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Durante tu vida dedicarás 100,000 horas a laborar, pero ¿en verdad te gusta tu empleo?

Por: Javier Barros Del Villar - 07/15/2013

Lamentablemente lo más probable es que asocies tu empleo a ‘bondades’ como estrés, ansiedad, desgano, obligación y monotonía.

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Elige un trabajo que te guste y no trabajarás un solo día de tu vida.

Confucio

En algún punto de la historia humana se consolidó un modelo que somete a la mayoría de la población a dedicar la mayor parte de su tiempo, y de su energía, a algo que en realidad no disfrutan. Me refiero al sistema laboral.

Si bien muchos encuentran en su empleo ciertas bondades, por ejemplo la posibilidad de socializar con personas afines, una ruta para ‘auto-realizarse’ y demostrar sus habilidades, o incluso un escape a la vida familiar, lo cierto es que la gran mayoría de la población, aborrece, en menor o mayor medida, su rutina laboral.

En una encuesta realizada por la firma trasnacional de recursos humanos, ManPowerGroup, entre empleados de Estados Unidos y Canadá, se comprobó que solo el 19% de los encuestados afirmó estar satisfechos con su vida laboral. Del resto, un 16% advirtió estar relativamente satisfecho, mientras que un 22% respondió “relativamente insatisfecho”, y un 44% simplemente padecen sus empleos. Una firma similar, Mercer, llevó a cabo en 2011 una encuesta global, de mucho mayor dimensión que la citada previamente, para confirmar que entre un 28 y un 56% de las personas alrededor del mundo desearían dejar su actividad laboral.

Antecedentes

El empleo, como hoy lo percibimos, es un concepto que surgió hace aproximadamente cinco siglos, durante el Renacimiento –con el nacimiento del primer antecedente corporativo. Obviamente los seres humanos siempre han trabajado, pero hasta entonces las personas trabajaban para sí mismas, ya fuese como carpinteros, herreros, zapateros, u otro oficio, en un modelo fundamentado en el intercambio del trabajo, de su fruto, por otros bienes y servicios que requerían para vivir.

En un artículo que publicamos hace un par de años, ¿Es el empleo un sistema obsoleto?, mencionamos sobre el nacimiento de este sistema: En ese esquema, el trueque entre oficios, los únicos que veían su riqueza disminuir eran los aristócratas, quienes dependían de sus títulos nobiliarios para obtener dinero a partir del esfuerzo de aquellos que trabajaban. Ante estos, las clases gobernantes recurrieron a un nuevo sistema que obligó a todos estos pequeños trabajadores a ceder su trabajo a industrias que tenían la autorización exclusiva para proveer el mercado y fue así como surgieron los conceptos de empleo y de empleados.  

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Desempleo

Curiosamente nos alarma de sobremanera la latente amenaza conocida como desempleo –es decir la ausencia de algo que en el fondo nos parece poco estimulante, y que sin embargo codiciamos enérgicamente pues estamos inmersos en una relación de sometimiento ante el empleo como fuente exclusiva de sustento. Al respecto Douglas Rushkoff, brillante ‘mediólogo’ y teórico contemporáneo, afirma:

“Me da miedo siquiera preguntarlo, pero ¿desde cuándo el desempleo se convirtió en un problema? Entiendo que todos queremos nuestro salario, o al menos queremos dinero. Queremos alimento, techo, vestido y todas esas cosas que el dinero puede adquirir. ¿Pero de verdad queremos empleos? […] La pregunta que tenemos que comenzar a hacernos no es cómo emplearemos a toda esa gente que es reemplazada por la tecnología (en la era digital), sino cómo podemos organizar una sociedad alrededor de algo más allá del empleo.”

Reflexión

Si observamos ‘objetivamente’ el fenómeno que involucra a millones de personas dedicando innumerables horas a lo largo de sus vidas a una actividad que no disfrutan, resulta francamente increíble haber caído, como especie, en una dinámica de estas características. Sin embargo, podemos detectar un par de influencias determinantes para que esto suceda.

Por un lado tenemos un sistema que nos ‘obliga’ a subsistir mediante el consumo de productos (algunos de ellos indispensables, muchos otros no) originados en una abstracción llamada mercado. Paralelamente, para poder hacerte de estos víveres debes pagar dinero, divisa que generalmente se obtiene por medio del empleo (trabajo inserto dentro de un modelo sintonizado con el sistema anteriormente descrito. En este sentido, puede incluso parecer un tanto frívola la sugerencia de buscar un mejor empleo o ‘hacer lo que te gusta’, cuando muchas personas no tienen siquiera tiempo o energía para contemplar la posibilidad de diseñar su propio trabajo.

Independientemente del sistema, y de aceptar que una buena porción de las personas que aborrecen sus empleos están inmersas en condiciones que difícilmente les permiten contemplar otros horizontes –lo cual podría poner en riesgo su subsistencia, lo cierto es que también hay millones de personas que simplemente permanecen en su rutina laboral por comodidad, conformismo, o falta de agallas. Y precisamente en este sector recae, creo yo, la responsabilidad de organizar, como diría Rushkoff, “una sociedad alrededor de algo más allá del empleo”.

En mi caso tardé poco menos de una década en encontrar eso que Confucio recomienda en la cita con la que se abre este artículo. Y con el tiempo he detectado un par de indicadores que me resultan contundentes al momento de cuestionarte si estás haciendo lo que te gusta. El primero es un indicador calendárico: si los viernes en la tarde experimentas una felicidad desbordada y los domingos por la noche te sumerges en vacío desolador, seguramente podrías dedicar esa significativa porción de tu existencia a otra cosa. El segundo, una especie de prueba de fuego, se refiere a una pregunta directa: ¿Si mañana espontáneamente se resolviera mi futuro económico de por vida, seguiría haciendo lo que hago? Si la respuesta es afirmativa, independientemente de que seguro que habrían algunas variaciones, entonces felicidades, eres parte de una minoría tal vez privilegiada, pero sobretodo congruente.

Pero, y a ti ¿en verdad te gusta tu empleo?

 Twitter del autor: @ParadoxeParadis

 

¿Es posible saberlo todo? Knewton, la nueva app educativa que revolucionará el modelo pedagógico tradicional

Por: pijamasurf - 07/15/2013

La nueva revolución del software educativo podría venir en la forma de una app que "aprende" las necesidades de aprendizaje del usuario y adapta su avance a un ritmo personalizado: Knewton.

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El modelo tradicional de educación evalúa a todos los peces por su capacidad para volar. La inequidad en el acceso a recursos educativos, el rezago tecnológico de gran parte de las regiones del mundo, pero también el espíritu de innovación e inventiva de algunos precursores y early adopters utilizan para revolucionar el aparato educativo, son algunos de los ingredientes contextuales que ven con emoción o sospecha la aparición de Knewton, un programa que promete un tutor personalizado para cada estudiante.

El proyecto ha sido impulsado desde hace varios años por José Ferreira, un emprendedor tecnológico con un par de argumentos en contra del sistema educativo actual: "El modelo educativo industrial es una burocracia pantagruélica. Algunos niños se adaptan bien [a él]—yo no. El sistema te da malas calificaciones y te dice que eres estúpido. Uno no piensa, 'si este niño no se adapta, podría ser culpa del sistema.'"

El inversionista Peter Thiel (uno de los fundadores de Pay-Pal e inversionista temprano de Facebook y Knewton) afirmó que el proyecto de Ferreira tiene los dos ingredientes que él busca en un proyecto de inversión: "Antes de que ocurran todos piensan que será imposible. Después, es demasiado tarde para los demás, porque ya se hizo todo." Este optimismo se ve justificado con las perspectivas de Knewton para este año: haciendo un trato con tres de las editoriales educativas más importantes de libros de texto (Pearson, MacMillan y Houghton Mifflin Harcourt), Knewton llegará este año a miles de estudiantes.

¿Pero qué es exactamente Knewton? Se trata de algo que Ferreira llama, en sus presentaciones de ventas, "aprendizaje adaptativo": un sistema que ayuda a cada persona a encontrar el contenido necesario, en el formato adecuado y en el momento preciso según su propio ritmo y sus propias necesidades. Parten de la idea de que en unos 10 años los libros de texto físico serán historia, y que cada escuela podrá volcar todos sus recursos de aprendizaje en un ecosistema virtual, aunque fuera presencial, utilizando iPads o sus equivalentes. Knewton haría accesible toda la información a los usuarios (incluso la que no saben que necesitan), permitiendo vender la idea de que si bien saberlo todo es sumamente improbable, puede existir una herramienta que al menos le dé a los estudiantes toda la información que necesitan.

"En nuestros días, cerca del 22% de la gente del mundo se gradúa de media superior o equivalente. Eso es patético. En una generación estaremos cercanos al 100%, casi de manera gratuita." ¿Pero será posible que en un corto espacio de tiempo la sociedad esté dispuesta a adoptar cambios radicales en el modelo pedagógico que se ha mantenido virtualmente igual durante miles de años? Estamos cerca de saberlo.

[The Daily Beast]