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Escuchando el Futuro: una reflexión sobre el sonido en el cine (I/II)

Por: Psicanzuelo - 07/31/2013

En una entrega en dos partes, Psicanzuelo explora la función del sonido en el cine, entrando en el mismo flujo hipnótico que permite el hechizo de la voz, el ambiente y la banda sonora... encontrando la dimensión metafísica que ese mismo sonido brinda a la imagen en movimiento.

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Dos artículos gemelos que reflexionan sobre cintas que exploran a través del sonido caminos hacía un nuevo quehacer cinematográfico. Color Contracorriente crea un sendero en este eterno jardín de bifurcaciones. Como un recordatorio recuerda el libro de Thoreau: Walden, como un testamento de que la realidad puede ser creada mediante ciertos esfuerzos individuales. 

I Ruidos Invertebrados.

El sonido se fusionó al cine en el año 1927, cuando llevaba casi tres décadas de existir, en la ya muy famosa función de El cantante de jazz (Alan Crosland). De ese nuevo invento le llevaron varios años al cinematógrafo el recuperarse; los años de libertad experimentados por la manipulación de la imagen a través del montaje en independencia de la realidad mediata habían finalizado. Cierto, el aún nulo desarrollo de la película en color dotaba de resistencia a la poesía innata de la proyección. En estos tempranos primeros años de existencia muda, la plástica del cine avanzó precipitadamente, encontrando un lenguaje propio a manera en que  iba liberándose de la influencia de las bellas artes. En una forma simpática se puede ver este torpe capítulo de la evolución de la pantalla de plata,  en la cinta Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen, 1952).

En su momento Robert Bresson desarrolló toda una manera de pensar muy personal sobre el sonido en el cine,  la cual se puede consultar en sus Notas del Cinematógrafo, misma que sigue influyendo rotundamente en el cine de vanguardia alrededor del mundo. Otros teóricos prácticos han dejado testamento de lo poco desarrollado de esta área, sin tener que forzosamente estar suscrita a la imagen, como es el caso de Walter Murch. En este artículo, dividido en dos partes, platicaremos sobre dos cintas recientes que de una manera interesante y particular retoman la reflexión, o más bien nos hacen percibir la película como algo más que un producto audiovisual proyectado.

En Color contracorriente (Upsteam Color, Shane Carruth, 2013) el hábil director Carruth construye un colorido rompecabezas que juega con nuestra percepción de distintos modos.  A nivel guión, el espectador verá menguado su juicio para asignarle a cada personaje un valor moral, sin poder ejercer sus hábitos de empatía hollywoodense, porque estos personajes seguirán mutando su verdadero carácter; imposible será distinguir buenos y malos aunque existan culpables y víctimas. Por otro lado, narrativamente se verá agresivamente provocado a encontrar una conjetura total a las escenas que componen esta obra maestra, imposible de comprender si se confía plenamente en una lógica lineal. Cual narración de Jorge Luis Borges, el jardín tendrá miles de senderos que se bifurcan en varios otros que siguen siendo el mismo jardín, en el cual solo ciegos podremos encontrar el camino a casa.

Uno podría partir de Primer (2004), el debut directorial y actoral del talentoso Carruth, que sorprendió a todo mundo en Sundance. Ciencia ficción sin presupuesto, en donde dos empleados de una corporación encuentran túneles en el tiempo queriendo innovar competitivamente con un producto nuevo. El resultado es un juego de saltos de tiempo, donde se libera la película de nuestras acostumbradas percepciones liberándonos así de un pensamiento lineal. Una cinta sólida, bastante profunda y al mismo tiempo entretenida.

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Así, la estructura de Color contracorriente no deja de basarse en metáforas encriptadas, sujetas a una construcción que corresponde con nuestro mundo actual, pero que nos catapultan a lecturas completamente nuevas dependiendo de cada espectador. El ladrón (Thiago Martins) cultiva gusanos. Entendemos a través de una sofisticada y confusa puesta en escena, en flashbacks que se miran con el presente, que con ellos hace una bebida desde hace muchos años en una especie de enraizado culto. A base de psicodélicas tomas microscópicas de colores variados, se entrecruzan las sensaciones que vienen de los recuerdos, memoria molecular reactivada, experimentamos muy de cerca los átomos saltarines de las vivencias correspondientes. Con una música que no nos deja del todo sentir dónde terminó la primera secuencia y dónde empieza la segunda, se hace un invisible puente a Kris (Amy Seimetz). Corredora amateur de maratones y productora profesional ejecutiva de llamativos comerciales de alto presupuesto que será secuestrada prontamente por el ladrón, en su difícil de dilucidar cueva, gracias a los múltiples planos detalles de textura variable high key. El ladrón juega trucos metafísicos con ella, quien ha bebido sin saberlo gusanos varios, y le regala el placer de beber agua cuando aparece la primera alusión al mítico libro Walden, escrito por David Henry Thoreau a mediados del siglo XIX. Un diario que cuenta con detalle las aventuras del escritor, quien por dos años decidió vivir sin un solo centavo en medio de la naturaleza. Este libro es la clave para entender más que nada las intensiones de Shane Carruth con su película. Walden, la vida en los bosques  es un emblemático diario en primera persona, con la sinceridad como misión, la aventura de encontrar un sentido a la vida fuera del rol social que uno encuentra de un modo u otro en ella. Walden es el valor del individuo para reconocerse parte de la naturaleza y encontrar la eterna base noble del ser humano en el trabajo físico, mismo que lo hace uno con la tierra en la que habita.  

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Sorprendemos a Kris transcribiendo una moderna impresión del Walden a mano, mientras bebe eufóricamente el agua que le han dado, bebiendo también lo que queda de la noche. Enseguida será timada por el ladrón, que le pide dinero para liberar a su madre. Es obvio que los gusanos están en el interior de Kris afectando su comportamiento, primero con la sed que siente y después por la especie de neutralidad mental con la que acepta completamente la manipulación y el robo. Kris está hipnotizada no solo por los gusanos que se acaba de comer, sino por la forma como el diálogo off screen del ladrón está registrado en esta parte de la cinta. Junto con el sonido incidental,  ese sonido  ambiente que en corte directo hace todavía más vertiginoso el montaje de sobre expresivos planos detalles, el audio contrasta con los ángulos elegidos haciendo avanzar la acción sin continuidad de imagen, así nuestra percepción llena espacios que se vuelven significados en esta yuxtaposición.

Como menciona el visionario teórico Michel Chion:

Debemos corregir el entendido de que escuchamos en continuidad. El oído de hecho escucha en breves rebanadas, lo que percibe y recuerda en sí consiste de una breve síntesis de dos o tres segundos del sonido mientras esta evolucionando. Como sea, dentro de estos dos o tres segundos, que se perciben como Gestalt. El oído, o mejor dicho el sistema oído cerebro, de manera minuciosamente seria ha hecho su investigación para reportar al individuo el evento en su totalidad, con la data que recopilo de la manera en que lo hizo. Este resultado es una paradoja: no escuchamos sonidos, en el sentido de reconocerlos, hasta poco después de que los percibimos [1].

Así Carruth articula este espacio inexistente que se vuelve vivo. La continuidad de sonido es lo único que hace una realidad concreta, es la cadena que nos va guiando. Esa voz es suplantada poco a poco por la de Kris que se habla a sí misma, en parte desarticulada mentalmente y en parte irrumpiendo en llamativo flashback narrado en diálogo. Cumple y actúa los roles sociales que dejamos de ver alrededor de nuestro personaje, no vemos las escenas sino que las escuchamos actuadas por ella misma, que inmediatamente después mastica hielo casi con el micrófono en el interior de su boca. El uso del top shot sirve para ordenar en nuestra mente lineal que se distorsiona por esa forzada aunque rítmica edición de diálogos a destiempo.

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Microscópicas tomas cálidas y coloridas de los canales sanguíneos de Kris nos dejan ver que los gusanos se mueven en su interior, mayor cantidad de planos detalles apilados de su piel recuerdan al joven Cronenberg cuando capoteaba de manera genial los bajos presupuestos con los gusanos moviéndose por esa epidermis rebelde, en un bronceado de larva. Esa metáfora de no existir solo como un ser simple, el estar poseído. Podríamos pensar en la teoría científica de los tres cerebros del hombre, sencillamente bien explicada en este blog.

Aunque también viene a la mente la concepción un poco más teórica de Gurdjieff distinguiendo al hombre como una criatura tricerebral.

El filoso cuchillo de cinta slasher en automutilación da pie a los múltiples quejidos en primer plano, que cortan dando pauta al sonido ambiente de una realidad ahora muy lejana.

Giro, cambio de secuencia y casi de película, para estar en el patio de bocinas, la realidad es para ser escuchada, experimentada a través del oído; la iluminación de campo de futbol nos deja ciegos. Este nuevo mundo de ciencia ficción donde el trasplante de órganos con un puerco es el único camino hacía la salud está dominado por un personaje que en los créditos de la película se denomina como  THE SAMPLER (Andrew Sensening). Éste cría puercos y graba sonidos varios de la naturaleza para luego editarlos y recrear algo que no existe, post-produciendo/creando de esta manera los mundos que se convierten en lo único que existe. Lejos de la ciudad, crea todo lo que es la urbe con todo su sistema de producción y ganancias.

Kris avanza por un cuarto recuperándose. Fuera de foco, a sus extremos, se puede ver la gente sampleada, mirando hacía afuera. Los momentos de Soft light, high key, dan lugar al contraste; con este cambio de estilo en la iluminación se separan las dimensiones. En este sentido la cinta nunca deja de moverse como un salmón a contracorriente. El empresario sampleador ha curado a la mareada Kris y ahora ella puede regresar a su mundo, que nunca será el mismo en esta nueva percepción.

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En entrevistas con sus empleadores y distintos servicios se percata de su sonambulismo causado por los gusanos, de su caminar drogada por la vida sin reconocer ni saber lo que hacía, como Cesare fue manipulada por el Dr. Caligari. Asemejando un proceso de recuperación de la adicción, intenta conectar con su anterior esencia, antes de tener gusanos en su interior, teniendo que así encontrar un nuevo ser más acorde con su nueva realidad. Así es como Kris con el cabello corto, retraída, viajando en el metro, conoce a Jeff  (Shane Carruth, el mismo director que vuelve a actuar en su película) y en otra narración fragmentada en el espacio tiempo (para variar), los sonidos del ambiente tienen casi el mismo peso que los diálogos. ¿A qué mundo ha accedido Kris? ¿Qué llaves le ha dado el sampleador sin su consentimiento?  

¿Quién graba esos sonidos que se vuelven los sonidos de la naturaleza? ¿El sonido que conforma el universo? El sampleador con dedicación, atención, concentración y paciencia va almacenando los sonidos del mundo para crearlo a su manera. Ya grabados dentro de un aparato el viento, las hojas de los arboles meciéndose, algunos tabiques al caer, se pueden reorganizar, post producir y por medio de filtros digitales modificar, distorsionar, existir para siempre. La percepción se verá afectada para percibir como queramos que se perciba. En esta distorsión, ¿dónde empieza la música? ¿Dónde aparecerá la primer nota? En los audífonos, en el presente que se construye del pasado. 

En gran medida los puentes de verdad samplificada son oportunidades para que el humano pueda participar. En lo personal me parece que la realidad es la misma antes de ser grabada por él. Al final de cuentas este elegante hombre solo cumple un trabajo más y crea un orden en el que la misma humanidad no progresa. Él puede ver todas las situaciones que guste, mientras que sus participantes no lo pueden ver a él. La naturaleza da pie a la ciudad por medio del sonido, a corte se van abriendo los espacios en montaje paralelo; escuchándose y luego sucediéndose  en dos partes.

1upstream-color-pigs-the-sampler-620xEn todo este proceso tiene que ver también la música ambiental a la que somos expuestos como una extensión de las emociones más que de los personajes de la cinta misma, espirales ascendentes a ese mundo samplificado, electrónico, que es ignorado por Kris y Jeff, aunque intuido, habiendo sido antes experimentado por ella durante su intervención gusana. Y es que el sampleador, si conoce su realidad, la crea, la reacomoda, la conjuga en los verbos que juzga necesarios. Elegante con ropa fina, pulcramente combinado, cría puercos que recuerdan a Circe y a Odiseo. Los hombres desordenados crían emociones de las que son esclavos, pensamientos que los dirigen, deseos de laberinto sin salida alguna, y así buscan su libertad en acciones incongruentes.

Pero es en esta confusión donde se encuentran Kris y Jeff, ese vaivén de planos detalles con profundidad de campo nula solo puede dar lugar a un abrazo en una tina, en ropa y sin agua. Finalmente es el sonido lo que hace que puedan cambiar de dimensión, encontrando el vínculo entre los puercos, la muerte y el colorido de la orquídeas que se transforman en la fuente de los gusanos, el inicio de la trama, circulo concéntrico.

El Walden recitado bajo el agua, ese sonido de lo que fue, piedras golpeadas subacuáticas, partículas. Es así como Jeff entiende que ella recita a Thoreau y tomando el libro entre sus manos  puede leer en voz alta con el eco de la alberca techada el inicio del Walden:

 Economía. Cuando escribí las siguientes páginas o más bien, el bonche de ellas. Viví solo en el bosque, por lo menos a una milla de distancia de cualquier vecino, en una casa que construí yo mismo a la orilla de la laguna Walden. Y me gané la vida con la labor de mis manos únicamente. Corriente no había ninguna.

Sin corriente, sin molestias, sin apegos, la flor bajo la alberca puerta a los reinos del eterno programador de tu preferencia.

 

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1. Audio Vision, Sound on Screen. Michel Chion

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

                     

Sobre alcanzar Nirvana (compartirlo y reencontrarlo)

Por: Mitsy Ferrant - 07/31/2013

Crónica reflexiva sobre un estado en el que la conciencia humana se re-liga con la unidad original, el Nirvana.

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«Hay, monjes, una condición donde no hay tierra, ni agua, ni aire, ni luz, ni espacio, ni límites, ni tiempo sin límites, ni ningún tipo de ser, ni ideas, ni falta de ideas, ni este mundo, ni aquel mundo, ni sol ni luna. A eso, monjes, yo lo denomino ni ir ni venir, ni un levantarse ni un fenecer, ni muerte, ni nacimiento ni efecto, ni cambio, ni detenimiento: ese es el fin del sufrimiento.» Buddha (Udana, VIII, 2)

Alcanzar el Nirvana podría representar la última meta del ser humano –trascender, iluminarse, desintegrarse. Existen infinidad de métodos, y combinaciones de circunstancias, para lograrlo, pero pocos permiten realmente instalarte en él. Es un estado indescriptible y sólo puede conocerse desde la experiencia –solo tu sabes si has rozado sus fronteras, si has podido fundirte en él aunque sea por unos instantes. Es una sensación que, una vez descubierta, provoca en ti la necesidad de compartirla con todo y todos los que te rodean, como si no fuese completa la dicha si no estamos todos en ella.

Al empezar este texto, después de Buda, lo segundo que se me vino a la mente fue Jim Carrey –si, el cómico hollywoodense– describiendo lo que el llama su despertar “ … era todo y todos, ya no era un fragmento del Universo, era el universo. Y desde ese día… he estado tratando de volver a esa sensación. Va y viene, es como surfear una ola, a veces estoy arriba, a veces estoy abajo, pero por lo menos sé a donde quiero llegar… y quiero llevar a la mayor cantidad posible de gente, porqué la sensación es increíble!” Y es que, debemos de reconocer, no hay manera más simpática de exponerlo.

Si quieren poesía, escojo hoy a William Blake: "Si las puertas de la percepción fueran limpiadas, todo aparecería ante el hombre tal como es, infinito."

Y si quieren un punto de vista científico, la doctora Jim Bolte Taylor, especializada en el cerebro humano, tuvo la “suerte” de vivir un infarto en el hemisferio izquierdo de su cerebro y así alcanzar conscientemente un estado que ella describe como “la la land”.  En su plática TED nos explica como funciona el cerebro humano y como está directamente ligado con nuestra capacidad/decisión de experimentar el Nirvana:

El hemisferio derecho funciona como un procesador paralelo, el izquierdo funciona como un servidor serial… el hemisferio derecho humano se enfoca en el momento presente, Aquí y Ahora… recibe información en forma de energía. Soy un ser de energía conectado a la energía alrededor mío por la conciencia de mi hemisferio derecho… Nuestro hemisferio izquierdo piensa linealmente y de manera metódica, se enfoca en el pasado y en el futuro… piensa en lenguaje… conecta nuestro mundo interno con el mundo externo, es la voz que nos dice “yo soy”… nos separa, de lo externo y de los otros.

Al sufrir el infarto en el lado de su mente que asocia y proyecta –el lado que carga con equipajes, apegos y anhelos– esa fue la conexión que perdió y esa ausencia generó el estado de beatitud total que experimentó, donde las fronteras del yo se disuelven por completo. Sin embargo, al final de su charla, nos recuerda que no hace falta sufrir un infarto cerebral en el hemisferio izquierdo de nuestro cerebro: siempre tenemos la opción de escoger de que lado queremos caminar, de que forma queremos ser y percibir nuestro entorno y nuestra relación con él –de hecho, siempre escogemos, conscientemente o no. Además, recalca la necesidad de compartir su experiencia, con la firme creencia de que entre más paz proyectamos individualmente, más harmónico será nuestro entorno. 

La “la la land” que nos describe la Dra Jim Bolte Taylor, el despertar que nos dramatiza Jim Carey, el estado de desdoblamiento infinito que describe William Blake, entre tantos otros,  están  esencial e íntimamente ligados con las enseñanzas de los grandes maestros, con los estados alterados de conciencia  alcanzados a través del uso de ciertas plantas medicinales,  experiencias cercanas a la muerte,  y/o a través de la práctica cotidiana y disciplinada de meditación. Estados donde logras callar la mente –el hemisferio izquierdo del cerebro– y disolver las fronteras del yo para volverte uno con el Universo.

Y pareciera que todos los que alcanzan Nirvana, de una forma u otra,  aplicaran casi automáticamente el doceavo paso de Alcohólicos Anónimos: “Habiendo obtenido un despertar espiritual […] tratamos de llevar este mensaje a todos y practicar estos principios en todos nuestros asuntos.”

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En lo personal, medito, con más o menos disciplina, y llevo una vida más o menos equilibrada y sana –según mi percepción, obviamente. Me había dado unos roces con lo que yo concibo como Nirvana, meditando en una roca que encontré en un camino que recorrí todos los días durante un año en la montaña. Cada vez que me sentaba en ella y lograba conectarme con mi respiración –ahí, donde todo empieza y termina-, sentía que todo comenzaba a resonar a una frecuencia mucho más elevada de la que acostumbraba sentir y se empezaba a fractalizar la Matrix. Las puertas de mi percepción se limpiaban por unos segundos y sin entender que había pasado, cómo, ni porqué, todo regresaba de repente a la normalidad que me era familiar.

Sin embargo, hace un mes tuve el honor de ser invitada a conocer la medicina del Sapo Otac (Bufo Alvarius, originaria del desierto de Sonora, México) en manos del Doctor Octavio Rettig Hinojosa. Una experiencia que cambió mi vida para siempre, en tantos niveles que no encuentro aún las palabras para describir la intensidad de lo que se sacudió y reveló en mí. Sólo puedo por ahora comparar lo que viví/sentí con todo lo que he leído, oído, visto, sentido y absorbido a lo largo de mi existencia… y hoy, no me queda duda alguna que lo que alcancé en esos 7 minutos (y en las pinceladas que me dí en la montaña) fue Nirvana. Un regalo, una bendición, descifré mi Matrix. Entendí y me desintegré en mi código –tu código, el código–, disolviendo las fronteras del yo, volviéndome uno con el Universo, desintegrándome en la nada que lo es todo, instalándome en un estado de paz supremo desde entonces. O en palabras de la Dra Jim Bolte Taylor, me sentí como “un genio liberado de su botella” preguntándome, como ella, como pude estar tanto tiempo encerrada en los confines de mi cuerpo, y dándome cuenta como ella, que no puedo volver a los limites de lo que fui. Y como Jim Carey, sé que aunque no siempre esté en la ola, por lo menos ubico donde quiero surfear e intuyo que entre más seamos más divertido se puede poner todo. Y es que al fin y al cabo, creo yo, se trata de gozar el camino, de jugar con los elementos y ponerle sazón a la vida.

No estoy proponiendo que todos experimenten la medicina del Otac –aunque usada con respeto, y en las circunstancias indicadas, apostaría mi todo a que daño no les hará–, o una experiencia cercana a la muerte como la de la Doctora. Esos encuentros, creo yo, se trabajan y llegan a ti. En el caso especifico de las medicinas sagradas, mi consejo sería que se trataran de usar siempre en compañía de un “maestro” que sepa manejar toda la información y las puertas que se abren bajo los estados alterados de conciencia que estas generan. El doctor Octavio, por ejemplo, lleva más de 7 años trabajando con la medicina del Bufo Alvarius, te acompaña en tu proceso de reconfiguración/alineación, asegurándose en todo momento de que te encuentras en las circunstancias ideales para rendirle honor a tu experiencia.   Son regalos que, creo yo, sólo cumplen su propósito si logras traducirlas/sobrevivirlas y recordarlas/aplicarlas en tu día a día y eso requiere de disciplina, de voluntad, de asumir la responsabilidad de ser de una vez por todas…

Y el mejor camino que conozco para alcanzar esa permanencia, con los elementos que tengo a la mano hasta el día de hoy, es la meditación –aunque de vez en cuando unos regalitos de conciencia cristalizada no caen mal. Creo que en realidad es algo tan sencillo, y complejo, como lograr dialogar con los hemisferios de tu cerebro –con tus corrientes internas– saber como y cuando apagar tu lado izquierdo; y como y cuando usarlo a tu favor. Jugar en un constante ir y venir individual, hasta que por fin estemos todos listos para caminar del lado derecho de nuestros hemisferios izquierdos y surfear la ola sin caernos.

Del micro al macro, y de regreso.

Pd: Espero estar a la altura del honor que se me hizo, pretendo dedicarle todo mi corazón y voluntad.

Twitter de la autora: @ellemiroir