorralado en la embajada de Ecuador y Edward Snowden en Rusia, ambos con un futuro incierto. Su libertad está en juego, y quien pide su cabeza es el mismo monstruo: Estados Unidos. A partir de estos dos casos Sudamérica adquiere de pronto una posición en el tablero geopolítico. Al avión de Evo Morales, presidente de uno de los países más pobres del continente, le prohíben bajar a cargar gasolina en varios territorios europeos por la posibilidad de que Snowden vaya con él, y junto a Nicaragua y Venezuela le ofrece asilo al perseguido político, mientras que Estados Unidos hace todo por amedrentar al país que le dé albergue, en contra de las normas internacionales. Es irónico que el presidente Obama denuncie a los hackers como terroristas, cuando es evidente que, como dice Chomsky, es su gobierno el que más se comporta como terrorista. Así, as debilidades del imperio quedan al descubierto. Es un hecho que ya no tiene el poder que tenía antes, y que la unión fuera de sus fronteras y el anonimato son sus peores enemigos. 

Pero en realidad tampoco tiene tanta importancia si capturan a estos dos personajes, héroes para unos y villanos para otros. Sería trágico desde una perspectiva humanitaria pero no acabaría con WikiLeaks, una criatura con vida propia, ni con soplones e informantes que denuncien prácticas que van en contra de la armonía mundial. Snowden, con ayuda de la tecnología, dejó entrever los ojos del titiritero que lo quiere observar todo.

Los Estados y las leyes pretenden que el mundo se adapte a ellos. No saben o no quieren saber que son ellos los que deben adaptarse a un mundo siempre cambiante. En vez de que disqueras y estudios cinematográficos persigan a quienes rompen las reglas impuestas desde arriba, sería mejor que busquen la manera de sobrevivir en este nuevo mundo.

Nada de esto era posible antes. Estamos inmersos en un proceso histórico que apenas comienza. El campo de batalla ya no está limitado a un lugar, sino que existe en dos planos: el físico y el virtual. Hombres y mujeres pueden estar apresados en Guantánamo o ser ejecutados, pero los instrumentos nuevos que crearon no solo permanecen, sino que además evolucionan. Wark:

Los hackers no tienden a unirse. Por lo general no estamos dispuestos a sumergir nuestra singularidad. Lo que claman estos tiempos es un hack colectivo que materialice un interés de clase basado en una alineación de diferencias en vez de una unidad coercitiva. Los hackers son una clase, pero una clase abstracta. Una clase que hace abstracciones, y una clase hecha abstracta. Abstraer a los hackers como clase es abstraer el concepto mismo de clase. El eslogan de la clase de los hackers no es: trabajadores del mundo unidos, sino: los trabajos sueltos del mundo. (Not the workers of the world united, but the workings of the world untied.)

Twitter del autor: @jpriveroll