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La influencia de la astrología en los matrimonios

Sociedad

Por: pijamasurf - 07/23/2013

¿Qué signo eres?, ¿realmente importa? Cientificos del reino Unido se dedicaron a estudiar esta superstición en realción con el matrimonio.

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Es lógico pensar que la ciencia no se mete en asuntos de astrología porque es pura superstición, pero no es así. Precisamente porque millones de personas leen su horóscopo regularmente y además leen el horóscopo de la persona que les interesa, un equipo de la Universidad de Manchester se avocó a descubrir qué efectos tiene esto en las relaciones de pareja. Su investigación, llamada “Diez millones de matrimonios: un test de los “signos de amor” en la astrología” utilizó data de censos del Reino Unido para analizar a 10 millones de matrimonios, infiriendo sus signos astrológicos con base en sus fechas de nacimiento.  

Los astrólogos tienen ideas específicas acerca de qué signos hacen las mejores parejas (un sagitario y un leo son perfecta pareja, por ejemplo, pero no los juntes con un cáncer porque es pésima combinación). Sobre esto, la Universidad de Manchester encontró que, en realidad, los signos astrológicos no influyen en lo más mínimo. Que se dé una buena combinación entre dos personas no tiene nada que ver con sus fechas de nacimiento. El estudio incluye el siguiente análisis:

Esta investigación demuestra que el signo astrológico no tiene ningún impacto en la probabilidad de matrimonio –o de permanecer casado a—alguien de cualquier otro signo. Por décadas, astrólogos populares han promovido la idea de “signos románticos”: compatibilidad entre parejas con cierta combinación de fechas de cumpleaños. Si las más de 20 millones de personas casadas en Inglaterra y Gales no ofrecen alguna indicación, comoquiera, los corazones solitarios que se preocupan por el zodiaco están perdiendo su tiempo.   

Lo único que quizá olvidaron estudiar en Manchester es el poder sugestivo de la mente humana. Es decir: si una mujer realmente cree que está destinada a estar con un picis, esto podría afectar sus relaciones románticas con personas de otro signo. Así, mientras el éxito de un matrimonio seguro no tiene mucho que ver con los horóscopos ni con la posición de Venus, las revistas para mujeres podrían tener más influencia de lo que la gente quiere admitir.

[Smithsonian]

El más reciente estudio sugiere que, después de todo, el hombre no lleva la guerra en sus genes como siempre se había creido. Es más bien pacífico.

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La creencia en que la guerra es parte de la naturaleza del hombre es sostenida por sociobiólogos, antropólogos y otros investigadores del comportamiento humano. Incluso Edward Wilson, el inventor del campo de sociobiología, alguna vez apuntó que “la guerra está incrustada en nuestra naturaleza”. Esto se basa no solamente en la propensión del hombre moderno a ir a la guerra con sus vecinos, sino también en el comportamiento de aquellos que aún viven una vida de pre-agricultura (cazadores y recolectores).

Pero un ensayo de Douglas Fry y Patrik Sodeberg en la más reciente edición de Science cuestiona todo esto. Los doctores Fry y Sodeberg han revisado lo que se sabe acerca de los cazadores y recolectores modernos y sugieren que, aunque estas personas están lejos de ser pacíficas, también están lejos de ser bélicas. La mayoría de los que mueren violentamente en sus sociedades lo hacen en manos de personas de su misma tribu, no de “extranjeros”. El estudio sugiere que los humanos podrían ser llamados “asesinos”, pero no guerreros sangrientos como los guarda el folklor antropológico.

Los dos investigadores llegaron a esta conclusión al escrudiñar a veintiún sociedades de cazadores y recolectores de todo el mundo. Observaron los estudios etnográficos de estos grupos, publicados hace más de cien años, que registraron los homicidios y sus circunstancias.

Fry y Sodenberg clasificaron esas muertes en eventos interpersonales (lo que en la modernidad se diría “doméstico”), feudos interfamiliares, ejecuciones de castigo de grupo y eventos intergrupales. Sólo el último puede ser descrito como guerra.

Sólo uno de los veintiún grupos fue considerado extremadamente belicoso, y más de la mitad de las muertes perpetradas en estas tribus (casi todas australianas) involucraba a este grupo.

La teoría, entonces, es que el hombre industrial, aunque sea moderno, es más o menos igual de belicoso que sus ancestros cazadores y recolectores (es decir: no mucho). Pero la metralleta es tanto más letal que el arco y la flecha que la comparación es absurda. La sociedad moderna no ha hecho nada por detener las guerras, pero eso no quiere decir que la guerra sea parte intrínseca de la naturaleza del hombre, sino que hay demasiados intereses involucrados. Y claramente una de las maneras de reclutar soldados es publicando la frase de Edward Wilson arriba citada.

[The Economist]