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Dos trucos psicológicos para que otras personas te concedan el favor que buscas

Salud

Por: pijamasurf - 06/14/2013

Un par de estrategias ampliamente estudiadas en psicología se han considerado como maneras efectivas de conseguir lo que quieres, logrando que una persona satisfaga el favor que le pides.

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La mente admite ser metaforizada como un teatro, un escenario en el cual se suceden los personajes y los actos, “un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia”, un espacio, en suma, cuya presencia se genera solo a través de la existencia cotidiana.

Así como la pieza teatral se escribe y se modifica, se improvisa y cambia en cada interpretación, ¿no podría atribuirse otro tanto a la mente?

En psicología existen un par de técnicas para pedir un favor que han sido ampliamente estudiadas, las cuales difieren en el tipo de favor que se busca obtener: uno grande o uno pequeño.

La primera se conoce como la técnica del “pie en la puerta”, por la alusión a los vendedores que antaño iban de casa en casa ofertando sus productos y recurrían a la estrategia de interponer el pie en la puerta para evitar que quien la hubiera abierto la cerrara apenas se diera cuenta de quien había tocado. En esta técnica, el objeto de estudio fue cómo a partir de pedir un favor pequeño es posible escalar en las peticiones con el propósito final de conseguir algo mucho más importante.

En un experimento al respecto, investigadores llamaron a un grupo de mujeres por teléfono, primero pidiendo que contestaran una encuesta breve. Pocas semanas después la llamada se repitió pero esta vez la petición fue permitir que varias personas fueran hasta su casa y entraran para hurgar en las despensas y los clósets. Como una especie de grupo de control esta misma llamada se repitió pero entre mujeres a quienes no se había telefoneado por primera ocasión (es decir, que no habían pasado por la encuesta). Según los resultados, las personas que habían accedido la primera vez a contestar las preguntas eran más proclives a dejar pasar extraños a su casa.

En la técnica del “pie en la puerta” parece ser que el secreto consiste en esperar un poco entre petición y petición.

Curiosamente el efecto opuesto también es efectivo: pedir un gran favor y, al ver que no es satisfecho, proseguir con favores más pequeños. Al parecer alguien que niega algo grande tiende después a compensar accediendo a cosas menores.

Ambas estrategias se debaten y no queda del todo claro cuánto influyen otras circunstancias como cierto sentido de la negociación y otro del altruismo, la amistad, la cercanía emocional entre quien pide un favor y quien podría concederlo, y más.

En cualquier caso, sin duda vale la pena experimentar con el teatro de la propia mente.

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10 estados psicológicos que quizá desconozcas (pero seguramente has experimentado)

Salud

Por: pijamasurf - 06/14/2013

La mente no necesita conocer el nombre de lo que hace para hacerlo: aquí 10 fenómenos psicológicos que quizá desconozcas en su definición pero no en su experiencia.

thinkerLa mente humana es simple y complicada a la vez. Sus conflictos de pronto se resuelven de la manera más inesperada y sencilla y, en otro momento, tiene que transitar por caminos confusos antes de encontrar una respuesta.

Curiosamente, a veces parece que la mente hace esto por sí misma, sin que importe mucho que conozcamos o no el nombre de aquello en lo que incurre.

A continuación enlistamos 10 de estos fenómenos psicológicos que quizá sean poco conocidos pero no así poco frecuentes.

 

1. Disforia

Lo contario a la euforia, la disforia se caracteriza por un estado general de tristeza, cansancio, ansiedad, falta de energía e irritación. En algunos se manifiesta luego de haber consumido algún estimulante como chocolate o café, pero igualmente puede ser respuesta a la tensión, el aburrimiento o la depresión.

 

2. Embeleso

El embeleso (una traducción lo más cercana posible al “Enthrallment” definido por el psicólogo W. Gerrod Parrott) se identifica como un rapto intenso, una emoción tan fuerte que parece sacar a la persona de sí misma, específicamente en situaciones de profunda alegría o satisfacción. Como el arrebato de las distintas tradiciones místicas, durante el embeleso el espíritu parece elevarse a alturas insospechadas.

 

3. Normopatía

Las normas sociales —y dicho más precisamente: su cumplimiento— pueden convertirse en algunos en una obsesión lindante con la manía y aun la locura. Se dice que quienes se inclinan hacia la normopatía no tienen personalidad propia, pues solo hacen lo que la sociedad espera de ellos. Paradójicamente, también es usual que este comportamiento alcance un límite, un conflicto, el cual la persona resuelve usualmente volviéndose violento y, sí, violando las reglas que antes tanto le habían preocupado.

 

4. Abyección

Un término de amplia herencia cultural, la abyección ha sido definida por la filósofa francesa Julia Kristeva, quien parte de la experiencia traumática que surge al darnos cuenta de que fuimos separados del cuerpo de nuestros padres, para después referirse a la experiencia que sobreviene cuando vemos algo tan horroroso que nos perturba incluso fisiológicamente (y, por ejemplo, vomitamos). En buena medida se trata de una sensación que nos recuerda, irrefutablemente, que entre un cuerpo muerto o herido y nuestro propio cuerpo no hay mucha diferencia.

 

5. Sublimación

Este es uno de los conceptos fundamentales de la teoría psicoanalítica desarrollada por Sigmund Freud. En esta, la sublimación se identifica con ese fenómeno mediante el cual la pulsión sexual, como una corriente imparable y sin embargo frenada por las convenciones sociales vueltas subjetivas, se manifiesta bajo otra forma. Así, por ejemplo, en vez de dar rienda suelta a las perversiones o tener una sesión de sexo desenfrenado, hay quien pinta un cuadro o compone una canción. Lo mismo aplica para la pulsión destructiva: en vez de matar a su adversario, hay quien escribe una crítica demoledora contra su novela recién publicada.

 

6. Compulsión a la repetición

“El deseo de regresar a un estado anterior de las cosas”, escribió alguna vez Freud para definir la repetición, ese mecanismo psicológico mediante el cual el sujeto se siente compelido a hacer lo mismo una y otra vez: desde ir al mismo restaurante hasta atarse a más o menos el tipo de personas en sus relaciones significativas. Para Freud el lado más siniestro de la repetición coqueteaba con la no-existencia, el verdadero “último estado anterior” a todo.

 

7. Desublimación represiva

Herbert Marcuse, teórico social cercano a las ideas de Freud, dio la vuelta al concepto de sublimación para explicar por qué una liberación sexual no redunda necesariamente en una liberación general o auténtica y, por el contrario, contribuye a fortalecer mecanismos represivos. Marcuse vivió las protestas mundiales de la década de 1960, caracterizadas en muchos casos por esta apertura masiva de la sexualidad, al mismo tiempo que en otros ámbitos como la familia o el gobierno, las restricciones sociales ganaban presencia. En cierta forma puede decirse que la desublimación represiva distrae de la consecución de la verdadera libertad.

 

8. Aporía

Otro concepto de profundas resonancias en la psique humana, la aporía se refiere a la sensación de vacío que ocurre cuando nos damos cuenta de que algo en lo que creíamos al final no es verdad o, lo que al parecer es más frustrante, cuando esa creencia cae en el abismo ambiguo de lo que puede ser tan verdadero como falso.

 

9. Compersión

Este neologismo, relativamente contemporáneo, busca nombrar el sentimiento opuesto a los celos cuando se descubre que la pareja está saliendo con algo más. En buena medida se encuentra ligado a relaciones abiertas y de poliamor, en las cuales existe un acuerdo que permite esta situación. Alguien involucrado en este tipo de afecto puede sentir cierta satisfacción cuando ve a la otra persona besarse con alguien distinto. En un ejemplo tanto o más asequible, la compersión también puede ser eso que se siente cuando un amigo gana un premio por el cual tú también competías.

 

10. Sentimientos grupales

Para algunos psicólogos ciertos sentimientos solo son posibles en grupo, esto es, surgen solo cuando estamos con otros. Su particularidad es que por la interacción es común que estos entren en conflicto con nuestras creencias personas. Así, por ejemplo, si una discusión colectiva alguien habla en contra de la homosexualidad o de la religión, de pronto otra persona que quizá nunca había pensado sobre el asunto, se descubre defendiendo el asunto (aunque individualmente le sea indiferente tomar una posición al respecto).

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