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Escuchando el Futuro: una reflexión sobre el sonido en el cine (I/II)

Por: Psicanzuelo - 07/31/2013

En una entrega en dos partes, Psicanzuelo explora la función del sonido en el cine, entrando en el mismo flujo hipnótico que permite el hechizo de la voz, el ambiente y la banda sonora... encontrando la dimensión metafísica que ese mismo sonido brinda a la imagen en movimiento.

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Dos artículos gemelos que reflexionan sobre cintas que exploran a través del sonido caminos hacía un nuevo quehacer cinematográfico. Color Contracorriente crea un sendero en este eterno jardín de bifurcaciones. Como un recordatorio recuerda el libro de Thoreau: Walden, como un testamento de que la realidad puede ser creada mediante ciertos esfuerzos individuales. 

I Ruidos Invertebrados.

El sonido se fusionó al cine en el año 1927, cuando llevaba casi tres décadas de existir, en la ya muy famosa función de El cantante de jazz (Alan Crosland). De ese nuevo invento le llevaron varios años al cinematógrafo el recuperarse; los años de libertad experimentados por la manipulación de la imagen a través del montaje en independencia de la realidad mediata habían finalizado. Cierto, el aún nulo desarrollo de la película en color dotaba de resistencia a la poesía innata de la proyección. En estos tempranos primeros años de existencia muda, la plástica del cine avanzó precipitadamente, encontrando un lenguaje propio a manera en que  iba liberándose de la influencia de las bellas artes. En una forma simpática se puede ver este torpe capítulo de la evolución de la pantalla de plata,  en la cinta Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen, 1952).

En su momento Robert Bresson desarrolló toda una manera de pensar muy personal sobre el sonido en el cine,  la cual se puede consultar en sus Notas del Cinematógrafo, misma que sigue influyendo rotundamente en el cine de vanguardia alrededor del mundo. Otros teóricos prácticos han dejado testamento de lo poco desarrollado de esta área, sin tener que forzosamente estar suscrita a la imagen, como es el caso de Walter Murch. En este artículo, dividido en dos partes, platicaremos sobre dos cintas recientes que de una manera interesante y particular retoman la reflexión, o más bien nos hacen percibir la película como algo más que un producto audiovisual proyectado.

En Color contracorriente (Upsteam Color, Shane Carruth, 2013) el hábil director Carruth construye un colorido rompecabezas que juega con nuestra percepción de distintos modos.  A nivel guión, el espectador verá menguado su juicio para asignarle a cada personaje un valor moral, sin poder ejercer sus hábitos de empatía hollywoodense, porque estos personajes seguirán mutando su verdadero carácter; imposible será distinguir buenos y malos aunque existan culpables y víctimas. Por otro lado, narrativamente se verá agresivamente provocado a encontrar una conjetura total a las escenas que componen esta obra maestra, imposible de comprender si se confía plenamente en una lógica lineal. Cual narración de Jorge Luis Borges, el jardín tendrá miles de senderos que se bifurcan en varios otros que siguen siendo el mismo jardín, en el cual solo ciegos podremos encontrar el camino a casa.

Uno podría partir de Primer (2004), el debut directorial y actoral del talentoso Carruth, que sorprendió a todo mundo en Sundance. Ciencia ficción sin presupuesto, en donde dos empleados de una corporación encuentran túneles en el tiempo queriendo innovar competitivamente con un producto nuevo. El resultado es un juego de saltos de tiempo, donde se libera la película de nuestras acostumbradas percepciones liberándonos así de un pensamiento lineal. Una cinta sólida, bastante profunda y al mismo tiempo entretenida.

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Así, la estructura de Color contracorriente no deja de basarse en metáforas encriptadas, sujetas a una construcción que corresponde con nuestro mundo actual, pero que nos catapultan a lecturas completamente nuevas dependiendo de cada espectador. El ladrón (Thiago Martins) cultiva gusanos. Entendemos a través de una sofisticada y confusa puesta en escena, en flashbacks que se miran con el presente, que con ellos hace una bebida desde hace muchos años en una especie de enraizado culto. A base de psicodélicas tomas microscópicas de colores variados, se entrecruzan las sensaciones que vienen de los recuerdos, memoria molecular reactivada, experimentamos muy de cerca los átomos saltarines de las vivencias correspondientes. Con una música que no nos deja del todo sentir dónde terminó la primera secuencia y dónde empieza la segunda, se hace un invisible puente a Kris (Amy Seimetz). Corredora amateur de maratones y productora profesional ejecutiva de llamativos comerciales de alto presupuesto que será secuestrada prontamente por el ladrón, en su difícil de dilucidar cueva, gracias a los múltiples planos detalles de textura variable high key. El ladrón juega trucos metafísicos con ella, quien ha bebido sin saberlo gusanos varios, y le regala el placer de beber agua cuando aparece la primera alusión al mítico libro Walden, escrito por David Henry Thoreau a mediados del siglo XIX. Un diario que cuenta con detalle las aventuras del escritor, quien por dos años decidió vivir sin un solo centavo en medio de la naturaleza. Este libro es la clave para entender más que nada las intensiones de Shane Carruth con su película. Walden, la vida en los bosques  es un emblemático diario en primera persona, con la sinceridad como misión, la aventura de encontrar un sentido a la vida fuera del rol social que uno encuentra de un modo u otro en ella. Walden es el valor del individuo para reconocerse parte de la naturaleza y encontrar la eterna base noble del ser humano en el trabajo físico, mismo que lo hace uno con la tierra en la que habita.  

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Sorprendemos a Kris transcribiendo una moderna impresión del Walden a mano, mientras bebe eufóricamente el agua que le han dado, bebiendo también lo que queda de la noche. Enseguida será timada por el ladrón, que le pide dinero para liberar a su madre. Es obvio que los gusanos están en el interior de Kris afectando su comportamiento, primero con la sed que siente y después por la especie de neutralidad mental con la que acepta completamente la manipulación y el robo. Kris está hipnotizada no solo por los gusanos que se acaba de comer, sino por la forma como el diálogo off screen del ladrón está registrado en esta parte de la cinta. Junto con el sonido incidental,  ese sonido  ambiente que en corte directo hace todavía más vertiginoso el montaje de sobre expresivos planos detalles, el audio contrasta con los ángulos elegidos haciendo avanzar la acción sin continuidad de imagen, así nuestra percepción llena espacios que se vuelven significados en esta yuxtaposición.

Como menciona el visionario teórico Michel Chion:

Debemos corregir el entendido de que escuchamos en continuidad. El oído de hecho escucha en breves rebanadas, lo que percibe y recuerda en sí consiste de una breve síntesis de dos o tres segundos del sonido mientras esta evolucionando. Como sea, dentro de estos dos o tres segundos, que se perciben como Gestalt. El oído, o mejor dicho el sistema oído cerebro, de manera minuciosamente seria ha hecho su investigación para reportar al individuo el evento en su totalidad, con la data que recopilo de la manera en que lo hizo. Este resultado es una paradoja: no escuchamos sonidos, en el sentido de reconocerlos, hasta poco después de que los percibimos [1].

Así Carruth articula este espacio inexistente que se vuelve vivo. La continuidad de sonido es lo único que hace una realidad concreta, es la cadena que nos va guiando. Esa voz es suplantada poco a poco por la de Kris que se habla a sí misma, en parte desarticulada mentalmente y en parte irrumpiendo en llamativo flashback narrado en diálogo. Cumple y actúa los roles sociales que dejamos de ver alrededor de nuestro personaje, no vemos las escenas sino que las escuchamos actuadas por ella misma, que inmediatamente después mastica hielo casi con el micrófono en el interior de su boca. El uso del top shot sirve para ordenar en nuestra mente lineal que se distorsiona por esa forzada aunque rítmica edición de diálogos a destiempo.

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Microscópicas tomas cálidas y coloridas de los canales sanguíneos de Kris nos dejan ver que los gusanos se mueven en su interior, mayor cantidad de planos detalles apilados de su piel recuerdan al joven Cronenberg cuando capoteaba de manera genial los bajos presupuestos con los gusanos moviéndose por esa epidermis rebelde, en un bronceado de larva. Esa metáfora de no existir solo como un ser simple, el estar poseído. Podríamos pensar en la teoría científica de los tres cerebros del hombre, sencillamente bien explicada en este blog.

Aunque también viene a la mente la concepción un poco más teórica de Gurdjieff distinguiendo al hombre como una criatura tricerebral.

El filoso cuchillo de cinta slasher en automutilación da pie a los múltiples quejidos en primer plano, que cortan dando pauta al sonido ambiente de una realidad ahora muy lejana.

Giro, cambio de secuencia y casi de película, para estar en el patio de bocinas, la realidad es para ser escuchada, experimentada a través del oído; la iluminación de campo de futbol nos deja ciegos. Este nuevo mundo de ciencia ficción donde el trasplante de órganos con un puerco es el único camino hacía la salud está dominado por un personaje que en los créditos de la película se denomina como  THE SAMPLER (Andrew Sensening). Éste cría puercos y graba sonidos varios de la naturaleza para luego editarlos y recrear algo que no existe, post-produciendo/creando de esta manera los mundos que se convierten en lo único que existe. Lejos de la ciudad, crea todo lo que es la urbe con todo su sistema de producción y ganancias.

Kris avanza por un cuarto recuperándose. Fuera de foco, a sus extremos, se puede ver la gente sampleada, mirando hacía afuera. Los momentos de Soft light, high key, dan lugar al contraste; con este cambio de estilo en la iluminación se separan las dimensiones. En este sentido la cinta nunca deja de moverse como un salmón a contracorriente. El empresario sampleador ha curado a la mareada Kris y ahora ella puede regresar a su mundo, que nunca será el mismo en esta nueva percepción.

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En entrevistas con sus empleadores y distintos servicios se percata de su sonambulismo causado por los gusanos, de su caminar drogada por la vida sin reconocer ni saber lo que hacía, como Cesare fue manipulada por el Dr. Caligari. Asemejando un proceso de recuperación de la adicción, intenta conectar con su anterior esencia, antes de tener gusanos en su interior, teniendo que así encontrar un nuevo ser más acorde con su nueva realidad. Así es como Kris con el cabello corto, retraída, viajando en el metro, conoce a Jeff  (Shane Carruth, el mismo director que vuelve a actuar en su película) y en otra narración fragmentada en el espacio tiempo (para variar), los sonidos del ambiente tienen casi el mismo peso que los diálogos. ¿A qué mundo ha accedido Kris? ¿Qué llaves le ha dado el sampleador sin su consentimiento?  

¿Quién graba esos sonidos que se vuelven los sonidos de la naturaleza? ¿El sonido que conforma el universo? El sampleador con dedicación, atención, concentración y paciencia va almacenando los sonidos del mundo para crearlo a su manera. Ya grabados dentro de un aparato el viento, las hojas de los arboles meciéndose, algunos tabiques al caer, se pueden reorganizar, post producir y por medio de filtros digitales modificar, distorsionar, existir para siempre. La percepción se verá afectada para percibir como queramos que se perciba. En esta distorsión, ¿dónde empieza la música? ¿Dónde aparecerá la primer nota? En los audífonos, en el presente que se construye del pasado. 

En gran medida los puentes de verdad samplificada son oportunidades para que el humano pueda participar. En lo personal me parece que la realidad es la misma antes de ser grabada por él. Al final de cuentas este elegante hombre solo cumple un trabajo más y crea un orden en el que la misma humanidad no progresa. Él puede ver todas las situaciones que guste, mientras que sus participantes no lo pueden ver a él. La naturaleza da pie a la ciudad por medio del sonido, a corte se van abriendo los espacios en montaje paralelo; escuchándose y luego sucediéndose  en dos partes.

1upstream-color-pigs-the-sampler-620xEn todo este proceso tiene que ver también la música ambiental a la que somos expuestos como una extensión de las emociones más que de los personajes de la cinta misma, espirales ascendentes a ese mundo samplificado, electrónico, que es ignorado por Kris y Jeff, aunque intuido, habiendo sido antes experimentado por ella durante su intervención gusana. Y es que el sampleador, si conoce su realidad, la crea, la reacomoda, la conjuga en los verbos que juzga necesarios. Elegante con ropa fina, pulcramente combinado, cría puercos que recuerdan a Circe y a Odiseo. Los hombres desordenados crían emociones de las que son esclavos, pensamientos que los dirigen, deseos de laberinto sin salida alguna, y así buscan su libertad en acciones incongruentes.

Pero es en esta confusión donde se encuentran Kris y Jeff, ese vaivén de planos detalles con profundidad de campo nula solo puede dar lugar a un abrazo en una tina, en ropa y sin agua. Finalmente es el sonido lo que hace que puedan cambiar de dimensión, encontrando el vínculo entre los puercos, la muerte y el colorido de la orquídeas que se transforman en la fuente de los gusanos, el inicio de la trama, circulo concéntrico.

El Walden recitado bajo el agua, ese sonido de lo que fue, piedras golpeadas subacuáticas, partículas. Es así como Jeff entiende que ella recita a Thoreau y tomando el libro entre sus manos  puede leer en voz alta con el eco de la alberca techada el inicio del Walden:

 Economía. Cuando escribí las siguientes páginas o más bien, el bonche de ellas. Viví solo en el bosque, por lo menos a una milla de distancia de cualquier vecino, en una casa que construí yo mismo a la orilla de la laguna Walden. Y me gané la vida con la labor de mis manos únicamente. Corriente no había ninguna.

Sin corriente, sin molestias, sin apegos, la flor bajo la alberca puerta a los reinos del eterno programador de tu preferencia.

 

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1. Audio Vision, Sound on Screen. Michel Chion

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

                     

Ladrón que roba a ladrón: sobre compartir contenido protegido por copyright en Internet

Por: Javier Raya - 07/31/2013

Compartir, más que una postura cristiana, es un elemento de subversión del orden de la ley. Una reflexión acerca del por qué la apropiación, el copyleft y el acto mismo de compartir resultan profundamente problemáticos para la ley. O algo.

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La pobreza bloquea, censura: es una carencia que se superpone con el vacío de la imposibilidad. De este modo, el dinero aparece como mediador del deseo: identificado con la potencia y con la imaginación, expresa, reprime, transforma y es el soporte mismo de la ficción. (...)

El dinero –podría decir Roberto Arlt– es el mejor novelista del mundo.

Ricardo Piglia

Introducción a El juguete rabioso, de Roberto Arlt.

Compartir. (Del lat. compartīri).

1. Repartir, dividir, distribuir algo en partes.

2. Participar en algo.

(RAE, 22a edición.)

En el principio, Eva comparte con Adán el fruto del árbol del conocimiento: el objeto inapropiable por excelencia, puesto que Yahvé prohibe incluso sentarse bajo sus ramas; el fruto prohibido no sólo es objeto de apropiación sino que el otro (el único otro disponible, el primer otro, Adán) participa de esa apropiación. ¿El pecado original consistiría en la apropiación, o en cambio, en el compartir? ¿Cuál es el delito más grave, el delito a secas: ofrecer el fruto o tomar el fruto que nos es ofrecido?

Compartir compartimento tienen orígenes y consecuencias conceptuales similares: la primera acepción de compartir autoriza al usuario para aplicar la palabra al ejercicio de dividir algo en partes, o de categorizar y dividir en compartimentos algo con el propósito de conocer al todo a través de sus partes. Este ejercicio metonímico y taxonómico tiene importantes consecuencias políticas para las prácticas de compartir contenidos de diversa índole en Internet: ya sea redistribuyendo la información, o filtrando, comentando o haciéndola disponible para otros, la mayor parte del contenido que recibimos a través de las redes sociales, para citar sólo una práctica, proviene de una iniciativa subjetiva y espontánea de participar en la reproducción de un bien público.

No ser los únicos que prueben los frutos del árbol del conocimiento a menos que los demás puedan tener acceso a ellos también.

A estas alturas del siglo XXI sigue siendo productivo llamar a Walter Benjamin en nuestra ayuda para ejemplificar cómo la tecnología permite la reproductibilidad de la información sin volver obsoletas otras tecnologías. El ebook no ha vuelto obsoleto al libro impreso, ni el televisor hizo obsoleto al cine. Benjamin, sin embargo, no se pregunta por la reproductibilidad en sí, sino en cuanto a su relación con lo que constituye una obra de arte. Así, no querría llamar la atención aquí sobre las instancias estéticas del compartir o no "contenidos" en Internet en tanto arte o no-arte, sino sobre el aspecto político derivado de las condiciones de reproductibilidad.

Sin polisílabos que oscurezcan, enturbien o hiperventilen a los fans de Chomsky, lo que me interesa es pensar lo que está en juego en la política del compartir ese algo que la RAE registra en las dos acepciones del verbo: el algo entendido en términos políticos como objeto de propiedad, el cual se "reparte, divide o distribuye", y, sobre todo, el algo en que se participa, el algo como instancia de interactividad. Ese algo, sobre todo, que no es más que la fruta prohibida en tanto objeto de un deseo regulado por la ley, que puede prohibir el acceso a ella y que, a pesar de la ley misma, puede compartirse. 

(Y hay quien piensa que los ateos no pueden aprender nada de la Biblia.)

Consideraciones sobre algo

Pirate Bay Windows XP Logo

Algo es la propiedad caracterizada por su indeterminación. Es una categoría general, un compartimento vasto para agrupar y sobre todo dividir los tipos de objetos que se quieran pensar. Algo es el objeto, animal, quimera o cosa indeferenciada de otras, la propiedad sin atributos, el grado cero de la posesión sobre la que recaen los efectos de esta. Para que la propiedad pueda funcionar, alguien debe ser capaz de reclamar la legítima posesión de algo.

Sin embargo, ¿cómo podemos decir que alguien (usted o yo, por ejemplo, sujetos políticos más o menos determinados en nuestra capacidad de reclamar la legítima posesión de uno o varios algosposee un algo concreto y determinado, que rompa con la ambigüedad de esos sucios algo abstractos? Algos como el software libre, los libros de Jean Baudrillardla película Footnoteel último disco de Daft Punk o la serie Black Mirror, digamos. ¿Cómo se posee un pdf?

Los acuerdos legislativos que se llevan a cabo en diversas cortes del mundo sobre regulaciones de propiedad en Internet indican que cuando usted o yo compartimos contenido como el anterior, protegido por leyes de derechos de autor, estamos robando, esto es, reclamando mediante una apropiación ilegítima la propiedad de un bien cultural que reporta beneficios económicos a los que sus autores o productores (y sobre todo distribuidores) tienen legítimo derecho. Así, aunque la piratería en tanto forma del crimen organizado reproduzca la maximización de la utilidad capitalista de cualquier empresa privada, se considera pirata, también, a aquellos individuos que sacan a los productos de la órbita de circulación del capital. En una frase de manida retórica, podríamos decir que el que comparte mira el valor y no el precio, o con un poco más de precisión, que compartir en Internet implica transformar el valor de cambio de un objeto en valor simbólico. Volveremos sobre esto más adelante.

Tener o no tener: esa es la verdadera cuestión

Por lo pronto sé que estoy haciendo muchas generalizaciones groseras, por lo que me permitiré hacer una más. 

Según las leyes vigentes, descargar el último disco de Daft Punk para escucharlo en mi computadora es un acto equiparable a entrar en la casa de Guy-Manuel de Homem-Christo o de Thomas Bangalter, quitarles sus billeteras y sacar de ellas todo el dinero que no han ganado aún por las ventas del Random Access Memories.

La posesión permite al poder ubicar al sujeto (que en realidad no puede existir para ellos sin la idea de propiedad) en los márgenes del sujeto mismo: el sujeto es quien tiene. "Un hombre sin tierra no es hombre", etc. Sin la posesión, pues, no hay sujeto. ¿Pero es "sin la posesión" o "sin tener a quien imputar la posesión"? En realidad muy pocas personas están en la cárcel por descargar películas o libros de Internet, y el contexto siempre tiene que ver con un aparato mediático de una disquera o una distribuidora que quiere enviar un mensaje al estilo gángster.

O una Universidad que, atendiendo al orden de prácticas corporativas en el ámbito de la iniciativa privada, las reproduce para colocar al libro y su difusión en el orden de las mercancías:

Lo importante para el poder, pues, es determinar la propiedad como tal: ni siquiera se trata de determinar la propiedad entendida como objeto (qué es, de qué consta) sino a quién pertenece; no es una discusión para Walter Benjamin sino para Sam Walton. Una vez determinada la propiedad, el sujeto puede determinarse a su vez a partir del tipo de relaciones de propiedad y apropiación que establece con sus propiedades (o a las que sus propiedades lo obligan legalmente), y que las condiciones en que dichas relaciones se producen satisfagan las reglas del poder. Abreviando: usted no es lo que posee y en realidad no importa si quiere tomar la via parmenidea o hamletiana y ser o no ser; usted puede ser o no ser y hablar con la calavera de Yorick (en el lujosísimo modelo propuesto por Damien Hirst, claro.)

[caption id="attachment_62696" align="alignright" width="300"]share4 "For The Love of God", de Damien Hirst
Técnica: muchos diamantes.
Valor estimado en el mercado: $30 millones de dólares[/caption]

Tal vez conscientes de que "una fase de la cultura ha llegado a su fin y que leyes más duras no bastarán para detener una dinámica social que ya se puso en marcha y es arrolladora", como afirman los teóricos de Wu Ming 1, Radiohead puso su disco In Rainbows a disposición de quien quisiera descargarlo, aportando o no una compensación económica a la banda, en octubre del 2007. Porque la única forma de que un algo escape a la tentación de la apropiación ilegítima es sacar ese algo del circuito de apropiación del capital.

En otras palabras, compartirlo.

Compartir

Compartir hace que colapse la idea de propiedad. Vuelve al poder (constructor de la ley) incapaz de determinar al sujeto que se apropia; de ahí el miedo al copyleft, del cual no comprenden que si yo pongo a disposición de ustedes un montón de libros de Giorgio Agamben en pdf y yo me quedo con una copia de cada uno, nadie pierde ningún libro de Agamben, ni siquiera Agamben.

Según la ecuación de los propietarios, yo puedo poseer algo, pero debería perderlo si lo comparto. Así funciona el DRM en los videojuegos, por ejemplo. No comprenden que compartir algo es precisamente no perderlo al abolir en el sujeto la posibilidad de la posesión. Compartir es el principio de la negociación entre pares, de donde Cicerón derivará la amistad y la idea misma de democracia y un montón de discursos increíbles.

El copyright, de hecho, no protege a los creadores, sino a los productores y distribuidores, es decir, de los administradores de los medios de producción, a los propietarios legales de las creaciones. Porque las creaciones no existen para el mercado sino en términos de valor de cambio, cuya administración depende de las gestiones de tales productores y distribuidores que se apropian legalmente de las obras para lucrar con ellas. En caso de que yo descargara la discografía de los Beatles, ¿me apropio de los derechos intangibles y del legado cultural del cuarteto de Liverpool o me apropio de los derechos de propiedad intelectual en manos de los herederos de Michael Jackson?

Bueno, a decir de la gente que sabe, me apropio de ambas, robando al ladrón que robó al ladrón que robó al ladrón, etcétera.

Dinero y ficción

Las legislaciones en la materia no toman en cuenta la existencia y operación de licencias como Creative-Commons para permitir el libre acceso a la información bajo premisas muy claras: no lucrar con el contenido, no modificarlo (a menos que la licencia lo permita) reproducir a la vez que el contenido, la licencia, y sobre todo permitir y garantizar que otros puedan compartirlo también.

Al descargar el Random Access Memories en realidad no estoy robando dinero que no existe de los bolsillos de Daft Punk, sino del presupuesto de ventas de su disquera. Pero si algo ha hecho posible la era digital es que los medios de producción queden al menos en parte a disposición de los creadores: editoriales de garage, estaciones de radio ocultas en bunkers, #bibliotuits, bandas subiendo sus discos a SoundCloud, etc., el mensaje es claro: el capital simbólico de una obra o un contenido, para ser transformado en capital económico, debe pasar por el mercado. El copyleft no busca destruir al mercado; simplemente desconoce su autoridad para regular el intercambio de obras y contenidos, proponiendo vias de acceso a la información que den prioridad a la interactividad y el intercambio en lugar del lucro.

En otras palabras, el copyleft propone una relación con la información que la trata como información y no como mercancía, al prescindir del dinero como factor de mediación y acceso. La ley, pues, afirmaría que toda apropiación de bienes culturales como los libros o la música debe estar mediada por el dinero, y que toda apropiación fuera de ese marco no constituye una apropiación legítima. Pero estos dados están demasiado cargados desde el principio.

Como me gusta mucho meterme en problemas voy a tratar de ejemplificar esto mismo mediante matemáticas. Porque por eso hacemos las cosas en Internet, señores del jurado: por los lols.

Una lectura herestética del copyleft, algo 

Los ladrones operan en la desapropiación, poseyendo sin el consentimiento del poder (de la Ley), por ello pueden ser tratados como criminales. En ese sentido, los ladrones o los piratas están contemplados como sujetos dentro del marco de la ley. Como mencionaba hace rato, la piratería no es más que una variante de los mismos mecanismos de lucro mediante el que se obtiene un redito por una venta. ¿Cómo pensar, pues, en una desapropiación radical, una que desarticule la posibilidad misma de la posesión, una que vuelva para el poder indeterminable el crimen, o dicho de otro modo, que el poder no pueda determinar al autor intelectual de un crimen no-material?

En este marco, el copyleft no se define simplemente como la oposición o estado de resistencia frente a las leyes del copyright, sino que propone un curso de distribución alternativa desde su origen para la distribución y acceso a la información, tome la forma que tome, pero siempre bajo expreso consenso: funcionando como una ley-otra, paralela a La Ley, pretende desmarcarse, al menos desde el gesto, de la posibilidad del crimen. El copyleft, pues, no es propiamente anarquista, sino que busca ejercer una ley cuyo ejercicio mismo la constituye como tal; en otras palabras, ejercer un derecho crea ese derecho. 

La teoría de la herestética propuesta por el politólogo y matemático William Riker (no relacionado con el personaje homónimo de Star Trek, sabihondos) describe la manera en que un sistema de toma de decisiones se comporta ventajosamente para quienes definen el funcionamiento de dicho sistema. Es una propuesta sumamente aceptada dentro de la comunidad científica que fue desarrollada en la teoría de juegos para anticipar el comportamiento discrecional de los jugadores (por ejemplo, los votantes dentro de una elección presidencial) e incidir en el resultado, organizando desde un principio la estructura política para obtener el resultado que se desea.

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La ciencia política asume que las instituciones se comportan racionalmente, y desde Kant hasta hoy en la mañana racionalmente se equipara a la maximización del beneficio. Y el uso privado de la razón dicta que la ley es reflejo y expresión del acuerdo racional.

Riker afirma que en un sistema político tanto los gobernantes como el pueblo buscan siempre maximizar el poder, es decir, ejercer el mayor poder posible al menor costo posible, a la vez que limitar el acceso al poder del adversario. Ese poder se negocia bajo las mismas reglas del capital y se materializa en lo que Riker llama un ganador, es decir, el que se hace con mayores medios de administración del poder, meta de todo individuo político. ¿Pero qué pasa si la maximización del beneficio no es la única regla del juego?

Para ganar votos, los políticos cuentan con la retórica y la herestética, al grado que los viejos discursos de Cicerón quedan relegados a una vitrina mientras los discursos de campaña son construidos utilizando información estadística, preferencias electorales, proyecciones históricas y una serie de usos y presentaciones de dicha data con el fin de ofrecer un panorama de acción –si se prefiere, una jugada. La retórica sirve para decir las cosas de modo que la gente las comprenda a nivel emocional: no se apela a lo intelectual sino a lo identitario, funcionando como el famoso as bajo la manga. La herestética, sin embargo, podría definirse como la fábrica de ases bajo la manga: al construir un panorama que favorece su propia acción política, la herestética limita las posibilidades del contrincante de ganar en un sistema en cuyo funcionamiento tiene una función meramente simbólica.

Llamamos a este panorama, entre otros nombres, la ley.

El problema es que la ley en nuestros días sirve para prescribir lo que puede hacer la gente en lugar de regular lo que de cualquier modo hace la gente. Es el caso de las drogas, por ejemplo, cuyas leyes buscan hacer desaparecer una práctica en lugar de regularla. Pero no querríamos entrar en ese tema ahora, así, tan de refilón.

La única manera en que la gente puede hacerse de poder político, según Riker, es formar coaliciones y alianzas; sin embargo, esto no garantiza que la gente se convierta en ganadora. Los ganadores son los que aplican con excelencia el arte de la herestética: los que estructuran el mundo de manera que ganar sea más probable. Me parece que esto es justamente lo que ocurre con el copyleft: en lugar de jugar con las cartas que nos lega el adversario decidimos hacer trucos de magia con ellas, o castillos de naipes o lo que ustedes quieran, pero en definitiva no jugar a las cartas.

Tal vez de lo que se trate para llegar a una feliz conclusión en el asunto de los derechos de autor es de pensar que la tecnología ha cambiado la manera en que la gente compra y vende cosas, volviendo irrelevantes las leyes que estructuraban tales intercambios en un estadio histórico anterior. Lo irónico del caso es que el mercado es el que sigue prevaleciendo al final: la ley no es ni siquiera el que garantiza el buen funcionamiento del mercado, sino el mercado el que dicta la forma que toma la ley.

En ese sentido, probablemente la forma más radical de desapropiación sea el regalo: tal vez Eva no le comparte el fruto del árbol del conocimiento a Adán, sino que cada uno por su parte plantan nuevos árboles del conocimiento, como el seeding de cualquier programa de file sharing.

Para leer más pueden descargar aquí el libro Contra el copyright publicado por Tumbona Ediciones.

Twitter del autor: @javier_raya.