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La mirada estética: perspectiva planetaria de la Tierra vista desde el espacio

Por: Javier Raya - 06/30/2013

Los astronautas más viejos tuvieron que recurrir al lenguaje de las religiones para explicarse la sensación de unidad recobrada y asombro que ya no los abandonaría jamás. Como Superman.

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Se recomienda el siguiente soundtrack para acompañar la lectura.

Cuando uno ve imágenes de las cúpulas del Vaticano, de las huellas dejadas por los habitantes de Nazca o el trazo urbano de Tenochtitlán, uno entiende que durante milenios el hombre ha apelado a una mirada ajena al del hombre mismo; se trata de construcciones hechas para un observador no limitado por la gravedad terrestre. En las culturas antiguas sólo los muertos y los dioses podían ser depositarios de esa mirada para la que nuestras construcciones esperaban pacientemente, desde tierra firme, a ser vistas como sus arquitectos suponían que debían ser vistas. Desde el cielo.

Entre otras cosas que nuestra hipermodernidad da por sentado, el viaje al espacio ha dejado de parecernos asombroso y fascinante. Los niños ya no quieren ser astronautas ("qué horror, aprender tantas matemáticas...", lo escuché, lo juro); ahora quieren salir en MTV o algo así. Tal vez las generaciones más recientes del planeta nunca podrán recibir con el mismo asombro las noticias de los viajeros del espacio exterior como hicieron nuestros padres antes que nosotros.

Recuerdo que mi padre me contaba justo dónde estaba cuando se transmitió el primer alunizaje. Probablemente todos ellos lo recuerden: teorías de conspiración aparte y lo que se quiera, el próximo 20 de julio se cumplen 44 años de la misión Apollo 11, que en 1969 nos mostró la Tierra --y a nosotros mismos-- como nunca nadie la había visto.

El choque estético que sufren los astronautas es algo de lo que se habla muy poco. Hay un pequeño documental (que puede verse completo aquí) llamado Overview que relata justo eso; en las oficinas de la NASA, durante la misión Apollo 8 en 1968, los técnicos estaban tan absortos resolviendo todos estos pequeños problemas relacionados con el viaje que de pronto se quedaron fríos frente a la imagen que veían en sus monitores: ese punto azul en medio de la nada.

Ahí estamos. Todos, los que estamos y los que estuvieron. Estábamos en lo cierto, vivimos en un planeta. Siempre lo hemos sabido, claro, pero nunca lo habíamos comprobado.

Voyeurs espaciales

Los astronautas más viejos tuvieron que recurrir al lenguaje de las religiones para explicarse la sensación de unidad recobrada y asombro que ya no los abandonaría jamás. Un puñado de hombres y mujeres que franquearon la barrera planetaria, atravesando el globo azul como una bala, sin ver por ninguna parte el rastro de los dioses que debían ocupar esa inmensidad que, pese a todo, no se reveló vacía: tal vez eso sea parte del trauma que como especie supuso el viaje intergaláctico, su forclusión, o tal vez su normalización: vemos "la imagen del día" de la NASA y el asombro suma asombros que eventualmente nos anestesian para la belleza misma. 

Otra galaxia con forma de flor. Otra variedad de supernova siendo devorada por un hoyo negro. Otro sistema solar que los científicos creen que podría ser habitable. Rastros de agua en Marte. Manchas solares en el rostro de las estrellas. Estrellas y estrellas, miles de veces más grandes que nuestro propio sol, ardiendo calladamente al fondo de la foto. Sonrían, están siendo grabados, les dice el Hubble con su violentísima presencia de satélite artificial, de voyeur intergaláctico.

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En alguna parte dice Paul Virilio que ese horizonte vertical del cielo es la última frontera de la velocidad. Podemos pensarlo como el abismo invertido en el que vivimos desde que pudimos vernos desde el hueco del espacio; en serio no hay a dónde ir. Esto puede ser utilizado para elaborar un argumento ecologista neurótico (¡miren cómo se ve devastado el Amazonas, miren cómo se mueve ese casquete polar de por allá!), pero a mí me gusta más pensarlo como una suprema afirmación de la vida. 

Es decir: el problema ecológico en el que nos hemos metido está comprometiendo nuestra sobrevivencia como especie en el mundo. Lo sabemos todos, lo escuchamos a diario, pero --al igual que la conciencia tiene problemas en imaginar la muerte, pues esto implica imaginarse no siendo-- somos incapaces de imaginar que un día el ser humano no vivirá más en el planeta que antes llamó Tierra.

Me gusta mucho esta idea, la de vernos como una anomalía que la propia naturaleza se encargará de suprimir o regular. 

Un pequeño cambio en la temperatura aquí, otro pequeño cambio en la composición de la atmósfera y ciao, bambini

Tierra I

Disfruto mucho esa fragilidad, imaginar que, en los restos de la vida terrestre, surgirán (¿acaso ya existan?) formas de vida que pueden respirar ácido clorhídrico o vapores de azufre. Que la vida encontrará formas de seguir siendo vida, porque eso es al final lo que la vida hace --a diferencia de nosotros, de la soberbia que nos lleva a igualar esta presunta inteligencia con una forma de vida superior, lo que sea que eso signifique, y darnos una y otra vez las mismas excusas, los mismos simulacros de conciencia: ya se les ocurrirá algo. Ya inventarán una segunda atmósfera o nos llevarán a otro planeta. Los científicos, los astronautas. Si pudieron inventar el iPhone no podremos extinguirnos.

¿O sí?

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Es que la palabra clave en la mirada desde el espacio es también clave en la pintura, en la renacentista, por ejemplo: perspectiva. Perspectiva es dejar vacante el lugar desde donde nos veíamos a nosotros mismos, cambiar el enfoque, literalmente el punto de vista que el observador asume, replantear el origen de esa mirada. Nadie ha venido a desmentirnos públicamente de que somos esta civilización poderosa y floreciente en la última arruga del culo del universo, por eso podemos seguirnos contando cualquier historia que nos ayude a dormir por la noche (sea religiosa o científica), porque lo real de una perspectiva cósmica es que somos simios hiperdesarrollados a bordo de una piedra azul que viaja por el espacio, los cuales no tienen la menor idea de qué están haciendo. No tenemos parámetros para asumir esa perspectiva. Tendríamos que inventarlos. 

Modestamente creo que nos detiene esta mezquindad política, este cuento de la identidad y la diferencia, este provincialismo ontológico de la mirada sobre nosotros mismos y nuestra historia. Como en la consabida metáfora de la mosca que es monstruo vista demasiado cerca, estamos demasiado convencidos del cuento que nos hemos contado todo este tiempo: las fronteras y los estados-nación son necesarios, el capital: acumularlo, acceder a él, arrebatarlo si es preciso, hackearlo, habitar su fisura; hacer que ciertas formas de lo humano sean aceptables y otras marginales; seguir pensando que hay formas de vida humana "ilegales". 

Nadie parece ilegal desde el espacio, por ejemplo. 

Nada parece estar puesto sobre el planeta por error --más que nosotros, quienes quiera que seamos.

Tierra II (spoilers ahead)

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Tengo atorados un par de argumentos respecto a Man of Steel, la nueva película de Superman, y siento que si no los escribo aquí y ahora ya no los voy a escribir nunca. Como es fácil ver, hay muchas conexiones entre la mirada que he propuesto en las líneas anteriores, la de los astronautas que vuelven del espacio y la de Superman. Se trata del héroe de mi infancia. En otra parte he descrito mi fascinación/aversión por el personaje. Aunque disfruté muchísimo la última película, no puedo dejar de pensar en que es la fantasía del ultimatum gringo. Me lo explico así: incapaces de generar cambios radicales que aseguren la supervivencia de su civilización, los kriptonianos trasladan su modelo de civilización a otros planetas, donde reproducen las mismas prácticas coloniales que ulteriormente los llevaron a destruir su propio planeta. Kal-El y el general Zod ocupan estructuralmente la misma función en ese programa colonizador.

Podemos pensar que Kal-El es más "humano" porque ha aprendido a contenerse y controlarse ("conocerse a sí mismo", dirán algunos malcitando a Sócrates sin recordar que Foucault, por ejemplo, priorizaba más el "procúrate a ti mismo" como eje de la acción contingente de la subjetividad, etc.), pero olvidamos que al asesinar a Zod está eligiendo, incapaz de no-elegir, una forma de civilización sobre otra. En tanto especie estamos eligiendo colectivamente todo el tiempo una forma suicida de civilización, una que no podremos sostener en sus condiciones actuales por mucho tiempo más, y que sería un acto de psicopatía cósmica perpetuar en otros planetas. 

Por otro lado, la escena donde Superman destruye el drone de vigilancia dice tal vez demasiado, tal vez a pesar de sí misma, sobre la idiosincracia mítica que originó a este superhéroe: no puedes vigilarme, dice; no puedes controlarme, no puedes ordenarme nada. Pero soy más americano que Kansas, soy lo americano mismo, lo gringo-ahí. Podemos platicar, si quieres. Llegar a algún acuerdo de mutua protección, le dice veladamente al general o representante simbólico de la especie/tercer mundo que lo persigue en su patrulla.

Lo que vemos en esa escena no es un nuevo pacto de concordia: yo creo que es una amenaza bastante elocuente de lo que Estados Unidos está haciendo desde el destape de la vigilancia discrecional del panóptico digital PRISM. Sólo desde la certeza del poder puede operar el cinismo con que la vigilancia global se presenta en nuestros días; un poder que nadie pone en duda, por cierto. No tenemos medios para hacerlo, como un hombre que tratara de enfrentarse con palos, piedras o tanques a Superman.

De pronto el planeta me parece demasiado pequeño. Como si estuviéramos encerrados con todos los asesinos y dementes y accionistas de Wall Street y agentes de telemarketing, con lo peor de la raza humana, en suma. Uno quisiera un afuera más afuera: vamos a la calle y estamos encerrados en la calle; vamos al espacio y estamos encerrados entre las estrellas. Tal vez la conciencia sea eso que, para existir, debe devorarse a sí misma. Y que puede operar, de vez en cuando, lo que las religiones conocen como milagros cuando deja de identificarse consigo misma y puede verse como otra, como ajena. Mirada terrestre y mirada del espacio son dos formas radicales de extranjería solamente, dos formas de la misma vulnerabilidad. La nuestra. 

Tal vez por eso preferiría ser un astronauta que ser Superman.

Twitter del autor: @javier_raya

Criado por el OVNI: disociación, viaje en el espacio y cultos pasivos —una nueva teoría de ufología (Segunda Parte)

Por: Jasun Horsley - 06/30/2013

Jason Horsley traza el mapa de una nueva ufología ligada a la percepción, la creencia y el trauma para resignificar en nuestro contexto cultural las abducciones, los avistamientos y demás contactos con extraterrestres (o ese misterioso desdoblamiento de ls psique como un ser ultradimensional)
[caption id="attachment_61663" align="aligncenter" width="611"]1-Mitch's-Whit Imagen por Mitch Fraas[/caption]

 

El escritor creativo hace lo mismo que un niño jugando; crea un mundo de fantasía que se toma muy en serio.

-Sigmund Freud, The Creative Writer and Day Dreaming.

Lo que me preocupa es que dentro de cincuenta años esos libros habrán creado una especie de religión siniestra.

-Whitley Strieber, 1988

El proyecto de Crucial Fictions no es realmente de Whitley Strieber, no más que las latas de sopa de Andy Warhol son de sopa. Tampoco es realmente de OVNIS o alienígenas — ni siquiera es de ingeniería social. Trata de trauma, percepción, y de creencia, y de cómo todos están entretejidos en un sueño-pesadilla que denominamos cultura o historia. Para empezar trata de lo siguiente:

1) Cultos pasivos [Audience cults]

La frase “cultos pasivos” fue acuñada por Rodney Clark y William Sims Bainbridge (este último se identificaba a sí mismo como un “ingeniero religioso”) en su libro de 1985 The Future of Religion: Secularization, Revival, and Cult Formation. Un culto pasivo no es una religión, ni es tampoco un grupo formal cuyos miembros pueden ser identificados (entre ellos o a sí mismos). Y aun así pueden ser identificados —por un interés común. Las personas que “creen en OVNIS” como parte de un programa de experimentación/hibridación extraterrestre por ejemplo, pertenecen a una audiencia pasiva. Las personas que creen en astronautas ancestrales de otros sitios, o en la psicodelia como una herramienta para auto-realizarse, en meditación regular o en una dieta vegana, astrología, runas y el Tarot, comunicarse con los muertos, el poder de rituales ocultos, y cosas por el estilo, pertenecen todos a algún público amorfo u otro. También coinciden con cultos pasivos basados en fantasía como lo son los fans de los comics, de la ciencia ficción o “Trekkies”, pero vale la pena destacar que el área en el que coinciden no es tan grande como podría esperarse. Los fans de la ciencia ficción con frecuencia son muy escépticos o desdeñosos de los “verdaderos creyentes" y viceversa. Esto puede deberse a lo siguiente, de The Future of Religion:

Un general pero muy vago compensador es comunicado a través de todos los cultos pasivos: difundir la esperanza. Si las cosas extraordinarias son posibles, entonces uno puede esperar cualquier cosa y todo. Los cultos pasivos proclaman la existencia de grietas en la estructura del mundo cotidiano a través de las cuales cualquier maravilla inimaginable podría aparecer de repente….Si cada culto de audiencia proyecta un angosto rayo de esperanza, entonces, juntos, los cultos pasivos proyectan un espectro sombrío de esperanzas que se combinan para formar una vaga impresión del cielo. Así, aunque cada culto está lejos de ser una religión, colectivamente, comunican un pálido reflejo de lo religioso…. Los cultos de audiencia están conectados a un estado de optimismo flotante —algo menor a la creencia de los cultos—difunden el sentimiento de que las cosas son posibles pero nada es verdaderamente certero….En vez de lanzar a las personas a un mar agitado por la tormenta sin un ancla o una balsa salvavidas, [este sentimiento] puede compensar una vida demasiado rígida y mundana. [1]

De esto sigue que los fans de cómics, la ciencia ficción, Trekkies, etc., todos obtienen su esperanza difundida a través de una identificación con las narrativas de fantasía, en las que los ocultistas o los ufólogos requieren una afirmación más concreta de la realidad de sus historias. Sigue que ambos se mirarían de reojo, y se sentirían superiores el uno del otro. Pero aun así, la misma necesidad básica está siendo saciada.

Una cosa que noté mientras estaba ocupado en mi exploración fue cómo Strieber —y por extensión sus seguidores, su “culto pasivo” —tendían a querer todo y nada cuando se trataba de la realidad dura y rápida del fenómeno del OVNI. Los visitantes son tanto alienígenas como no-alienígenas (familiares, humanos evolucionados, viajeros del futuro, etc.); son físicamente reales y no-reales; no son de aquí ni de allá, son de “todas partes” (y, por lo tanto de “la nada”); y así sucesivamente. Esta liminalidad de no-esto, no-lo-otro es esencial para mantener el sentido de asombro y de lo imposible que los cultos pasivos aman. Si los visitantes (o los OVNIS) llegaran a convertirse en realidad (físicamente, y por lo tanto identificables, ya sea como ETs, viajeros del tiempo o lo que sea), ya no serían emisarios de lo imposible. Solo podrían considerarse ventanas hacia reinos mágicos-imaginarios más allá de este plano mundano. En vez, simplemente se convertirían en nuevos aspectos, aunque fueran fantásticos, de lo mundano. Podemos observar esto de manera muy obvia a través de la tecnología: lo que parece ser mágico y maravilloso para una generación es completamente ordinario y hasta poco interesante, para la siguiente. (¿Recuerdan cuando las personas se emocionaban por cómo operaba un fax?)

 

2) Interpretación de roles

Al discutir el (¿infame?) caso Napolitano, que  Budd Hopkins investigó al principio de la década de los noventa, los escritores Joseph J. Stefula, Richard D. Butler y George P. Hansen (“A Critique of Budd Hopkins’ Case of the UFO Abduction of Linda Napolitano”) señalan cómo “las principales figuras de la comunidad de OVNIS buscaron agresivamente suprimir evidencia de un supuesto intento de homicidio” y “no lograron obtener o encontrar la más básica información investigativa.” Los autores aseveran que “la manera de pensar y las motivaciones de los líderes de la ufología merecen al menos la misma atención que las alegaciones de abducciones”. Estos hombres no están “delirantes, en el sentido normal de la palabra”, y son “miembros altamente funcionales dentro de la sociedad.” No parecen ser embaucadores, o “periodistas amarillistas” tratando de aprovecharse de la credulidad pública por gloria o por ganancia financiera. En vez, “en un nivel semi-consciente, estos individuos no creen realmente que sus investigaciones de OVNIS estén completamente involucradas con el “mundo real”. Más bien, su comportamiento y sus declaraciones parecen más consistentes con algo así como una interpretación de roles fantásticos.” La ufología al igual que la interpretación de roles fantásticos “permiten la participación directa e inmediata con seres poderosos de “otro mundo” y tópicos mitológicos”; ambos “han sido conocidos por dominar (¿poseer?) a los participantes.” Este tipo de interpretación de roles “aprovechan imágenes arquetípicas que contienen un enorme poder psicológico. Los arquetipos pueden volverse inmensamente atractivos, hasta llegar a ser adictivos para aquellos que participan en el juego.”

En el caso Napolitano, las figuras de “otros mundos” incluyen no sólo a los alienígenas de ET, pero también un panteón de agentes de una conspiración  inalcanzable de un gobierno malvado, determinado a prevenir que la humanidad se entere de los ETs. Intermediarios entre los humanos de carne y hueso y los poderosos maestros de las más altas órdenes místicas, que son ubicuas en el reino de la religión. Ángeles y demonios que sirven en los centros del bien y el mal definitivo... Por lo tanto las interacciones entre Hopkins y los demás con esto jugadores aparentemente se conforman a las reglas que históricamente han controlado las interacciones entre los humanos y los dioses. Los humanos cuestionan y provocan a los dioses ante el mayor de los peligros. El acercamiento adecuado es calmar, apaciguar y suplicar a estas “entidades”. [2]

La idea de figuras poderosas de otros mundos es un constante a lo largo de la historia, por lo que debería ser considerada una parte fundamental de la condición humana: en otras palabras, cómo un aspecto de la psique, tanto colectiva como individual. La ufología entonces, como todo tipo de culto pasivo e interpretación de roles, es un intento inconsciente de encontrar las fuerzas del inconsciente, para aplacarlos o para abocar a su favor y recibir los beneficios —o ambas cosas.

3) Lo liminal

Lo liminal es el ámbito medio, aquel que se encuentra entre la vida y la muerte, entre despertar y dormir, físico y no físico, lo real y lo irreal. Este es el ámbito dentro del cual el OVNI y el alienígena se encuentran el uno al otro. Este tipo de fenómenos “habitan” el ámbito liminal y su aparición dentro de nuestro ámbito (el “real”) es experimentado invariablemente como una invitación o una seducción (o trampa) para atraernos hacia el estado liminal entre el ser y el no ser, el yo y el no-yo. (La alternativa es percibirlos como una amenaza hacia nuestro ámbito, sin embargo, estos dos puntos de vista no son mutuamente exclusivos). Esta es la meta de la consciencia, ser y no ser, simultáneamente, que es el reto que los OVNIS  presentan, un reto que hasta ahora ha sido declinado, si no es que ha sido ignorado por completo por los investigadores y los experimentadores por igual. La prueba de esto es la manera en la que los investigadores —y especialmente investigadores-experimentadores como Strieber—se han esforzado, más de manera maniática u obsesiva que heroica, para encontrar (o dibujar) y mantener una clara línea divisora entre la “simple” realidad subjetiva (aquella que comúnmente se descarta como una simple alucinación) y aquella llamada realidad objetiva —la que un conceso social ha reconocido como la real.

Esto es bastante normal. Vivimos en una cultura que percibe experiencias que no han sido corroboradas por otros como síntomas de psicosis y esquizofrenia. Alguien como Strieber, que experimenta encuentros altamente subjetivos con un nivel fenomenológico que no puede ser corroborado completamente o satisfactoriamente por la ciencia tiene dos opciones: o aceptar el diagnostico de locura, o encontrar o crear su propio culto pasivo a través del cual pueden corroborar sus experiencias. El tercer camino, aquel menos recorrido, es aceptar que dichas experiencias son tan reales como irreales, que sí son completamente subjetivas, y que cualquier intento de  presentarlas como objetivas tan sólo las despojará del significado específico y personal para la psique que las experimenta. El resultado final de esto, irónicamente y hasta trágicamente, es no hacerlas más reales, sino todo lo contrario, menos reales, en el verdadero sentido psicológico de la palabra real, es decir, algo que posee un significado verdadero.

Esta es la naturaleza de la bestia ufológica y es esta esquina casi viciosa a la que nos han llevado por las estrategias naturales (pero también patológicas) del ego, que simplemente no puede aceptar lo liminal —el estado intermedio/ya sea-o de la existencia— como otra cosa que no sea la aniquilación. Y claro que lo es, al igual que la idea de OVNIS  y las abducciones alienígenas— como Jung bien sabía y Strieber admite, en días alternos de la semana —como un fenómeno psíquico que interactúa con el inconsciente del que experimenta el acto, y por lo que son formados por este, así como esta posibilidad es vista como un rechazo de la realidad del fenómeno en cuestión y la reducción de la experiencia del OVNI a los síntomas de psicosis. La experiencia del OVNI es caracterizada por la psicosis, ya que una definición de la psicosis es la inhabilidad de distinguir entre lo real y lo irreal; pero esto sólo se da en caso de que la ilusión de que cualquier realidad objetiva que interactúa de alguna manera con nosotros independientemente de nuestras condiciones psíquicas es en sí un síntoma de psicosis. Y ya que, a diferencia de otros fenómenos sociales un OVNI no puede —y no será— adaptado finalmente a una forma “objetiva”, esto también es tragicómicamente, la cura.

 

4) El complejo Mulder

El complejo Mulder, como lo he acuñado (después del conocido programa televisivo “Expediente Secretos X”), se relaciona con el deseo de creer, y nos conecta de nuevo con la formación antes descrita de los cultos pasivos. El complejo Mulder entonces incluye una profunda necesidad de percibir la realidad como algo irreal, por lo tanto permitiendo que posibilidades imposibles surjan de esa suspensión de la creencia. Podemos suspender nuestra incredulidad de dichas imposibilidades, para darles aún más substancia —mientras que al cuidadosamente no les damos substancia necesaria para que estos puedan tomar el disfraz de la realidad absoluta, porque entonces regresaríamos a donde empezamos, y tendríamos que conjurar nuevas maravillas para ahuyentar a las viejas. En los “Expedientes Secretos X”, los extraterrestres son presentados como reales, más nunca de manera conclusiva. Esto significa que tanto la necesidad de Mulder de creer y el escepticismo de Scully (que juntos le dan tensión al programa), son un acto. Una vez más, se encuentra lo liminal de moverse constantemente entre dos estados, en este caso el de creencia y el escepticismo. Este es un microcosmo para el fenómeno cultural del OVNI, en el que la negación, por parte del gobierno y la creencia de la ufología, representan dos caras de la misma moneda, una sostiene, al oponerse, a la otra.

La pregunta a la que me dirijo en “The Prisoner of Infinity” es: ¿qué se oculta detrás de la necesidad de creer (y la negación), como una herida inflamada debajo de una curita, y  cómo es que esas tempranas experiencias traumáticas le dan forma a esas mismas creencias? En el caso “ficcional” de Mulder, su hermana es llevada por fuerzas desconocidas cuando era una niña. La creencia de Mulder que ella fue abducida por extraterrestres es una manera en la que él pudo evadir la terrorífica posibilidad de una explicación más mundana de su desaparición, y así mantener la esperanza de que algún día ella regresaría a él. Para ponerlo simplemente, si no fueron los extraterrestres, algo mucho peor le sucedió, y las posibilidades de que ella reaparecería algún día se reducirían a cero. El deseo de Mulder de creer en extraterrestres se originó directamente de ese trauma temprano, en el rechazo de la realidad de lo sucedido, llevando a una afortunada aceptación de una narrativa fantástica que proporciona un amortiguador entre la psique sin formar, y la experiencia completa de esa realidad intolerable.

Exactamente el mismo “mecanismo de defensa”, aparece como evidencia en la historia personal de Strieber, y sospecho que en todas las experiencias “genuinas” de abducciones extraterrestres. Lo mágico es la única solución posible para la herida de lo mundano, porque un curita debe al menos cubrir las dimensiones del trauma. Circunstancias extremas requieren medidas extremas.

5) La disociación y viajar al espacio

La metáfora a la que naturalmente llego para este proceso, al escribir esta pieza, es aquella de viajes espaciales. Es quizá una elección inevitable, porque descubrí más y más evidencia, mientras trabajaba en “The Prisoner of Infinity”, de que el culto pasivo de los OVNIS  y alienígenas ha sido, desde su incepción, formado y dirigido, si no es que absolutamente creado, por agencias que quieren, entre otras cosas, crear una fuerza científica, tecnológica y económica hacia la colonización del espacio exterior. ¿Qué mejor manera de hacer esto que a al inspirar a las personas a ir con la noción de que el espacio está habitado, y en realidad, que este viene por nosotros? Esto puede sonar como un punto de vista radical y nuevo, sin embargo, Jacques Vallee sugirió algo similar en 1979.[3]

El deseo de dejar el planeta y escapar hacia el espacio (en donde supuesta y misteriosamente las condiciones son mejores que en nuestro planeta) es el deseo de disociarnos. La disociación es experimentada por cada niño que ha sufrido un trauma al crecer, y que debe incluir prácticamente a cada niño que creció en el occidente. El incentivo aparente de colonizar el espacio es que nuestro planeta no nos puede sostener porque somos demasiados y nuestra forma de vida nos llevará a una crisis ambiental. Pero rara vez es sugerido que la crisis ambiental es el resultado de, no demasiadas personas, o de esta u otra práctica corporativa, pero de una manera de vivir. Esta supuesta “crisis”, por lo tanto, no puede ser atribuida a una organización u individuo pero es endémica al nuestra especie, que significa que, sea lo que sea, llevaremos ese virus con nosotros al espacio y a cualquier planeta que logremos colonizar.

Sin embargo, esta es una cuestión secundaria, ya que lo que realmente me interesa es la metáfora, específicamente que, mientras más contaminamos nuestros océanos y decimamos nuestro medio ambiente natural, la “necesidad” de conquistar el espacio se vuelve mucho más urgente. Esto puede ser percibido como una externalización colectiva (por eso la metáfora) para el individual cuyo cuerpo y psique han sido demasiado “contaminados” por las toxinas emocionales de experiencias (daños traumáticos) repudiadas y reprimidas y que es llevado a un estado crecientemente disociado, y las narrativas fantásticas resultantes, o sueños despiertos de intervención alienígena, la auto-actualización psíquica, viajes astrales y colonias espaciales como un medio para evitar tener que integrarnos (volver a experimentar) el trauma original.

Con un poco de suerte, el lector podrá unir estos 5 aspectos —los cultos pasivos, la interpretación de roles, lo liminal, el complejo Mulder, y la disociación/viajes al espacio, y ver como se combinan en una sola y radicalmente nueva, interpretación del fenómeno del OVNI y de los extraterrestres.

Leer primera parte

Twitter del autor: @jakephas


[1] The Future of Religion: Secularization, Revival, and Cult Formation, por Rodney Stark y William Sims Bainbridge, University of California Press, 1985, p. 210.

[2] “No debería sorprender a nadie que las pruebas de realidad más sencillas no hayan sido aplicadas en este caso. La inhabilidad de Hopkins de checar las condiciones climáticas durante la abducción, de hecho tiene sentido dentro del contexto de este proceso reflexivo. Así como a los piojos se les llamaba “perlas del cielo” por los devotos religiosos, los problemas físicos evento-realidad en el relato Linda han sido transmutados por sus seguidores.” http://tricksterbook.com/ArticlesOnline/LindaCortileCase.htm

[3] “Los OVNIS son reales. Son recursos físicos para alterar la conciencia humana. Pueden no venir del espacio exterior. Su propósito puede ser lograr cambios sociales en este planeta, a través de un sistema de creencias que utiliza la manipulación sistemática de los testigos y de los contactados; un uso encubierto de varios cultos y sectas; control de los canales a través de los cuales los supuestos “mensajes espaciales” pueden impactar al público…Visitantes del espacio exterior… ofrecerían el esfuerzo espacial —y toda la industria que los alimenta— un nuevo propósito en la vida. Rescatarían la civilización occidental de su agudo malestar espiritual. Ayudarían a trascender emociones políticas y establecer el camino hacia la unificación de ese enorme mercado económico: el planeta Tierra. Al considerar estas posibilidades, comenzarás a entender porque la idea de la vida en el espacio ya no es sólo una especulación científica, también es una cuestión social y política también”. (Jacques Vallee, Messengers of Deception p21,53).