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La actriz Peaches Geldof se une a la OTO, la sociedad secreta de magia sexual de Aleister Crowley

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 06/27/2013

La socialité Peaches Geldorf presume su membresía en la OTO, la fraternidad mística a la que perteneció Aleister Crowley, a quien los tabloides siguen considerando el hombre más maligno del mundo.

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Aleister Crowley y su pandilla de pranksters interdimensionales siguen shockeando las "buenas conciencias". Aunque "La Gran Bestia 666", "El Hombres Más Maligno del Mundo" cumplirá 66 años de muerto este año (para los escalofríos cabalísticos), su legado sigue subvirtiendo a los legionarios de la moral recatada y la ignorancia sensacionalista. Su influencia permea la penumbra del pop y ejerce una seducción activa aún entre las jóvenes socialités que buscan verse cool explorando los extraños recovecos fundacionales del misticismo popular --justo las chicas que Crowley habría reclutado en las calles de Londres propinando su característico "beso de la serpiente" para luego oficiar sus misas orgiásticas en su abadía.

The Daily Mail, uno de los diarios más leídos del mundo, reporta que Peaches Geldof, celebridad de la nueva camada de reality stars,  se ha unido a un "culto de sexo satánico". En otras palabras el OTO (Order Templi Orientis), la hermandad esotérica en su momento encabezada por Aleister Crowley dedicada a discutir y practicar la magia thelémica, que tiene como principios rectores: "Haz lo que quieras será toda la Ley" y "El amor es la ley, amor bajo voluntad". Los adeptos de esta sociedad practican lo que se conoce como magia sexual: una serie de ritos y ceremonias en los que diferentes actos sexuales son usados para entrar en contacto con entidades o mundos invisibles, así como incrementar la energía de los practicantes y permitirles acceder a lo que en la terminología de Eliade se conoce como "lo sagrado". El sexo es la primera tecnología del éxtasis.

Contestando al Daily Mail, escandalizado por el uso ritual del sexo, el brazo británico del OTO, quien tiene actualmente al rockstar Rodney Orpheus como su miembro más prominente, señaló:  "En cierta forma nos pueden llamar un culto sexual, porque reconocemos, aceptamos y adoramos el proceso completo que busca hacer tangible lo que antes era intangible".

Sin embargo, el Daily Mail señala que el OTO es aún más siniestro que la Cienciología ya que "su forma de adoración involucra sexo sadomasoquista entre hombres y mujeres, conjuros para llamar dioses malevolentes y el uso de drogas, incluyendo opio, cocaína, heroín y mescalina", lo cual es relativamente verdad, ya que Crowley ciertamente experimentó con todo tipo de conductas sexuales y drogas, en afán de refinar  (o a veces forzar)  su vehículo divino. Lo único que choca con la visión de Crowley es el juicio de valor, el cual a lo mucho para Crowley era un juego. Ese juego que tanto le gustaba: perturbar la moral social e inmiscuirse por las grietas de su miedo, como la los vientos del dios Pan (que lo mismo levanta el polvo de la montaña que las faldas de las muchachas).

El Daily Mail en su perenne búsqueda de clics se regodea en la ignominiosa conducta de Crowley y en la volatilidad de Geldof (hija de un famoso cantante irlandés), quien pasa de culto religioso a culto religioso --y que ahora lleva un tatuaje del OTO como su nuevo souvenir. Tal vez Crowley también se huelga de la atención mediática que recibe su fraternidad, saboreando desde ultratumba ordenar jugosas celebridades con quienes jugar sus juegos "malignos".  Y algunos wannabes brujos fans de la esoteria erótica y de MTV seguramente estarán buscando el legendario culto diciendo "donde firmo".  

Twitter del autor: @alepholo

*Este artículo había  atribuido la fundación de la OTO a Aleister Crowley; la OTO fue fundada por Carl Kellner.

Vía Disinfo

 

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Oculolingus o "beso japonés": el fetiche que puede provocar conjuntivitis y otras enfermedades oculares

Por: pijamasurf - 06/27/2013

Un fetiche en apariencia inocente está cobrando popularidad, para preocupación de oftalmólogos que advierten de su peligrosidad: se trata del oculolingus, o lamer el ojo abierto de alguien.

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En el inventario de exóticos fetiches, el oculolingus es uno sin duda muy particular: sus practicantes y adeptos no siempre lo asocian a una práctica sexual, y las noticias de su probada peligrosidad preocupan a las autoridades sanitarias, especialmente en Japón y Estados Unidos.

El oculolingus o "worming" consiste básicamente en lamer los ojos de alguien. La sensación ha sido descrita como las cosquillas que se tienen cuando alguien te lame los pies y es una práctica relativamente nueva, o al menos popularizada desde mediados de la década pasada, con cientos de evidencias disponibles en una búsqueda somera por YouTube.

Los oftalmólogos, sin embargo, están bastante preocupados por lo que podría ser una epidemia de conjuntivitis en niños y adolescentes adeptos al oculolingus --o como también se le conoce, oculofilia o "beso japonés". El diario ShanghaiList.com reportó que en un salón de alumnos de 12 años un tercio confesó que le gusta dar o recibir besos japoneses; las autoridades de la escuela notaron que algo raro pasaba cuando muchos niños llegaron a la escuela usando parches en los ojos.

El oftalmólogo David Granet está preocupado de que este fetiche underground se vuelva una práctica recurrente y más casos de conjuntivitis se presenten: “Hay crestas en la lengua que pueden causar una abrasión corneal. Y si una persona no se ha lavado la boca podría poner ácido de productos cítricos o especias en el ojo.”

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Otros expertos afirman que si se ha tenido un resfriado recientemente, lamer el ojo de alguien más podría provocarle herpes, por la sensibilidad de la cornea. Según el doctor Phillip Rizzuto, el oculolingus es tan riesgoso que podría provocar ceguera: "Las bacterias en la boca no son como las bacterias en el ojo, por lo que ya no recomendamos que la gente humedezca sus lentes de contacto con la lengua para hidratarlos."

Una fanática del oculolingus que sufrió abrasiones en la córnea deseó que pronto alguien inventara condones para lengua, pero mientras esta improbable solución se presenta, lo mejor será explorar zonas un poco más tradicionales en nuestras relaciones sexuales. 

[Huffington Post]